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domingo, 15 de marzo de 2015

Cansina frivolidad hidrológica 20150315

Digo frivolidad por no utilizar un término más duro. He de confesarles, por otro lado, que las discusiones, declaraciones y tejemanejes relativos a la última crecida del Ebro me han dejado exhausto. O harto. Así que cuando el jueves se oyó a Rajoy reiterar el argumento de que los socialistas han tenido la culpa de los desbordamientos porque en su día pararon el recrecimiento de Yesa o el embalse de Biscarrués, cerré todos los receptores... Y ni siquiera presté atención al debate que en paralelo y sobre el mismo tema se celebraba en las Cortes de Aragón.

Si les digo que la Tierra Noble tiene el menor de sus problemas en la naturaleza torrencial del Ebro o en la construcción de más y mayores pantanos, tal vez podrían ofenderse los vecinos de la ribera o los regantes o sabe Dios quién. Sobre todo porque estos asuntos están tan resobados y han sido reducidos de tal forma a ridículas simplificaciones que algunas personas no son capaces de captar su compleja totalidad. Ni Yesa (cuya ampliación tropieza con problemas de seguridad que han multiplicado su coste) ni Biscarrués (que destrozará un rentable tramo virgen del Gállego para nada) tienen que ver con la reciente crecida, generada Ebro arriba. La eficacia de los pantanos a la hora de frenar crecidas extraordinarias y súbitas es relativa. Enseguida hay que desembalsar.

No pocas personas que se han atrevido estos días a entrar en los foros de internet, en plan campanudo, a pontificar sobre lo que se debe, o no, hacer con el Ebro, han dicho curiosas extravagancias. Por ejemplo, en la edición digital de EL PERIÓDICO, se pudieron leer comentarios que invitaban a canalizar el río, porque, supuestamente, ello evitaría inundaciones ¡durante los próximos cincuenta años! Además, aseguraban, saldría más barato que indemnizar a los damnificados por las crecidas y el coste se recuperaría "destinando las gravas a construir carreteras" (sic). Pero que el presidente del Gobierno (o desde otra perspectiva los dirigentes del PSOE) se valgan de argumentos semejantes para situar el tema resulta más terrible que gracioso.

Nadie (y ahora me refiero a los académicos, expertos, ecologistas y otras fuentes autorizadas) ha dicho que sea preciso mandar a cascarla el ACTUR, dejar sin defensa los pueblos o no retirar del cauce los abundantes objetos, escombros y restos de materiales de construcción en él vertidos. Sólo se exige un plan integral que asuma las características de un río mediterráneo, respete su cauce, compense las defensas con áreas de expansión y subordine las infraestructuras (cuyo impacto en las inundaciones ha sido muy importante aunque casi nadie hable de ello) al sentido común hidrológico.

Y los chistes y las tontadas, por favor, para los cómicos.

miércoles, 11 de marzo de 2015

¿Y cuando bajen las aguas, qué?

Durante dos semanas la ribera del Ebro se ha hecho visible, ha sido objeto de la atención (o desatención, según se mire) de los políticos, ha visto desfilar por allí a los jefes (aunque pocos de ellos estuvieran a pie de inundación cuando la cosa se puso fea) y ha sido objeto de promesas y buenas palabras. Ahora falta por ver en qué quedará todo cuando bajen las aguas y pasen las elecciones. Tengo curiosidad por ver cómo se ejecuta la limpieza del río, cómo (y con qué criterio) se indemniza a los afectados y hasta dónde llega el debate (técnico y social) sobre la gestión un río del que muchos opinan sin tener una idea cabal de su auténtica naturaleza.

