viernes, 6 de mayo de 2016

Líneas rojas y vetos... ¡Lo normal! 20160506

No comparto la idea de que ir a unas nuevas elecciones (que no a una segunda vuelta) es un drama, consecuencia del egoísmo y la incapacidad de los políticos. Este regreso a las urnas (molesto, sí, pero inevitable) se debe más bien a que la ciudadanía está muy dividida, ha bloqueado a los partidos y no se tomaría a bien que estos hicieran cosas raras con los votos recibidos. Por eso el PP rechaza cualquier salida que condicione su tradicional poder. Por eso el PSOE huye de la gran coalición (aunque de Podemos solo quiso el voto afirmativo, a cambio de colocarle algún independiente presentable). Por eso Podemos veta a C's y C's a Podemos. Por eso todos los partidos correctos trazan líneas rojas para dejar fuera a los de Pablo Iglesias... Porque nadie quiere desconectarse de su clientela.

La gente de derechas, abducida por su imaginario sesentero, se aferra a la unidad patria, el orden público, los sueldos bajos, los récords turísticos y las cuentas en Suiza (de los ricos, claro). Asiente y aplaude cuando Cosidó, director general de la Policía, vulnera de la manera más zafia las cautelas propias de su cargo. O comprende la maldita evasión fiscal. O aún confía en ese Rajoy abúlico y desentendido al que no le apetece debatir "porque supone un esfuerzo".

Las izquierdas, a su vez, andan sumidas en una extraña crisis de identidad (¿quién puede y quién no atribuirse esa posición ideológica?), que incluye convergencias y dispersiones, alianzas y duelos al amanecer. Con Podemos, sus convergencias e IU a punto de agruparse en una sola marca electoral, el PSOE tiembla. Su pugna con los otros ha desbordado el viejo enfrentamiento entre socialistas y comunistas para convertirse en algo más complejo y de resultados menos previsibles. Si cuaja esa megacoalición de las izquierdas alternativas (que algunos ya denominan Bloque Popular), su presencia sería la única novedad de la próxima campaña... Dato relevante.

Así que a las urnas otra vez. Al menos, ahora ya tenemos una idea de cómo pueden funcionar las alianzas y precisar a nuestro gusto el voto (y el veto) más útil. Algo es algo. 

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