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jueves, 22 de diciembre de 2016

Democracia... ¿participativa? 20161222

Incluso algunos significados integrantes de Zaragoza en Común ponen en cuestión la consulta sobre el trazado de la Línea 2 del tranvía. Por una simple razón: con una participación tan escasa (inferior al 1%), la democracia se esfuma y el valor del resultado es igual a cero. Por ahí se han colado asimismo los tranviafóbicos de la derecha.

Las consultas abiertas, referendos, primarias e incluso el propio sufragio universal han sido muy criticados al hilo del brexit y la victoria de Trump. El presentismo habitual olvida las convocatorias que permitieron a la ciudadanía de diversos países refrendar sus constituciones, poner fin a dictaduras (como la de Pinochet) u optar (en Estados Unidos o Suiza) entre diversas alternativas referidas a importantes asuntos. Las urnas son un componente fundamental de la democracia... Aunque la democracia precisa algo más que urnas. Esa es la cuestión.

El 15-M exigió democracia participativa como reacción a la devaluación de una democracia representativa reventada desde dentro por los propios partidos. Pero ya en las asambleas de plazas y acampadas, la viabilidad de un debate y una toma de decisiones permanentes entró en vía muerta. Se aprobaban manifiestos y programas muy bien intencionados pero de nula utilidad. Peor todavía: la gente normal, la que debía ir a trabajar o estudiar al día siguiente, fue retirándose. Y allí solamente quedaron los radicales más motivados, los activistas obsesos, los frikis, los desocupados... Al final, nada.

Podemos ha heredado y teorizado el espíritu de la democracia participativa, directa. Pero ahora comprueba la existencia de un problema crucial: la gente no participa. Es más, sin un contexto de deliberación, toma de conciencia, educación cívica y vocación ciudadana, el derecho a decidir pierde sentido y al final queda en manos de ínfimas minorías muy activas. No basta con convocar consultas. Si acaban como la del tranvía, se está dando la razón a quienes, cargados de cinismo, piensan que el pueblo, en realidad, está para votar cada cuatro años y luego obedecer a los jefes. Hay que hilar más fino.

martes, 8 de noviembre de 2016

Autobuses falla: Zaragoza surreal 20161108

Apenas calienta ya el sol de poniente pero los autobuses de Zaragoza siguen entrando en combustión, provocada, al parecer, por los muchos años y kilómetros, el pésimo mantenimiento y otras evidentes desdichas del servicio. ¿Servicio? Bueno... La primera y principal plataforma de la movilidad colectiva en esta capital, que nunca fue ninguna maravilla, ha derivado en un completodesastre. Mucho tiene que ver con ello la última y sospechosa adjudicación a la actual concesionaria (AUZSA). Aunque eso es obviado sistemáticamente por quienes se han empeñado en que la culpa de todo la tienen los infelices de Zaragoza en Común, y no las dolencias crónicas de una ciudad mal administrada desde hace décadas.

Pero a lo que iba: los autobuses arden. Nueve en un año. Por suerte ningún usuario ha sufrido heridas o males mayores (por el fuego, digo, que en esos vehículos decenas de pasajeros sufren lesiones de todo tipo por culpa de los frenazos, acelerones y otras cabriolas). Pero estamos jugando con fuego (nunca mejor dicho). ¿Y si un día el incendio corta la retirada a los pasajeros?

Llena de pasmo la tranquilidad con la que los zaragozanos de a pie nos estamos tomando esto de que los buses se conviertan en tristes fallas. Por no hablar de cómo van de sucios, descuidados e incumpliendo normas elementales de circulación. Mientras, el ayuntamiento sigue enmarañado en esa guerra intestina de todos (salvo CHA, algunas veces) contra ZeC. Y un sector de la opinión pública proclama mañana, tarde y noche que los autobuses son cojonudos y la culpa de todo (incluso de las constantes quemazones) la tiene... el tranvía. Qué imbecilidad.

En fin... Más surrealista todavía es la situación en esos Estados Unidos que hoy votan sin otra elección que una burócrata desalmada (el mal menor) y un monstruo ultrarreaccionario (el mal peor). Dicen los cronistas que el mundo contiene el aliento. Tal vez porque este planeta se parece cada vez más a un autobús de AUZSA: viejo, asqueroso y a punto de arder. Cosas del negocio.
 

sábado, 5 de noviembre de 2016

Tranvía, bici, la bicha... ¡aaarrrggg! 20161105

Por alguna extraña razón más conectada con las fobias que con la ideología, a muchos zaragozanos (la mayoría de derechas) sacarles a relucir el tranvía o las bicicletas es como mentarles la bicha. Pero la bicha suprema, la madre de todas las bichas, el superbicharraco. Al principio, las personas humanas observábamos tal fenómeno con preocupación. Pero con el paso del tiempo no hemos tenido otro remedio que tomarnos a risa semejante histeria. Nos queda, además, un consuelo: el apasionado amor al coche propio y el irrefrenable deseo de ir con él a todas partes no solo embarga al vecindario cesaraugustano, también al madrileño. No cabe asombrarse por ello. A la postre, la gente de orden de la capital de Reino (empezando por mis colegas de los medios presuntamente serios) le compró al mafioso Adelson un remedo de Las Vegas idéntico al que nos colocaron aquí los trilerillos de Gran Scala. La de aquel.

Cada noticia que da este diario sobre incidentes relativos al tranvía o a los velocípedos genera de inmediato la reacción (entusiasta e indignada al mismo tiempo) de quienes aborrecen ambos medios de transporte. El otro día, una ciclista se golpeó con el Urbos, y los seguidores de Jorge Azcón, enfrentados simultáneamente a dos entidades horrendas, no sabían a cuál echarle mayores cantidades de agua bendita.
Espero que la línea 2 del tranvía se haga pronto realidad (financiera). La 1 es un éxito total y su efecto dinamizador sobre la movilidad, el comercio y la actividad ciudadana de todo tipo es un hecho. La mejora del transporte público (si el autobús deja de ser el desastre actual) y la creciente presencia de la bici son símbolos evidentes de una renovación urbana en la que Zaragoza ya va por detrás de otras ciudades europeas.

