sábado, 26 de abril de 2014

Lo que internet nos receta 20140426

Cuando hablo de realidad virtual, inteligencia artificial y otros inventos no aludo solo a la publicidad o el entretenimiento (seductores o, si lo prefieren, alienantes), no. Me refiero a un nuevo modelo de sociedad que se diferenciará radicalmente del actual y que hará saltar por los aires (ya lo está haciendo) los paradigmas de la modernidad optimizados en Occidente durante la segunda mitad del siglo pasado por la irrupción de las masas organizadas en el tabernáculo del poder. Eso es lo que parecen no querer ver muchas personas, empeñadas en un imposible retorno a los momentos más felices del pasado (en cuanto pase la crisis), o de aquellas otras deslumbradas por las nuevas tecnologías e incapaces de calcular los riesgos.

No quiero imitar a quienes al inicio de la primera revolución industrial rompían las máquinas porque eliminaban mano de obra, pero debo advertirles de que internet es un universo de posibilidades ilimitadas que recompondrá de cabo a rabo las relaciones económicas a todos lo niveles. Por ejemplo, cualquier acto o consumo que no precise estrictamente nuestra presencia física abandonará casi toda su ubicación tangible para retirarse a los servidores. Ya compramos billetes de avión y reservamos hoteles sentados al ordenador. También adquirimos múltiples productos (o nos los bajamos gratis, si se trata de información y creaciones culturales). Pronto encargaremos, tras consultar en los diferentes comparadores, cualquier cosa que nos interese, o controlaremos nuestros gastos e inversiones, o nos relacionaremos con las administraciones. De hecho todo eso ocurre ya. La pérdida de puestos trabajo será descomunal (más si agregamos a ello el impacto de la robótica), y de momento no se intuye ningún factor compensatorio. Además proliferarán los grandes monopolios globales. ¿Qué otra cosa son Google, Amazon, Facebook y la propia Microsoft?

Pero discúlpenme, les estoy agobiando. Seguro que al final habrá soluciones para todo. En esta esperanza les dejo por unos días. Antes de una semana vuelvo. Aprovechen para comprar optimismo. Por internet, claro. 

viernes, 25 de abril de 2014

Y pese a todo... la unidad es imprescindible 20140425

Es curioso que diferentes colaboradores habituales de este diario vengamos a insistir (sin ningún tipo de acuerdo o puesta en común previa) en que las izquierdas aragonesas y las izquierdas españolas en general deben confluir de alguna manera en una sola propuesta electoral capaz de jugar de una vez en el tapete del poder. Es de sentido común, por más que los consabidos particularismos, sectarismos y personalismos empujen en sentido contrario. Y por favor, no volvamos con el tema del programa, el contenido y demás. No después de ver cómo en los debates cruciales cada portavoz de las marcas progresistas sube a la tribuna de oradores para decir cosas muy parecidas, a veces calcadas.

Es cierto que a la compleja personalidad ideológica de las izquierdas se suma ahora la adscripción nacionalista de parte de ellas en diversos territorios, en contraposición a las que pretenden mantener su actividad a escala de la cosa que solemos (mal) llamar Estado español. Esa diferencia ya perjudica en estos momentos la contestación política al Gobierno presidido por Rajoy (véase la casi ausencia de vascos y catalanes en las Marchas de la Dignidad). Pero resulta inaudito que esta y otras fracturas aún más rebuscadas se produzcan justo en este momento, cuando la contrarrevolución conservadora y los intereses del capital financiero (banqueros, especuladores, grandes accionistas, altos capos de las organizaciones criminales) barren Europa y el mundo de punta a cabo. O sea, cuando las diferencias sociales se agudizan, la respuesta popular languidece y el modelo europeo con sus altos niveles de inversión social y redistribución de la riqueza se está yendo a la mierda. Es absurdo.

No sé si las europeas que vienen, con las izquierdas estupendamente atomizadas, servirán como un test orientativo de cara a futuras convergencias. Pero no puedo por menos que acordarme de aquella sopa de letras de los años 70, todos tan íntegros y propios, tan exclusivos y grupusculares (crepusculares, decía un amigo mío)... y tan fracasados cuando llegó el momento de las urnas. Y hoy nos quejamos de la Transición. 

jueves, 24 de abril de 2014

Todo anda (demasiado) revuelto 20140424

En la izquierda española, muchos defienden la agresividad de Putin a la hora de proteger las fronteras de su Imperio. Lo cual tiene bastante que ver con la querencia soviética del rojerío ibérico y la identificación de no pocos progresistas con un imaginario trufado de apellidos eslavos: Ulianov, Vissarionovich, Dimitrov. Mi padre, aunque nunca fue comunista, recordaba siempre su euforia (y la de millones de europeos) cuando en noviembre del 42 los tanques rusos cercaron al VI Ejército alemán en Stalingrado. ¡Hitler va a perder la guerra!, gritó entonces entusiasmado. Decenios después se empeñó en peregrinar a Moscú esperando ver allí no sé qué maravillas. Volvió decepcionado, claro.

El caso es (volviendo al tiempo presente) que mientras nuestra izquierda defiende el derecho del presidente ruso a impedir que Occidente se le suba a la chepa, el señor del Kremlin es también alabado por la extrema derecha de Europa occidental, pues su dureza chorrea testosterona geoestratégica. Además perciben en él un estupendo estilo étnico, nacionalista, autoritario, xenófobo y homófobo. Putin desprecia la democracia y recela de Occidente. Líderes neofascista como Marie Le Pen le admiran... o casi.

