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sábado, 24 de diciembre de 2016

Que ustedes lo vivan bien 20161224

Si Miguel Hernández, el gran poeta, pudo cantar a la flor de las milicianas llamándola Rosario (Rosario, dinamitera,/sobre tu mano bonita/celaba la dinamita/sus atributos de fiera), bien podrá quien suscribe servirse de la cristiana Navidad para desearles lo mejor, recomendarles algún manjar y despedirse por una temporada, que me tocan vacaciones. Eso sin desmerecer mi condición de laicista, librepensador y descreído.

Vivan la vida lo mejor que puedan. Precisamente yo iba a recomendarles para estos días la lectura de Patria, la magnífica novela de Fernando Aramburu (editorial Tusquets), pero me parece no menos instructivo y muy apropiado en semejantes fechas el último libro de fotografías de Gervasio Sánchez, Vida-Life (Blume) , apabullante, instructivo y conmovedor... como siempre.

Sigo. Un restaurante: El Gamberro, en la calle Blasón Aragonés de Zaragoza, porque tiene estilo y rompe la pana. Un vino: Sed, de mi tierra monegrina, impresionante.

Agradezco una vez más el favor que me hacen al leerme, algunos de ustedes todos los días. Si no es fácil sostener durante meses ese ritmo cotidiano en la escritura, reconozco que también tiene mérito meterse El Independiente entre pecho y espalda una jornada tras otra. Disculpen las erratas, los exabruptos y algún calentón que se me lleva por delante, a pesar de que las normas del periodismo de opinión obligan a mantener la serenidad y el temple.

El futuro nos ha alcanzado. Y para muchos de nosotros no parece tan bonito como lo soñamos hace tiempo, cuando cabía imaginarlo desde la ensoñación utópica. Pese a todo, siempre estará a nuestro alcance la posibilidad de transformar la realidad a mejor, combatiendo sin violencia pero con valor aquello que menos nos gusta, lo que resulta más injusto e inaceptable.

Vivir es eso: disfrutar... del placer del debate, del placer de los sentidos, del placer de los principios, del placer que proporciona el mundo que nos rodea. A ello voy, por una temporadita. Al año que viene, otra vez estaré aquí. No me olviden.

jueves, 22 de diciembre de 2016

Democracia... ¿participativa? 20161222

Incluso algunos significados integrantes de Zaragoza en Común ponen en cuestión la consulta sobre el trazado de la Línea 2 del tranvía. Por una simple razón: con una participación tan escasa (inferior al 1%), la democracia se esfuma y el valor del resultado es igual a cero. Por ahí se han colado asimismo los tranviafóbicos de la derecha.

Las consultas abiertas, referendos, primarias e incluso el propio sufragio universal han sido muy criticados al hilo del brexit y la victoria de Trump. El presentismo habitual olvida las convocatorias que permitieron a la ciudadanía de diversos países refrendar sus constituciones, poner fin a dictaduras (como la de Pinochet) u optar (en Estados Unidos o Suiza) entre diversas alternativas referidas a importantes asuntos. Las urnas son un componente fundamental de la democracia... Aunque la democracia precisa algo más que urnas. Esa es la cuestión.

El 15-M exigió democracia participativa como reacción a la devaluación de una democracia representativa reventada desde dentro por los propios partidos. Pero ya en las asambleas de plazas y acampadas, la viabilidad de un debate y una toma de decisiones permanentes entró en vía muerta. Se aprobaban manifiestos y programas muy bien intencionados pero de nula utilidad. Peor todavía: la gente normal, la que debía ir a trabajar o estudiar al día siguiente, fue retirándose. Y allí solamente quedaron los radicales más motivados, los activistas obsesos, los frikis, los desocupados... Al final, nada.

Podemos ha heredado y teorizado el espíritu de la democracia participativa, directa. Pero ahora comprueba la existencia de un problema crucial: la gente no participa. Es más, sin un contexto de deliberación, toma de conciencia, educación cívica y vocación ciudadana, el derecho a decidir pierde sentido y al final queda en manos de ínfimas minorías muy activas. No basta con convocar consultas. Si acaban como la del tranvía, se está dando la razón a quienes, cargados de cinismo, piensan que el pueblo, en realidad, está para votar cada cuatro años y luego obedecer a los jefes. Hay que hilar más fino.

jueves, 15 de diciembre de 2016

Será sarcasmo... o cachondeo 20161215

Es de suponer que las declaraciones de Aguirre sobre el show que su conmilitona Sáenz de Santamaría montó frente a la tienda de Primark en la Gran Vía madrileña son un sarcasmo. Claro: la portavoz del PP en el ayuntamiento de la capital del Reino ha querido poner en evidencia a su compañera (aunque no amiga), al advertir que los sueldos de los altos cargos políticos son tan poquita cosa que sus beneficiarias/os han de comprarse la ropa en un low cost. Sobre todo la pobre Soraya, que cobra casi 20.000 euros anuales menos que ella misma. ¡Ja, ja ja!

Aunque con Esperanza nunca se sabe. Como le han reído tanto sus dudosas gracias, sus excesos y sus desplantes, a lo mejor ya no sabe distinguir lo sublime de lo chistoso, ni el salero de la memez. En todo caso, ella se remite a lo que mejor sabe hacer: cachondearse de la ciudadanía. De una u otra forma llegamos a lo mismo: al sarcasmo.