Con participación, con respeto a todos, con normas y medidas que integren ese tranvía y esas bicicletas, con sentido de la lógica y atendiendo a los intereses locales (el Urbos se fabrica en la propia Zaragoza)... la capital aragonesa debe seguir evolucionando en la única dirección posible. Hagan el favor. 
 

viernes, 23 de septiembre de 2016

Inmortal, heroica... y muy cateta 20160923

La Semana de la Movilidad y su momento culminante, el Día Mundial sin Coches, han provocado el enésimo ataque de automovilitis aguda que padecen de manera crónica muchos habitantes de Zaragoza, la ciudad inmortal, heroica y cazurra. El caso es que, mientras los más reconocidos urbanistas del mundo claman por la gentificación de las ciudades, y mientras las grandes capitales europeas restringen cada vez más el tráfico de vehículos a motor, aquí la bicicleta y el tranvía aún levantan ronchas en buena parte del vecindario. Lo que empezó como una actitud simplemente reaccionaria (la oposición radical a peatonalizaciones y medios de transporte limpios) se ha convertido en una extravagante epidemia social. 

Lo que nos pasa solo puede compararse con la obsesión de los chinos, que tras decenios yendo y viniendo en humildades bicicletas, prefieren ponerse mascarilla por Pekín y morir a millares por cáncer de pulmón antes que bajarse de su adorado coche para volver a pedalear, caminar o utilizar colectivos. Es lo que tiene circular con retraso por el trayecto de las revoluciones industriales y tecnológicas, que se idolatra el automóvil y se pretende usarlo de manera compulsiva cuando ese artefacto ya no ocupa ni puede ocupar el lugar físico y simbólico que tuvo hace 40 años en las sociedades avanzadas. 

Nadie pretende acabar con el coche. Pero su función urbana tiende a desaparecer en beneficio de una movilidad más amable y factible. Zaragoza no debería anclarse en un debate ya superadísimo, porque así jamás dará a tiempo los pasos precisos para situarse por fin en un modelo de ciudad actual y, sí, sostenible. La bici y el tranvía son dos medios de transporte idóneos. Más baratos, más sanos, más adecuados, más rápidos y más propios de los tiempos que corren. Solo les supera en ventajas el simple y magnífico acto de caminar. Pretender lo contrario, escandalizarse porque en el Día sin Coches se cerró al automóvil privado el paseo Pamplona es, y perdonen que lo diga, propio de catetos recalcitrantes. Hala, a ver si espabilamos un poquito... Por favor. 

viernes, 20 de noviembre de 2015

Con el tranvía a cuestas 20151120

Es probable que en las obras del tranvía de Zaragoza se produjera el clásico arreglo con las constructoras habituales y el no menos habitual encaje de bolillos con las partidas asignadas a distintas actuaciones dentro del proyecto. Es algo muy propio de los contratos públicos en España. Como lo es, por cierto, el sobrecoste, que suele desbordar (a veces exponencialmente) cualquier presupuesto inicial. Pero en el caso que nos ocupa el precio no se disparó, mira por donde, ya que las adjudicaciones se hicieron sobre cantidades fijas y cerradas. ¿Hubo truco? ¿No lo hubo aunque pueda parecerlo? ¿Por qué ni el PSOE ni CHA ni IU quisieron investigar el asunto desde el propio ayuntamiento? ¿Por qué ahora la Fiscalía da curso a la denuncia de un particular asesorado por el abogado del PP?... Eso todavía no está claro. Veamos si la jueza correspondiente es capaz de sacar algo en limpio, o no. Y si apareciese algo feo, duro con ellos. Que ya harta andar todo el día con la mosca tras la oreja.

La alegría que ha provocado entre la derecha este nuevo capítulo del culebrón tranviario obliga a advertir que, de momento, solo se investiga, y todavía no hay sumario abierto ni imputados ni cosa sabrosa que masticar. Eso sí, yo mismo puedo certificarles que las obras (fuesen gestionadas en limpio o en sucio) se ejecutaron de acuerdo con las más exigentes reglas de la chapuza. Valiente novedad.

Salga lo que salga a relucir, el tranvía es un medio de transporte magnífico. El mejor que funciona en Zaragoza. Además, se trata de una de las pocas inversiones recientes que está cumpliendo su plan de negocios y sus plazos de amortización, da servicio a decenas de miles de personas cada día y cumple su cometido a la perfección. Quiero decir que no es como el pabellón-puente, la Torre del Agua, el aeropuerto de Huesca, Motorland y tantos otros inventos que no sirven para nada o bien funcionan a base de seguir metiendo en ellos pasta y más pasta sin solución de continuidad.

En todo caso, bien podría el PSOE dar la cara y explicarse al respecto. Que se les ve muy desentendidos a Pérez Anadón y compañía.


martes, 1 de septiembre de 2015

Vocación cívica, disciplina ciudadana 20150901

La resistencia que deben enfrentar en nuestro país ciertas normas (y hábitos) serían impensables en lugares de Europa donde la disciplina y la responsabilidad de la ciudadanía se dan por añadidura. Allí, la prohibición de fumar en locales públicos apenas provocó polémica, las bicicletas circulan en masa sin que ni peatones ni ciclistas se enzarcen en discusiones, el uso de la vía pública para espectáculos, mercados, conciertos o fiestas-botellón no deja ni el más mínimo residuo, la circulación del automóvil por el centro de las ciudades ha sido drásticamente restringida, los tranvías son una referencia... Y cuando los circos actúan, no hay un solo animal en la pista.