El caso es que todos están de acuerdo en elaborar un plan (serio) que prevenga y evite en lo posible el daño que causan las crecidas del Ebro. Es en el contenido de dicho plan donde empiezan las diferencias. Podrían ser superadas; pero para ello hay que dejar trabajar a los técnicos, evitar la demagogia política y alcanzar un pacto razonable con las gentes de la ribera. Lo cual, además de una mínima honestidad intelectual, requiere aclarar conceptos y términos. Por ejemplo: ¿qué significa exactamente eso de limpiar el cauce? ¿Retirar basuras, escombros, objetos arrastrados por la avenida y acumulaciones de grava que quedan al descubierto cuando llega el estiaje? ¿O más bien excavar un canal en toda regla para que el río se hunda allí y no vuelva a dar más guerra? La primera acepción parece aceptable y factible, aunque por sí sola no evitará futuras inundaciones (como se ha visto tras la limpieza del 2010). La segunda es un imposible. Y quienes agitan los ánimos con semejante quimera son unos irresponsables.

Los vecinos de los pueblos ribereños creen que saben del río porque lo ven pasar a diario. No hay tal. El Ebro es un sistema enorme y muy complejo que no se entiende observando sólo un punto concreto. Es necesario ordenar el cauce en toda su longitud y asumir su anchura real. Si se hace con talento, esos vecinos verán mejor protegidos sus intereses y vivirán más tranquilos y seguros. No es fácil, ya lo sé. Pero tampoco imposible. 

sábado, 7 de marzo de 2015

Atropellado final de legislatura 20150307

La semana ha sido horrible, desquiciante y muy poco adecuada para un final de legislatura. Poco adecuada para quienes gobiernan, se entiende; aunque para el vecindario tampoco ha sido gloria precisamente. La crecida del Ebro, por un lado, y los constantes problemas en la sanidad pública, por otro, han dejado al Pignatelli medio sonado. A Rudi se la ha visto (poquísimo, que a ella no le gusta aparecer en público cuando la situación se pone fea) bailar en la cuerda floja. La presidenta y los suyos van a llegar a las elecciones de mayo arrastrando tras de sí un mandato en el que Aragón ha retrocedido sobre sus propios pasos. Y amplios sectores de la opinión pública han sido conscientes de ello.

Cuatro años después, el Salud no es ni sombra de lo que fue. Los atascos en las urgencias de los grandes hospitales zaragozanos se han convertido en algo habitual. En realidad no son sino la consecuencia del deterioro asistencial en los centros de salud y de las listas de espera extendiéndose a las consultas de los especialistas y a las más imprescindibles pruebas diagnósticas. La gente, claro, busca atajos para ser atendida (mientras el que puede acude a la privada, donde cada día celebran la fiesta de San Oliván).

De la crecida, qué se puede decir. Tras una evidente cadena de fallos en la predicción y la adopción de medidas para evitar mayores daños (¿cómo se explica, si no, la muerte de 10.000 animales en establos y granjas?), la gestión posterior se ha dejado en manos de la ministra Tejerina, quien está aplicando un método muy podemista para consolar a los ribereños: hacer "lo que dice la gente". O sea, dragar y represar. Pues nada, hasta la próxima avenida. Los afectados por las inundaciones han atraído la atención de los políticos en un tiempo y un espacio muy concretos. Los aragoneses enfermos (y sus familias) no han dispuesto de un momento específico en el que hacerse presentes y elevar sus quejas. Pero ambos colectivos (y otros más) incuban hoy un hondo malestar que se extiende por todo el tejido social. Justo cuando, de hecho, ha empezado la precampaña. 

jueves, 5 de marzo de 2015

"Repensar" la identidad aragonesa

Esa es la cuestión, ciertamente: repensar Aragón. Ahí le ha dado Lambán, cuyo partido ha montado unas jornadas destinadas a chequear el aragonesismo, lo cual es muy necesario... y poco habitual en el ámbito político. Sólo cabe desear que el repensamiento se haga con una intención radicalmente actualizadora, un viraje hacia la modernidad, el pensamiento crítico, la ciencia y la cultura. Porque aquí tenemos un problema de partida: la existencia de una pseudoidentidad muy relacionada con los clichés folklóricos (baturros) y rurales, que ha sobrevivido y prosperado impulsada desde abajo por el populismo barato y desde arriba por la premeditada intención de mantenernos en una atmósfera zarzuelera y (ya perdonaran la expresión) un poco mostrenca. Basta con irse de vez en cuando a la programación de Aragón TV para comprobar hasta qué punto nos hace falta renovar los argumentos.