Cuando la derechona de Madrid se motoriza para ir a la Gran Vía, no va a comprar (que eso lo hace en las tiendas exclusivas del barrio de Salamanca), sino a revindicar el uso del coche frente a las limitaciones impuestas por la alcaldesa Carmena. La gente de orden es así. Era de cajón que la calle más comercial de Madrid necesitaba imperiosamente ampliar el espacio peatonal, porque sus aceras estaban ya colapsadas. Pero el PP es muy automovilísta, cada vez más. Por eso en Zaragoza abomina del tranvía, y en Huesca se rebotó con su propia regidora, Ana Alós, por peatonalizar el centro.

La risa es una virtud conservadora. Escuchen también a la ministra de Empleo, que al principio parecía venir de la más sosa Babia y ahora se gasta un cinismo desternillante. Sin cortarse un pelo ha levantado (¡ella!) la bandera de la conciliación y sugiere la reforma del horario laboral. Ha puesto de los nervios a los sindicatos e incluso a la patronal. Por lo visto se toman en serio la retórica de la señora Báñez. Qué canelos.

Pitorreo fino, humor afilado, demagogia disparatada, provocación y contracultura. Sin cortarse un pelo. Ni Trump lo haría mejor.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

¡Que cada vez somos menos! 20161214

Durante decenios, gran parte del debate social en Aragón ha tenido que ver con la autoestima, el pesimismo, el cainismo y otros estados del alma política. Porque, según hemos podido comprobar, los partidos y sus correas de transmisión han pasado sucesivamente del ánimo positivo al negativo... según les tocase disfrutar del poder o aguantarse en la oposición. La realidad ha ido por otro lado, claro. Y no ha acabado de evolucionar bien por una razón bien simple: si las cosas no mejoran, (de verdad) acaban empeorando.

A quienes osaron advertir una y otra vez de que esto no rulaban se les ha llamado de todo. Los muy agoreros. Pero hoy mismo, cuando el Instituo Nacional de Estadística ha reflejado la desgracia demográfica de la Tierra Noble (cada vez hay más viejos y menos jóvenes), los hechos vuelven a echársenos encima. Aquella leyenda divulgada en el triunfal inicio de este siglo y que recreaba un futuro próximo donde Aragón tendría dos millones de habitantes (la mitad de ellos en Zaragoza) sólo tenía por objeto, ¡ay!, calentarnos la cabecica y justificar los pelotazos urbanísticos.

Con mucho territorio y poca gente, aquí los servicios se han puesto por las nubes. Y espérate. Cualquier actividad en las áreas rurales es deficitaria y ocurre, por ejemplo, que ni Renfe mantendrá los trenes regionales si no se los subvencionamos, ni la red sanitaria o educativa puede cuadrar las cuentas con tantos pueblos desparramados por estepas y montes, donde sólo viven ancianos.

Por supuesto, darle la vuelta a semejante situación no es nada fácil. Pero hemos de convenir que tampoco se ha intentando en serio. Mientras hubo pasta, se despilfarró en política de escaparate y proyectos destinados a ilusionar a un personal proclive a entusiasmarse con cualquier juguete. Ahora no hay un clavel ni nadie sabe qué hacer.

Del Gobierno central cabe esperar muy poco. Se ha tragado las autopistas privadas arruinadas de Madrid, Valencia y Murcia. Pero es que aquello fue cosa suya (del PP). Los agujeros de Aragón, eso ya...

JLT  14/12/2016

lunes, 12 de diciembre de 2016

Indiferentes ante la corrupción 20161212

Una noticia pierde impacto en proporción directa a las veces que es reproducida. No digamos en estos tiempos de hipercomunicación. Lo que se hace viral hoy se olvida mañana, no tanto porque la gente esté dispuesta a olvidar los niños refugiados que se ahogaron en las playas del Sur de Europa, las mujeres víctimas de la violencia machista o los civiles bombardeados en Alepo y Mosul, sino por la simple razón de que los mensajes se expanden y superponen a un ritmo exponencial, normalizando por saturación cualquier sucedido; incluso los más horribles.

Es lo que pasa en España con la corrupción. Juicios que se presumían espectaculares (la Gürtel, las tarjetas black, los ERE) acaban siendo un largo e indescifrable tostón. Mientras, aterrizan en los titulares el presunto fraude fiscal de los futbolistas, la financiación ilegal de las campañas llevadas a cabo por los partidos serios o la inaudita historia de ese padre que usó la enfermedad de su hija para levantarse (y pulirse) casi un millón de euros. Y además, en todas partes cuecen habas. Vean, si no, lo del exministro fracés condenado por esconder su dinerito en Suiza.

Así que la ciudadanía va encalleciéndose. Deja de leer artículos de fondo (donde, por ejemplo, se explica cómo se urdió la fusión-estafa de Caja Madrid y Bancaja, o la forma en que cuatro grandes bancos trucaban el euribor) y se limita a deslizarse sobre los titulares, cuanto más abracadabrantes mejor. Conclusión: todos somos sinvergüenzas en potencia y todos los políticos son iguales (de corruptos). Ciega generalización que es, precisamente, la que interesa... a los sinvergüenzas y a los corruptos.

Los más ardorosos defensores del establishment andan últimamente empeñados en reducir o eliminar la información sobre las cloacas del sistema. Y sacan en procesión la imagen de su martir, Rita Barberá. Se equivocan. Para los delincuentes (cada vez menos supuestos y cada vez más evidentes) que manejan el gran desorden mundial, nada mejor que viralizar la mierda. Así todo el mundo se acostumbra a su olor y su sabor. Y ni se entera.

domingo, 11 de diciembre de 2016

Aragón suspende o aprueba... pero no sabe dónde va 20161211

Aragón suspende en protección ambiental, si nos atenemos a emisiones de gases invernadero o la superficie construida... por habitante. Aunque, claro, tenemos un territorio tan grande y desolado, que si el mismo cálculo se hace relacionándolo con los kilómetros cuadrados ya no salimos mal parados, más bien al revés. Con todo, acojona saber que, desde hace treinta años, en esta bendita Comunidad se ocupa suelo (para viviendas, equipamientos e infraestructuras) a un ritmo de dos hectáreas (veinte mil metros cuadrados) al día... o que las centrales eléctricas que queman carbón han empeorado nuestros niveles de contaminación en un sentido radicalmente opuesto al que sigue la Unión Europea, donde han bajado.

