martes, 19 de abril de 2016

Es el Sistema, que está podrido... 20160419

Me pregunto si la gente está harta porque los partidos no logran ponerse de acuerdo para formar gobierno, o ese hartazgo y ese cansancio provienen más bien de ver cada día el desfile de presuntos sinvergüenzas, presuntos estafadores, presuntos evasores fiscales, presuntos prevaricadores... Es la evidencia de que el Sistema está podrido en sus propias raíces lo que ha llevado el desencanto popular más allá de cualquier límite. La ciudadanía es consciente de que la mierda nos llega hasta el cuello (gürteles, EREs, púnicas, choriceo levantino, choriceo madrileño, choriceo andaluz, Lista Falciani, Papeles de Panamá, Noos, cargos públicos corruptos, empresarios corruptores...). La cosa podía soportarse cuando la expansión del Estado del Bienestar combinada luego con la burbuja inmobiliaria propiciaba un mínimo reparto de los beneficios. Pero desde el 2008 eso se ha acabado. La desigualdad, el latrocinio sistemático y la desaforada codicia de las élites han dado el tiro de gracia al contrato social.

Ahora, nos dicen que no es para tanto, que no es admisible un código ético capaz de condenar sin juicio a cualquiera que, por ejemplo, cree una inocente sociedad pantalla en Panamá (verbi gratia, el diputado aragonés de Ciudadanos y ex-PAR, José Luis Juste). No cuela. El ex-ministro Soria puede esforzarse en argumentar su autoasignada impunidad y sus obvias mentiras. Hay que ser muy canelo para creerle. A la postre... ¿Cómo podríamos explicar el éxito de una trama tal que la de Manos Limpias y Ausbanc, si no fuese porque los poderosos de este país tienen los armarios llenos de cadáveres? ¿Qué chantajes judiciales o mediáticos hubiesen sido posibles, si las supuestas víctimas de la extorsión no tuvieran algo feo que ocultar? Además, manos Limpias vino muy bien para tumbar a Garzón o últimamente para lanzar sucesivas querellas contra Podemos (rechazadas todas ellas por los tribunales). Sin embargo, los jefes de la banda (viejos ultraderechistas) se habían pasado de rosca. El negocio les deslumbró y llegaron demasiado lejos. Claro.

(Continuará) 

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