martes, 4 de febrero de 2014

Vuelve el bipartidismo (muy) imperfecto 20140204

En Valladolid, Rajoy arremetió contra Rubalcaba con desmesurado brío. Se le notaba la nostalgia por el bipartidismo que hoy languidece a ojos vista. El PP todavía disfruta de su hegemonía (el último fulgor antes del apagón), pero le está cogiendo miedo al futuro. Ve cómo se acercan las próximas citas con las urnas y añora ya lo que todavía no ha perdido. Sobre todo, conservadores y socialistas observan con aprensión sus respectivos flancos, (a izquierda y derecha), acojonados porque los tiempos están cambiando y cada vez hay más invitados en el guateque. La última encuesta de GESOP publicada ayer en este diario confirma por enésima vez las tendencias de todos los sondeos realizados a lo largo del último año: el voto se dispersa, se reparte, se fractura. IU y UPD avanzan comiéndoles el terreno a los grandes. Nuevas opciones irrumpen en el mercado político. Solo el sistema electoral (¡las circunscripciones provinciales, no la ley d'Hont!) va a permitir a PP y PSOE continuar siendo los protagonistas de la alternancia. Pero el bipartidismo volverá sin duda a su fase imperfecta. Pero que muy imperfecta.

Algunas personas piensan que al final los votantes se inclinarán por lo más útil. Como siempre. Pero yo lo dudo. Apelar a la utilidad ya no sirve (al menos no tanto como antes). Sobre todo porque Rajoy y Rubalcaba (o quien le suceda, si es que hay sucesión) lideran dos empresas que maltratan sistemáticamente a sus respectivas clientelas. Y el personal se ha dado cuenta. Por otro lado, los aparatos de los dos principales partidos han alcanzado la cumbre de la ineficacia, la pereza, el oportunismo y la miseria intelectual. Esos dirigentes y cuadros parecen incapaces del más mínimo esfuerzo. Sus argumentarios y discursos resultan tan previsibles y chanchulleros que producen vergüenza ajena. Por eso el presidente del Gobierno y el jefe de la oposición se interpelan mutuamente, aferrados el uno al otro para resistir mejor el ventarrón del desencanto ciudadano. Ambos saben que en un par de años ya no podrán tomar decisiones en solitario. Necesitarán asociarse con otros. Y esos otros no van a regalarles nada. 


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