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martes, 13 de diciembre de 2016

Lo están dejando imposible 20161213

Por causa de su sobreexposición, aquellos personajes de los que habla todo el mundo acaban generando en la opinión pública una visión generalizadora. De esta manera, los padres de niños discapacitados o con enfermedades raras van a sufrir en sus carnes las consecuencias del caso Nadia, aunque ellos sean personas honestísimas y sus demandas sean las más justas que pudieran concebirse. Los periodistas, por nuestra parte, seremos vistos de acuerdo con los estereotipos producidos en paralelo por Cebrián o Inda, por más que muchos de nosotros seamos humildes trabajadores que intentamos cumplir con las obligaciones que nos son propias. Y los políticos aragoneses (sobre todo los de izquierdas) arrastrarán como una marca indeleble las ruraladas de Lambán o la incapacidad de Echenique para trabar un discurso comprensible.

Lo malo no es el impacto concreto que tengan (en las teles y otros medios o en las redes) esas noticias, entrevistas o desbarres (¡por los dioses, don Javier, a quién se le ocurre confundir mando con liderazgo!), no... lo peor es que tales expresiones, repetidas una y mil veces, dejan tras de sí un terreno arrasado, un personal mosqueadísimo y la sensación de que aquí y ahora todos somos bicharracos de la misma camada.

No sé qué clase de habilidades retóricas, qué inteligencia emocional, qué carisma y qué potencia programática habrán de tener, por ejemplo, los futuros dirigentes políticos de la Tierra Noble para resultar convincentes, ganarse a la gente y ser reconocidos por sus virtudes. Por extensión, díganme cómo podrán los personajes públicos españoles que lleguen a cualquier escenario (institucional, empresarial, cultural) demostrar al escamadísimo público su honestidad y altruismo.

También cabe la posibilidad de que la gente se haga a todo y todo lo perdone, o que les justifique a unos lo que no tolerará en otros. De momento, las estrellas del fútbol ya están por encima del bien, del mal y de Hacienda. Por eso, a Ronaldo, cuando quieren insultarle, le dicen maricón... pero no defraudador.

lunes, 12 de diciembre de 2016

Indiferentes ante la corrupción 20161212

Una noticia pierde impacto en proporción directa a las veces que es reproducida. No digamos en estos tiempos de hipercomunicación. Lo que se hace viral hoy se olvida mañana, no tanto porque la gente esté dispuesta a olvidar los niños refugiados que se ahogaron en las playas del Sur de Europa, las mujeres víctimas de la violencia machista o los civiles bombardeados en Alepo y Mosul, sino por la simple razón de que los mensajes se expanden y superponen a un ritmo exponencial, normalizando por saturación cualquier sucedido; incluso los más horribles.

Es lo que pasa en España con la corrupción. Juicios que se presumían espectaculares (la Gürtel, las tarjetas black, los ERE) acaban siendo un largo e indescifrable tostón. Mientras, aterrizan en los titulares el presunto fraude fiscal de los futbolistas, la financiación ilegal de las campañas llevadas a cabo por los partidos serios o la inaudita historia de ese padre que usó la enfermedad de su hija para levantarse (y pulirse) casi un millón de euros. Y además, en todas partes cuecen habas. Vean, si no, lo del exministro fracés condenado por esconder su dinerito en Suiza.

Así que la ciudadanía va encalleciéndose. Deja de leer artículos de fondo (donde, por ejemplo, se explica cómo se urdió la fusión-estafa de Caja Madrid y Bancaja, o la forma en que cuatro grandes bancos trucaban el euribor) y se limita a deslizarse sobre los titulares, cuanto más abracadabrantes mejor. Conclusión: todos somos sinvergüenzas en potencia y todos los políticos son iguales (de corruptos). Ciega generalización que es, precisamente, la que interesa... a los sinvergüenzas y a los corruptos.

Los más ardorosos defensores del establishment andan últimamente empeñados en reducir o eliminar la información sobre las cloacas del sistema. Y sacan en procesión la imagen de su martir, Rita Barberá. Se equivocan. Para los delincuentes (cada vez menos supuestos y cada vez más evidentes) que manejan el gran desorden mundial, nada mejor que viralizar la mierda. Así todo el mundo se acostumbra a su olor y su sabor. Y ni se entera.

lunes, 19 de septiembre de 2016

Y esto... ¿quién lo paga? 20160919

Esa es la cuestión: ¿quién paga los trenes de alta velocidad, las autovías y los hospitales?, ¿y los autobuses que llegan hasta los grandes centros comerciales?, ¿y los colegios y universidades?, ¿y los soldados, policías y bomberos que garantizan nuestra seguridad?, ¿y qué me dicen (tápense los ojos los ácratas de ultraderecha o los neofascistas antiEstado) de los sueldos de cargos electos y otros responsables de administrar la cosa pública? Aquí nadie quiere soltar su parné, pero no desdeña beneficiarse del que apoquina el vecino. Y lo más increíble de todo es que, a diferencia de las sociedades de raíz luterana y calvinista (donde el individualismo se hermana con la voluntad de cumplir a rajatabla con las obligaciones cívicas), en la católica España estafar al fisco es visto con comprensión e incluso simpatía. Así no es raro que en los primeros siete meses de este mismo año los ingresos correspondientes al impuesto de sociedades hayan bajado un 85% hasta quedarse en una cifra tan ridícula que Montoro ha tenido que reclamar un pago anticipado más mollar, porque si no esto va a ser Jersey, las Caimán y Samoa en forma de piel de toro y con capital en Madrid. De ahí también que cualquier mínima reforma en las ordenanzas fiscales de Zaragoza produzca ataques de nervios porque se pretende incrementar (no demasiado) el IAE de las empresas instaladas en el municipio que facturan más de un millón de euros.

