martes, 28 de junio de 2016

Rajoy, en día de resaca 20160628

Se despertó Mariano Rajoy, se puso serio, preparó su intervención del día después... y descubrió que sus flamantes 137 diputados y sus casi ocho millones de votos no le concederán el poder de manera automática. Tendrá que ganarse al PSOE y/o Ciudadanos para que le abran paso por activa o pasiva, o bien hacer malabares con los nacionalistas periféricos más razonables. Pero a la vista de lo que ayer declararon Pedro Sánchez y Albert Rivera la cosa está muy complicada. Se sabe que el PNV no se va a poner a tiro porque este otoño hay elecciones el País Vasco. La investidura de un gobierno controlado por los conservadores no está tan a huevo como creyeron en Génova la noche del domingo. Lunes de resaca.

Las reacciones a los resultados electorales suelen depender mucho de las expectativas de cada cual. El PP se daba con un canto en los dientes si llegaba a 130 diputados, y siete más le supieron a triunfo superlativo... aunque está a mucha distancia de la mayoría absoluta. El PSOE temía el sorpasso, y haberlo evitado llenó a Sánchez de orgullo... a pesar de que el partido sigue cayendo sin acabar de tocar suelo. Unidos Podemos soñaba con ser la primera fuerza de la izquierda... y su retroceso (mas de un millón de votos) dejó noqueados a los dirigentes de la coalición. Ciudadanos confiaba en rentabilizar su buenismo centrista... pero perdió casi cuatrocientos mil sufragios. si el 20-D PP y PSOE perdieron las elecciones aunque ni Podemos ni C’s las ganaron, ahora PSOE, Podemos y Ciudadanos cayeron derrotados, aunque el PP tampoco remató su victoria.

La situación sigue siendo endiablada. Visualizar el cuadro de combinaciones posibles para lograr una investidura (se supone que la de Rajoy, pues se ha puesto muy por delante de todos) muestra la complejidad de los acuerdos necesarios. Sánchez y Rivera no quieren retratarse apoyando la elección de un presidente conservador. Ni por activa ni por pasiva. Claro que el socialista tendrá que lidiar con el Comité Federal de su partido, donde ya hay dirigentes (como el extremeño Guillermo Fernández Vara) partidarios de abstenerse y dejar paso libre al jefe del PP. Y puede que Ciudadanos se replantee más pronto que tarde su rebeldía centrista.

Cada cual deberá definirse antes de agosto, porque esta vez Rajoy sí irá a la investidura para forzar su elección en segunda votación (por mayoría simple). ¿Será estable ese gobierno?

Entre tanto, sobre la actualidad política española se proyecta todo lo que está sucediendo en la Unión Europea. El brexit, de cuyo impacto en nuestras elecciones nadie duda ya, ha conmocionado a los británicos y llenado de temor al resto del Viejo Continente. Después de ver lo que le hicieron a Grecia, la evidencia de que hay resultantes económicos que condicionan y de hecho modifican la voluntad de los ciudadanos es más que evidente, clamorosa. La soberanía popular claudica ante los imponderables extrademocráticos: los mercados financieros, las altas burocracias de los organismos internacionales, el complejo tecnológico...

¿Y qué será de Podemos, ahora que su marcha triunfal se ha frenado en seco para transformarse en retroceso? ¿Y qué harán Izquierda Unida .y el resto de los coaligados? Los alternativos corren el riesgo de sumergirse en la algarabía que suele provocar el debate airado entre las izquierdas. Juan Carlos Monedero tira con bala contra quienes, según él, programaron en Unidos Podemos una campaña suave. Iglesias hace cuentas y descubre que su compleja marca electoral se distribuye de forma muy desigual por las distintas comunidades autónomas. En IU, Alberto Garzón ha comprobado que muchos de sus votantes habituales han preferido abstenerse antes que prestar su papeleta a una plataforma que consideraban muy poco fundamentada en la ideología y el programa.

