Mostrando entradas con la etiqueta Olimpiadas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Olimpiadas. Mostrar todas las entradas

miércoles, 24 de agosto de 2016

Lo que nos revela el medallero 20160824

En Río, España ha obtenido de nuevo unos resultados discretitos. Como ya ocurrió en Londres y antes, 17 medallas y unas decenas de diplomas no parece que sean motivo de tanto triunfalismo patriotero como hemos tenido que soportar por parte de los voceros oficiosos. Es significativo que el ligero incremento de la calidad de los trofeos respecto de los logrados hace cuatro años (esta vez ha relucido más el oro) haya sido acogido en los círculos gubernamentales como un exitazo de la Marca España, exponente obvio de lo requetebien que vuelve a ir este país. En fin...

Pero, al margen de si lo obtenido por nuestros deportistas de élite es mucho, poco o regular, resulta muy curioso que, al pegarle un vistazo al palmarés, este ofrezca una desconcertante imagen de lo que hemos llegado a ser en el ámbito de la alta competición. Un observador ajeno a nuestra realidad deduciría que España proyecta sus esfuerzos (y sus presupuestos) sobre disciplinas tan peculiares como la natación, el remo, la gimnasia rítmica o el bádminton. Y que, desde luego, el papel de la mujer es clave y mayoritario en todos los escenarios.

El modesto medallero hispano resulta equívoco, porque incluye deportes que reciben muy poco dinero público y están muy poco reconocidos. Que tenemos a la mejor jugadora de bádminton del mundo es algo de lo que la inmensa mayoría acaba de enterarse al escuchar los gritos de Carolina Marín. La gente conocía a Rafa Nadal y a los del basket, a los demás muy poco o nada en absoluto. Es posible que a la guapa nadadora Mireia Belmonte muchos la identificasen más por sus posados como modelo que por sus proezas en la piscina. Palistas, atletas (algunos de ellos inmigrados), gimnastas y levantadoras de peso no son famosos ni ganan sueldazos (reservados para las estrellas del fútbol y de otros espectáculos de masas). España apenas gasta unos euros en ellos, porque el dineral que sí se destina al deporte subvenciona los mentados espectáculos o se derrama por millones en el bolsillo de Ecclestone, el amo de la Fórmula 1, o en el de los motoristas de Dorna. Somos la leche.

viernes, 13 de septiembre de 2013

En plena tormenta... y los timoneles, KO 20130913

Será verdad que España afronta una tormenta perfecta (una de esas galernas que nos arrasan cada varios decenios) y en esta ocasión lo hace con sus timoneles fuera de combate. Nos envuelve una atmósfera noventayochista. Cunden los peores presagios. La nueva exhibición, anteayer, de los independentistas catalanes ha dejado a muchos estupefactos. Las goteras del Congreso se han convertido en la metáfora de una crisis que golpea sin cesar. Ahora empiezan a enterarse los habitualmente enterados de que fue esa crisis (de carácter total y sistémico) y no otra cosa la que nos apeó de la dichosa carrera olímpica. ¿Estamos al borde del desastre?

Preside el Gobierno de este país un ciudadano que por lo visto quiere hacer de la inacción un método para resolver los problemas esperando que éstos se agoten por sí solos. Rajoy deja que corra el tiempo, insiste en que es verdad aquello que las evidencias desmienten (o niega lo que resulta evidente) e intenta fabricar optimismo económico describiendo como recuperación lo que no es sino un trabajoso reptar de los indicadores por el fondo de esa ciénaga que es el brutal empobrecimiento de los más y el sucio enriquecimiento de los menos. Pero si puede hacer tales cosas (por ejemplo, ratificar que Bárcenas no estaba en el PP cuando queda probadísimo que sí estaba) es porque enfrente tiene al zombie Rubalcaba, sobre cuya toldilla caen los ERE andaluces como chuzos de punta. Y tú más, se reprochan mutuamente. Pero Mas está en otra guerra, desbordado, dicen, por el independentismo, que en Cataluña es la única alternativa política puesta sobre la mesa. Patético.

Buena parte de los líderes del PP (la catalana Sánchez Camacho, sin ir más lejos) solo son capaces de expresarse en el ámbito amigo del TDT party. Los socialistas, ni siquiera. La lógica política se ha disuelto en una nube de reacciones emocionales, utilizadas las más de las veces para tapar la más pura y dura corrupción o la más absoluta incapacidad de resolver los problemas de España y sus naciones, nacionalidades, regiones y ciudades autónomas. Esto empieza a dar miedo. 

JOSÉ LUIS Trasobares 13/09/2013

martes, 10 de septiembre de 2013

Esta España suya, esta España vuestra 20130910




A Buenos Aires fue la España oficial, una España de orden y de derechas cuyos portavoces estaban allí no solo para vender un proyecto olímpico sino para arreglar lo suyo. El presidente madrileño, González, y la alcaldesa Botella querían afianzarse en sus respectivos cargos. El presidente del COE, Blanco, pretendía hinchar aún más su ego de snob. El Príncipe iba a ganarse el trono (¡nada menos!). Rajoy tenía por objetivo consagrar su tesis de que España está saliendo de la crisis (gracias a él) y no tiene tiempo para bárcenas ni gürteles. Alrededor de estos egregios personajes, una nube de periodistas, encabezados por los enviados especiales de TVE, repicaba con alegría las campanas del triunfalismo en una atmósfera acrítica, unánime, pijotera y ridícula. Las grandes constructoras permanecían al acecho.