El enfermizo hábito de que en nuestro país sólo cotizan (lo que se dice cotizar) las clases medias asalariadas, los autónomos de actividad controlada y las pequeñas y medianas empresas que trabajan en blanco ha generado todo un argumentario miserable, corrompido y tramposo. Desde las organizaciones empresariales (y/o los comunicadores a su servicio) se habla de impuestos confiscatorios y se reclama carta blanca e impuestos reducidos para quienes bastante hacen con crear riqueza y puestos de trabajo. Pero esas mismas entidades exigen subvenciones, contratas, privatizaciones, deducciones, convenios, exenciones, infraestructuras... por cuenta del común. Y a ver quién paga eso. 

jueves, 8 de septiembre de 2016

Cuando la corrupción se haga visible 20160908

Entraremos en el otoño sin gobierno, sin aliento, fundidos de calor y con la corrupción haciéndose visible como nunca. Si no leyeron ayer el informe que publicó este diario sobre las sucesivas acciones judiciales que van a tener lugar de manera inminente (con el PP, pero también el PSOE, paseándose por los banquillos), les recomiendo que lo hagan acudiendo a la hemeroteca digital. Los líos de Rato, incluido el asunto de las tarjetas black de Caja Madrid. La Gürtel. El borrado de los ordenadores de Bárcenas. Los casos Acuamed, Púnica o Taula. La imputación (o no) de Rita Barberá... Una sucesión de cierres de sumarios, procesamientos, vistas orales y quizás alguna sentencia pondrá a la derecha bajo el foco. Más tarde les tocará a los socialistas andaluces con el tema de los ERE. Octubre será el mes más denso. Justo cuando se calienten de nuevo los debates sobre quién, cómo y por qué ha de ser investido presidente.

Existe desde hace tiempo una apuesta táctica y estratégica del sistema para inculcarnos la idea de que lo de la corrupción no es para tanto, y menos si afecta colateralmente al inmutable Rajoy o a esa mujeraza de Estado que es Susana Díaz. Se exagera --nos dicen--, se lincha a los hombres y mujeres públicos (¡mira lo que le está pasando a Soria!). Advierten los analistas sensatos que, en lo referido a este asunto, todos son iguales. Y hemos de escandalizarnos aquí, en la Tierra Noble, por un bote de no se qué, mientras olvidamos cómo le hicieron a la CAI (los que cortaban el bacalao) un agujero de 3.500 millones y la precipitaron en la ruina. ¿Todos iguales? Venga, hombre. Entre la beca de Errejón y la salida a Bolsa de Bankia hay tanta distancia como entre aquellos escraches a la consejera aragonesa Serrat y la guerra de Siria.

La corrupción nos ha jodido, pero bien. Tenemos un sector público saqueado, una banca social que se esfumó tras ser rescatada con decenas de miles de millones que jamás se recuperarán, una fiscalidad que descansa exclusivamente sobre las clases medias (los ricos de verdad no pagan) y una ciudadanía desmoralizada. Lo vamos a ver de aquí a unas semanas.

martes, 6 de septiembre de 2016

Soria, el símbolo de la impunidad 20160906

El exministro José Manuel Soria será directivo del Banco Mundial porque le toca. Es el que más trienios tiene, ha explicado un compañero suyo de Gabinete. Los tocapelotas, que siempre hay, han salido a recordar que el canario off-shore solo ejerció seis años como economista del Estado. Al tiempo, Mariano Rajoy se encoge de hombros. Pero cuando él mismo estuvo en Gran Canaria durante la última campaña electoral, ya convirtió su mitin en un homenaje al panameño dimitido. Que a la postre solo mintió con descaro y se acreditó, a través de los papeles de Panamá, como presunto evasor fiscal. Pelillos a la mar.

El asunto Soria, con esa chusca maniobra de hacerlo público a los pocos minutos de acabar la última votación de la fallida investidura de Rajoy, es una declaración de intenciones. Ese gesto del Gobierno en funciones vino a definir su objetivo de capear las acusaciones de corrupción y similares utilizando de manera conveniente la propia norma. Es decir, que las personas adecuadas, la gente bien, tendrán garantizada la impunidad a través de la estricta aplicación de unas leyes elaboradas a la medida de sus correspondientes trampas. Por ejemplo: es posible sustituir la evasión fiscal (delito) por la elusión fiscal (aprovechamiento eficaz de deducciones, desgravaciones y otras prebendas de quienes deberían ser, aunque no son, los mayores contribuyentes).

¿Para qué irse a Panamá? La amnistía fiscal de Cristóbal Montoro ofreció blanquear capitales en B por una sola tributación al 10%, pero en realidad el promedio de lo recaudado no superó el 3%. Igual pasa con el Impuesto de Sociedades. Ha bajado en estos últimos años del 30% al 28% y luego al 25%. Lo cierto es que su efectividad nunca supera el 10%. Este año, la recaudación por tal concepto ha caído en picado. En los siete primeros meses sólo ha recaudado 436 millones de euros, mientras los beneficios empresariales crecían de manera manifiesta.