La propia sociedad (al menos sus sectores más preparados y dinámicos) empieza a exigir más rigor, más claridad y mejores objetivos estratégicos. Se ve ahora, con las inundaciones. El simplismo de quienes todavía creen que es posible meter al río en cintura por las malas se está combinando con análisis más complejos y elaborados que nos impulsan hacia soluciones eficaces (siempre que los políticos, ahora tan volcados en el tema, no se olviden de él cuando las aguas vuelvan a su cauce y pasen las elecciones). Repensar supone también adquirir una perspectiva más verde, más ecologista. Por ejemplo, y a la vista de las últimas inundaciones, ir más allá de las polémicas al uso, aparcar un minuto el tema de las gravas, y averiguar cuál ha sido el impacto de infraestructuras como el puente entre Pradilla y Boquiñeni (construido para traer a Zaragoza el agua de La Loteta) que actuó como una auténtica presa con efectos desastrosos, o el destructivo impacto de la autopista de peaje ARA1 (un absurdo y ruinoso caprichico de Biel). En fin, cuestiones en las que van reparando los observadores más agudos.

Hay mucho que repensar, y la cosa urge. Que mientras tanto esto se está poniendo de lo más mustio.

miércoles, 4 de marzo de 2015

Crecida en el Ebro, fracaso político 20150304

Además de provocar abundantes daños y traer zozobra y cabreo a los ribereños, la crecida del Ebro certifica con grotesca precisión el final de un ciclo político, el que se inició con el siglo y las movilizaciones contra el trasvase para acabar con los fuegos artificiales del 2008. Siempre con nuestro (¿nuestro?) río como figurante de honor. Hace tiempo que esa etapa languidece sin brillo y sin remedio. Finalmente, las inundaciones han revelado que nos gobiernan fantasmas envueltos en los lugares comunes más manoseados y menos útiles.

Estos días, las obvias limitaciones del presidente de la CHE, el regionalista De Pedro, se han puesto de manifiesto de forma clamorosa. La ministra García Tejerina demostró ayer su oportunismo y un absoluto desconocimiento de la cuenca. El Gobierno aragonés, la asociación PP-PAR, ha hecho una exhibición de inoperancia. El PSOE ha traído a Sánchez, su líder, pero sigue aferrado a los estereotipos hidrológicos más superados: la draga como solución simple y definitiva. Como en 1992, 2003 y 2007, nadie ha querido enfrentarse a la verdad y explicársela a la ciudadanía. Todavía hoy, se pretende que los efectos de la crecida se deben a escrúpulos medioambientales. Como si retirando gravas (en 2010 sacaron del cauce 120.000 metros cúbicos, miles de camiones cargados hasta los topes), pudiésemos prescindir de unas zonas de expansión que laminen las avenidas. Se olvidan las insensatas ocupaciones de zonas inundables (como esa en la que se levantó, contra toda lógica, la residencia de ancianos de Monzalbarba), las ilegalidades urbanísticas, las intervenciones a lo loco. Todo se tapa evocando el demencial objetivo de un Ebro embalsado y domado, una especie de canal de Panamá ibérico.

Por lo cual es preciso repetir a las gentes de la ribera que no se dejen embaucar, que consulten a técnicos independientes, que exijan una planificación del cauce razonable, que defiendan de verdad sus intereses... Y que pongan a los políticos en su sitio, para que este agotadísimo ciclo dé paso a algo más consistente. Antes de que todos nos volvamos locos. 

jueves, 12 de febrero de 2015

Ya me disculparán los ribereños 20150212

Un vecino de Novillas, afectado por las últimas inundaciones, me ha enviado una carta refutando lo que suelo escribir aquí cada vez que el Ebro se desborda. Este caballero vive en la misma casa de sus abuelos, donde no hubo problema alguno cuando la gran avenida del 60-61 (casi 5.000 metros cúbicos por segundo); ahora, sin embargo, el agua llega más y más aunque el río traiga caudales muy inferiores. ¿Por qué? Y responde tajante: "Porque antes a las gentes del pueblo se les permitía extraer en verano las gravas y leñas que dejaban las avenidas de invierno".