No todo es jauja medioambiental, claro. Eso lo doy por sentado, y espero que así nadie me restriegue ahora las ocas francesas y su foie a punto de paté, ni las corridas de toros en el sur del país vecino, ni la caza de cetáceos por algunos nórdicos. Aunque de todas las habas que cuecen nuestros socios, casi la que más me tiene mosqueado es la entrada de los grandes cruceros a Venecia, bestial desatino apoyado y celebrado por el actual alcalde de la maravillosa ciudad, un conservador del tres (¡vaya por Dios!).

Pero a mí se me cae la baba cuando veo a los austriacos, suizos y otros centroeuropeos reciclar la basura a domicilio dividéndola cada vez más en diversas bolsas e incluso limpiándola antes de llevarla al contenedor correspondiente. Así, la gestión de los residuos se aproxima a la perfección. Es más eficiente y mucho más barata. Pero aquí, claro, ese tipo de ahorro no acaba de convencernos. Preferimos echar la culpa de todos los despilfarros a los cargos electos y los empleados públicos. Por eso clamamos contra el ayuntamiento y FCC porque Zaragoza está sucia, lo cual tendría lógica si luego no fuésemos tan guarros (además de ruidosos y gamberros) y no nos empeñásemos en tirar a la calle papeles, envoltorios, colillas, escupitajos, chicles masticados, porquería y trastos inútiles, por no hablar de las cacas y los pises de los innumerables perros que nos acompañan.

Vamos... que de civismo y disciplina vamos muy requetejustitos. 

JLT  01/09/2015

lunes, 17 de noviembre de 2014

Del cruce Sagasta-Goya... a Urgencias 20141117

Ese recorrido lo hice yo a mediados del mes de agosto. En una ambulancia, tumbado en una camilla y con un collarín de esos que te ponen por si te has jorobado algo del cuello. También llevaba los pantalones bajados (me estaban mirando una herida en la rodilla) y el labio superior abierto de lado a lado (porque debí mordérmelo en la barahúnda del choque)... Pocos minutos antes de semejante cuadro, servidor era el tranquilo pasajero de un taxi (la noche estaba lluviosa) cuyo conductor se metió caña subiendo Sagasta hasta que impactó con otro coche que cruzaba desde Fleta a Goya. Una hostia sensacional. Luego, a mí me cosieron los morros (no fue agradable), me radiografiaron las zonas contusionadas (todo estaba golpeado pero nada se había roto) y me dejaron irme a casa, a donde llegué cuatro o cinco horas después de lo previsto, dolorido, cabreado y sin cenar. Fin de la historia.

En lo relativo al tráfico, Zaragoza es como la sabana africana. Hay grandes depredadores (autobuses y coches), hay pequeños depredadores (motos y similares), hay bichejos molestos (las bicis) y una miríada de pequeños seres cuya vida pende cada segundo de un hilo pero que van y vienen, indiferentes quizás al riesgo que corren (los peatones). Así que los problemas de convivencia se plantean siempre de arriba abajo. ¿El tranvía? Bueno... el tranvía es un rinoceronte. No quiere comerte, no tiene interés en tí. Pero si te metes en su terreno, te embiste.

Sé que el tema de la movilidad centra y concentra la mayor parte de los debates ciudadanos. Por eso el cruce Sagasta-Goya, que tan bien conozco, se ha convertido en objeto de la curiosidad ciudadana. ¿Qué pasa allí ¿Por qué hay tantos accidentes? Y, finalmente: ¿quién tiene la culpa? Respondo a todo de una sola vez: de aquello no son responsables ni los peatones ni los ciclistas ni los setos ni los duendes; los choques corren por cuenta de los conductores de vehículos a motor que no respetan los semáforos o se despistan o conducen a mayor velocidad de la permitida... o simplemente no son capaces de entender las sencillísimas reglas que rigen en la confluencia de dos avenidas. De cajón. 

viernes, 7 de noviembre de 2014

Esfuércense un poquito, por favor 20141107

Según la correspondiente comisión de investigación de las Cortes aragonesas, en la CAI hubo falta de control, dejación por parte del consejo de administración y una pésima gestión. De cajón, ¿no? Si aquella caja se vino abajo sería, en verdad, porque fue muy mal gestionada. Y si nadie detectó lo que estaba pasando, sería también porque fallaron los controles más elementales. Para llegar a semejantes conclusiones no hacía falta darle muchas vueltas al tema. Se suponía que las averiguaciones parlamentarias detectarían responsabilidades políticas con nombres y apellidos y permitirían radiografiar la degeneración de una entidad financiera saqueada impunemente por su cúpula directiva mientras instituciones y consejeros tancredeaban alegremente. ¿Entonces? Esto ha sido como la primera reacción del Ayuntamiento de Zaragoza ante las alusiones del ciudadano Mayayo sobre las obras del tranvía: estudiar una posible querella contra el denunciante. Hombre, antes habría que abrir una investigación, saber exactamente a qué se refiere el declarante, auditar las cuentas... en fin, lo normal en un caso así. Pero, claro, aquí ya nada es normal.

¿Y qué me dicen de las enmiendas que PP y PAR están colándole a la futura ley aragonesa de la función pública para blindar los ascensos de aquellos funcionarios asignados a puestos de libre designación? ¿Y del famoso programa informático para la gestión de los institutos de Secundaria, que sigue sin funcionar tras haber costado una fortuna? ¿Y de la prórroga a discreción del transporte sanitario, cuando debía haber sido objeto de un nuevo concurso hace años?