Todo legal. Todo limpio. El Estado evoluciona para ofrecerse a los ricos y esquilmar a la plebe (empezando por las clases medias asalariadas). Suena populista. Pero solo es la verdad.

miércoles, 1 de junio de 2016

¡Esto no pasa en ninguna parte! 20160601

Pues sí, sí que pasa. Esas exclamaciones de la gente bien (o de la gente mal), afirmando que en España ocurren cosas impensables en otros países de nuestro entorno, no suelen tener fundamento. Salvo, quizás, en lo que se refiere a la corrupción, porque en el resto de Europa e incluso en Estados Unidos hay, ante todo, una opinión pública más exigente. Es la clave. En los papeles de Panamá han aparecido empresarios y políticos de España, de Reino Unido o de Islandia. Puertas giratorias existen en todo el planeta. Exmandatarios metidos en asuntos feos, también. No crean que Felipe González o José María Aznar son los primeros que promueven negocios ante dictadores o genocidas (de traca lo del ¿socialista? en Sudán). Eso sí, por ahí fuera el personal se toma estas cosas más a pecho que aquí. En un ámbito civilizado y democrático, Mariano Rajoy o Susana Díaz no se hubiesen sostenido en sus cargos tras saberse hasta qué punto han estado rodeados de prevaricaciones, manejo de dinero B o malversaciones de caudales públicos.

España no es el país más descentralizado del mundo ni el único donde se producen tensiones entre territorios. En Alemania, Baviera y Carintia son estados libres asociados y la pugna entre norte y sur es algo habitual. En EEUU, cada estado se maneja con un código penal distinto (pero muy distinto). Y ya saben lo que sucedió en Gran Bretaña con Escocia.

Donde reina la libertad de expresión, vejar la bandera nacional no es delito. El Supremo USA lo certificó así, exonerando a quienes prenden fuego a las barras y las estrellas. La misma apertura implica que las filtraciones relativas a la situación fiscal de uno u otro ciudadano (como aquella que enfrentó a Montoro con Aznar) no tendrían sentido en Noruega, donde las declaraciones de todos, ricos y pobres, están visibles en la web de Hacienda.

No somos, ni de lejos, el único estado europeo donde puede no gobernar el partido más votado. Y desde que la reina Isabel II y el Príncipe de Gales, estrecharon la mano de Gerry Adams, ver a un exterrorista en las instituciones no resulta excepcional.

En todas partes cuecen habas. 

sábado, 28 de mayo de 2016

En Venezuela, desde luego, mucho peor 20160527

Convencer a los españoles de que lo malo conocido siempre será mejor que cualquier cosa venidera será la estrategia fundamental que ha de usar el PP en esta inabarcable campaña electoral. De esta manera, todo lo feo que ya sabemos del partido conservador (incluyendo el hecho de que esté investigado como tal organización y haya sido obligado a depositar fianza) se hermosea con un argumento definitivo: solo en sus manos florece la economía española, ¡somos el país europeo que más crece!

Pero la situación de la economía española es confusa. Es verdad que hemos mejorado nuestra capacidad para competir en los mercados. Mas no por un aumento de la productividad, que no se ha dado ni por aproximación, sino por la depreciación de los salarios (según acaba de confirmar el Instituto Nacional de Estadística). Los trabajadores por cuenta ajena, pieza básica de las nuevas clases medias, han pagado el pato: rescate financiero, devaluación interna, presión fiscal, intereses de la deuda... Y han de seguir pagando por la sencilla razón de que solo ellos pagan. Tras los sucesivos escándalos vinculados a las cuentas en paraísos fiscales de los muy ricos (y sus cómplices, los políticos corruptos), los papeles de Panamá han documentado la evidencia de que los multimillonarios no aportan casi nada al fondo común, al cual, sin embargo, se amorran en cuanto pueden (que pueden mucho). De esta forma, con los contribuyentes habituales empobrecidos y agobiados, con los jóvenes silbando en la vía del paro y el subempleo... ¿quién sostendrá los servicios públicos?, ¿cómo se podrán mantener las pensiones?, ¿qué será, en fin, no solo de los pobres sino incluso de los sectores más frágiles de aquellas clases medias? No se sabe. Rajoy dice que todo va bien, que irá mejor, que bajará los impuestos que él sabe cómo hacerlo. Al tiempo ha escrito a Bruselas prometiendo embridar a los españoles con más recortes y reformas.

Sí, sí... ¿Pero en Venezuela, qué?, preguntan insistentemente mis amigos de la derecha. En Venezuela mucho peor, les reconozco. Y se quedan tan contentos y felices. Pues vale.

jueves, 19 de mayo de 2016

Seguridad Social contra el R&R 20160519

Como ya sabrán vuesas mercedes, Inspección de Trabajo, en Zaragoza y al parecer en el resto de España, ha detectado la existencia de bares que programan música en directo. Se trata de modestos locales donde actúan grupos de jóvenes que empiezan o de veteranos que siguen con el gusanillo del R&R. Ni unos ni otros, por supuesto, viven de los conciertos y los discos. Tocan en los garitos a cambio de lo que sacan cobrando una entrada simbólica, y con eso pagan la furgoneta y el bocata, si llega. Cuando vienen de fuera duermen en casa de amigos o en alguna pensión barata. Se traen su peña de admiradores: novias/os, padres y madres, colegas... Bueno, pues ahora el Ministerio se empeña en que esta gente pague Seguridad Social por cada actuación. Un subinspector recorre los locales advirtiendo de la obligación y comunicando desorbitadas multas. Los afectados por la cruzada le dicen que, hombre, por favor, esto no es ningún negocio sino una actividad cultural muy elemental, no se trata de artistas profesionales (en cuyo caso ya cotizarían como autónomos), no hay ingresos de los cuales deducir cuota alguna, no... me joda, ¡que si me sanciona tengo que cerrar! Pero el probo funcionario completa su informe: cuatro músicos, el que monta el sonido, el menda de la puerta y el del merchandising (o sea, el que vende los cedés grabados en plan doméstico y tal vez unas camisetas ad hoc), total 180 o 200 euros. Mucho más de lo que se suele ingresar. Increíble.

