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sábado, 7 de noviembre de 2015

Cuántas tonterías hay que oír... y leer 20151107

No esperen jamás que me pare ni un minuto a comentar las torpes provocaciones de pirados como Willy Toledo o los deslices de los supuestos expertos en asuntos de la Casa Real que asignan a Cataluña las barras de la Corona de Aragón. Las teles primero y ahora las redes sociales producen a tal cantidad de exabruptos, tontadas, barbaridades y memeces (ahora sobre el general Rodríguez), que entrar al detalle de cada salida de tono resulta trabajoso e inútil. Sin embargo a muchos les pone este guirigay, porque les permite participar con sus propias paridas. El cachondeo se torna democrático y participativo. Pero yo paso. Hay cosas más importantes.

El problema radica en que la actualidad se está llenando de asuntos y reclamos capaces de alucinar a la gente, convertirse en trending topic y dejar huella en el breve instante de su notoriedad. Nos estamos yendo de cabeza. He leído, por ejemplo, en tuits, blogs y cuelgues en el Facebook, pero también en algún medio que va de serio, que aquí, en la bendita tierra Noble, los niños (se supone que todos) tendrán que estudiar el aragonés al ser dicha lengua vehicular. Estúpida (y malintencionada) mentira. En realidad se trata de un proyecto de trabajo en el que participa la Universidad de Zaragoza y que llevará el aprendizaje del viejo idioma (normalizado a partir de sus variedades originales) allí donde se habla y lo soliciten las comunidades afectadas. Vamos, que la cosa va a ser minoritaria, voluntaria y adecuada, como pasa desde hace decenios con el catalán.

Pero las barbaridades y los recochineos se expanden con rapidez y alegría. La opinión pública se configura así en una atmósfera tóxica. La gente sensata se vuelve majara porque, además, incluso las noticias trascendentes llegan en versiones cada vez más confusas. Sin ir más lejos, a ver quién es capaz (entre EPA y datos de Trabajo) de saber si el paro sube, baja o se va de vacaciones en verano... Por lo cual algunos prefieren plantearse otras cuestiones: el último enfurruñamiento de Cristiano Ronaldo, la patada de Rossi, el chinito de Gran Hermano. Es el imperio de la tontería. 

domingo, 19 de mayo de 2013

Aragón en el corazón... y en la cabeza 20130519

Algunos lectores consideran que ni soy aragonesista ni parezco capaz de ponerme en el lugar de quienes profesan dicha ideología, fe o sentimiento. Tal vez tengan razón. Pero he de asegurarles que siempre he querido ser un aragonés cabal, que amo a mi tierra, que por mis venas circula pura sangre tierranoblense (de íberos, de celtas, de romanos, de moriscos, de hebreos, de bearneses) y que entiendo y defiendo las reivindicaciones (razonables) de mi gente.

El problema es que soy incapaz de definir el aragonesismo. No lo veo claro ni cuando lo explica Alfredo Boné en artículos tan curiosos como el publicado hace justo una semana en estas páginas, ni siquiera cuando lo desarrolla CHA en su documento +Ara. Percibo que el aragonesismo parece, en el peor de los casos, una coartada para caciquear a escala local... o, en el mejor, una forma de definir un transporte emocional proyectado políticamente sobre la aspiración de ser una autonomía de primera o de arrancarle a la Administración central un pacto fiscal que haga justicia a nuestra condición de buenos contribuyentes. Hay más aspectos positivos, por supuesto. Pero no he encontrado en ellos nada que no encaje como un guante en una organización federal del Estado español y la Unión Europea. No hay impulsos soberanistas, ni mucho menos independentistas. No existe (o no lo hemos sabido inventar) un hilo conductor histórico que dé cuerpo a nuestra naturaleza diferenciada. No hay héroes ni himnos. No hay mitos ajenos a los de uso común en España: Sertorio (que era romano), los reyes batalladores y conquistadores (muchos de ellos catalanes o castellanos), el Compromiso de Caspe, la decapitación de Lanuza, los sitios de Zaragoza... Y luego, ya saben, la jota, los tambores, nuestras fiestas mayores y todo lo demás. Con eso y con una lengua muy minoritaria no se arma una conciencia nacional.

Para quienes no somos (o no queremos ser) nacionalistas (ni españolistas ni periféricos), Aragón es una patria muy aceptable. Tenemos una bonita bandera compartida con otros territorios, un absurdo himno que oímos con indiferencia (como se deben oír los himnos), una notable tendencia a ser ciudadanos del mundo y una vocación española, mediterránea y europea. Lo que no tenemos a fecha de hoy es una estrategia que indique hacia dónde vamos. Ignoramos cuáles son nuestras ventajas de partida. No valoramos lo nuestro. Nos dejamos embobar por el primero que llega a proponernos cualquier desatino. No sabemos qué queremos.

domingo, 12 de mayo de 2013

El conflicto lingüístico como síntoma 20130512

La normativa sobre lenguas que han parido PP y PAR no es un hecho anecdótico. Se equivocan quienes consideran baladí este asunto y argumentan que ahora tenemos cosas más importantes de las que ocuparnos. En realidad, la Ley aprobada esta semana en las Cortes de Aragón es, en su ridícula terminología y en su absurdo contenido, un síntoma de las limitaciones que atenazan a quienes gobiernan hoy Aragón. Si son capaces de exacerbar porque sí un conflicto que hasta ahora no había existido, ¿qué no harán cuando se trate de resolver cuestiones mucho más árduas? A la vista de esa estupidez del lapao y el lapapyp, uno puede explicarse los desbarres sanitarios de Oliván, las alucinaciones educativas de Serrat o las meteduras de pata de Fernández Alarcón, por poner tres casos explosivos.