Ya pueden decir misa las encuestas del mismísimo CIS, que la gente del sistema no está dispuesta a esforzarse lo más mínimo en invertir el rumbo de las cosas. La regeneración es papel mojado. Los escándalos no cesan. Los expertos del BBVA dan por hecho que la recuperación dejará un paro estructural del 18% (ahí es nada). Pero Cospedal ha salido a la palestra para proclamar que Podemos es un peligro para la democracia. Y se habrá quedado a gusto, la... individua. 
 

jueves, 6 de noviembre de 2014

Parió el CIS y crujió el tranvía, ¡madre mía! 20141106

Las cocinas del CIS sirvieron por fin el menú, bien trabajado en la olla exprés. Ni así han logrado disimular su sabor de fondo: el bipartidismo se muere porque la pareja protagonista se ha encarnado, respectivamente, en una momia (el PP) y un zombi (el PSOE). Podemos ha irrumpido como una ola, dejando embarrancados a IU y UPD. Así que nuestro Soláns pide a la Virgen quedarse como está. Bueno, a lo mejor él está bien. Pero el país anda hecho unos zorros. Lo malo no es solo que hayamos estado y estemos en manos de gente cuya incapacidad parece clamorosa; lo peor es que nos hemos sumergido en una atmósfera de sospecha generalizada, en la que cualquier acusación resulta verosímil, en la que ya no es posible sacar la cara por nadie ni por nada. Y así, lo repito, no se puede funcionar. Aquí y ahora, del barullazo de Plaza hemos pasado al crujido del tranvía. Ha bastado que un ciudadano dijese que también ahí hubo "algo". Y el personal, de inmediato, ha llegado a una conclusión demoledora: otro barro.

Ayer por la mañana participaba yo en una jornada dedicada a la economía social y las empresas que promueven la inserción laboral de personas en riesgo de exclusión. Hubo una mesa redonda muy interesante en la que se habló de la importancia de la formación, de la cualificación, de que los más vulnerables adquieran habilidades para ser empleables. ¡Ay, madre!, pensé, con la cantidad de pasta dedicada a cursos de formación que ha sido distraída por patronales y sindicatos. Y sin embargo, ¿cómo se podrá resolver el problema del paro de larga duración, tanto de jóvenes como de mayores de 45 años, si no es con ese tipo de cursos (pero de verdad, claro)?

El sistema debe ser sometido a una catarsis (por llamarlo de alguna manera) que imponga de una vez los valores esenciales de la democracia: transparencia, rigor, división de poderes, supremacía de las instituciones públicas, estricto control de los mercados... un ambiente limpio en el que los sinvergüenzas se ahoguen antes incluso de que puedan hacer de las suyas. O sea, que no podemos quedarnos como estamos. De ninguna manera. 

domingo, 2 de noviembre de 2014

No sólo 'tranbuses' y bicicletas 20141102

La afición (llena de filias, fobias y disparates) que tienen algunos zaragozanos a los temas relativos a la movilidad ha impulsado al PP a convertir dichos temas en lo más visible de su labor de oposición, y también en lo más llamativo de sus próximas propuestas. El fenómeno es muy significativo. Indica que los detractores de Belloch han sido incapaces de llegar demasiado lejos en sus críticas, y desde antes de la Expo no han logrado elaborar una estrategia alternativa para la capital aragonesa. El PP, cuyo grupo nunca ha sabido poner en jaque al Gobierno municipal (y no será porque este no le haya ofrecido oportunidades), ha encontrado en el tranbús una palanca con la cual intentar meterle mano a su bestia negra: el tranvía-tranvía. Aún le queda otra baza: la irrupción de la bicicleta en el tráfico urbano. Vale. Pero... ¿qué pasa con todo lo demás? ¿Cuál es el horizonte de Zaragoza de aquí a diez años? ¿Qué va a ser de una ciudad que alcanzó su cénit (a precio de oro) en el 2008 pero lleva seis años a pan y agua?

El actual ayuntamiento no se ha lucido a la hora de planificar la movilidad. No obstante, la puesta en marcha de la línea de tranvía norte-sur ha demostrado que esa plataforma es cómoda, segura, limpia y tiene una gran capacidad. Por ello está en expansión en toda Europa. El tranbús es otra cosa. Y la forma en que este artefacto ha sido presentado por el PP no parece muy realista. Esos grandes buses articulados no pueden echarse a rodar sin más por las calles. Son vehículos enormes y pesados, necesitan amplios carriles exclusivos, exigen zonas de giro adecuadas. Su hábitat natural son las avenidas de las megápolis latinoamericanas. En Zaragoza...

La movilidad con tranvía y con bicis (que son dos elementos habituales e ineludibles en estos tiempos), pero también con autobuses, coches ¡y peatones!, exige planes más eficaces y matizados. ¡Esa es la cuestión! Pacificar el tráfico, peatonalizar, sacar el coche privado de la trama urbana consolidada debería formar parte, precisamente, de un horizonte estratégico capaz de incluir muchas más cosas: servicios, ¡mantenimiento!, zonas verdes, lugares donde puedan jugar los niños, ámbitos para la convivencia, equipamientos culturales, propuestas estéticas que hagan agradable la vida de los vecinos, un modelo compacto pero abierto que combine todos los usos (viviendas, oficinas, comercios de proximidad...) y rompa la dinámica de los barrio-dormitorio... En fin, lo que se entiende por un programa total. Hoy, el desafío consiste en abrir ese debate sin irnos por las ramas. Un debate urgente, desde luego. Porque nadie con dos dedos de frente puede poner en duda que, después de mayo, el nuevo consistorio zaragozano será muy distinto del actual. Pongámonos serios, por una vez. 


domingo, 21 de septiembre de 2014

Belloch y Zaragoza, un idilio tormentoso 20140921

A Juan Alberto Belloch le han hecho bueno sus detractores. Desde los reaccionarios correveydiles, que han propalado los mayores disparates sobre el alcalde de Zaragoza y su esposa, hasta el portavoz de la oposición conservadora en el Ayuntamiento, Eloy Suárez, pasando por los aquejados de fobias antitranvía, antibici o antipeatonalización... todos le han criticado de manera superficial y zafia, sin ser capaces de profundizar en una gestión que se va a prolongar durante tres mandatos (doce años) y que está llena de matices. La obra de Belloch (y de sus sucesivos equipos, asesores y coaligados) apenas ha sido analizada a fondo, al margen de los lugares comunes negativos o positivos. A simple vista, se podría pensar que el regidor cesaraugustano ha pasado más de una década intentando imponer medidas modernizadoras a un vecindario, parte del cual no es capaz de entender los aspectos más elementales del urbanismo actual. Algo hay de eso. Pero la cosa es bastante más complicada.