Tan estricta aplicación de la norma resulta muy reveladora. Aquí, en España, la corrupción no está generalizada gracias a que el funcionario de base no exige mordidas y a que la ciudadanía de a pie no sólo cumple a rajatabla, sino que sus posibles deslices son vigilados por el Gran Hermano hasta llegar al extremo. Ahora bien, en la cúpula de la pirámide social las cosas son distintas: allí no hay normativa que valga ni ley ni leches. Las élites, como sabemos, viven en otro mundo y se rigen por otras reglas.

Además, este Gobierno en funciones odia la cultura y el rock. Para meterlos en cintura, nada mejor que una buena dosis de Seguridad Social. 

sábado, 7 de mayo de 2016

Cuéntame cómo acaba la historia 20160507

Es tan expresivo, tan característico y tan simbólico... que uno no puede por menos que recrearse en la jugada. Hablo de Cuéntame, la serie de TVE que, al narrarnos con pretensiones docudramáticas el tardofranquismo, la Transición e incluso lo que vino después, ha acabado por ser el sustituto oficial de esa Memoria que a tantos pone de los nervios. Los capítulos protagonizados por Ana Duato e Imanol Arias tenían los ingredientes precisos para dejarnos un buen sabor de boca al repasar nuestra bronca y sufrida historia reciente. Ahora, ante este desenlace, en el que ambos actores, los productores y no sé cuantas personas más han acabado investigados por presunto fraude al erario público (millonario, por cierto), es inevitable dejarse llevar por la narración dentro de la narración y que ficción y realidad se encuentren y confundan, por fin, en un paraíso fiscal. Aquellos años de mi juventud, aquella voluntad de vivir, de salir adelante, de conquistar la libertad y el conocimiento, de prosperar y recuperar el tiempo perdido han desembocado, tras convertirse en exitosa telenovela, en un gran montón de dinero (supuestamente) negro. Genial, homérico, hipermetafórico.

Es verdad que todo esto sucede en un contexto global cuyo devenir parece obra de un equipo de guionistas saturados de gaseosa lisérgica. Porque cuando un demente ultrarreaccionario como Donald Trump es designado candidato republicano a la presidencia de EEUU, o cuando organizaciones que han elevado el fanatismo religioso a la enésima potencia agitan el Islam con un huracán de muerte y opresión... pues ya me dirán ustedes por qué íbamos a extrañarnos de lo que suceda en esta España suya (de los muy ricos) donde la corrupción, en todas sus versiones, se ha convertido en seña de identidad de las élites.

Imanol Arias se cabreó y amenazó con irse de España cuando empezaron a correr informaciones sobre su capacidad para salir en anuncios del Ministerio de Hacienda al mismo tiempo que escamoteaba al fisco un buen fajo. Espero que no se vaya. ¡Justo cuando Cuéntame se está poniendo interesante de verdad! 

martes, 3 de mayo de 2016

Ser o no ser un contribuyente honrado 20160503

Millones de contribuyentes están acostumbrados a cumplir con Hacienda no solo por convicción, sino porque su economía personal y familiar es transparente, sus cuentas corrientes están a la vista... y cada primavera los datos de su declaración ya figuran en el borrador que ha preparado la propia Agencia Tributaria. A estas personas, sin embargo, se les quiere convencer de que, en realidad, ellos son también unos evasores ciertos (a pequeña escala) o potenciales (no defraudan más porque no pueden). Así, los miserables que justifican de hecho el engaño y la insolidaridad, te recuerdan en un tono admonitorio que cualquiera paga una chapuza sin factura ni IVA o cobra horas extra en metálico o compra un piso abonando parte en negro. Pero este es un argumento trucado, una mentira destinada a convertir en vicio colectivo los delitos y el egoísmo de las élites.

Lo de la ñapa sin factura, para empezar, es muy relativo. Si llamas a cualquier servicio oficial de mantenimiento o contratas con cualquier empresa medio seria, te cobran por lo legal. El dentista como el taxista o la de la pescadería pagan IVA por módulos. Un trabajador por cuenta ajena o un pensionista (cuyos colectivos son, para empezar, los mejores y mayores contribuyentes per cápita) no se libra apenas de tributar por el valor añadido. Y en lo referido a las horas extra, más bien ocurre que está aumentando el número de las que se trabajan... sin cobrar ni en negro ni en blanco.

Pero además la ciudadanía de a pie no tiene apenas nada que desgravarse: ni puede poner el coche a nombre de la empresa ni adquiere el apartamento a una sociedad panameña. Esa persona transparente es un contribuyente nato, tal vez distraiga un par de euros por cada cien que tributa, pero está a años luz del multimillonario sinvergüenza que se oculta en los paraísos fiscales y apenas apoquina la décima parte de lo que debería.

O sea, que evasores no lo somos todos... sino los que de verdad lo son. Las decenas de miles de millones que ocultan serían cruciales para salir del déficit. Ténganlo en cuenta, y no se dejen embaucar al respecto. 

lunes, 2 de mayo de 2016

España se lo podrá permitir, pero usted no 20160502

Cuando íbamos cuesta abajo, lanzados como cohetes (de verbena), era común escuchar a quienes se iban a pegar algún homenaje...