¿Fue el miedo a lo que pudiera pasar? ¿Fue el síndrome caníbal de las izquierdas? ¿Fue el sentido común que predicaba Rajoy? ¿Fue la influencia de los medios de comunicación tradicionales, que al final se impusieron sobre las redes sociales?... Probablemente un poco de todo y algo más: el hecho de que la sociedad española, como la de otros países europeos, se ha fragmentado en función de las franjas de edad, el hábitat, el nivel de formación o las referencias ideológicas y culturales. Cada grupo, a su vez, se moviliza o desplaza su interés en función de fenómenos igualmente complejos. ¿Como encajar, si no, el hecho de que el partido animalista haya obtenido 284.848 votos, casi los mismos que el PNV?

Sí, se da por sentado que Rajoy gobernará. Pero... ¿cómo, y durante cuánto tiempo? 

lunes, 27 de junio de 2016

Parecido... pero no igual 20160627

Al final de la noche, Mariano Rajoy estaba exultante. Como todos en el cuartel general de Génova. El PP recupera catorce escaños en el Congreso de los Diputados y más de cuatro puntos en porcentaje de voto. Lo más parecido a una victoria, si no fuese porque sigue necesitando el apoyo de otras fuerzas políticas para conseguir investir al presidente del futuro gobierno. Las miradas se vuelven una vez más hacia el PSOE, donde Pedro Sánchez evitó el sorpasso por parte de Unidos Podemos, aunque se dejó por el camino cuatro asientos en el Hemiciclo. Con los de Pablo Iglesias bloqueados y sin obtener mayor rendimiento de su coalición con Izquierda Unida, el centroderecha ganaba terreno al centroizquierda, sin llegar a romper del todo el equilibrio por el retroceso de Ciudadanos, muy castigado por la ley electoral.
Rajoy necesita a Sánchez

Al final de una noche de nervios, en la que las encuestas a pie de urna fallaron como nunca, todo seguía parecido, aunque no igual. Rajoy, por supuesto, se consolida como líder indiscutible del PP. Más complicado lo tiene Sánchez en el PSOE, salvo por dos circunstancias: que ha mantenido a su partido como segunda fuerza, y que su principal rival, la andaluza Susana Díaz, ha perdido la batalla de Andalucía frente al PP, que le arrebató dos diputados. El dilema del secretario general socialista vuelve a ser el del 20-D, y se refiere a la política de pactos. Es improbable que Ciudadanos se muestre ahora tan accesible como entonces, y el cambio progresista que pudiera proponerle Unidos Podemos necesitaría la complicidad de los nacionalistas catalanes. ¿Entonces? O intenta otra jugada a tres bandas que precisaría, como ya pasó, el plácet del podemismo... O permite que el PP ejerza el derecho de investidura que le otorgaría su condición de formación más votada.

La gente de Iglesias se las prometían muy felices. Todo parecía fácil. Las encuestas les llevaban en volandas... Pero a la hora de la verdad, las rotundas victorias en Cataluña y el País -Vasco no pueden disimular el hecho de que en otras comunidades la euforia se cortó en el último momento, en el decisivo: el del recuento. Ni siquiera funcionó la suma de los anteriores votos de Podemos con los de Izquierda Unida. La coalición no funcionó como factor movilizador. 

Tampoco fue la noche de Albert Rivera. Quiso ocupar el centro y convertirlo en un bastión de Ciudadanos. Pero ayer comprobó que el centro nunca es suficiente. Obtuvo un porcentaje de votos similar al de diciembre, pero la ley D’Hont le jugó una mala pasada. Ocho escaños menos en el Congreso casi parecen una derrota. Ha quedado claro que su partido y el PSOE no han rentabilizado en absoluto el ineficaz pacto que suscribieron en febrero. 

Pactos en el aire

Como en cada noche electoral tocaba sacar pecho o al menos encajar el golpe. Uno a uno, los líderes salieron a la palestra. Ninguno de ellos mostró intención clara de revisar y modificar la política de pactos que ya mantuvieron a partir del 20-D. No es verosímil que puedan sostener tal actitud de aquí a los próximos días. 

Mariano Rajoy, por supuesto, se sentía anoche tan ganador que no cabía suponer rectificación alguna en su estrategia de «yo soy el primero, y se acabó». Salió con todos los suyos al balcón de Génova entre gritos de ¡Presidente!, ¡Presidente! y ¡Sí se puede!. Iba como una moto. O estaba muy emocionado o venía de festejar el triunfo. Antes, Sánchez y Rivera le habían felicitado telefónicamente por su victoria, detalle que tal vez pudiese ser interpretado como un reconocimiento de algo. 