A Belloch quien más la ha perjudicado ha sido... Belloch. Empeñado en ir a su aire, obcecado, rodeado de una corte celestial más adepta que competente, de ideas dispersas, presa de súbitos entusiasmos y de manías obsesivas, inestable, políticamente indefinible... el alcalde que se empeñó en colocar un crucifijo a la cabecera de los plenos, rogó a Dios que no le obligara a tener que pactar con las izquierdas y ha acabado sosteniendo con estas una especie de coalición vergonzante (para CHA e IU) y sin duda incómoda (para él). Por lo visto, el Altísimo no se enteró de sus ruegos. Mala suerte.

¿Ha sido un alcalde bueno, malo o regular? Difícil pregunta. Zaragoza lleva muchos decenios sin disfrutar de un buen alcalde. En los últimos 80 años (tras la Guerra Civil), la ciudad sobrevive (es inmortal) a sus gobernantes. Por la casa consistorial han pasado regidores, previsibles, mediocres o tan quietistas como Rudi, que se limitó a no hacer nada y así a nadie molestó.

Belloch quiso hacer muchas cosas. Y las hizo. La Expo, su gran momento, partió de una idea que solo podía ser buena si se era consciente de que el formato habitual de los grandes certámenes estaba agotado y era preciso reinventarlo. Pero en Ranillas no hubo reinvención alguna. A partir de ahí, el alcalde, aferrado al eventismo como a un clavo ardiendo, se encontró con la crisis, mientras la Zaragoza más obtusa se le tiraba a la yugular. Solo faltó el tranvía.

Así, Belloch ha pasado la segunda parte de su vida política metido en una relación tormentosa y extraña con una ciudad de la que nunca fue vecino, a cuya transformación ha contribuido de forma notable, que le amó y le rechazó y que deja cambiadita, bastante arreglada... y endeudada hasta las cejas. 

jueves, 28 de agosto de 2014

Sí, pero cuidadín con los coches y similares 20140828

Muy inteligente el artículo (publicado ayer por este diario) del colectivo Acera Peatonal. Se titulaba Los ciclistas son bellas personas y aludía en términos razonables al conflicto que plantea en Zaragoza la circulación de bicis por los espacios destinados a los viandantes. La conclusión es simple y evidente: sintiéndose inseguros en la calzada, los ciclistas trasladan la inseguridad a las aceras. Así, el coche sigue ganando la partida. Y el problema (esto lo añado yo) es el coche. 

Zaragoza es una ciudad mal planificada. Su crecimiento a golpe de pelotazo ha entrado en contradicción con la calidad de vida de muchos vecinos: demasiados desplazamientos, demasiado tráfico, demasiada contaminación, demasiados ruidos... por no hablar de los servicios básicos y los equipamientos. Si las cosas se hubieran hecho de acuerdo con los intereses mayoritarios, la movilidad habría tenido alternativas más lógicas (tranvía y carril bici en redes desarrolladas de manera natural) y el coche privado no hubiera sido investido dueño y señor de la ciudad. Pero como las cosas no fueron así, ahora hay que ponerse al día aunque sea atropelladamente (nunca mejor dicho).

Las bicicletas no son para las aceras. Necesitan unas calzadas pacificadas. Por suerte, el uso del coche está en retroceso (sea por el influjo del tranvía, por los cinturones o por la crisis). No obstante es ese vehículo, el automóvil, el que sigue produciendo los peores impactos. Con muchísima diferencia.

También ayer, la minicrónica de sucesos recogía un choque entre coches en el Actur con siete heridos, otra persona herida al caerse dentro de un autobús (accidente habitual por aquellos de los acelerones y frenazos), dos personas atropelladas al cruzar la calzada por pasos-cebra y dos conductores detenidos en otros tantos controles por circular de noche sin luces y posiblemente bebidos. Lo de todos los días. Aunque no causa tanta sensación como cualquier noticia similar protagonizada por una bici o el bendito tranvía. Que causan menos accidentes y ninguno especialmente grave, pero provocan los aullidos constantes de una claque incansable.

JLT 28/08/2014

sábado, 16 de agosto de 2014

Extraterrestres, bíblicos y antitranvías 20140816

Cada vez más, los canales de TV dedicados a los documentales usan como relleno material que tiene por objeto a) teorizar sobre la presencia de extraterrestres en nuestro planeta, o b) intentar demostrar que la Biblia relata hechos ciertos. Es un planteamiento delirante, porque el argumento de que las pirámides egipcias o mayas, los templos incas y las estructuras megalíticas sólo pudieron ser construidas con la ayuda de seres superiores llegados desde el espacio está pasadísimo y carece de fundamento. Los arqueólogos han explicado mil veces cómo se hicieron esos monumentos y en muchos casos la documentación al respecto es abrumadora. Sabemos perfectamente de qué manera se levantaron los moáis en la isla de Pascua o se dibujaron sobre la pampa de Nazca (Perú) los famosos geoglifos. Todo fue obra de los seres humanos. No existe la más mínima prueba de que los alienígenas pasarán por allí o por ningún otro lugar.

Pero, aunque parezca increíble, hay gente que cree en estas naderías. Como existen activos grupos cristianos empeñados en buscar el arca de Noé en el monte Ararat o desentrañar las verdades del Antiguo Testamento, incluyendo las que proceden de la Leyenda de Gilgamesh y otros mitos mesopotámicos. Sus investigaciones no llegan a ninguna parte (en el Ararat, los lugareños entierran maderas viejas para mantener la ilusión), pero dan lugar a curiosos documentales adobados con palabrería pseudocientífica.