Pero lo más inquietante de todo esto no es ya el menosprecio que gastamos con la ecología (conocimiento que tantas burlas provoca entre los idiotas), sino la evidente ausencia de programas a medio y largo plazo, en una tierra cuyas condiciones climáticas cambiarán (a peor) si las temperaturas siguen subiendo. Ese vacío estratégica es, por ejemplo, el mismo que nos tiene enganchados a una corporación de sociedades públicas ruinosas, sin que ni una sola fuerza política u organización social proponga alternativa alguna. O el que deja en el aire sistemáticamente un futuro que fiamos a la mera inercia, mientras defendemos las minas de un combustible fósil inaceptable, un megatúnel por el Pirineo central que jamás veremos o unos pantanos sin porvenir ni lógica.

No sabemos qué hacer con la inmensidad del territorio. Salvo destruirlo allí donde es posible hincarle el diente. No hemos creado imagen de marca para nuestros productos agropecuarios e industriales. No disponemos de un tejido social capaz de entender por dónde hay que avanzar. Desde los ámbitos públicos y semipúblicos, la cuestión de la tecnología se ve como un lugar común en los discuros; pero luego, en los actos donde se supone que van los próceres a lucirse diciendo cosas (y no dando palmadas y apretones de mano a todo quisque), casi nadie es capaz de explicarse con criterios del siglo XXI.

Todo esto, desde luego, le pasa a Aragón y a casi toda España (salvo al País Vasco y en menor medida a Cataluña). Todos estamos encantados, según la versión oficial, con exportar más gracias a un brutal descenso de los costes salariales y obtener ingresos provenientes del turismo, cuyos récords son celebrados con la misma euforia triunfal de los años Sesenta. La noticia de que los precios de los pisos vuelven a remontar dispara el optimismo de los especuladores... y de los incautos. No aprendemos.

Pero si otras comunidades españolas se pueden permitir esta desidia (porque tienen mar, o más recursos y población), Aragón se está quedando sin masa crítica, sin gente ni capacidad para reaccionar allí donde aún la hay. Por eso aquí no nos vale con vernos medio bien situados en las estadísticas, los rankings y los informes. Los cáculos per cápita son muy engañosos. Somos pocos, cada vez menos. Y los más listos, esos jóvenes de cuya formación nos enorgullecemos, acabarán... yéndose.

sábado, 10 de diciembre de 2016

Y la burricie encontró su paraíso 20161210

El otro día, la noticia de que el gobierno de Aragón ha pedido a Patrimonio que quite el escudo franquista de la estación de Canfranc provocó el consiguiente alud de comentarios, denuestos y tal. El fenómeno es el mismo de siempre: existe un sector de la sociedad española (en mi opinión muy minoritario) que no quiere memoria ni revisión ni leches porque aspira a que la Historia y sus símbolos mantengan la gloria de quel general que se hizo dictador sobre la muerte, la sangre y el sufrimiento de millones de españoles.

Pero lo que sí me pareció significativo es que varios de esos comentaristas fachas daban por hecho que la estación siempre tuvo ese escudo, por lo que tal pieza sería mero testimonio de un pasado incontrovertible, y otro llegó a proclamar la fama del edificio, ubicando en él aquella delirante entrevista entre Franco y Hitler. Hubieron de entrar en liza otros comentaristas para aclarar que el escudo original fue el de Alfonso XIII (arrancado para poner el águila imperial del Caudillo) o que fue en Hendaya, no en Canfranc, donde aquellos dos genocidas se vieron las caras por primera y última vez.

Lo cual plantea otro enfoque de la cuestión. Por un lado, el hecho de que la burricie ha encontrado en internet el lugar perfecto para explayarse a gusto. Por otro, la dificultad objetiva para desarrollar una democracia deliberativa digna de tal nombre en un país donde el conocimiento y la educación cívica todavía están en niveles muy bajos, al margen de lo que diga el Informe Pisa o las estadísticas sobre niveles de titulación. La ignorancia, además de ser cada vez más atrevida, ha encontrado en la posmodernidad neocón un ecosistema perfecto. Aquí puede expresarse sin cortarse un pelo, puede despreciar a quienes sí saben, puede polemizar a base de exabruptos, insultos y mentiras... y puede hacer todo eso desde el anonimato.

Sólo así se entiende que grotescos personajes de la élite, adobados en demagogia, mentira y miedo, sean vistos como alternativa por tanta gente de a pie. Serpientes venenosas en el paraíso de los asnos.

martes, 6 de diciembre de 2016

Hará falta cintura... Otra vez 20161206

Voté sí a esta Constitución. Y lo volvería a hacer en idénticas circunstancias. Esa es la clave del debate que se ha instalado entre nosotros: determinar si las circunstancias siguen siendo las mismas... que no lo son.

