miércoles, 10 de junio de 2015

No puedo creer que sean tan bobos 20150610

Los dirigentes de Podemos y ZeC (cada cual por su lado) no se muestran demasiado expresivos. Así que sus votantes están en ascuas. El sábado se elige a los alcaldes y sería muy gordo que, a falta de un acuerdo explícito entre ZeC, PSOE y CHA, acabará rigiendo la Ciudad Inmortal el conservador Suárez. No creo que sean tan bobos.

Que en este momento todo el mundo negocia con muchas prevenciones y muy pocas ganas de meterse en barros resulta obvio. Pero la geometría ideológico-política y la aritmética definida por los resultados electorales es la que es. Y no deja margen para tontadas ni chulerías. En el caso de las izquierdas, este es un momento fundamental destinado a cuadrar modelos de pacto entre el PSOE y Podemos (y de este partido con los demás de la izquierda). La mayoría del electorado está, precisamente, por esa labor.

Cierto que una cosa es acordar un programa básico (lo más fácil), otra ver quién toma el mando y otra aún más ardua asumir y gestionar lo que hay en algunas instituciones. El Gobierno de Aragón y el Ayuntamiento de Zaragoza, por ejemplo, están hoy en quiebra técnica. A Lambán y a Santisteve no les va a tocar la lotería.

En Valencia la cosa se ha puesto borde. En Andalucía (donde a diario son detenidos exaltos cargos de la Junta o salen a relucir adjudicaciones trucadas) Podemos le ha dejado a Ciudadanos el dudoso honor de investir presidenta a Díaz. En Aragón... Bueno, aquí no debería haber mayor problema para que el centro-izquierda (claro ganador el 24-M), ate cabos. Que el PSOE se dé cuenta de que no está para ir por ahí sacando pecho porque, en las autonómicas, Podemos se le ha quedado casi a la par. Que este partido entienda el calado de la responsabilidad que le atañe y se deje de zarandajas y posturitas. Que CHA sea tenida en cuenta (debería entrar en el gobierno de Zaragoza). Que, a su vez, CHA prescinda de su orgullo de perdedor irreductible... Que unos y otros sintonicen con el pensamiento de los cientos de miles de votantes y se olviden de sus particulares manías y fobias.

O sea, un poco de inteligencia política. Si no es mucho pedir.

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