--España no se lo puede permitir, pero yo sí. ¡Tira millas!

Ahora, si tenemos en cuenta las estupendas previsiones del Gobierno en funciones y los datos que nos prodigan las fuentes oficiales, España (el Reino de España, la España de marca, la que maneja pasta y hace negocios off-shore) sí podrá permitirse tirar la casa por la ventana, pero nosotros (los mindundis) no. El mensaje implícito (incluso explícito) es simple: en poco tiempo más (si siguen las reformas y no decae el bendito Ejecutivo que las aplica sin titubeos) recuperaremos la renta de antes de la llamada crisis, se crearán no sé cuantísimos puestos de trabajo, seremos el país de Europa con mayores índices de crecimiento, el PIB irá como un tiro y comeremos perdices, angulas y caviar. No todos, claro. Es más, la mayoría no podrá permitírselo, pero la estadística nos ofrecerá la brillante imagen de un nuevo milagro económico a golpe de turismo, plantas de montaje de las multinacionales, exportaciones de bienes y servicios... y su miajita de evasión fiscal. Esto va a ser la mundial en maserati. Ya lo verán

A la gente del común tal vez le asuste comprobar que la retracción salarial en la empresa privada (y de forma colateral, aunque no tan tremenda, en el sector público) le ha de impedir la más mínima alegría, que la deuda de las administraciones no deja de aumentar o que en un par de años, como mucho, ya no habrá hucha de las pensiones y esto se puede poner requetefeo. Pero al mismo tiempo la España oficial estará como nunca, henchida de gozo, presumiendo por el mundo y regodeándose en la macroeconomía. Salvo que al votante se le vaya la olla el 26-J y elija lo que no debe, que entonces los señores de la Troika nos aplicarán (por nuestro bien) un baño de realidad frío como el hielo.

Hasta hoy la coartada de la crisis justificaba la devaluación interna a escala nacional. Pero pronto viviremos la experiencia de ser pobres en un país rico. ¡Qué cosa, qué emoción! 

jueves, 28 de abril de 2016

Tantas cosas me parecen mal... 20160428

Por supuesto, me parece mal el inicio de esa guerra mediática que cierra a Ignacio Escolar y otros contertulios los micrófonos de la SER e impide la presencia de periodistas de Prisa en La Sexta como consecuencia de la airada reacción de Juan Luis Cebrián a su aparición (bien que colateral en los papeles de Panamá. ¿Cómo no me va a parecer mal que se silencie la voz de un periodista (aunque Nacho es director de El Diario, y va a seguir ahí y en otras radios y televisiones), si yo ya fui silenciado? Pero al haberme planteado algunos esta cuestión para demostrar que el otro día, en la Complutense, Pablo Iglesias tenía razón al arremeter contra medios y profesionales de la información, he de advertirles que aquel desahogo también me sigue pareciendo mal. Lo siento, pero no acaba de gustarme el estilo del jefe de Podemos (véase su actuación durante estos meses de negociaciones políticas, amagos y paripés), que lograría mejor sus objetivos con algo más de ecuanimidad, temple y diplomacia. Pero bueno, él sabrá.

Son muchas las cosas que me parecen mal. Lo cual solo significa eso: que soy difícil de contentar.

Me parece mal que Rajoy haya capeado el temporal de estos días manteniéndose al margen de todo, como si la cosa no fuese con él. Me parece mal que el PSOE y Ciudadanos presentaran a bombo y platillo un acuerdo etiquetado como "histórico", que ahora desaparece cual si nunca hubiese existido. ¿Y cómo se van a tratar ambos partidos en la próxima campaña?, ¿de amiguitos, de adversarios, de primos, de socios, de corruptos (C's al PSOE), de versión yeyé del PP (el PSOE a C's)? Me parece mal que Otegui vaya por ahí con carita de pánfilo, haciéndose la víctima. Me parece mal que Esquerra Republicana sea tan borde, oportunista y tramposa.

Me parece mal la manipulación partidista de los medios de comunicación públicos, el cuentismo de los jefes que se acusan mutuamente de haber frustrado algún tipo de pacto, la corrupción de los poderosos que incumplen sus obligaciones más elementales y luego presumen de patriotas... Lo dicho: soy un cascarrabias. 

martes, 26 de abril de 2016

Sí, por favor... que sea breve 20160426

Casi me olvido de que estamos en vísperas de una nueva convocatoria electoral. Lo cual se ha debido, por una parte, a que el tejemaneje de las negociaciones entre partidos hace tiempo que dejó de interesarme, pues bien se veía que no llevaba a ninguna parte... y por otra al impacto que me produjo, en la noche del domingo, la comparecencia del exjefe conservador Hernández Mancha en La Sexta, donde aseguró que si ha aparecido en los Papeles de Panamá es porque alguien le "suplantó". Bueno, al margen de lo cómico que resultó escuchar a dicho ciudadano, las últimas revelaciones extraídas de la documentación pirateada a Mossack&Fonseca no cesan de dar pistas sobre tramas (variadas en el origen y la adscripción ideológica de sus integrantes) cuyos actores son personajes de proyección histórica. A ver dónde para todo ello. De momento, lo del tal Hernández fue cosa fina. Contemplar el apuro en que esos famosos papeles han puesto a los presuntos evasores fiscales es todo un placer para los mindundis.