Es obvio, pues, que no pocas personas se sienten atraídas por la patraña. La cosa no tiene remedio. Es lo mismo que pasa en Zaragoza con el famoso y siempre polémico tema del tranvía. No importa que tal sistema de transporte acredite sus ventajas y resulte mucho más seguro, fiable y limpio que cualquier otro, o que esté presente en cada vez más ciudades de todo el mundo. Sus detractores se aferran a las tesis contrarias con el ciego ahínco del aficionado a las leyendas que mira un bajorrelieve maya, contempla allí la representación de un dignatario con su tocado de madera y plumas... y dice ver un astronauta con la escafandra puesta. Qué suplicio. 

jueves, 22 de agosto de 2013

Perdón: no es un barullo, ¡es un ‘merdé’! 20130822

Bueno, me van a perdonar porque de nuevo aborde un tema con demasiados miramientos y matices, sin tener en cuenta que vivimos en medio no ya de un barullo sino de un magnífico merdé. Lo que llamé ayer lío (el de los autobuses de Zaragoza) ha evolucionado hacia un golpe de mano de la empresa con la complicidad de quienes gobiernan el ayuntamiento; golpe que primero alcanzará a los trabajadores de TUZSA-AUZ y luego a los vecinos de la ciudad, sometidos a un servicio de transporte público cada vez peor (y por favor, no me vengan con la milonga esa de que la culpa de todo esto la tiene el tranvía; dejémonos de idioteces). Este es un fenómeno tan complejo como sucio. Para empezar, en la misma tarde de ayer, cuando los burofax comunicando los 153 despidos iban llegando a los afectados (o no, que la confusión era tremenda), se supo (¡oh, sorpresa!) que TUZSA-AUZ ya no pertenece a la sociedad de capital-riesgo británica que conocíamos... sino a otra compañía, en esta ocasión mexicana, que justo acaba de comprarla al filo de la nueva concesión y del ERE. Feo, ¿verdad?. Y la mar de sospechoso. Naturalmente, la plantilla de los autobuses se subía por las paredes. Han sido ninguneados por el ayuntamiento, chantajeados por la empresa y ahora les cae encima un ERE fulminante y al contado (estas regulaciones de empleo van a toda velocidad, porque el Gobierno Rajoy rectificó hace poco su propia reforma laboral para agilizar los despidos masivos). Por otro lado, parece evidente que los acontecimientos fueron programados desde el principio a fin de que su clímax se produjese en agosto, mes clave para perpetrar putadas de todo tipo. Estando además de por medio la venta de TUZSA-AUZ, es evidente que el calendario ha sido un factor clave. Con un alcalde accidental (el concejal Roberto Fernández), con los altos jefes de veraneo, con CHA e IU haciéndose de nuevas y con la oposición conservadora dispuesta a jugar las bazas más irracionales, el barrizal está listo para que todos acabemos pringados. A mayor gloria de los inversores britano- mexicanos, por supuesto.

miércoles, 21 de agosto de 2013

Ahora sí que se nos está liando la movilidad 20130821

El plan para la movilidad que promueve el Ayuntamiento de Zaragoza se ha liado definitivamente. La renovación de la contrata de los autobuses desemboca ya en un conflicto cuyas consecuencias pueden ser graves. La derecha ataca por los flancos, encantada de disparar simultáneamente sobre ese tranvía que odia con un inaudito fervor, sobre Belloch, los sindicatos y todo lo que se mueva. El equipo de gobierno municipal va dando bandazos (como suele), desbordado (como también suele) por el problema. CHA e IU miran hacia otro lado, incapaces de hacer otra política que no sea la de vender su apoyo al PSOE a tanto la pieza. TUZSA, que ya no es TUZSA sino AUZ, barre para casa con magnífica ferocidad. El lío es acojonante y los problemas que plantea tan enrevesados, que dudo puedan ser entendidos por la mayoría de una ciudadanía incapaz de otra cosa que poner a parir a los políticos, reclamar soluciones drásticas (las que sean), señalar con el dedo a los trabajadores que se niegan a pagar con duras rebajas salariales el precario mantenimiento de su empleo, inhibirse, desesperarse, ignorar que TUZSA-AUZ no es una empresa local sino que pertenece a una sociedad de capital-riesgo británica... En fin, que las élites ni saben ni quieren, y las masas ni entienden ni pueden.

El ayuntamiento cesaraugustano es un lugar extraño donde todo tiende a complicarse, incluso lo más simple. Un plan de movilidad renovador no es cosa sencilla, así que imaginen la clase de barullo a que puede dar lugar. Integrar el tranvía en la red pública de transporte era el primer reto; el segundo, organizar bien los autobuses. Pero quienes gobiernan el municipio querían hacer esto último ahorrando costes y manteniendo la total hegemonía de TUZSA-AUZ (a mayor gloria de los inversores británicos). Los empleados de dicha concesionaria intentaron coger directamente la contrata, pero no tuvieron opción. Nadie la tuvo, salvo la concesionaria habitual. Ahora, este proceso va camino de culminar en una huelga de autobuses que desde septiembre podría proyectarse sobre las fiestas del Pilar.

Qué munícipes tan geniales. 

JOSÉ LUIS Trasobares 21/08/2013

domingo, 4 de agosto de 2013

¡Ay, Juan Alberto, qué mala pata! 20130804

Ya pueden jurar ustedes que si algo de lo que hace el Ayuntamiento de Zaragoza (o sea, su equipo de gobierno) puede salir mal, seguro que saldrá mal. Puro Principio de Peter. Juan Alberto Belloch es un hombre imaginativo y con ganas de hacer cosas, pero no tiene suerte a la hora de convertir sus ideas en realidad. Bueno, sus ideas y las de sus colaboradores. Se plantearon, por ejemplo, transformar y mejorar la movilidad en la Ciudad Inmortal. Un plan estupendo, que ha ido desarrollándose mejor que peor, eliminando coches del centro, poniendo en marcha el tranvía y favoreciendo el uso de la bici. Mas ahora, con la remodelación de las líneas de bus, ha pinchado en hueso. Y eso que los cambios se pusieron en marcha el día 1, que es la fecha más fácil. A lo mejor resultó gafe por coincidir con la increíble (porque nadie pudo creérsela) explicación de Rajoy sobre el caso Bárcenas.

