jueves, 6 de marzo de 2014

España, un país envuelto en tinieblas 20140306

El periodismo de datos consiste, básicamente, en disponer de robots buscadores que trabajan en internet recopilando toda la información que pueda interesar. Luego esa cosecha se baraja, se depura y se relaciona según unos argumentos que permiten (como hace, por ejemplo, el diario costarricense La Nación) saber cuántos candidatos a unas elecciones fueron condenados por delitos de diversa naturaleza, o qué propiedades poseen directa o indirectamente los altos cargos de un gobierno y cuánto tributan por ellas. Pero, claro, para poder hacer esto hay que trabajar dentro de unos ámbitos administrativos transparentes. Lo cual es posible en muchos países del mundo (y no solo en los del Occidente democrático). En España, no. Aquí vivimos entre tinieblas, a ciegas.

Para luchar contra la corrupción no basta con los códigos. De hecho, España ya dispone de tales recursos legales y de cautelas administrativas casi exageradas. El problema no está ahí, sino en la atmósfera cultural que permite a los corruptos encontrar siempre salidas estéticas o justificaciones de parte (el actual caso de Navarra es de libro). Añadamos a ello la opacidad que rodea la actividad de los gobiernos, de los organismos de control, y de los bancos y las grandes compañías. Casos como el Gürtel o el de los ERE (o, aquí, los de La Muela, Plaza y demás) encuentran en la opacidad su caldo de cultivo.

No crean, sin embargo, que transparencia es solo conocer los sueldos de los cargos políticos; es mucho más. Transparencia es tener en internet las cuentas de las instituciones y su evolución, las de las sociedades públicas y las de las entidades financieras. Sin trucos ni ejercicios de ilusionismo (como pasa con los datos de la Corporación Empresarial Pública de Aragón, absolutamente indescifrables). Transparencia es poder conocer las adjudicaciones, las subvenciones y los convenios. Saber al detalle cuánto cuesta cada GP de motos de Motorland, y cuál es el balance real de dicha empresa, que apenas factura al año algo más de 4 millones, o por qué acumula pérdidas Aramón, que ingresa diez veces más. Si no, no hay nada que hacer. 


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