Claro que, estando todo tan revuelto, díganme ustedes qué pintan Estados Unidos y la UE argumentando que la libertad ha vuelto a Ucrania, defendida por milicianos neonazis. Por no hablar de cómo el actual gobierno provisional instalado en Kiev se apoya en notorios oligarcas mafiosos para apuntalar la democracia. El cruce de cables es tan evidente y retorcido como lo son los obvios reparos de Londres, Berlín o Madrid a hostilizar económicamente a Moscú, de donde llegan las inversiones a la City, el gas a los consumidores alemanes y los turistas que reactivan el negocio inmobiliario en la Costa del Sol.

Vivimos en un caos ideológico, una absoluta confusión política. En medio de tal laberinto, sólo las élites financieras siguen un rumbo claro en pos del enriquecimiento infinito. Espero pues que dichas élites tengan más interés en robarnos legalmente que en meternos en una guerra. Por favor. 

miércoles, 23 de abril de 2014

Aragón, como su presidenta, está afónico 20140423

La excelentísima presidenta de nuestro Gobierno autónomo no se ha dejado ver en los actos previos al 23 de Abril celebrados en Teruel y Huesca. Está afónica, al parecer, y se reserva para la recepción de hoy en la Aljafería, donde tendrá el placer y el honor de homenajear a la Academia General Militar, Medalla de las Cortes, y a la organización Atades, Medalla de Aragón. O sea, institucionalismo del de toda la vida y un toque social, también del de toda la vida. Mientras, la ciudadanía tendrá un día de fiesta, nadie reivindicará nada y la vida seguirá su mortecino ritmo con el único fin de llegar al próximo 23-A sin sufrir mayores daños. Estamos tan afónicos como Rudi, o más. En pleno abandono, va a ser la delegada del Gobierno central en Madrid quien pregone el Día en ese templo del baturrismo reaccionario que es la Casa de Aragón en la capital de España. Todo un símbolo.

La Tierra Noble es hoy como un automóvil parado en la cuneta. Su conductora ha apagado el motor, ha puesto el freno de mano y ha dejado metida la marcha atrás, no fuera el vehículo a deslizarse hacia adelante por alguna casualidad. Así que el 23-A está destinado a pasar con más pena que gloria, convertido en alegoría perfecta de una Comunidad en regresión. Quedan lejos las manifestaciones antitrasvase y las inyecciones de autoestima que nos recetaba Marcelino Iglesias en los buenos tiempos del por dinero ha de ser. Queda atrás aquella quimera de los dos millones de habitantes y una economía diversificada capaz de prescindir de la Opel. Ahora sólo tenemos esta realidad evidentemente mediocre que Aragón TV, siguiendo su tradición, intenta freír en el aceite del optimismo, rebozadita en jotas y evocaciones rurales.

Nunca como ahora (y por eso cunde tanto la depre) se había dejado notar la ausencia de estrategias, de modelos, del no saber ni qué se quiere ser ni a dónde se va. No hay líderes políticos ni sociales. Sólo queda la defensa desesperada de un (relativo) Estado del Bienestar torturado por los recortes. Bueno... Por lo menos saldremos a la calle, echaremos el vermut y compraremos un libro.
 

martes, 22 de abril de 2014

Tráfico mortal... ¡España va bien! (¿o qué?) 20140422

Aumentan los muertos en accidente de tráfico. Parece una consecuencia lógica de esta nueva etapa política destinada por encima de todo a recuperar los datos que, según la doctrina aznarita, indican que España va bien. De momento, tal vez no haya forma de enderezar el negocio inmobiliario, pero las carreteras ya van aumentando su cosecha de muertos. Los optimistas aprecian en tan siniestro balance la prueba del retorno del gasto, la alegría viajera y un mayor margen de libertad para los conductores marchosos, a los que Rubalcaba crucificó a base de radares, alcoholímetros y retiradas de carnet. Bueno, ya saben que el líder municipal del PP zaragozano, Eloy Suárez, ha puesto la guinda a su programa proponiendo aumentar la velocidad permitida en el Tercer Cinturón. Démosle al acelerador. Así saldremos antes del túnel, ¿no?

Los pesimistas, pobre gente, afirman que la tendencia de las autoridades a dejar que los coches cumplan con su cometido (ir deprisa) es sólo parte del problema. Porque además el parque automovilístico vuelve a envejecer, los automóviles pasan menos revisiones y reponen más despacio neumáticos u otros componentes sometidos a degaste... y además las carreteras van empeorando año tras año. Las aragonesas, por ejemplo, vuelven a estar hechas una caca de la vaca (normal: el actual Gobierno autónomo suspendió el programa para su mantenimiento sin darle una alternativa). Todo lo cual no indicaría precisamente que España vaya bien, sino que los españoles son más pobres. Eso sí, como ya reconoce todo el mundo, los ricos son más ricos. Guay.

Morir apurando el riesgo es cosa muy española. Lo ha dicho Esperanza Aguirre, la gran intelectual conservadora, al proclamar que quienes pretenden prohibir los toros son enemigos de la Patria. Algunos tal vez hayan visto en ese discurso pronunciado por la presidenta del PP de Madrid en la apertura de la feria de Sevilla una demostración de estupidez y/o locura. No hay tal, es la simple constatación de que todo va de maravilla y sólo hace falta valor para reconocerlo y disfrutarlo. ¡Viva la muerte, coño!