Los trabajadores de TUZSA quisieron hacerse cargo ellos, directamente, del servicio de autobuses. En la Casa Consistorial dijeron que eso no era posible pues hay que aportar unas garantías financieras fuera del alcance de los currantes. En realidad, ni el alcalde ni sus consejeros querían bajo ningún concepto tener que vérselas en el futuro con los representantes de una plantilla que tiene fama de combativa y puñetera. Así que a TUZSA le renovaron la concesión aunque ya no era TUZSA (Transportes Urbanos de Zaragoza SA) sino UZ (Urbanos de Zaragoza). De inmediato la nueva empresa anunció un ERE monstruoso (que ha puesto los pelos de punta a los posibles afectados), y se planificó una reorganización de líneas (que no ha dejado satisfecho a casi nadie). Lo dicho, la maldición municipal.

Zaragoza es la ciudad más importante que sigue en manos del PSOE, con el apoyo del resto de la izquierda. Debiera ser pues un escaparate de las políticas progresistas, un laboratorio donde depurar iniciativas destinadas a mejorar la calidad de vida de los vecinos, un ámbito de gestión cuidadísimo. Pero las cosas van medio manga por hombro, no solo porque Belloch y su gente no dan mucho más de sí, sino porque IU y CHA hacen su labor de memoria y todos están presos de compromisos y decisiones anteriores o de un tacticismo compulsivo que se agota en el corto plazo. Eso sí, enfrente hay una oposición, el PP, cuyos argumentos y obsesiones oscilan entre lo excéntrico y lo patético. Visto lo que hay (y lo que hubo) en este ayuntamiento, se hace raro que Zaragoza haya ido tirando hacia adelante y sea hoy una urbe descontrolada y contraplanificada, pero bastante habitable.

Si me apuran, lo único que resulta insoportable es este calor que nos ataca una semana sí y otra también. Pero eso es cosa del cambio climático... y la voluntad de los dioses. 

viernes, 29 de marzo de 2013

Belloch levanta pasiones (de todo tipo) 20130329

Que Juan Alberto Belloch ha dejado huella en Zaragoza está fuera de toda duda. Su personaje político (activo, alucinado, improvisador y grandilocuente) se alza como contrafigura del que representó Luisa Fernanda Rudi cuando fue alcaldesa (pasiva, indiferente, pedestre y vulgar). Lo peor es que los zaragozanos deban elegir entre dos modelos tan extremosos.

A fecha de hoy el balance de la gestión de Belloch está lleno de claroscuros: aciertos, errores y acciones perfectamente mediocres, sea por su concepción sea por su realización. La Expo, por ejemplo, fue una idea luminosa cuya ejecución acabó naufragando en el charco de la ineficacia y la ausencia de objetivos razonables. El desarrollo de Zaragoza tampoco ha tenido una estrategia inteligible. Aunque, claro, la capital aragonesa nunca jamás (en los últimos setenta años) se ha desarrolló de manera lógica, sino al hilo de los intereses inmobiliarios.

Es curioso que quienes critican a Belloch lo hagan de manera superficial, a menudo basándose en bulos y calumnias impresentables, sin profundizar ni identificar sus peores fallos como gestor. Pocos han reparado en su incapacidad para organizar la administración municipal de forma eficiente (la última reestructuración ha sido más bien lamentable), o en la temeraria manera de hacer urbanismo en los extrarradios creando pseudobarrios insostenibles, o en su falta de visión (suya y de su equipo) a la hora de concebir el día después de la Expo, o en la conversión de dicho certamen en una feria de atracciones sin fondo ideológico y cultural. En cambio, asuntos como el tranvía, las bicicletas, la peatonalización y otras iniciativas destinadas a modernizar y dotar de calidad a la ciudad han puesto a muchos de los nervios.

El problema con este alcalde es que te puede sacar de quicio por su oportunismo, su incapacidad para gastar bien el dinero, sus meteduras de pata, sus manías e incluso su crucifijo. Pero ves a sus adversarios, les escuchas... y ya lo contemplas con más indulgencia. La enemiga de la rancia derecha zaragozana ha mejorado mucho a Belloch. Debería estarle agradecido.

jueves, 24 de enero de 2013

A la derecha le pone (mucho) el tranvía 20130124

Hay personas (de orden, por supuesto) que parecen atornilladas al tranvía como aquellos chavales que en los 60 se aferraban a la trabuca de los cacharros de entonces para viajar de gorra. Este fenómeno de ahora parece ser el resultante de una obsesión política agudizada por el hecho de que el argumentario de la derecha se está vaciando por minutos, conforme Rajoy y su PP descienden a los infiernos de los recortes y la corrupción.

Algunos, cuando les hablas de los efectos del ajuste brutal que padecemos te replican con un "sí, si... ¡y el tranvía, qué!". Si comentas las consecuencias del barcenazo vuelven a la carga con el tranvía. Si aludes al escándalo de Sarga, a la inviabilidad económica de Motorland o Aramón, a la voladura incontrolada de la CAI, al informe del Colegio de Médicos sobre el terrible deterioro de la sanidad pública aragonesa, a la recesión, al paro... no falla: sacan a relucir el tranvía y allí se quedan, rabiosos perdidos.

