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domingo, 18 de diciembre de 2016

Encima de todo, este Aragón es de lo más aburrido 20161218

Admiro la dedicación (no se si entusiasmada pero entregada y constante) de mis colegas responsables de la crónica política y la actualidad institucional. Hay que tener mucho temple para estar todo el día a vueltas con los barullos de los presupuestos autonómicos o municipales (de Zaragoza), o pendientes de las épicas aventuras de Lambán, las declaraciones (y consiguientes desmentidos) del concejal Cubero, las letanías de Echenique o las admoniciones del también munícipe Azcón. Todos ellos (y alguna/o más) trenzan y destrenzan un noticiario huérfano de novedades, previsible y tan reiterativo que uno no sabe si está leyendo el diario de hoy o el de hace dos meses. Es, de verdad, una pesadez. Cómo estaremos al respecto, que hasta los autobuseros de la capital pasan ya de su comité y del eterno Anadón, de forma que ni acuden a las asambleas. También ellos se han aburrido.

Hubiera sido bonito acabar 2016 cerrando alguno de esos asuntos a los cuales llevamos dando vueltas lustros y decenios. Aunque sólo fuese el retorno de las obras de arte sacro retenidas por el obispado ilerdense y la malvada Generalitat catalana. Pero eso, que casi lo teníamos en la mano por ser cosa juzgada y sentenciada, tampoco va a poder ser. Claro, los mas vehementes exigen que vaya la Policía o mejor la Guardia Civil y se traigan retablos y murales, tanto si quieren los vecinos como si no... Pero el traslado, ¡ay!, es una operación muy delicada que tampoco puede hacerse así, por las bravas. Por lo cual en el 17 seguiremos con la matraca.

Cuando hubo pasta en la caja, los jefes nos obsequiaron con alguna invención de las que llaman espectaculares, pero aquello llegó, pasó y nos dejó apenas el recuerdo de un espejismo... y deudas a mogollón. Así que ahora hemos vuelto a girar en el tiovivo de la rutina, conscientes de que Aragón bastante tendrá con mantener en funcionamiento sus servicios básicos (que han de encarecerse ejercicio tras ejercicio), hacer alguna cosita menor y ver la manera de mantener en marcha el dichoso Gran Premio de Motociclismo, que para eso está el Fondo Especial de Teruel.

Siempre nos quedará la Opel, es cierto. La última decisión de la multinacional, que ampliará las instalaciones de Figueruelas y su producción, ha venido a consolarnos de todo lo demás. Celebrado en los ámbitos políticos y sociales, tal acontecimiento es sin duda la mejor noticia posible en el cierre de año. Porque ese complejo industrial es nuestro principal sustento, la alegría de nuestros datos macroeconómicos y la esperanza a medio plazo de mantener con vida eso que dimos en llamar «El Corredor del Ebro».

En fin, el otro día las patronales aragonesas presentaron su análisis de situación. La culpa de todo la tienen los impuestos y las trabas burocráticas, vinieron a decir. Y uno de sus portavoces clamó contra la persecución que padecen las contratas municipales desde que gobierna ZeC. Claro que el susodicho, exconcejal del PP, se dedica hoy, precisamente, a contratar con -instituciones públicas y venderles productos informáticos (alguno de ellos muy discutido por sus sufridos usuarios). Así que...


 

lunes, 21 de noviembre de 2016

Y ahora... ¿qué hace la jueza? 20161121

Nada, que los catalanes (las autoridades catalanas, quiero decir) no sueltan las pinturas de Sijena ni a la de tres. Estos, cuando les interesa, pasan de todo. A ver cómo se las arregla la señora jueza para conseguir que se cumpla su orden. Porque las cosas están muy jodidas. Y si el Gobierno central y el Tribunal Constitucional andan midiendo (y más que deberían medir) el riesgo de que el desafío independentista por parte de la Generalitat y los partidos soberanistas no derive en mayores actos de fuerza, tendría guasa que un conflicto menor (comparativamente, se entiende) desembocase en alguna escaramuza en el Museo Nacional de Arte de Cataluña.