Aquello nada tiene que ver con lo de ahora. Es cierto que actualmente los triunfantes paradigmas neoconservadores apuntan hacia el autoritarismo y el abandono de todo diálogo social. Pero en 1976-78 lo que estaba sobre la mesa era nada menos que poner fin a una dictadura sangrienta, fruto a su vez de una terrible y traumática guerra civil (esa que aún atormenta nuestra memoria). Recuperar la democracia sin chocar de frente con el aparato de Estado tardofranquista (desconcertado, pero mucho más fuerte que la población potencialmente movilizable) exigió cintura. A ver, si no.

La correlación de fuerzas ha mutado. Ese aparato de Estado no manifiesta su voluntad de oponerse a las aspiraciones populares que se demuestren mayoritarias. Pero hoy los poderes económicos (y en particular financieros) han puesto en jaque a las instituciones democráticas. Por otra parte, los españoles nos dejamos llevar demasiado a partir del 78. La evolución posterior no mantuvo el necesario pulso transformador. La Constitución no ajustó sus piezas apenas hilavanadas, sus cabos sueltos y sus limitaciones. Se anquilosó. Está lejos de ser la mierda que dicen algunos (sin entender que los derechos en ella consagrados están en peligro). Aunque tampoco soportará bien las actuales tensiones territoriales y sociales, el descrédito de las instituciones, la imposición de los fácticos, los trágalas de hace cuarenta años, el efecto de la globalización... En fin, que ponerla a punto parece necesario aunque difícil.

Bueno, sería más factible si aquí siguiera vigente algún tipo de pacto social, y si, en todo caso, la ciudadanía tuviese claro qué quiere y para qué. No es así. Además, la derecha (que en el 78 iba a contracorriente y se vio desbordada) quiere recuperar cosas que perdió entonces. Reformar de forma adecuada la Constitución exigirá cintura. Otra vez.

JLT  06/12/2016

lunes, 5 de diciembre de 2016

Este PSOE le gusta mucho... al PP 20161205

Aquí sí me permito ser categórico, y paso de encuestas, estudios sociológicos o cualquier otro truco de los arúspices consagrados: si el PSOE celebra tarde (y forzosamente mal) un congreso manejado por el aparato oficial y a mayor gloria de Susana Díaz, jamás resucitará como organización relevante en la política española. Con la Gestora retorciendo los Estatutos para enfriar el ánimo de los militantes y una actuación en el día a día desalentada, subordinada y vergonzante, el socialismo español está justo donde lo quiere... el PP. De hecho, los argumentarios conservadores (repetidos con sin igual disciplina por portavoces, analistas y tertulianos del ramo) proponen y alaban al PSOE surgido del golpe de mano contra Sánchez. Desde aquel momento no han existido mejores intérpretes de las esencias socialdemócratas (las de verdad, las fetén) que las buenas gentes de derechas. Qué milagro, ¿verdad?

Tal y como están las cosas, una Díaz elevada a categoría de secretaria general no funcionaría al norte del Tajo como candidata socialista a la presidencia del Gobierno. Y ya veríamos al sur. Ni siquiera dando por hecho que los de Iglesias y los anticapitalistas seguirán empujando a Podemos hacia la irrelevancia izquierdizante. Será por eso que en los medios conservadores ya apenas salen a colación los EREs, los cursos de formación, Mercasevilla y otras lindezas (además, no vendría a cuento en mitad de la campaña para santificar a Rita Barberá y rehabilitar al PP valenciano). Al asturiano Javier Fernández me lo llevan entre algodones, no se les venga abajo.

De esta manera, Pedro Sánchez sigue siendo ahora mismo la mejor opción que tienen los socialistas. Lo saben los militantes, los simpatizantes y los votantes. El exsecretario general defenestrado es el único líder factible: víctima de la conjura, firme en su propósito, aclamado por las bases. Eso... o aparece algún inesperado (y desconocido) mirlo blanco. En todo caso, el partido habrá ser refundado y reorganizado. Porque este, el de ahora, le gusta tanto al PP... que no resulta ni verosímil.

martes, 22 de noviembre de 2016

Fin de semana en Madrid 20161122

 
 
El domingo, a la misma hora, en los porches de la plaza Mayor se alinean los habitáculos-ataúdes fabricados con cajas de cartón, donde los sin techo va a pasar la noche. Voluntarios de una oenegé llegan con su catering solidario a repartir la cena. Tras ellos, una larga comitiva de pobres de solemnidad, transeuntes, parados de larga duración, inmigrantes sin esperanza, enfermos mentales y otros restos del naufragio forman una desordenada fila.

El Museo Reina Sofía exhibe una exposición que titula Ficciones y territorios, una intensa y extensa colección de arte referido «a la nueva razón del mundo» (el temible neoliberalismo). Hay cuadros, fotografías, intervenciones sobre productos industriales, murales, proyecciones, documentos audiovisuales, instalaciones... El efecto sobre quienes recorren las salas es sin duda desasosegante. La distopía asusta.

Era Madrid. Podía haber sido cualquier otra gran ciudad del mundo. Esa es la consecuencia del endeudamiento público transmutado en altos beneficios privados, del sistemático aumento de la desigualdad, de la individualización a toda costa, de los paradigmas ultraconservadores que convierten la libertad en un privilegio de las élites cada vez más ricas y empoderadas, e imponen a las mayorías sistemas cada vez más autoritarios y alienantes.

Y sí: en BiBo se come muy bien.

lunes, 21 de noviembre de 2016

Y ahora... ¿qué hace la jueza? 20161121

Nada, que los catalanes (las autoridades catalanas, quiero decir) no sueltan las pinturas de Sijena ni a la de tres. Estos, cuando les interesa, pasan de todo. A ver cómo se las arregla la señora jueza para conseguir que se cumpla su orden. Porque las cosas están muy jodidas. Y si el Gobierno central y el Tribunal Constitucional andan midiendo (y más que deberían medir) el riesgo de que el desafío independentista por parte de la Generalitat y los partidos soberanistas no derive en mayores actos de fuerza, tendría guasa que un conflicto menor (comparativamente, se entiende) desembocase en alguna escaramuza en el Museo Nacional de Arte de Cataluña.