Ya sé que la clave del pitorreo lingüístico perpetrado por la derecha aragonesa está en el lapao. Los conservadores tierranoblenses siempre han atizado sentimientos anticatalanes. Es más, han intentado definir a Aragón no por lo que es sino por lo que le opone a Cataluña. En sus inicios el PAR intentó modificar la bandera aragonesa metiéndole la cruz de San Jorge, sólo para que no se pareciera a la senyera de nuestros vecinos. Esa capacidad para joder lo propio con tal de fastidiar al de al lado es característica de la Tierra Noble (quiero decir, de su lado más cazurro) y nos ha traído pésimas consecuencias. Pero ahí sigue... Como seguirá seguir hablándose el catalán en las comarcas orientales. Es más, si lo que pretendían PP y PAR era expulsar algún demonio, van a conseguir el efecto contrario. En la Generalitat se frotan las manos.

Las variantes de la fabla, mucho más frágiles que el catalán, pagarán el pato. ¿Por qué? Nadie pretendía que los castellanoparlantes aprendiésemos las otras lenguas ni cosa parecida. Existía ya una tradición de respeto a los idiomas minoritarios. ¡Ah!, pero la derecha baturra quería desahogarse y disfrutar de su momento de gloria.

En el ADN del conservadurismo español (y por tanto del aragonés, que es una de sus variantes más brutas) está el deseo de meterse en la vida de las personas. Es una particularidad genética antigua introducida por la Iglesia. Ahora, muchos reaccionarios se autodenominan liberales. Dudo que Adam Smith les reconociera como tales, pero estoy seguro de que ningún clásico del liberalismo admitiría en su bando a unas gentes empeñadas en controlar con quién dormimos, con quién nos casamos, cómo nacemos, cómo morimos y qué lengua hablamos. No, la Ley de Uso Protección y Promoción de las Lenguas y Modalidades Lingüísticas Propias no es sólo una majadería. Es una señal de alarma (¡otra!) que advierte de hacia dónde va Aragón.

JOSÉ LUIS Trasobares Gavín 12/05/2013

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viernes, 10 de mayo de 2013

Estos que hablan lapao en la intimidad... 20130510

La de ayer fue una de esas jornadas propias de la nueva Edad que comienza. Se aprobó la reforma de la ley de costas, que amnistía miles de construcciones ilegales y privatiza definitivamente el litoral. La enseñanza fue a la huelga, que tuvo en Aragón una gran repercusión, dijeran lo que dijeran las habitualmente intoxicadoras fuentes oficiales. El personal aún no se había repuesto de la desimputación de la Infanta Cristina, cuya presunta ignorancia de los tejemanejes de su marido ha dado un vuelco al caso, pues la hija del Rey ha pasado voluntariamente de presunta choriza a boba evidente. Y las Cortes de Aragón aprobaron con los votos de PP y PAR la denominada Ley de Uso, Protección y Promoción de las Lenguas y Modalidades Lingüísticas Propias (con eso está todo dicho). Bueno... por lo menos la última de estas noticias, aunque enfurecerá sin duda a las decenas de miles de aragoneses que se comunican en fabla o en catalán, tuvo su vertiente chusca, demencial y cerril. Eso de llamar lapao (lengua aragonesa propia del Aragón Oriental) al catalán y lapapyp (lengua aragonesa propia del Aragón Pirenaico y Prepirenaico) a la fabla ha provocado el descojone de España entera. ¡Ay, amigos, qué facilidad tiene la Tierra Noble para darse a entender!

La masiva huelga de profesores, estudiantes y padres pone de manifiesto el rechazo de la comunidad educativa a la ley Wert. La Ley de Costas dará el tiro de gracia a las ídem. Lo de la infanta no se sostiene de ninguna manera, pues no existe precedente de semejante injerencia en el trabajo de un juez instructor, ni de una actuación del fiscal tan al servicio de una imputada, ni de que de todo el empandullo haya sido zanjado a la velocidad de la luz... Pero la España de don Mariano es así de cachonda.

Y en plan cachondo ha resuelto la derecha tierranoblense el hecho de que Aragón sea trilingüe. El españolismo más rancio, el anticatalanismo más cazurro y el acientifismo más absoluto confluyen en esta lamentable Ley. Bonita forma de crear un problema donde no lo había. Qué raros son estos castellanísimos que hablan lapao en la intimidad.