Respeto la opinión de este ciudadano. Les pido disculpas a él y a sus vecinos de la ribera, si en mis artículos se ha deslizado algo que pudiera ofenderles. Les aclaro que no soy radicalmente contrario a que, como él dice en su misiva, se retiren gravas, maderos u otros materiales que el Ebro deposita en sus orillas y sotos. Dudo, no obstante, que sea factible canalizar el río en un cauce definitivo a base de dragados sistemáticos.

Éste es un asunto complejo. De un lado está el hecho de que el Ebro se mueve constantemente. La regulación y el cambio climático han contribuido a desbaratar su régimen natural. Sufre el impacto de las intervenciones humanas. Las motas navarras, por ejemplo, provocan la inmediata expansión de las aguas cuando llegan a la ribera aragonesa. Cultivos, defensas, carreteras o caminos sobreelevados alteran el comportamiento del río. Su caudal se ha cargado de fertilizantes que contribuyen a multiplicar la vegetación... Demasiados factores.

Es preciso ordenar el río en su totalidad, asumiendo sus condiciones y actuando con sabiduría. Lo que no vale es que los políticos se paseen por la ribera ofreciendo soluciones simplistas... mientras están en la oposición. Luego, si gobiernan, ¿en qué queda cuanto dijeron y prometieron? Cuando mandaban los socialistas, los del PP parecían tener muy claro cómo actuar. Ahora, con los conservadores en el machito, son los del PSOE quienes dan la réplica. El PAR tiene adjudicada la presidencia de la CHE... ¿Y qué?

Dicho sea con el debido respeto.


miércoles, 4 de febrero de 2015

¿Qué culpa tiene el Ebro de ser río? 20150204

Según el informe ERHIL, desde 1950 las precipitaciones sobre el Pirineo han descendido en un 25%, y la temperatura ha subido dos grados. Por ello, la nieve acumulada se ha visto reducida a la mitad. Son datos promedio, claro (hago la aclaración para los pobres de espíritu que niegan el cambio climático global y se suben a la parra en cuanto la sequía da paso a una borrasca). Por otro lado, el Ebro es un río muy regulado, muy domado, muy controlado... Pero, ojo, sigue siendo río. Además, mediterráneo, sujeto a un régimen torrencial. Es, en fin, como uno de esos tigres nacidos y criados en cautividad a los que se pretende convertir en mascotas. De repente, aunque solo sea jugando, te pegan un zarpazo y te avían. Porque aún conservan las hechuras del tigre. En fin...

Yo entiendo la desesperación de los vecinos de la ribera alta aragonesa que se ven perjudicados por las crecidas del Ebro. Pero deberían hacerse a la idea de dos cosas: la primera, que el río no les ataca porque sí sino porque tiende a recuperar su cauce natural ahora ocupado por cultivos, instalaciones e incluso viviendas; la segunda, que por mucho que vayan por allí los políticos de rigor a prometerles una solución definitiva... tal solución no existe. El Ebro siempre necesitará zonas de expansión a poco que crezca (reventará las motas, como en Monzalbarba), y siempre se infiltrará por el freático (entonces las defensas montadas en la orilla plantearán un problema añadido, pues retendrán el agua que se les ha colado por la retaguardia, como en Novillas). Por supuesto, lo de dragar o limpiar el cauce es pura y simple mitología hidro-ilógica: las gravas volverán una y otra vez.