Servidor mantiene desde hace tiempo una teoría o más bien una propuesta para lograr, si preciso fuera, la recuperación física de las pinturas y cualesquiera otras obras de arte. Puesto que tales tesoros son de naturaleza eclesial y fue la Iglesia y sus ministras/os quienes trajeron y llevaron (o lo autorizaron) frescos, retablos, casullas y copones, que sea la más alta autoridad católica quien ponga orden en la causa y revierta el expolio. No hace falta que Guardia Civil ni Policía Nacional entren en impensable pugna con los Mossos o la Guardia Urbana de Barcelona. No. Que venga la Guardia Suiza desde el Vaticano, se haga cargo de las obras en litigio y las traiga aquí con la bendición de Su Santidad y el Nuncio. A ver si tienen cuajo el conseller y los del MNAC para ponerse tontos con una fuerza de seguridad que recibe órdenes del propio Papa. Ni la CUP se cantearía.

Me temo, sin embargo, que la Guardia Suiza seguirá paseando sus morriones y alabardas por las dependencias vaticanas sin inmutarse. La Generalitat seguirá en sus trece, con ese tesón y ese feroz egoísmo que caracteriza al nacionalismo militante, y en Aragón rabiaremos y le daremos vueltas al asunto una y mil veces, como si fuese vital para nuestro futuro (que no lo es). Ya saben: las pinturas de Sijena, los pantanos, el Canfranc, la TCP, la despoblación, el carbón... Y así por los siglos de los siglos. Amén.

JLT  21/11/2016

jueves, 17 de noviembre de 2016

Democracia, sí, no... ¿o qué? 20161117

Llevamos así demasiado tiempo. Y la cosa se está poniendo cada vez más negra. Opinadores de relieve (o simples usuarios de Twitter o Facebook), sean de izquierdas, derechas o cualesquiera de los autodenominados centros, alertan sobre los peligros de someter las cosas a votación. Ojo con las primarias, ojo con los referendos, ojo con las elecciones. Los asuntos públicos, al parecer, son demasiado complejos, retorcidos y oscuros como para subordinarlos al designio de un pueblo que se deja camelar por cualquier paleto millonario, facha y machista. Desde la victoria de Trump, al coro se han sumado explícita o implícitamente personas de categoría, de quienes jamás llegué a pensar que pudieran mostrarse tan reticentes ante los efectos de la democracia. Porque ahí esta el quid de la cuestión: o consideramos que la voluntad soberana de la gente es decisiva e imprescindible para regular nuestra convivencia... o acabaremos pasándonos al otro lado.

Antes de despreciar a quienes han votado al reteñido Donald o, aquí, a nuestro perezoso Mariano, sería conveniente analizar qué ha pasado con los más señeros sistemas democráticos, y por qué, en un momento determinado, los logros de la democracia social (tan evidentes y benéficos) se convirtieron en una aspiración conservadora, mientras el anarquismo capitalista (con sus propuestas egoístas y brutales) seducía a las variopintas clases medias.

Ya puestos, cabría considerar cómo se devalúa una democracia cuando limita su alcance al rutinario ritual de las elecciones. A la postre, las urnas no determinan por sí solas la calidad del régimen político. Si la sociedad civil no está organizada, si los derechos no se ejercen ni las obligaciones se exijen, si los medios y las redes no actúan como instrumentos de deliberación positiva, si la educación no avanza, si el conocimiento no se convierte en imprescindible virtud ciudadana, si el debate no es transparente y comprensible... votar pierde buena parte de su sentido. 

Mas no existe nada mejor que la democracia. Defendámosla.
 
JLT  17/11/2016

sábado, 12 de noviembre de 2016

Un día extraño y melancólico 20161112

El de ayer fue un día muy extraño. Al menos para mí. Murió mi tía Pilarín tras una lucha denodada e increíble contra la maldita Parca. Con ella se fueron también Leonard Cohen, Francisco Nieva y el pobre Perico Fernández. Así fue cómo las noticias tomaron una sesgo necrológico, justo cuando los medios especulaban con las extrañas profecías que anunciaron el advenimiento de Trump a la presidencia de los Estados Unidos, y aquí, en España, los pablistas ganaban las elecciones internas de Podemos, sin que el errejonismo lograra imponerse.

Puesto que, hoy por hoy, nuestras vidas siguen siendo ríos que van a dar a la mar, que es el morir, uno sólo puede dolerse por los que se han ido, y consolarse si al menos vivieron una vida larga y tuvieron un final digno (lo cual sigue siendo muy difícil en este país nuestro, hipócrita, retorcido y prejuicioso). Acabarse es tan inevitable como, al parecer, lo ha sido la ascensión del terrorífico Donald al trono de la Casa Blanca. Nixon (o más bien su señora) ya lo había anticipado hace más de veinte años. Y la serie de Los Simpson y los sociólogos y los cronistas de sociedad neoyorquinos y los críticos de televisión. Lo cual viene a dejar claro que Trump no ha sido un fenómeno inesperado ni extravagante ni ajeno a las circunstancias de los USA y los nuevos paradigmas de la globalización. Si un actor de segunda fila, con hechuras de falso vaquero y peinado al estilo de los Cincuenta ascendió al poder para poner en marcha la revolución neoconservadora, estaba escrito que su labor fuese rematada por un millonario hijo de millonario, con tupé-enseimada y pintas de mamarracho. Aquel fue un ultrarreaccionario, este es un parafascista. Horrible fatalidad.