Por su parte, el líder del PSOE habló lleno de rabia y orgullo por haber dejado atrás a Podemos. Es evidente que para los socialistas no había otro objetivo que parar el famoso sorpasso. El hecho de que el PP les hubiese dejado a cincuenta y dos escaños de distancia quedaba en segundo plano.

Iglesias hubo de reconocer que esperaba mucho más. Sin autocrítica. Aseguró que seguirá adelante, con los mismos objetivos. Rivera se mantuvo en la misma línea y reclamó el cambio de la ley electoral.

Ahora viene lo más difícil: alcanzar algún acuerdo.
 

domingo, 26 de junio de 2016

Resultados y pactos, las dos incógnitas 20160626

Esta misma noche se resolverá la primera incógnita de la ecuación electoral, pero entonces aún habrá que resolver la segunda, la más peliaguda: los pactos. Hemos llegado hasta aquí precisamente por eso, porque no fue posible alcanzar algún tipo de acuerdo tras el 20-D. Y ahora todos los partidos y coaliciones parecen haberse impuesto a sí mismos el deber de hacer lo preciso para evitar una tercera cita con las urnas. Lo que nadie sabe aún es cómo lograrlo.
Una situación endiablada

Hay dos candidatos particularmente presionados, Mariano Rajoy y Pedro Sánchez. Más este que aquel. A lo largo de la jornada de ayer y durante todo el día de hoy, ambos habrán de imaginar que la campaña ha roto los pronósticos, lo cual les permitiría alcanzar sus respectivos objetivos. El del PP necesita mejorar, aunque sea ligeramente, los resultados de diciembre. El socialista no puede permitirse empeorar los que obtuvo entonces, pero por encima de todo ha de evitar que Unidos Podemos le supere en escaños.

En las calles de Génova y Ferraz, donde se asientan los cuarteles generales de los dos partidos que han dominado durante más de tres decenios la política española, se espera algún prodigio de última hora.
Cuando la campaña estaba tocando a su fin, los conservadores dieron por hecho (o fingieron hacerlo) que su líder había conseguido movilizar al electorado moderado, usando dos argumentos centrales: la amenaza radical encarnada por Unidos Podemos y la utilidad del voto al PP en las pequeñas circunscripciones, donde apoyar a Ciudadanos equivaldría, según ha afirmado reiteradas veces Rajoy, «a tirar la papeleta». La derecha cree que la conmoción causada por el brexit beneficia a su causa. «Porque buena parte de la ciudadanía ha comprobado que la situación no está para bromas ni desahogos. El populismo nos llevaría al desastre». El argumento pasa por alto que la separación británica es consecuencia directa de la lucha por el poder en el seno del Partido Conservador, o sea de su homóloga en Reino Unido. Pelillos a la mar.

Los dirigentes y cuadros del PSOE afectos a Pedro Sánchez también dan por buena la campaña, en la que habrían ido de menos a más. Según su teoría, el orgullo de la militancia y su seriedad progresista les ha permitido ganar terreno y blindarse frente al sorpasso, que no tendrá lugar. «En campaña, nuestro partido es como un diésel: tarde en coger velocidad pero luego no hay quien lo pare».

Ni PP ni PSOE han querido saber nada de las encuestas. Para una y otra formación han sido mucho más reveladoras las sensaciones captadas en la calle.

Esperando el veredicto

En Unidos Podemos y Ciudadanos se pueden tomar las cosas con algo más de calma. Pablo Iglesias ha dado por hecho que las encuestas iban bien atinada, y Albert Rivera se puede conformar con mantener la posición. .El primero ha rubricado una campaña exitosa en lo que a capacidad de convocatoria se refiere (impresionante el mitin de cierre de Madrid). El segundo ha mejorado sus habilidades, y por otro lado tiene tiempo. Puede esperar a que Rajoy se convierta en un cadáver político.

Los cuatro se van a enfrentar apenas se conozcan resultados al posterior desafío: diseñar y escenificar los pactos y procurar por encima de todo que un eventual fracaso de los mismos no acabe pasándoles factura.