Hay más. Ni siquiera la falta de objetivos claros, el caos administrativo y el escaso rigor que dominan buena parte de la política municipal de Zaragoza motivan a quienes se empeñan en atacar la gestión del alcalde Belloch a través del dichoso tranvía. Yo creía que conforme fuesen acabando las obras (molestísimas sin duda) y cada vez más gente utilizase satisfactoriamente el artefacto la histeria iría cediendo. Pero, nada. El semoviente funciona de maravilla, no ha provocado catástrofe alguna, quienes lo utilizan están contentos, el plan de negocios se cumple incluso mejor de lo previsto... Ni por esas. Y el tema ya aburre y cansa. Sería muy conveniente que quienes aborrecen a Juan Alberto desarrollasen argumentos más serios, más coherentes y, por cierto, más veraces. Hala, queridos, razonad un poquito, que no es tan difícil. 

Hace 40 años, el tardofranquismo decidió quitar el tranvía de Zaragoza dando paso a un sistema de transporte público subvencionado y mucho más costoso. Se ve que a los herederos ideológicos de aquellos próceres, el retorno de los raíles les ha desquiciado. Pensarán que ahí ha dado vuelta la tortilla. ¿O qué? 

domingo, 25 de noviembre de 2012

¿Investigar en Aragón? ¡Quita ya! 20121125

Aragón vive de espaldas a ese I+D+i que tanto cacarean los discursos oficiales. Los equipos dedicados a la investigación se quedan sin financiación. Los científicos se marchan. Los grupos que obtienen resultados ven cómo el su trabajo es aprovechado fuera. Apenas hay tejido empresarial que desarrolle y ponga en valor lo obtenido en los laboratorios. En este ámbito íbamos más bien justitos. Pero con los recortes, en unos pocos años nos quedaremos en nada. Lo cual no parece preocupar demasiado. Estamos entretenidos en nuestras peculiares quimeras y boberías.

En la Tierra Noble tendemos a confundir lo real con lo imaginario o a disfrazar los pollos de granja de faisanes de tiro. Lo hacen con fruición las instituciones y lo acepta con delectación una opinión pública a la que es muy fácil seducir con oropeles y trampantojos. Por eso se puede exhibir músculo tecnológico en Walqa (donde en realidad abundan las empresas públicas y buena parte de los puestos de trabajo corresponden a malpagados teleoperadores) o se montan constantes alharacas con cualquier miniempresa o minicentro técnico que supuestamente se van a instalar en Motorland (lo cierto es que, luego, muchos de ellos no vienen). Y sin embargo Aragón tiene un Instituto de Nanociencia que está entre los más notables del mundo, tanto por el nivel de sus investigadores como por su excepcional equipamiento, pero al que se le presta muy poca atención y en torno al cual no se ha creado polo industrial alguno. Es probable que dicho Instituto sea para algunos de nuestros gobernantes un estorbo o un adminículo incomprensible. A la postre, en él no es posible colocar a conmilitones y parientes, no da juego para contratar o externalizar y sus actividades no permiten montar noticias que acarreen votos.

La incapacidad para calibrar la importancia de la investigación y el desarrollo se extiende a casi todo. Véase, por ejemplo, cómo en el apasionado debate que ha desencadenado en Zaragoza el retorno del tranvía, apenas se valora el hecho de que el Urbos 3 ha sido desarrollado y fabricado en la propia capital aragonesa, en CAF. Ese modelo, original e innovador, ha sido adquirido ya por otras ciudades europeas. Contribuye así a mantener la actividad de una factoría que da empleo directo a unos mil trabajadores cualificados y que hace auténtico I+D+i. Para muchos antitranviarios éste detalle es poco menos que irrelevante. Otros ni lo conocen.

Aragón tiene aún buenos científicos y centros de formación e investigación que se sitúan en la élite mundial (la Facultad de Químicas, es otro de ellos). Desdeñar ese inpout, dejarlo sin recursos o aislarlo de la economía real es un error tremebundo que habrá de costarnos muy caro. 

lunes, 5 de noviembre de 2012

Urbanismo, comercio y sus resultantes 20121105

Ya saben mi teoría: los horarios no determinan los modelos comerciales, sino el urbanismo... y la especialización y calidad de la oferta, por supuesto. Si no hay barrios de tipo mediterráneo, compactos y plurifuncionales, no hay comercio de proximidad. Los enormes barrios dormitorio se correlacionan con las grandes superficies o los megacentros, capaces de seducir a un vecindario acostumbrado a manejarse en coche y que no tiene en su entorno más inmediato espacios donde convivir ni lugares en los que divertirse ni yiendas en las que comprar.

Si ustedes viven en un barrio tradicional tendrán el privilegio de conocer por su nombre de pila a la frutera, al pescatero o al carnicero. Encontrarán, en un radio de menos de doscientos metros, un taller donde reparar el televisor o cambiar la batería del coche. Salvarán en quince pasos la distancia al quiosco o a la panadería. En dos minutos estarán echando el vermut o un gin tonic por la noche mientras escuchan R&R en directo o echan una partida al billar. Harán todo eso andando, tranquilamente, sin perder tiempo ni gastar en gasolina. Y seguro que a la vuelta de la esquina todavía disponen de una peluquería, una zapatería, un establecimiento especializado en enmarcar cuadros o una costurera que les estrechará los pantalones vaqueros. Lo sé porque estoy en ese caso, lo cual es formidable (y disculpen ustedes el farol).

Naturalmente, el nuevo extrarradio de Zaragoza, desde Parque Goya hasta el recién inaugurado (e increíble) Arcosur, ha sido concebido con otros criterios. Allí las cosas son distintas (no quiero decir si mejores o peores) y la alternativa para el ocio y las compras es bajar al Centro, ir a un barrio tradicional o coger a la familia y pasar la tarde en Grancasa, Augusta, Plaza Imperial o la maravilla que, dicen, acabará con todos ellos: Puerto Venecia.

El comercio minorista tradicional (con sus festivos y sus horarios habituales) sobrevivirá si sobrevive la ciudad mediterránea. Sus aliados son la convivencia vecinal, las aceras, la peatonalización, el transporte público, internet, ¡el tranvía! Y, si no, ya saben: a dar vueltas por el Tercer Cinturón.