En cuanto a Podemos, ya se verá. Con Iglesias se han alineado las corrientes más duras (empezando por los anticapitalistas postroskistas), cuya capacidad para sintonizar con la gran masa de electores es dudosa tirando a nula. Pero el jefe Pablo, Errejón El Segundón y todos los demás tienen una ventaja: el PSOE se suicidó. La izquierda está vacía.

JLT  12/11/2016

viernes, 11 de noviembre de 2016

Trump es persona de orden 20161111

En España, la gente bien (pero bien-bien, no los voceras habituales) está desconcertada. Por culpa de la corrección política. Resulta que les habían dicho (tertulianos, analistas y telepredicadores habituales) que Trump era un peligroso populista, una especie de Maduro capitalista, un Iglesias sin coleta, un Putin con los bíceps fofos, un peligro mundial... Y ahora, en menos de veinticuatro horas, el hombre del tupé oxigenado reaparece como un héroe de la América verdadera. Ha moderado su discurso, se ha reconciliado con el aparato republicano, pondrá un financiero al frente del Tesoro (¡pues, claro!), se pasará por el forro las medidas contra el cambio climático, bajará (todavía más) los impuestos a los ricos y eliminará al Obamacare. En medio mundo, las bolsas se recuperan con rapidez. Las constructoras, petroleras y farmacéuticas cotizan al alza. Las aseguradoras médicas y los fabricantes de armas se frotan las manos. ¡Y a este santo le decían populista!

Es verdad que el bueno de Donald agitó a las masas obreras (desempleadas o malpagadas), a las que ofreció un sinfín de maravillas. Pero incumplir las promesas electorales es hoy una virtud democrática muy valorada. Y la amenaza de una involución proteccionista siempre dará juego para mejorar (a favor de USA) los tratados de libre comercio, ¿no?

Trump es una persona de orden. Del nuevo orden global, distópico, duro y amenazador... si no tienes suficiente dinero. Tanto él como su evangélico vice son exponentes extremos y definitivos de la ultraderecha reaccionaria, capaz de concitar tecnología punta con creacionismo, de la misma forma que los yihadistas combinan internet con la más medieval ira de Dios.

A la derecha hispana se le va pasando el susto. Más aún después de haber visto a los perroflautas norteamericanos (partidarios de Bernie Sanders) echarse a las calles gritando «¡No es mi presidente!» («¡No nos representan!», ¿se acuerdan?) Eso ha sido definitivo. Susana Díaz, la pobre, todavía cree que Trump tiene algo que ver con el podemismo. Ya se caerá del guindo, ya.

martes, 8 de noviembre de 2016

¿Son los de arriba o los de abajo? 20161107

La periodista británica Katharine Viner, la primera mujer que accedió a la dirección de The Gardian, ha calificado a la nuestra como la sociedad de la posverdad. Ello viene a cuento de la victoria del Brexit, la irrupción de Trump, el auge de los populismos parafascistas en Europa y toda una serie de fenómenos políticos que tienen en común el éxito de argumentarios basados en falsedades, demagogias, provocaciones e incluso locuras manifiestas. Yo incluiría en esta relación el extraño desenlace del llamado bloqueo español, en unas circunstancias y unos términos que achican el espacio democrático a su mínimo tamaño.

¿Quién tiene la culpa?, se preguntan las personas más inquietas y avisadas. ¿Cómo hemos llegado a semejante situación? Caben muchas respuestas. Por ejemplo, algunos periodistas profesionales creen que las redes sociales y la expansión de internet en general han modificado el ecosistema informativo intoxicándolo a través de una enorme legión de mercenarios, trolls, frikis, majaras e incluso auténticos sociópatas. Pero desde otros ámbitos se replica (no sin razón) que es ese periodismo que presume de precisión y ética el que se ha vendido por un plato de lentejas e intoxica y actúa como la voz de su amo, entre otras cosas porque los medios han perdido su modelo de negocio y con él su independencia. Se culpa a las élites (insolidarias, codiciosas, crueles). O a la cultura (audiovisual) basura. O a la tradición autoritaria, antipolítica y servil consagrada durante la Restautración y las dictaduras posteriores, en particular la franquista.

Supongo que España sufre una mezcla de todo ello (que en buena medida se corresponde con los paradigmas globales), pero no cabe descartar, ni mucho menos, la fatal tendencia de los de abajo a dejarse alienar, a sustituir el conocimiento por las patrañas, a no organizarse, al individualismo, a la pasividad... Cuando la gente es tan fácilmente manipulable no hace falta que los de arriba pierdan su precioso tiempo conspirando. Con sacar a la superficie lo peor de cada cual, ya está.
 

sábado, 5 de noviembre de 2016

Tranvía, bici, la bicha... ¡aaarrrggg! 20161105

Por alguna extraña razón más conectada con las fobias que con la ideología, a muchos zaragozanos (la mayoría de derechas) sacarles a relucir el tranvía o las bicicletas es como mentarles la bicha. Pero la bicha suprema, la madre de todas las bichas, el superbicharraco. Al principio, las personas humanas observábamos tal fenómeno con preocupación. Pero con el paso del tiempo no hemos tenido otro remedio que tomarnos a risa semejante histeria. Nos queda, además, un consuelo: el apasionado amor al coche propio y el irrefrenable deseo de ir con él a todas partes no solo embarga al vecindario cesaraugustano, también al madrileño. No cabe asombrarse por ello. A la postre, la gente de orden de la capital de Reino (empezando por mis colegas de los medios presuntamente serios) le compró al mafioso Adelson un remedo de Las Vegas idéntico al que nos colocaron aquí los trilerillos de Gran Scala. La de aquel.