Servidor mantiene desde hace tiempo una teoría o más bien una propuesta para lograr, si preciso fuera, la recuperación física de las pinturas y cualesquiera otras obras de arte. Puesto que tales tesoros son de naturaleza eclesial y fue la Iglesia y sus ministras/os quienes trajeron y llevaron (o lo autorizaron) frescos, retablos, casullas y copones, que sea la más alta autoridad católica quien ponga orden en la causa y revierta el expolio. No hace falta que Guardia Civil ni Policía Nacional entren en impensable pugna con los Mossos o la Guardia Urbana de Barcelona. No. Que venga la Guardia Suiza desde el Vaticano, se haga cargo de las obras en litigio y las traiga aquí con la bendición de Su Santidad y el Nuncio. A ver si tienen cuajo el conseller y los del MNAC para ponerse tontos con una fuerza de seguridad que recibe órdenes del propio Papa. Ni la CUP se cantearía.

Me temo, sin embargo, que la Guardia Suiza seguirá paseando sus morriones y alabardas por las dependencias vaticanas sin inmutarse. La Generalitat seguirá en sus trece, con ese tesón y ese feroz egoísmo que caracteriza al nacionalismo militante, y en Aragón rabiaremos y le daremos vueltas al asunto una y mil veces, como si fuese vital para nuestro futuro (que no lo es). Ya saben: las pinturas de Sijena, los pantanos, el Canfranc, la TCP, la despoblación, el carbón... Y así por los siglos de los siglos. Amén.

JLT  21/11/2016

lunes, 12 de septiembre de 2016

Historiadores que barren para 'su' casa 20160912

He leído sendos artículos sobre el incendio del monasterio de Sijena, firmados, respectivamente, por un historiador catalán y otro aragonés. El primero pretendía que quienes prendieron fuego al monumento fueron los vecinos de la zona, no los llegados desde Cataluña. El segundo intentaba demostrar lo contrario: la Generalitat catalana, la de Companys, habría sido la responsable definitiva de la absurda y terrible quemazón. Los dos tergiversan los hechos, a sabiendas o en el ejercicio de una obcecada visión de parte. Lo cual no es raro en estos tiempos, donde intelectuales de cualquier nivel abrazan con fenomenal entusiasmo la causa de quien les proporciona cargos, estatus y dinero. Incluso dándose la vuelta como un calcetín. Pío Moa no es el único que algún día cantó La Internacional pero hoy practica el revisionismo histórico más deplorable. ¡Ay, madre!

A Sijena la arrasaron los de la columna que llegó encabezada por Durruti y otros famosos líderes anarquistas (de la CNT-FAI). Lo hicieron, según ciertos testimonios, con la participación y el regocijo de algunos lugareños. El convento venía siendo visto por las gentes de la comarca como una especie de enorme parásito, expresión de la naturaleza depredadora y antipopular de la Iglesia Católica. La Generalitat no tuvo nada que ver. Carecía de autoridad y control alguno sobre las milicias revolucionarias, dueñas de Barcelona y otras ciudades catalanas desde la victoria de julio sobre los militares sublevados. Esto es sabido y requetesabido. Pero tampoco merece la pena discutir más sobre ello, porque esos bienes del monasterio objeto hoy de litigio no son los que fueron destruidos o saqueados, sino los vendidos por las monjas mucho después de acabada la Guerra Civil. Esto lo sabe cualquiera.

Como todo lo demás: la inexistencia tanto de un Imperio Aragonés como de una Confederación Catalano-aragonesa, o la evidencia de que Fernando El Católico ni unificó ni quiso unificar España (el pobre murió mientras intentaba hacerle a Germana de Foix un hijo que heredase la Corona de Aragón). A qué tanto barrer para casa.


JLT  12/09/2016

viernes, 15 de julio de 2016

Cataluña me desquicia... y España también 20160715

Cada vez veo a los catalanes (y en particular a los soberanistas) más celtibéricos, más españoles, más de la piel de toro (toro de Picasso, toro de La Vega, toro de Osborne, torico de Teruel). Por supuesto, en esto de los bienes que la Santa Madre y sus fervorosas siervas se llevaron p'allá y ahora hay que traer p'acá lo están bordando. Resulta que los mismos patriotas capaces de reclamar y lograr los papeles de Salamanca se empeñan en no ceder unos retablos y otras maravillas que obviamente provienen de Aragón y aquí deberían volver, aunque sólo fuese para acabar con este conflicto primero molesto, luego irritante y ahora hiriente. El Parlament y el patronato del Museo Nacional de Arte de Cataluña se han puesto bordes y respondones, pese a las sentencias y los exhortos. Lo más genial del caso es que en esta última entidad está presente el Ministerio de Cultura español (o sea, español de España), ¡que tampoco echó una mano! Ahí, ya ven, se ha cumplido de nuevo el principio de que a la Tierra Noble se las dan, con perdón, por delante y por detrás.

