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sábado, 3 de diciembre de 2016

A Rajoy se lo ponen a huevo 20161203

Como a Fernando VII, sí. A don Mariano, presidente omnímodo del PP y jefe de un Gobierno en minoría que, sin embargo, actúa como si dispusiera de doscientos diputados o más, todo le viene de cara. Ayer subió el paro, bajaron las cotizaciones a la Seguridad Social, veníamos de pegarle otro tajo a la hucha de la ídem para pagar la extra de Navidad a los pensionistas, subieron los impuestos indirectos (así, la progresividad fiscal española es una de las más bajas, si no la más baja, de Europa), se amplió el déficit de las comunidades autónomas una sola décima, el nuevo salario mínimo apenas superará los setecientos euros (707... ¡capicúa!), el señor de la Moncloa juega con el PSOE y C’s a placer, cual polígamo caprichoso... Y he aquí que los círculos políticos y mediáticos más respetables no solo no parecen preocupados, sino que se esfuerzan con singular denuedo en demostrar que, oye, hay que ver cómo dialoga Rajoy y las cosas tan estupendas que le están arrancando los socialistas (los buenos, se entiende).

En Aragón, el PP ya celebra sus próximas victorias electorales. El Gobierno autónomo y el Ayuntamiento de Zaragoza caerán solitos, merced a la suicida división de las izquierdas y al escaso carisma de sus actuales responsables.

Qué bien. Una vez más, la derecha española dispone de un mando único, una fuerte cohesión interna, disciplina, argumentario, confianza en sí misma, poderosos apoyos exteriores y una conexión natural con la revolución ultraliberal que recorre el planeta. Y cuando se dan estas condiciones, mientras las izquierdas andan pateándose por debajo y por encima de la mesa, carecen de disciplina y se empeñan en acompañar a los nacionalistas periféricos en sus delirios centrífugos... el resultado final está cantado.

Claro que hoy, además, esas izquierdas enfrentadas están también huérfanas de discurso y estrategia. Se acabó la Edad Contemporánea. Ahora, la revolución (o la involución) la hacen los conservadores. Ya no tienen complejos ni reparos. Van a saco. Lo tienen a huevo.

lunes, 28 de julio de 2014

Se va la crisis, llega la resignación 200140728

Está por ver si las reformas laborales (sobre todo la que de manera ininterrumpida viene ejecutando el actual Gobierno) sirven para crear verdadero empleo. Pero en todo caso han servido para eliminar tal cantidad de derechos laborales, que encontrar trabajo hoy es una proeza ligada a la precariedad más absoluta. El contrato indefinido ya no existe, los horarios son pura ficción, el despido se ha vuelto gratuito y la cotización a la Seguridad Social llega a ser tan baja que apenas generará derecho a un futura pensión. La gente gana 600, 700 u 800 euros al mes (sueldo de copiloto en la compañía española cuyo avión capotó sobre Mali) y se da con un canto en los dientes. Actividades que nadie quería llevar a cabo empiezan a ser codiciadas. Agobiadas por la presión que supone estar en paro, muchas personas aceptan cualquier cosa. No saldrán de la pobreza, pero al menos se harán la ilusión de poder hacerlo algún día.

Si de eso se trataba, el objetivo está a punto de lograrse. La sociedad se fractura sin remedio y a los perdedores solo les quedan las salidas excepcionales: un golpe de suerte. Por ejemplo el de Vicky, la carnicera en paro que sirve hamburguesas (prefabricadas y preparadas por otros) en un chiringuito de Mallorca, pero ha ganado la segunda edición de Masterchef. Con el premio podrá montar su propio establecimiento y seguir aprendiendo alta cocina, algo para lo que, según parece, tiene una excepcional intuición. ¿Cuántos talentos como el suyo se malograrán en este atormentado país?

Rajoy está a un milímetro de adelantar las elecciones generales, sumarlas a las próximas autonómicas y municipales y tirarse un farol ante los españoles: si queréis mantener la esperanza en esta recuperación de cartón piedra, votáis derecha; si no, cuidadito con lo que pueda pasar. Con el PSOE atascadísimo, la izquierda reinventándose y la posibilidad de marcarse algún que otro pucherazo legal (como en Castilla La Mancha), el PP aleja sus aprensiones y se siente optimista.

La crisis se ha acabado, dicen. Era muy sencillo: bastaba con asumir la nueva realidad... y resignarse. 

sábado, 8 de junio de 2013

Jugar al escondite en la selva de las palabras 20130608

Según el telediario, la reforma de las pensiones no traerá aparejada una merma, sino más bien ¡una mejora! de las percepciones actuales. Eso sí, la pensión media se alejará más (por debajo, se entiende) del salario medio. Me quedé cavilando y pensé cómo podrá ser tal cosa, pues si los sueldos están cayendo sin cesar, las cotizaciones a la Seguridad Social descienden, los jóvenes tardan mucho en encontrar empleo y apenas nadie puede aspirar a tener una trayectoria laboral continua y estable... ¿en qué cabeza cabe que puedan mantenerse e incluso subir las pensiones mientras retroceden respecto de los disminuidos salarios? Pero este tipo de sinsentidos se han convertido en el pan nuestro de cada día. El actual Gobierno de España se ha lanzado de manera frenética a jugar al escondite en la selva de las palabras. Inventa laberintos en el bosque del bla-bla-bla. Maquilla los conceptos hasta hacerlos irreconocibles. Aventa los términos para convertir cada sustantivo en un truco dialéctico y cada adjetivo en una prótesis surrealista.

La reforma de las pensiones ha sido preelaborada por un comité de expertos (de sabios, decía la edición digital de este diario). ¿Expertos? Algunos de ellos son altos directivos de aseguradoras privadas que, en realidad, tendrían que estar más atentos a garantizar la pasta de quienes les han confiado sus ahorros que a definir el futuro de un sistema público que en realidad es su competencia directa. ¿O no?

Rajoy no dice si subirá más el IVA o no. Está explorando opciones. Bruselas (ese ente indefinible teledirigido desde Berlín) nos aconseja simultáneamente (¿sugiere?, ¿recomienda?, ¿ordena?) que incrementemos la presión fiscal, que la relajemos, que fluya el crédito, que los bancos hagan más provisiones, que tomemos medidas reactivadores, que reduzcamos el gasto... Anda, métele mano al concepto.
De lo general a lo particular, también el Ayuntamiento de Zaragoza busca escondrijos. El Ebro ya no será dragado para abrir paso a los barquitos. Se limpiará el cauce, se redistribuirán las gravas, se eliminarán obstáculos. Hay que tener arte, ¿eh?