Cada noticia que da este diario sobre incidentes relativos al tranvía o a los velocípedos genera de inmediato la reacción (entusiasta e indignada al mismo tiempo) de quienes aborrecen ambos medios de transporte. El otro día, una ciclista se golpeó con el Urbos, y los seguidores de Jorge Azcón, enfrentados simultáneamente a dos entidades horrendas, no sabían a cuál echarle mayores cantidades de agua bendita.
Espero que la línea 2 del tranvía se haga pronto realidad (financiera). La 1 es un éxito total y su efecto dinamizador sobre la movilidad, el comercio y la actividad ciudadana de todo tipo es un hecho. La mejora del transporte público (si el autobús deja de ser el desastre actual) y la creciente presencia de la bici son símbolos evidentes de una renovación urbana en la que Zaragoza ya va por detrás de otras ciudades europeas.

Con participación, con respeto a todos, con normas y medidas que integren ese tranvía y esas bicicletas, con sentido de la lógica y atendiendo a los intereses locales (el Urbos se fabrica en la propia Zaragoza)... la capital aragonesa debe seguir evolucionando en la única dirección posible. Hagan el favor. 
 

martes, 18 de octubre de 2016

Quien es quién en el ‘outlet’ 20161018

Cuando Alfonso Soláns (hijo) decidió trasladar Pikolín a Plaza, daba por sentado (así se lo prometió en su día el propio Carlos Pérez Anadón) que en los terrenos de la vieja factoría podría montar algo. O sea, algo que le permitiese rentabilizar a modo la operación. Pero luego hubo elecciones, cambió el gobierno municipal de Zaragoza y la brillante idea de recalificar el suelo de la fábrica de colchones para levantar allí un centro comercial (una galería de outlet) se quedó en la cuerda floja, apoyada por PP y PSOE (partidos que han hecho historia en el ámbito del negocio inmobiliario), pero rechazada abiertamente por ZeC (plataforma que se ha declarado en justa rebeldía ante los habituales intereses creados de la Inmortal ciudad).

Lo acojonante en este caso es que todas las organizaciones de pequeños empresarios, comerciantes y otros emprendedores han hecho causa común con ZeC. Lo cual no ha impedido que Ciudadanos, formación supuestamente próxima a los intereses de dicho estamento, se haya inclinado por el outlet, sin duda porque aquellos intereses que he mencionado antes tiran mucho... mucho más que los tenderos de los barrios y otra gente menuda. Además, a los políticos de orden (sean viejos o nuevos, conservadores o socialdemócratas) sigue sin temblarles el pulso a la hora de descomponer el urbanismo zaragozano.

Así pues, a Pedro Santisteve volverán a dejarle en la estacada. Perderá otra votación en la Comisión de Urbanismo. Tendrá que darle la vuelta al asunto para ir a Pleno, donde perderá de nuevo. Y finalmente el outlet saldrá adelante, impulsado asimismo por una norma autonómica que permite tramitar este tipo de instalaciones a toda velocidad.

Los partidarios del comercio de proximidad y de mantener y cuidar la ciudad compacta (pero de verdad, no de boquilla) habremos de lamentar que, por enésima vez, el negocio de una ilustre familia zaragozana desborde políticamente cualquier planificación racional de la capital aragonesa. En fin... Así se ve quién y para qué manda aquí.

 JLT  18/10/2016

Más info en: 
Comercios Vivos 
El urbanismo de Torre Village

sábado, 15 de octubre de 2016

Agustina de Aragón casi me mata 20161015

Si no fuese porque le han dado el Premio Nobel de Literatura a Bob Dylan, pensaría que la posmodernidad ha puesto la marcha atrás y vamos de regreso a los años de mi infancia, cuando España era un extraño país derrotado, amargado, empobrecido, acojonado y sometido a una indescriptible dieta cultural e ideológica. Tiempo de silencio. Casi sufrí un shock la víspera del Pilar, que andaba yo medio griposo y me quedé en casa. En La 2 ponían Agustina de Aragón, y fuese porque me había subido la fiebre o porque no atiné con la tecla del deshueve, la película me sacó de quicio. Qué derroche de patrioterismo barato, de baturrismo imbécil, de manipulación histórica... En una secuencia, por ejemplo, la protagonista del bodrio descubre que su prometido es un traidor afrancesado porque tiene en la mesa ¡un libro de Voltaire! Solté un reniego y apagué la tele. Aún estuve un rato con taquicardia.

Pero, bueno, tampoco hay que darle más importancia al caso. El cine español de los cincuenta y sesenta es así (lo que pone en valor las obras maestras de Buñuel, Berlanga y otros). Volver a verlo no deja de ser ilustrativo. Y también es memoria.

Por desgracia, luego he leído que Interior ha encargado la formación de los inspectores de Policía a una desconocida hasta ahora universidad privada católica... O cuando supe que en el desfile del 12-O la Legión estuvo representada por el Décimo Tercio Millán Astray... O cuando he asistido al ridículo follón que se ha montado por la ya famosa tontada del Ayuntamiento de Badalona... No puedo sino suponer que aquí algo anda mal, muy mal.