Esta incapacidad para entender las razones del otro y tratarle como quisiéramos ser tratados es cosa de nacionalistas y de cualquier hispano (centralista o periférico) que tenga alguna manera concreta de pensar. Cierto: si las obras de arte religioso aragonés que están en Lérida y Barcelona fuesen catalanas y anduvieran en museos de Zaragoza y Huesca, nuestros vecinos estarían poniendo el grito en el cielo y su victimismo alcanzaría récords (en un país de países donde todos suelen hacerse la víctima, empezando por los verdugos).

Pero si un ministro del Interior socialista o, peor aún, podemista hubiera sido grabado mientras conspiraba para utilizar los recursos públicos en una sucia maniobra política... ¿No estaría la derecha oficiando funerales por el Estado de Derecho y exigiendo dimisiones y castigos ejemplares. Natural. Y así todo. En plan transversal: animalistas contra taurinos; los EREs frente a la Gürtel (y el resto del putiferio); las izquierdas vs las derechas; los del PSOE y los de Podemos... Leyes del embudo a tutiplén. Qué murga. 

domingo, 27 de septiembre de 2015

Los 'bienes' como tapadera 20150927

A los cien días, Santisteve, mudó su desconcierto inicial ante las críticas por un oportuno giro destinado a reubicar a Zaragoza en Común sobre la ruta. Tortuosa ruta, sin duda, porque no es fácil gestionar los asuntos públicos cuando falta el dinero, se está en minoría y es preciso dejar contento a todo el mundo. Claro que cien días no son un plazo determinante. Ni para el alcalde ni para Javier Lambán, que pronto los cumplirá también en el puente de mando del Pignatelli. Y resulta curioso que, mientras aquél ha ido enmarañándose en polémicos asuntos menores antes de tropezar con el IBI (donde ha tenido que rectificar), éste parece haber optado por taparse tras un asunto que aporta más emoción que sustancia, pero suscita consensos y tiene además la ventaja de desviar las miradas hacia Cataluña. Hablo, sí, de los bienes eclesiásticos: imágenes y retablos procedentes de parroquias aragonesas asignadas durante mucho tiempo a la diócesis de Lérida, y que no fueron devueltos cuando dichas parroquias pasaron, por orden del Vaticano, a depender del obispo de Barbastro-Monzón. Este contencioso, que concierne básicamente a la Iglesia Católica, le sirve hoy al presidente de Aragón para echar balones fuera.

Lambán y su consejero de Hacienda (el mismo que administró antes el depauperizado Ayuntamiento de Zaragoza) prometen a quien les visita que su Gobierno cumplirá con todos, repondrá lo recortado por Rudi y satisfará a sus acreedores (no solo los bancos, sino proveedores, entidades concertadas, colectivos necesitados, etcétera). Pero las semanas y los meses transcurren sin que nadie vea un céntimo. Fernando Gimeno jura que lo tiene todo controlado. Se aplica, dice, a esconder las deudas, sacarle dinero a Montoro, aplazar los vencimientos... Mientras, su jefe organiza cumbres, prepara peticiones, pide audiencias y hace bandera... de los bienes.

Se supone que lo importante sería recuperar los servicios públicos e ir diseñando los presupuestos del 2016, que forzosamente han de ajustarse a un patrón diferente al de los actuales (y de los aprobados en el último lustro). Deberíamos tener la certeza de que el Gobierno aragonés elabora planes para acabar sin contemplaciones con los agujeros negros que engullen cada año decenas y aun cientos de millones (sociedades públicas en perpetuo déficit, subvenciones injustificadas, organismos inservibles, gastos absurdos). Sin embargo el gran tema de los cien días ha sido el de un conflicto muy menor que lleva no sé cuantos años ocupándonos sin provecho alguno.