Reunido en la ribera alta con sus alcaldes, el secretario general del PSOE aragonés y candidato a presidir la DGA, Javier Lambán, echó la culpa de las inundaciones al "dogmatismo medioambiental". Una pirueta argumental manida, pero de lo más excéntrica. Otro que no se ha enterado de que el Ebro es un río, que las laderas donde ha de asentarse la nueva presa de Yesa son inestables por naturaleza y que los ecologistas solo dan fe de lo evidente. Qué murga, por favor. 

sábado, 6 de julio de 2013

Surtido de majaderías variadas 20130706

El Consejo del Agua de la Cuenca del Ebro aprobó un proyecto de Plan Hidrológico muy poco lógico. Suele ocurrir. Su gran novedad es que la reserva estratégica (¿?) adjudicada a la Comunidad aragonesa nos abrirá las puertas de la Junta de Explotación del Bajo Ebro, lo cual podría permitir a nuestro ínclito Gobierno autónomo oponerse a cualquier trasvase... o cobrarlo a tanto el hectómetro cúbico. El colacao es tan llamativo que los expertos consultados dudan de que algún tribunal permitiese semejante cosa. Pero en el Plan va. Como va la desprotección de Canal Roya e Izas, que ya no son reservas fluviales porque Aramón (la arruinada empresa semipública que en estos momentos intenta refinanciar su terrorífica deuda) pretende hacer pasar por allí un telecabina para arrejuntar ¡el mayor dominio esquiable de Europa! Es indudable que no hay pasta para semejante delirio, como lo es su dificultad técnica y su brutal impacto medioambiental. Pero estamos en el país de las majaderías (Aragón y España entera, Cataluña incluida), donde los mandamases alucinan en colorines (sobre todo en los colorines de los billetes de quinientos euros) y la ciudadanía va y viene del pánico a la indignación y del despiste a la burricie.

Lo del Plan del Ebro no deja de ser un brindis al sol. Mas por pedir y decir tontadas no ha de quedar. Por presumir, tampoco. Fíjense que esta semana próxima vendrá a Figueruelas el presidente Rajoy, a lucirse porque Opel va a traer la producción de un nuevo modelo. Como si eso lo hubiera logrado Marianico tirándole de la enagua a Merkel (o a quien corresponda) y no los trabajadores, currando, negociando y dejándose los pelos en la gatera de la crisis. Así estamos.

Como queremos. Al muy caritativo Amancio Ortega le han tenido que decir en los tribunales que apoquine una supermillonada en impuestos. La Expo (o sea, nosotros) será responsable civil de la estafa aquélla de los adjudicatarios del merchandising. Messi se está arreglando con Hacienda tan ricamente. Hace un calor que te torras, y si mañana hubiese elecciones la gente saldría corriendo. Qué pereza. 

sábado, 8 de junio de 2013

Jugar al escondite en la selva de las palabras 20130608

Según el telediario, la reforma de las pensiones no traerá aparejada una merma, sino más bien ¡una mejora! de las percepciones actuales. Eso sí, la pensión media se alejará más (por debajo, se entiende) del salario medio. Me quedé cavilando y pensé cómo podrá ser tal cosa, pues si los sueldos están cayendo sin cesar, las cotizaciones a la Seguridad Social descienden, los jóvenes tardan mucho en encontrar empleo y apenas nadie puede aspirar a tener una trayectoria laboral continua y estable... ¿en qué cabeza cabe que puedan mantenerse e incluso subir las pensiones mientras retroceden respecto de los disminuidos salarios? Pero este tipo de sinsentidos se han convertido en el pan nuestro de cada día. El actual Gobierno de España se ha lanzado de manera frenética a jugar al escondite en la selva de las palabras. Inventa laberintos en el bosque del bla-bla-bla. Maquilla los conceptos hasta hacerlos irreconocibles. Aventa los términos para convertir cada sustantivo en un truco dialéctico y cada adjetivo en una prótesis surrealista.

La reforma de las pensiones ha sido preelaborada por un comité de expertos (de sabios, decía la edición digital de este diario). ¿Expertos? Algunos de ellos son altos directivos de aseguradoras privadas que, en realidad, tendrían que estar más atentos a garantizar la pasta de quienes les han confiado sus ahorros que a definir el futuro de un sistema público que en realidad es su competencia directa. ¿O no?