De nuevo es Sánchez el que tiene un panorama más complicado. Con sorpasso o sin él, volverá a planteársele el gran dilema: o articular con Unidos Podemos un frente de izquierdas apelando al apoyo o la neutralidad de alguna fuerza minoritaria (el PNV, si los números cuadran), o permanecer fiel a su promesa de que Iglesias nunca será presidente y permitir de una u otra forma que sea investido un gobierno conservador.

Eso, claro, si esta noche consigue mantenerse al frente del PSOE. Se dice que a partir de las once, cuando el escrutinio ya dé cifras casi definitivas, empezarán a sonar los teléfonos. Está por ver quién llama a quién, y en algún caso quién coge el teléfono. A Rajoy, por cierto, también le tienen ganas. Pero el líder de la derecha tiene a su favor esos estatutos del PP que dejan todo el poder interno en sus manos.
Tras una campaña tediosa, llega una jornada electoral cargada de suspense.

sábado, 25 de junio de 2016

La campaña cierra con dudas y ‘brexit’ 20160625

Un meteoro al final de la campaña. Los jugadores profesionales (las casas de apuestas y los mercados financieros) se equivocaron una vez más y la gente de más edad en Inglaterra y Gales dejó fuera de Europa a sus propios jóvenes y a los otros reinos, Escocia e Irlanda del Norte. Las repercusiones económicas y financieras han sido enormes. Y Mariano Rajoy hubo de salir a la palestra de nuevo, más resignado ya que demudado, a pedir calma y arrimar el ascua a su sardina electoral: cuidadín con lo que votáis, que la cosa se ha puesto más que fea. En esa misma línea, otros líderes de los partidos sistémicos, se lanzaron a prevenir al electorado español contra los malvados populistas euroescépticos. Mientras, Pablo Iglesias pedía «altura de miras» y que lo del brexit no se utilizara electoralmente aquí, en la piel de toro. Como si esta campaña, tan repleta de trucos y golpes de efecto, pudiera acabar sin hacerse eco de semejante acontecimiento.

Pedro Sánchez puso el dedo en la llaga al señalar que el reférendum fue convocado en Reino Unido por un primer ministro conservador que, en realidad, estaba jugándose el liderazgo dentro de su propio partido. Los ultraderechistas del UKIP andaban ayer de fiesta, claro. Pero la consulta fue propuesta y organizada por el mismísimo establishment. ¿Es entonces David Cameron un populista?

Albert Rivera, pensando en Cataluña, advirtió que estas consultas las carga el diablo. Y es probable que el único político español que ayer exhaló un suspiro de alivio, pese al desplome de la Bolsa y el subidón de la prima de riesgo, fue Jorge Fernández Díaz. La espantada británica desplaza la atención de la opinión pública hacia el futuro de Europa, y deja en segundo plano la grabación de sus conversaciones con el director de la Oficina Antifraude catalana. No hay mal que por bien no venga. Por si acaso, el ministro del Interior en funciones mandó a sus policías al diario Público, a por las cintas, los cedés, disquetes o pen drives donde estuviese registrado el tema. Los colegas les dijeron que, si querían el material, volviesen con una orden del juez. Ahí quedó todo. De momento.

¿Qué repercusión tendrán sobre la intención de los votantes estos sucesos que han trastornada la campaña justo en su recta final? Nadie lo sabe. Más allá del morbo de los trackings y las postreras bravatas de cada partido (todos pretenden ganar... o casi), existe una notable aprensión ante lo que pueda suceder mañana. Los sondeos no inspiran demasiada confianza (en la noche del jueves, las encuestas a pie de urna daban por hecho que el Reino Unido iba a quedarse en Europa). ¿Y si al final emerge voto oculto, voto incontrolado, voto movido por el miedo, voto impulsado por la rabia?

Los analistas consideran que esta ha sido una campaña sin debates de verdad, con demasiada mercadotecnia, en la que formación alguna ha hecho de su programa un instrumento efectivo para convencer a la ciudadanía. Aunque, claro, las respectivas y atractivas ofertas de partidos y coaliciones difícilmente podrán soportar en el inmediato futuro su confrontación con una realidad tan fluida, que cambia de un día para otro de forma tan dramática como imprevisible.

Eso, por no hablar de los pactos y las cesiones mutuas que, se supone, han de hacerlos posibles. ¿Facilitará el brexit un entendimiento entre los partidos que se reconocen entre sí como constitucionalistas? Misterio.