Habrá nuevas elecciones porque el 20-D dejó un panorama imposible. Cabía una gran coalición, que hubiese dispuesto de mayoría parlamentaria abrumadora y un encaje natural en los actuales dogmas políticos y económicos de la UE. Pero el PSOE no podía meterse en semejante encerrona y el PP de Rajoy no quería. En cuanto a Ciudadanos... solo deseaba quedar de bueno de la película. Por otra parte, lo de los apaños entre conservadores y socialdemócratas no funciona. Véase lo ocurrido en Austria, donde los dos partidos tradicionales se han derrumbado en las presidenciales a favor de un populista de extrema derecha.

No me creo las encuestas publicadas (obviamente cocinadas al gusto de cada casa). Tengo la impresión de que Podemos (el Coco) no caerá, sobre todo si expande su vocación unitaria. Intuyo, sin embargo, que los resultados de un futuro 26-J no calcarán el reparto actual... Pero sobre todo me interesa que la campaña sea más breve. Va a ser la tercera (en otras comunidades, la cuarta) en poco más de un año. Abrevien pues el tránsito. Que ya estoy muy currado, y me canso.

JLT  26/04/2016

martes, 19 de abril de 2016

Es el Sistema, que está podrido... 20160419

Me pregunto si la gente está harta porque los partidos no logran ponerse de acuerdo para formar gobierno, o ese hartazgo y ese cansancio provienen más bien de ver cada día el desfile de presuntos sinvergüenzas, presuntos estafadores, presuntos evasores fiscales, presuntos prevaricadores... Es la evidencia de que el Sistema está podrido en sus propias raíces lo que ha llevado el desencanto popular más allá de cualquier límite. La ciudadanía es consciente de que la mierda nos llega hasta el cuello (gürteles, EREs, púnicas, choriceo levantino, choriceo madrileño, choriceo andaluz, Lista Falciani, Papeles de Panamá, Noos, cargos públicos corruptos, empresarios corruptores...). La cosa podía soportarse cuando la expansión del Estado del Bienestar combinada luego con la burbuja inmobiliaria propiciaba un mínimo reparto de los beneficios. Pero desde el 2008 eso se ha acabado. La desigualdad, el latrocinio sistemático y la desaforada codicia de las élites han dado el tiro de gracia al contrato social.

Ahora, nos dicen que no es para tanto, que no es admisible un código ético capaz de condenar sin juicio a cualquiera que, por ejemplo, cree una inocente sociedad pantalla en Panamá (verbi gratia, el diputado aragonés de Ciudadanos y ex-PAR, José Luis Juste). No cuela. El ex-ministro Soria puede esforzarse en argumentar su autoasignada impunidad y sus obvias mentiras. Hay que ser muy canelo para creerle. A la postre... ¿Cómo podríamos explicar el éxito de una trama tal que la de Manos Limpias y Ausbanc, si no fuese porque los poderosos de este país tienen los armarios llenos de cadáveres? ¿Qué chantajes judiciales o mediáticos hubiesen sido posibles, si las supuestas víctimas de la extorsión no tuvieran algo feo que ocultar? Además, manos Limpias vino muy bien para tumbar a Garzón o últimamente para lanzar sucesivas querellas contra Podemos (rechazadas todas ellas por los tribunales). Sin embargo, los jefes de la banda (viejos ultraderechistas) se habían pasado de rosca. El negocio les deslumbró y llegaron demasiado lejos. Claro.

(Continuará) 

viernes, 15 de abril de 2016

Y se ponen de los nervios por una bandera 20160415

Es posible que el todavía ministro de Industria (al menos en el momento de escribir este artículo) no sea un defraudador, presumamos su inocencia. Pero no cabe ninguna duda de que es un mentiroso compulsivo. Lo que empezó con la aparición de su nombre en los Papeles de Panamá se ha convertido en el documentado descubrimiento de una curiosa trama societaria que sí armó y utilizó la familia de José Manuel Soria... y él mismo. En paralelo, el susodicho se ha explicado cambiando su versión cada 24 horas. Pone los pelos como bayonetas rusas pensar que este sujeto ha manejado durante cuatro años asuntos claves de la economía española. Alucina a cualquier ciudadano decente que el tal individuo siga aún en su puesto, dejando a los suyos con el culo al aire.

Pero ayer, mientras Soria, encerrado en su despacho, se devanaba los seso para encontrar una salida al embrollo en que anda metido y salvar el cargo, cientos de miles de españoles (incluidos unos cuantos aragoneses) se encendían vivos porque en los llamados Ayuntamientos del Cambio (Zaragoza, entre ellos) las respectivas casas consistoriales lucían banderas republicanas. Bueno... Quizás los munícipes alborozados por el 85 aniversario de la proclamación de la II República habían enarbolado la tricolor sin cumplir previamente los protocolos al uso (así, en la capital aragonesa debían haber advertido a los demás grupos, en un ejercicio de elemental cortesía). Pero la histérica reacción a la inocua exhibición de la franja morada tenía otra naturaleza: el renovado rechazo frontal a la libertad, la igualdad y el progreso, y la adhesidón retroactiva al franquismo. Obvio.

La bandera no pasaba de ser un componente muy secundario y pasajero de la actualidad. La situación de Soria era, sin embargo, reflejo de un problema estructural, sistémico: la irresponsabilidad fiscal y el nulo patriotismo de las élites ¿españolas? y la profunda desmoralización y podredumbre del Sistema. Es el presente lo que debería ponernos nerviosos. Eso que llamamos Memoria, a la postre, sólo es pura y simple Historia.