Rajoy no dice si subirá más el IVA o no. Está explorando opciones. Bruselas (ese ente indefinible teledirigido desde Berlín) nos aconseja simultáneamente (¿sugiere?, ¿recomienda?, ¿ordena?) que incrementemos la presión fiscal, que la relajemos, que fluya el crédito, que los bancos hagan más provisiones, que tomemos medidas reactivadores, que reduzcamos el gasto... Anda, métele mano al concepto.
De lo general a lo particular, también el Ayuntamiento de Zaragoza busca escondrijos. El Ebro ya no será dragado para abrir paso a los barquitos. Se limpiará el cauce, se redistribuirán las gravas, se eliminarán obstáculos. Hay que tener arte, ¿eh? 

lunes, 10 de septiembre de 2012

Nuestra espada (nuclear) de Damocles 20120910

Salvo sorpresa de última hora, en el verano del 2013 se cierra Garoña, en el Alto Ebro. Loados sean los dioses. Nuclenor (Iberdrola y Endesa), empresa propietaria de la central nuclear, venía negociando con el Gobierno la prórroga de la vida operativa de dicha instalación, que ya había recibido luz verde (al Ejecutivo central y al de Castilla-León la cosa les ponía mogollón). Pero no han logrado acordar las condiciones y los costes fiscales. Las eléctricas, con su voracidad habitual, querían llevarse crudos los beneficios de un artefacto más que amortizado, y pretendían mantenerlo en funcionamiento como hasta ahora: sin revisión del reactor, sin reparaciones ni medidas adicionales de seguridad.

Garoña ha sido (y es) una espada de Damocles suspendida sobre nuestras cabezas. Un accidente de envergadura proyectaría la sombra de la contaminación nuclear sobre todo el valle del Ebro con un impacto social y unos costes incalculables (ya saben ustedes que ningún seguro cubre ese tipo de siniestros). La central tiene un reactor del tipo BWR, desarrollado por General Electric en los años Sesenta, que empezó a funcionar en 1971 y cuya actividad no debía superar los cuarenta años. Hay más: los incidentes documentados empezaron a producirse en 1989 y desde entonces han sido constantes: fallos en válvulas, conatos de incendio, pérdida de aguas contaminadas... En Bélgica se han detectado fisuras en dos reactores del mismo tipo. Aquí no sabemos cómo estará el tema, porque el Consejo de Seguridad Nuclear no ha hecho ninguna inspección directa.

Parece increíble que los incautos y desapercibidos habitantes del valle del Ebro nos hayamos comido con patatas una amenaza semejante (sólo denunciada por las organizaciones ecologistas). Hace unos meses, sin embargo, los ayuntamientos de las ciudades que podrían verse afectadas por una crisis en Garoña empezaron a tomar posiciones contra la prórroga (también el de Zaragoza e incluso el de Vitoria, gobernado por el PP). 

Así que ya ven: bien está lo que bien acaba. Pero nos queda un año de zozobra. La espada sigue ahí. 

domingo, 5 de agosto de 2012

El Aragón 'percibido' se nos cae a pedacitos 20120805

Aquí no cabe el regodeo. Constatar que en estos tiempos de crisis financiera, de recesión y de desconcierto general se están cayendo los palos de ese sombrajo que fue el Aragón percibido ya no es tanto la confirmación de cualquier profecía anterior como una llamada a la rectificación urgente, a buscar nuevas alternativas para el futuro. Porque insistir en los yerros anteriores o aferrarse a esos paradigmas que nos han mantenido distraídos durante décadas puede ser muy peligroso. No confío en que nuestros cargos electos y jefas/es en general deseen abrir un debate serio sobre lo que pasó y lo que está pasando. Tampoco espero gran cosa de los poderes fácticos, aferrados en la mayoría de los casos a sus mezquinos intereses. Pero la sociedad civil tiene que reaccionar, debe entender que ha comprado demasiados gatos a precio de liebre, ha de asumir que esto ya no da más de sí. Es preciso renovar el imaginario colectivo. La TCP no se construirá jamás. El Pacto del Agua no tiene sentido. El esquí no es el motor del Pirineo. El ladrillo no nos salvará. Gran Scala no existe.