Lo qué pasó fue que los barandas del PP manejaron el tema Madrid 2020 exactamente igual que gestionan los asuntos internos. Es decir, de la forma en que superMariano explica al Congreso qué fue de su tesorero o la señora de Aznar se sacude de encima aquella cosa tan desagradable del Madrid Arena. Pero claro, contarles a los mendas del COI (tiburones de letal mordedura) que España se está convirtiendo en el gigante europeo de la exportación o invitarles en spanglihs a tomar un cafelito con leche en la plaza Mayor no es lo mismo que largárselo a la frágil y acojonada opinión pública hispana. Los jefazos olímpicos no compran actos de fe ni mentiras políticas. Y les importa un huevo que Felipe sea o deje de ser rey.

Las declaraciones previas de Wert ("hemos recortado las asignaciones al deporte, pero si nos dan los Juegos... ¡ya volveremos a meter algún dinero, ya!) o las charlotaditas de Moragas. el chico de Rajoy, sirven para esta España de ellos donde reina el pensamiento único y nadie se atreve a disentir. Pero los del COI tienen callo. Se rieron por lo bajini y tumbaron la candidatura de Madrid a la primera.




Pues eso... ahora habrá que arreglar La Romareda a escote (entre diez y quince kilitos de nada) y encabronarse por la chorrada de Trías (otro patriota de habas). ¡Que viva Españaaa! 

JOSÉ LUIS Trasobares 10/09/2013

Artículos relacionados
Desde que amanece, apetece J. Carbonell 

viernes, 6 de septiembre de 2013

Volver a empezar... con unas Olimpiadas 20130906

La inmensa mayoría de los españoles, según las encuestas, ansían que Madrid sea la sede de los Juegos Olímpicos del 2020. Decenas, cientos de personalidades aseveran que ese evento (¡oh, qué palabra tan evocadora!) nos sacaría definitivamente del ciclo negativo, barrería el pesimismo e impulsaría la economía hacia una nueva era de abundancia. Así que la capital de España (endeudada hasta las cejas de Gallardón y la permanén de Botella) fía el futuro al show business. Y otras ciudades (como Zaragoza sin ir más lejos), que también deben lo que no tienen, fantasean con la parte que podrá tocarles del festival olímpico.

La experiencia me ha hecho ser muy escéptico con el eventismo concebido como una forma de sublimar la política de escaparate y programar presuntos desarrollos económicos, sociales y culturales en relación con acontecimientos de gran repercusión global. Este tipo de propuestas suelen crear, es cierto, una fase de actividad relacionada casi siempre con la construcción y los servicios. Pero suponen asimismo fortísimos gastos a cargo del erario público, y cuando se acaban los días de gloria y ovaciones la realidad se impone con toda su crudeza. En España hemos visto cómo las olimpiadas y las expos le abrían paso a la crisis en el 92 y el 08. Grecia hizo unos Juegos (con una presentación preciosa) y aún no los ha pagado. No es oro todo lo que reluce.

Los grandes eventos tienen ganadores fijos (casi siempre privados) y paganos habituales (casi siempre públicos). Es su naturaleza. Como lo es su fácil utilización para generar autoestima social de ésa de usar y tirar (¿qué nos queda de la euforia zaragozana del 2008?). Pero de su capacidad para generar ciclos de abundancia, olvidémonos. Si tienen tiempo y curiosidad entren en la sección de noticias de la página web del Instituto Nacional de Estadística. Repasen la sucesión de titulares. En su mayoría recogen datos que ilustran sobre la caída de la actividad industrial, de los negocios en general, de la compra-venta de viviendas... Si eso ha de arreglarse con unas Olimpiadas (y las contrarreformas que impone el Gobierno), vamos dados. 

lunes, 24 de junio de 2013

¡Sed optimistas, amad a los jefes! 20130624

En Brasil ha ocurrido algo extraordinario. Por vez primera, un pueblo ha rechazado la propuesta de pan y circo, ha detectado perfectamente la naturaleza predadora que alienta en los grandes eventos deportivos y ha exigido más hospitales y escuelas y menos estadios. ¡Y todo ello en un país que adora el fútbol y tiene su meca en Maracaná! Estoy emocionado. Una nación joven, una potencia emergente, una ciudadanía que apenas empieza a disfrutar un mínimo de bienestar es capaz de ponerse en pie contra el enemigo más sutil y oculto: no ya la pobreza, el analfabetismo o la opresión física, sino la comedura de coco organizada meticulosamente por los amos del show business. Ya ven, los brasileños han aprobado donde nosotros suspendimos. A ellos no se los han llevado al huerto con el cuento de la autoestima, ponerse en el mapa, irrumpir en el gran concierto de las naciones y acoger sucesivamente la Copa Confederaciones, el Mundial de Fútbol y, finalmente, los Juegos Olímpicos. Han detectado el truco.

Como es sabido, el optimismo fomentado desde el poder me saca de quicio. Siempre, quienes gobiernan pretende hacernos creer que estamos genial, que la vida nos sonríe, que el futuro será de color de rosa y que todo se debe a su desinteresada labor. Pero en realidad nos están vendiendo mercancía averiada. Ahora, en España, ya deberíamos saber que el eventismo, como fórmula de integración política y reclamo electoral, es un fiasco. Hemos visto a jefes y súbditos volverse locos por los campeonatos, las olimpiadas de todos los colores, las motos, los coches, las expos, los edificios emblemáticos y el brillo de las lentejuelas. Sólo aquí han triunfado (¡y de qué forma!) los planes para recrear Las Vegas en Europa y otras podridas quimeras. Todo ello, mientras los voceros del poder (más bien de los poderes, que no sólo hay políticos en estos tejemanejes) nos invitaban a ser positivos, a estar contentos, a ser felices. ¡Y aún lo siguen haciendo!

La crisis pone las cosas en su maldito sitio. Eso sí, Madrid todavía aspira a organizar los Juegos Olímpicos post-Río de Janeiro. ¡Viva!