Ya sé que vivimos, a escala global, una extraña época en que los yihadistas asesinan en nombre de Dios mientras muchos musulmanes (y algún cristiano) insisten en ser creyentes antes que ciudadanos; o donde es candidato a la presidencia de Estados Unidos un machista, ignorante, ladrón y demente. Pero todavía confío en que el personal, de aquí o de allá, sabrá distinguir entre la verdad evidente y lo que argumentan los discípulos de Goebbels.

domingo, 9 de octubre de 2016

Otro debate sin pena ni gloria... ni nuevas ideas para Aragón 20161009

Es verdad que el último debate sobre el Estado de la Comunidad arrastró consigo esa situación política endiablada, que desde Madrid y Barcelona se extiende por toda España como una especie de marea negra. Y no es menos cierto que tal fenómeno viene trastornando simultáneamente la gestión del Ejecutivo autónomo y la del Ayuntamiento de Zaragoza. En estos dos ámbitos, PSOE y Podemos (por extensión IU y otros componentes de la plataforma Zaragoza en Común) compiten en la acumulación de torpezas y feas maniobras. La rebatiña, por supuesto, perjudica a ambas fuerzas políticas. Pero es dudoso que Echenique, Santisteve, Pérez Anadón e incluso el propio Lambán sean conscientes de hasta qué punto le están haciendo el juego a esa derecha, el PP, que espera sentada a que las revueltas izquierdas (también CHA) le hagan todo el trabajo.

El presidente del Gobierno aragonés ha admitido de antemano que sus recursos financieros son muy limitados, y por ello su capacidad de intervención también. Lo más tremendo de su discurso ante las Cortes fue la confesión de que esta Comunidad necesita 600 millones más al año para poder cuadrar sus cuentas. Entre tanto, el actual Ejecutivo se limita a curar con breves apósitos las graves heridas causadas por los recortes del que presidió Rudi.

No cabía esperar nada mas. Y nada más hubo. No sólo por parte de Lambán, sino por el de casi todos los demás portavoces. Si acaso cabe resaltar que, a estas alturas, la incapacidad de Echenique a la hora de renovar el temario aragonés y fijar nuevos objetivos estratégicos resulta preocupante. El líder aragonés de Podemos no se ha puesto al día, no conoce bien las claves sociales, económicas y culturales de esta tierra, no sabe analizar la realidad concreta, no aporta ideas de interés general y no sale de las consideraciones ideológicas más manidas. Así ni condiciona al Gobierno ni marca nuevos rumbos al debate político, que sigue girando sobre sí mismo sin salir de los aborrecibles clichés y lugares comunes. En este plan, sus advertencias sobre las consecuencias de una eventual abstención del PSOE en una posible investidura de Rajoy, además de confusas sonaron extemporáneas. Allí se estaba a otra cosa.

Escribí hace unos días que Aragón esta tirado en la cuneta. Rectifico: está tumbado a la bartola. Porque su laxitud no es tanto consecuencia de una acción externa como de una especie de voluntad inmovilista. La derecha (la auténtica, que Ciudadanos ni siquiera alcanza la condición de remedo) no ofrece nada que no sea mantener las rutinas más conservadoras (en el peor sentido del término) y oponerse a cualquier novedad. Las izquierdas, enredadas en sus líos, se muestran incapaces de convertir sus programas en acciones fructíferas: reformando la administración, optimizando la productividad del sector público (sociedades incluidas), consolidando los servicios, lanzando programas de apoyo a la economía productiva, abandonando los proyectos fallidos que lastran los presupuestos y vampirizan los fondos especiales de inversión... Mientras, una ciudadanía abúlica y resignada, se deja llevar... hacia ninguna parte. 
 

viernes, 23 de septiembre de 2016

Inmortal, heroica... y muy cateta 20160923

La Semana de la Movilidad y su momento culminante, el Día Mundial sin Coches, han provocado el enésimo ataque de automovilitis aguda que padecen de manera crónica muchos habitantes de Zaragoza, la ciudad inmortal, heroica y cazurra. El caso es que, mientras los más reconocidos urbanistas del mundo claman por la gentificación de las ciudades, y mientras las grandes capitales europeas restringen cada vez más el tráfico de vehículos a motor, aquí la bicicleta y el tranvía aún levantan ronchas en buena parte del vecindario. Lo que empezó como una actitud simplemente reaccionaria (la oposición radical a peatonalizaciones y medios de transporte limpios) se ha convertido en una extravagante epidemia social. 

Lo que nos pasa solo puede compararse con la obsesión de los chinos, que tras decenios yendo y viniendo en humildades bicicletas, prefieren ponerse mascarilla por Pekín y morir a millares por cáncer de pulmón antes que bajarse de su adorado coche para volver a pedalear, caminar o utilizar colectivos. Es lo que tiene circular con retraso por el trayecto de las revoluciones industriales y tecnológicas, que se idolatra el automóvil y se pretende usarlo de manera compulsiva cuando ese artefacto ya no ocupa ni puede ocupar el lugar físico y simbólico que tuvo hace 40 años en las sociedades avanzadas. 

Nadie pretende acabar con el coche. Pero su función urbana tiende a desaparecer en beneficio de una movilidad más amable y factible. Zaragoza no debería anclarse en un debate ya superadísimo, porque así jamás dará a tiempo los pasos precisos para situarse por fin en un modelo de ciudad actual y, sí, sostenible. La bici y el tranvía son dos medios de transporte idóneos. Más baratos, más sanos, más adecuados, más rápidos y más propios de los tiempos que corren. Solo les supera en ventajas el simple y magnífico acto de caminar. Pretender lo contrario, escandalizarse porque en el Día sin Coches se cerró al automóvil privado el paseo Pamplona es, y perdonen que lo diga, propio de catetos recalcitrantes. Hala, a ver si espabilamos un poquito... Por favor.