La reflexión es imprescindible. En primer lugar porque nadie duda de que va a ser necesario reorientar por completo el gasto público. No tiene sentido que los ajustes se hagan de forma indiscriminada y automática, cuando deberían ejecutarse atendiendo a nuevos objetivos estratégicos. Esta es la hora del equilibrio social, de la formación, de la investigación, de promover la calidad, de poner en valor los recursos propios del territorio, de relanzar y regenerar el sector público y la economía real... Las quimeras y las ocurrencias no tienen razón de ser y es inaceptable que sigan engullendo fondos negados a la educación, la sanidad o los servicios sociales.

Veamos un caso: durante esta semana se ha iniciado la retirada de algas del Ebro. El río, a su paso por Zaragoza, es un foco de problemas. Cierto que la intervención sobre las riberas mejoró mucho la situación anterior, pero al mismo tiempo se han generado condiciones adversas inocultables. ¿De qué sirve poner en uso las orillas, cuando al mismo tiempo se convierte el cauce en un criadero de mosquitos y moscas negras? Los portavoces oficiales han intentado disfrazar la situación (empeñados en salvar el azud, la navegación y otras ilusiones dosmilochistas) pero sus declaraciones resultan poco razonables. Por favor, déjense de melonadas y estudien cómo hacer del Ebro y sus riberas un espacio lógico, ecológico y habitable.

lunes, 25 de junio de 2012

Navegando en el charco de la mosca negra 20120625

Los zaragozanos están acojonadicos con la mosca negra. El agresivo díptero ha dejado las riberas del Ebro para internarse por el resto de la ciudad, donde muerde con saña. Las farmacias no dan a basto despachando pomadas y pastillas, corticoides, antihistamínicos y remedios contra el picor. 

Científicos, ecologistas y cualquier persona con sentido común se están haciendo a la idea de lo que pasa. La mosca negra, ciertamente, es un bicho muy borde capaz de colonizar nuevos territorios y hacerse fuerte en ellos. En el Ebro hay ya de todo: siluros, mejillones cebra, caracoles chinos, cangrejos americanos, mosquitos tigre... Pero, claro, si además de eso creamos en medio de Zaragoza un megacharco de aguas quietas y bien cargaditas de nitratos, si la vegetación acuática crece como nunca y los pececitos no pueden vivir por falta de oxígeno, pues parece normal que los peores insectos disfruten allí de la buena vida, nazcan, crezcan, se reproduzcan y mueran, dejando por el camino un rastro de ronchas, ayes y visitas a los servicios de urgencia.

Es verdad que este año no hubo que dragar el río y los famosos ebrobuses van y vienen mejor que nunca. Pero eso ha sido así no porque se haya cumplido ninguna profecía del alcalde Belloch y su consejero Blasco, sino porque no hubo crecida, la corriente apenas se aceleró y por lo tanto no hubo arrastre de gravas ni efecto Venturi ni ninguno de esos fenómenos tan molestos. A cambio, la mosca negra encontró un cado fenomenal justo en medio del lugar donde se aglomeran setecientas mil víctimas potenciales de sus picotazos. A huevo.

Vayan ustedes al Puente de Piedra y contemplen cómo las plantas acuáticas se extienden por la superficie del Ebro. Son ya tan tupidas que aprisionan cualquier cosa que traigan perezosamente las aguas retenidas. Por ese absurdo charco sucio navegan los ebrobuses que nos dejó la Expo como recuerdo. ¿Sostenibilidad, dicen ustedes? Sí, ése fue el lema del 2008. Desde entonces nos hemos esforzado mucho para sostener los barquitos y la mosca negra. Bateaux mouches, oye, como en París.