Pero de eso ya escribiré mañana. 

jueves, 14 de abril de 2016

Ahora ya, ni me miro al espejo 20160414

Hubo una época en la que los días como el de ayer, al afeitarme, veía al otro lado del espejo la absurda imagen de un tipo afligido por las circunstancias políticas y económicas de su país. A veces, observaba en mi contrafigura el aire desconcertado de los gilipollas. Ahora no me miro al espejo. Y menos en una jornada como esta. El expresidente Aznar ha sido multado por Hacienda (setenta mil del ala y una complementaria por otros ciento noventa mil euros... el pajarito). El ministro Soria ha pasado de decir que lo de Panamá no y no, a precisar que no pero sí y finalmente (tras aparecer su firma en un documento que confirma lo que él niega) que sí pero no. Mario Conde ha ido al talego (pese a jurar por sus muertos que no trajinaba dinero del pellizco de Banesto, sino ¡de una herencia!). El alcalde Granada, autor de aquel breve poema sobre la elegancia de las señoras desnudas, ha sido pillado en un mal paso urbanístico... Huyo pues, cual Drácula, de las superficies capaces de reflejarme. Me río tontamente como una hiena a la que los leones dejaron sin almuerzo.

No escribiré sobre esta gentuza, me digo cada mañana. Pero luego la actualidad empuja sin compasión. No es sólo que estos o aquellos aparezcan en la cotidiana graduación de la academia del trinque. Es que sale Montoro a la palestra y achaca el incumplimiento del objetivo de déficit... al pago de los tratamientos para los enfermos de hepatitis C. O bien los portavoces del Gobierno de Aragón, con el presidente Lambán a la cabeza, se hacen los suecos o mienten sin cortarse un pelo cuando han de explicar por qué las organizaciones de discapacitados intelectuales y sus centros especiales de empleo están siendo abandonados a su suerte, de forma que pasan meses y meses sin que la Administración les pague lo que les debe.

No hay dinero, claro. No lo hay porque la delincuencia fiscal ha arraigado en la alta sociedad. Eso sí, los mismos que incumplen sus más elementales deberes ciudadanos nos dan lecciones de patriotismo, sea en versión españolísima o supercatalana. Que la bandera no quita la sociedad opaca. Monta tanto Pujol como Rato. 

martes, 12 de abril de 2016

Conde, Blesa, ¿Soria?... ¡Lo normal! 20160412

Nadie se habrá extrañado, supongo, de que Mario Conde, tras saquear y hundir un gran banco español, haya sido descubierto reciclando (por decirlo de alguna manera) los millones que se embolsó entonces. El hecho de que sus hijos también estén en el ajo no es sino el bonito detalle que nos sitúa ante otra familia especializada en el trinque fino, como los De la Rosa o sus amigos los Pujol o los Ruiz Mateos o tantos otros. Bueno, y tampoco creo que cause algún trastorno el sucesivo conocimiento de los nombres propios que relucen en los Papeles de Panamá.. Blesa, por ejemplo, o Los Albertos eran a priori fijos en la quiniela. En cuanto al ministro Soria, no acabo de tener muy claro qué hacían él y su hermano entrando y saliendo de sociedades off shore. Pasa lo mismo con Arias Cañete, alto cargo que presume de ir por la vida más limpio que una patena, pero cuyo nombre siempre sale a relucir en los aledaños del pringue.

Lo que si venía resultando sorprendente es que el tal Conde se luciera una y otra vez en extravagantes aventuras electorales y apareciese en las televisiones (tras su larga estancia en el talego) como comentarista de la actualidad, hombre de orden, defensor de la ortodoxia financiera y reputado moralista. Incluso había quienes le defendían y aseguraban que la intervención y el rescate de Banesto fue una sucia maniobra de los socialistas para acabar con el bueno de don Mario porque éste se disponía a disputarle a Felipe González la presidencia del Gobierno. En fin, siempre hay gente proclive a dejarse seducir por los estafadores de derechas. Si no, no se explica que tantas personas metiesen sus ahorros en Nueva Rumasa.

Estamos normalizando el hecho de que los ricos (con independencia del origen de su fortuna) apenas paguen impuestos. Asumimos con resignación la imposibilidad de someterles a las mismas leyes y obligaciones que nos sujetan a los mindundis. Ayer mismo, nuestro ministro de Justicia en funciones aclaró que Panamá no es propiamente un paraíso fiscal, sino un país con otra concepción del fisco. Pero estamos en España, en 2016... y nada debería sorprendernos.

lunes, 11 de abril de 2016

Todo (y más) por la pasta 20160411

La pastita, el dinero, el parné, la guita, la plata... llámenlo como quieran, pero ahí está: moviendo el mundo. Quevedo fliparía hoy si viese hasta dónde ha llegado el poder de lo colorao. ¿Principios? ¿Valores? ¿Virtud? ¿Ideología? ¡Ja! Ahora mismo, hasta los profetas de la utopía se buscan la vida. Es que, si no... Muchos han sufrido al saber que el brasileño Lula podría estar pringado en Petrobras o en cualquier otra martingala. ¡Si era el Mandela de Latinoamérica! Claro, pero es que también en Sudáfrica el entorno del propio Madiba anduvo metido en asuntos más bien sucios.

Asomémonos al drama de los refugiados. Les pasa lo que les pasa por que son pobres. Si dispusieran de suficientes caudales todo sería distinto, claro. Un jeque que llega a Marbella en jet privado es Dios; un emigrante que cruza el Mediterráneo huyendo de la guerra o del hambre es un moro de mierda. Por eso a la monarquía saudí, mentora desde hace siglos del wahabismo o lectura radical (y violenta) del Corán, se le dió y se le da trato de amigo. Los americanos le venden armas a mogollón; los españoles estamos construyendo el AVE a La Meca. El rey (¿emérito?) Juan Carlos fue nuestro mejor embajador económico ante reyes, príncipes y emires.