Los candidatos a presidir el hipotético futuro gobierno llegaron extenuados a los mítines de cierre. Fue el último esfuerzo antes de sumergirse hoy en esta absurda jornada de reflexión (¡pero si llevamos año y medio reflexionando, votando y vuelta a reflexionar otra vez!). Mañana será otro día.
 

viernes, 24 de junio de 2016

... Y Rajoy pone cara de circunstancias 20160624

Mariano Rajoy acaba la campaña con mala cara, o cara de circunstancias, o esa cara tan suya donde la perplejidad se refleja desbordando cualquier disimulo. Ayer se le veía desorientado. Repetía la letanía de su argumentario medio abstraído, como si por dentro de su sesuda cabeza los ecos del Fernándezgate siguieran rebotando impulsados por un movimiento continuo. Sólo faltó la comparecencia en el Parlament del director (por poco tiempo) de la oficina Antifraude catalana. Daniel de Alfonso, con actitud desafiante, se encaró con los diputados, amenazó con poner en marcha su particular ventilador, repartió sospechas a granel y acabó dejándole un recado al líder de Ciudadanos, Albert Rivera, que hubo de salirle al paso en posteriores declaraciones. La campaña llega a su fin chapoteando en las cloacas del Estado. ¿A quién acabará favoreciendo todo esto? Ustedes mismos.

El diario digital Público ofreció ayer su tercera entrega de las conversaciones entre el ministro en funciones Jorge Fernández Díaz y el citado De Pedro. En ella se hablaba de provocar la caída de Artur Mas de la presidencia de Convergencia Democrática. Pero el director de la desdichada Oficina Antifraude (una creación del Tripartito caracterizada por su hermetismo y discrecionalidad) tiene para ello una explicación: fue un cebo que le puso al titular de Interior «para ganarse su confianza». Inaudito.

Como lo es la situación del citado ministerio. Justo ahora se jubila Eugenio del Pino, director adjunto operativo de la Policía, y ello sucede en medio de una guerra entre facciones, comisarios y grupos operativos. Un rastro de grabaciones, espionaje, operaciones sucias y maniobras políticas pone en cuestión el funcionamiento de organismos que, se supone, velan por la seguridad colectiva. Casos tan retorcidos y absurdos como el del Pequeño Nicolás han acabado involucrando a notorios mandos policiales. Parece increíble.

No pasa nada, dicen en el PP. No hubo delito, añaden con más ánimo que convicción... Salvo la artera filtración de esa grabación ilegal. «España no es Venezuela», asegura Rajoy en un intento de defender la calidad de la democracia que disfrutamos aquí. Pablo Iglesias debe de estar encantado. A la postre, ¿no fueron los policías más próximos a Fernández Díaz quienes anduvieron por ahí divulgando supuestas investigaciones sobre la financiación de Podemos?

Todo esto a sólo tres días de la cita con las urnas. Cuando los partidos y sus candidatos queman los últimos cartuchos en una traca tan ruidosa como poco fructífera. El PSOE protagoniza un crescendo no exento de dramatismo. Ayer, en el barrio murciano de San Basilio, sacó la bandera de Europa y la española, mientras Pedro Sánchez enarbolaba el internacionalismo contra los soberanismos periféricos. El líder socialista apeló a la «memoria de nuestros abuelos, el presente de nuestros padres y el futuro de nuestros hijos» para pedir el voto. Da por hecho que no habrá sorpasso ni en escaños ni en sufragios.

Unidos Podemos y el PSOE tuvieron una fea enganchada en Jaen, tras una desaforada intervención de Diego Cañamero, dirigente del Sindicato Andaluz de Trabajadores y candidato al Congreso por la coalición izquierdista. Por un lado las cloacas, por el otro la histeria.

Ánimo, ya no queda casi nada. En el sprint final será Rajoy quien eche hoy el resto con una sucesión de mítines en Teruel, Valencia y la plaza de Colón de Madrid. Sánchez cerrará en Sevilla. Iglesias y Rivera, en la capital de España. Luego, todo quedará pendiente de la sobrecargada y ahíta voluntad popular. Entretanto, sabremos si los británicos han decidido permanecer en la UE... O no.

JLT  24/06/2016