sábado, 21 de septiembre de 2013
Cuando el dinero mueve la fiesta 20130921
martes, 5 de marzo de 2013
Al menos... ¡viva el 5 de Marzo! 20130305
viernes, 12 de octubre de 2012
Aquellos 'pilares' y lo que vino después 20121012
martes, 9 de octubre de 2012
Cuarenta y ocho horas en los 'pilares' 20121009
viernes, 6 de abril de 2012
Rito y folclore en la Tierra Noble 20120406
Aragón ha hecho del tambor y el bombo su seña de identidad más exportada (porque la Virgen del Pilar, en realidad, es muy de Zaragoza, y los Amantes son muy de Teruel). Desde que Saura tirase de parche batido en Pipermint frappé, el ¡prom, prom, prorrompompón! lo mismo sirve para inaugurar exposiciones internacionales que para darnos a entender en Fitur o recibir a las visitas ilustres. Es una expresión sencilla, ruidosa, espectacular y muy racial. El ritual religioso (si lo fue alguna vez) se ha convertido definitivamente en folclore, y el folclore en factor de marca. Mal que les pese a los señores jefes, por ahí fuera es mucho más notoria y reconocida la Semana Santa bajoaragonesa que las carreras de Motorland. Y por supuesto sale muchííísimo más barata, lo cual representa un extraordinario valor añadido.
Las procesiones de estos días son una pasada. Podrán gustar o no, pero si por un momento pudiéramos dejar a un lado los prejuicios religiosos y culturales para observarlas como harían un esquimal o un neozelandés, tendríamos que convenir en la naturaleza bárbara, barroca y delirante de esos desfiles de gentes encapirotadas, dándoles cual posesos a diversos instrumentos de percusión y portando imágenes sangrientas y temibles. ¡Cómo las gastan éstos!, pensarán los guiris de la Europa rica, y tal vez encuentren en tan alucinado ritual la explicación última de que el nuestro sea un país dado a las bancarrotas, esencialmente atrasado, proclive a los éxtasis, pecador y corrupto (¡como luego te confiesas... y ya está todo perdonado!).
La Tierra Noble se ha hecho muy semanasantera. Zaragoza ha puesto escenario a una serie interminable de actos y demostraciones que hace treinta años no existían o eran francamente minoritarios. Y no es que el personal se haya hecho más creyente. Es que, en este bendito país de las quimeras, el folclore nos proporciona personalidad y una manera irracional pero elaborada de sentirnos parte de algo. Por eso nos vuelven locos los trajes regionales. Por eso en Aragón TV triunfa la jota. Por eso nos aferramos a las tradiciones locales... Y adiós, amigos, que me voy a ver la procesión.
JOSÉ LUIS Trasobares 06/04/2012lunes, 17 de octubre de 2011
Fiestas y polémica sobre raíles 20111017
Parte de la fiesta zaragozana ha discurrido estos días sobre raíles. La utilización del tranvía ha batido récords, la empresa que explota el servicio ve próximo el momento en que éste será plenamente rentable y se calculan en cuarenta millones los usuarios anuales una vez que el trayecto Norte-Sur esté acabado. A caballo de la euforia tranviario-pilarista se hacen planes para ir a por la segunda línea (Este-Oeste). Así han quedado las cosas, dicho sea con el máximo respeto hacia los vehementes enemigos de esta renacida plataforma de transporte.
Estamos inmersos todavía en una polémica surrealista, porque no parece ni medio lógico que en una ciudad donde el tranvía funcionó perfectamente durante decenios su recuperación haya despertado tanta inquina. Tengo dicho que esa radical oposición se fundamenta en los mismos criterios automovilísticos que impusieron en los años Setenta el levantamiento de los raíles. Aquel golpe a la movilidad sostenible perjudicó a la ciudad en lo urbanístico y en lo económico. Pero muchos lo tuvieron por un signo de progreso, y el equívoco dura hasta hoy.
Habrá que pedir disculpas a quienes aborrecen el tranvía. No se ha cumplido ni uno sólo de sus temibles vaticinios. No han acontecido desastres ni catástrofes ni ruinas ni nada. La inversión en la línea Norte-Sur no computa en la deuda municipal, la empresa mixta concesionaria funciona perfectamente, la utilización de unidades fabricadas por CAF genera empleo (del de verdad) en la misma Zaragoza y los inconvenientes parecen subsanables.
Lo curioso es que sólo unos pocos de los antitranvía han hecho hincapié en el aspecto menos guapo de la cuestión: el acabado de las obras ya ejecutadas en el eje Gran Vía-Fernando El Católico. Incluso habituados como estamos a las chapuzas, es de nota la pésima colocación de las losas que pavimentan aceras y andadores, el demencial ajardinamiento, el uso de materiales perfectamente inadecuados y seguramente el deficiente tendido de los propios raíles que transmiten en exceso la vibración producida por el paso de los coches. Pero de todo esto, queridos amigos, no tiene culpa el tranvía. ¿Verdad?
J. L. Trasobares/El Periódico de Aragón/lunes 17.10. 2011miércoles, 12 de octubre de 2011
Fiesta para olvidar la crisis 20111012
Estas fiestas del Pilar son masivas y efervescentes como siempre, aunque el programa vaya de nivel medio-bajo por aquello de los ajustes y aunque el centro de la ciudad se halle en estado de excepción por aquello de las obras del tranvía. En todo caso, los festejos mayores de Zaragoza están consolidados como un paréntesis extraordinario, un momento para reducir la frenética marcha que nos lleva no sabemos a dónde y enfocar el impulso hacia otros objetivos más agradables e inmediatos: la alegría y el buen rollo.
Las fiestas son para festejarlas. Para echarse en brazos del dulce colocón, para liarte la manta a la cabeza y acabar en la cama de alguien que has conocido esa misma noche, para bailar y saltar y hacer el bobo, para pasear y hablar con la gente, para cantar, para disfrutar la de la vida. Vivimos en una sociedad que ha desplazado el placer de los sentidos al acto de consumir. Los viejos y naturales goces del cuerpo, sin embargo, todavía se enfrentan a las inercias oficiosas. Las religiones habituales pelean cual gatos panza arriba para impedir que vuelvan las viejas costumbres paganas, ancestrales, cuando la fiesta era un pretexto para romper las normas, regresar a los brazos de la madre naturaleza y disfrutar de las cosas más elementales y sabrosas. Hubo un tiempo, antes de que los fríos servidores del Dios Único decretasen los pecados de la pereza, la gula y la lujuria, en que el ocio, la comida, la bebida y el amor carnal (por usar los términos clásicos) formaban parte del ritual colectivo, del contrato social y de la creación cultural.
Tampoco quiero asustarles. En realidad no estoy incitando al botellón ni al sexo desechable ni a las prácticas que sí forman parte de esta vida vertiginosa donde casi todo es de usar y tirar. Mi llamamiento a la fiesta pretende ser un poquito más elaborado, más consciente y más... sabroso. Creo que echo de menos los Ochenta, cuando los festejos en honor de esa Virgen que el alcalde Belloch menciona una y otra vez eran todavía un fenómeno nuevo, un descubrimiento lleno de sensaciones. Y encima servidor tenía treinta años menos. ¡Qué tiempos, colegas! ¡Qué rico estaba todo!
J. L. Trasobares/El Periódico de Aragón/miércoles 12.10.2011