Desde que las actuales obras en el Canal le fueron adjudicadas a un grupo encabezado por constructoras españolas, Panamá dejó de ser considerado paraíso fiscal. Aunque sus autoridades se venían negando a facilitar datos a nuestros jueces (por ejemplo, en relación con el famoso ático del expresidente de Madrid, Ignacio González). Pero, claro, no era cuestión de ponerse bordes con un país tan... hermano. Además, los mejores asesores fiscales españoles ya estaban poniendo a sus mejores clientes en manos de despachos como el de Mossack-Fonseca, y tratándose de personas tan... mejores sobraba toda sospecha.

En fin, la Unión Europea tiene por presidente a un exprimer ministro de Luxemburgo, que es un paraíso fiscal como una casa. Pero así son las cosas. Sobre las grandes instituciones del mundo global debería campar el lema Todo por la pasta. 

miércoles, 6 de abril de 2016

No es lo mismo Islandia que Argentina 20160406

La corrupción política y empresarial y su primo hermano, el crimen organizado, son hoy fenómenos globales, que por ello deberían ser combatidos desde algún tipo de gobernanza mundial. Pero hoy no voy a eso (ya pueden tranquilizarse los nacionalistas), sino a la curiosa circunstancia de que, siendo este un problema de todos, no en todos los lugares se sufre con idéntica intensidad. Ayer, por ejemplo, el primer ministro de Islandia, Sigmundur Gunnlaugssonn, dimitió sin poder remediarlo tras aparecer su nombre en los infamantes papeles de Panamá.. Al principio, el menda pretendió aferrarse al cargo. Pero el revuelo en su país fue tan intenso que no pudo resistirlo. En cambio, en Argentina, Mauricio Macri, pillado en el mismo pecado, se quedó más ancho que largo y más callado que una caja fuerte. De lo cual se deduce que media mucha distancia entre Escandinavia y América del Sur. En cuanto a los oligarcas rusos y chinos (postcomunistas, pseudocomunistas y en general mafiosos) ni se han inmutado. P'a qué.

En España, nuestro comisario europeo Arias Cañete se ha quitado el muerto de encima como quien se quita una escamita de caspa de la hombrera del traje. A él, plim. El futbolista Messi ha puesto cara de bobo. Los Almodóvar han suspendido la presentación de su última película, mientras Agustín se excusa y a la vez exculpa a su hermano Pedro. La Casa Real no se ha dado por enterada y no ha dado lugar a ningún tipo de solidaridad fraterna, fuese de Juan Carlos hacia Pilar Borbón, o viceversa.

Nuestro ministro de Justicia ha precisado que montar sociedades en el extranjero no es delito. Y algunos portavoces del oficialismo condenan abiertamente esas filtraciones que dan lugar a las correspondientes penas de telediario. Bueno... salvo que dichas filtraciones procedan del propio Ministerio del Interior y tengan por objeto acusar a Podemos de financiación ilegal. Es lo suyo: Venezuela tiene un gobierno impresentable, Maduro ejerce cual caricatura de Chávez (que ya es decir) y ahí los telediarios de TVE deben ser implacables. Tampoco es lo mismo Panamá que Caracas. 

martes, 5 de abril de 2016

Si eres un mindundi, Panamá no es para ti 20160405

La atribulada ciudadanía ha de enfrentarse simultáneamente a noticias que celebran la recuperación del empleo gracias a la contratación de camareros en Semana Santa, y a otras que relacionan la constitución de sociedades opacas en Panamá con los negocios off shore de gente importante. Por supuesto, nadie conoce a ningún camarero ni a a cualquier otro currante que esconda sus ingresos bajo figura societaria alguna; mucho menos de esas que se inscriben en los paraísos fiscales a fin de manejar a través de ellas la caja B. Y es que los ricos viven definitivamente en otro mundo, del que los mindundis estamos tan lejos como de Marte. Quede claro que, al decir ricos, no me refiero a quienes ganan sesenta mil euros brutos anuales o algo más. Hablo de la auténtica casta oligárquica: piratas financieros, grandes industriales, narcotraficantes y otros gestores de actividades ilegales, superdirectivos, triunfadores del emprendimiento tecnológico, profesionales cuya habilidad les pone por encima de los precios de mercado, especuladores a escala macro, dictadores y burócratas de la política global, estrellas del entretenimiento... O sea, los que apalean millones. 

A las personas conocidas que aparecen en los llamados Papeles de Panamá no les incumben las normas que nos obligan a los demás. De ahí el escepticismo que provocan los programas políticos (el de Podemos e Izquierda Unida, o incluso el del PSOE) cuando proponen una reforma fiscal que obligue a pagar más a quienes más tienen. Porque, vamos a ver, ¿cómo localizas la pasta de esos privilegiados si está... off shore, escondida y manejada con absoluta discreción por expertos en el mangoneo a grandísima escala?

Solo algunas veces, como ahora, algún benefactor de la humanidad, levanta por un momento el velo que oculta el inaudito universo de la impunidad multimillonaria. Entonces, arrebatados por el cabreo, tal vez nos tengamos a nosotros mismos por idiotas. Pero mejor haríamos llenándonos de orgullo por nuestra condición de ciudadanos y determinándonos a impedir, voto en mano, que esa gentuza nos time y se ría de nosotros.