En Aragón, como en el resto de España (Cataluña incluída), es demasiado fácil distraer al público con juegos de manos. Pero cuando el prestidigitador acude siempre al mismo truco...

sábado, 12 de septiembre de 2015

Sobre 'los bienes'y el recrecimiento de Yesa 20150912

Coincido con Echenique en que la devolución de los ya famosos bienes eclesiásticos aragoneses retenidos en el Museo Diocesano de Lérida, aunque justa y necesaria, no es un asunto fundamental. Ya sé que no está de moda decir tal cosa a la vuelta de la Diada, cuando la imagen de los independentistas catalanes llenando las calles de Barcelona, ha sacado de quicio a los españolistas centrípetos. Pero, siendo este un contencioso que atañe sobre todo a la Santa Madre, dueña y señora de tallas y retablos, tampoco debería obsesionarnos. Es más, doy por hecho que si no estuvieran las cosas como están, con una desgarradora tensión entre nacionalismos de acá y de allá, las esculturas y pinturas hoy en disputa les importarían un huevo a quienes ahora las reclaman como si fuesen el tesoro del Gran Mogol. Supongo que a tales ciudadanos ya no les basta con que el bueno de Lambán pida audiencia al Papa o se aborrasque con el desbocado Mas. Querrían una reacción mucho más enérgica, más encabronada, más... bélica.

Mientras tanto, los mismos conservadores aragoneses han descubierto que el nuevo Gobierno navarro ha pedido que se pare el recrecimiento de Yesa. Y como ese Ejecutivo despide un inequívoco aroma abertzale, tal solicitud se quiere convertir en otro desafío a nuestra mitología regional. Porque lo de Yesa es reivindicación de los regantes, reclamo político, banderín de enganche electoral y un pedazo de lugar común que el propio Lambán maneja desde hace lustros. Sin embargo, esa obra se ha convertido en una pesadilla, mientras engulle los millones de cien en cien. Las laderas donde se asentaría la nueva presa ceden y ceden, ha sido preciso desalojar y expropiar dos zonas urbanizadas (estos días ha salido a concurso la vigilancia de tales viviendas, que supondrá un bonito pico anual) y nadie sabe cómo acabará esta locura. Así que los navarros han hecho bien en pedir, por la parte que les toca, que se ponga punto final a semejante delirio hidrológico. Deberíamos sumarnos a la propuesta, no rebotarnos con ella.

Aquí me despido. Agoté el espacio... Y no quiero provocar más sofocos. 




domingo, 27 de octubre de 2013

¡Y luego que nos quejamos de los políticos! 20131027

Tengan por seguro que soy un demócrata convencido, que asume la política como medio para resolver los asuntos públicos y que valora el trabajo de quienes se dedican momentánea o profesionalmente a dicha actividad. Me indigno cuando veo a los fascistas arremeter frontalmente contra los partidos y los sindicatos, a los ultraliberales cuando se aplican a dinamitar el Estado y a las sectas de la radicalidad izquierdista cuando hacen coro a la derecha antisistema copiando su argumentario antipolítico. Pero, claro, estamos donde estamos y aquí nos ha caído encima (por algo será) la espesa maldición de estar gobernados y representados por personas que con demasiada frecuencia han carecido de escrúpulos y de ideología, han mentido con descaro y cuya eficiencia profesional ha sido escasa por no decir nula. Ése es el problema: tenemos unos políticos francamente mejorables en un país donde gran parte del liderazgo (empresarial, social... o deportivo) necesitaría mejorar también, y no poco. 

¿A ustedes les parece normal que el mismo día en que la educación aragonesa se levantaba en una huelga masiva, la consejera del ramo, la increíble Serrat, volviese a la carga en las Cortes con el tema de los bienes eclesiásticos? ¿Y que después de haber sido toreada por los obispos tierranoblenses, vuelva a la carga sugiriendo una expropiación de los susodichos bienes que es imposible? Queda claro que esta señora quiere seguir tirando de santos y retablos, porque entretener a la gente con este temita es mucho más agradable que verla ponerse en pie contra la destrucción de la enseñanza pública. Fenomenal pitorreo.

Qué decir de Oliván, el psicodélico consejero de Sanidad y Bienestar (¿?) Social. De su boca salió la última perla: "Yo convierto los muertos en euros y los euros en dependientes". Se quedó a gusto, el espabilado. ¿Quería decir que ha de esperar a que se mueran quienes reciben ayudas para trasladar éstas a otras pobres personas que la han solicitado? Pero, ¡ay!, la gente aguanta mucho, se muere tarde... y la atención a la dependencia es insostenible. De momento Aragón está a la cola de las comunidades españolas en ese tipo de asistencia social. Qué exitazo.

Y el exalcalde de Mallén jurando que todo lo hizo por el bien de su pueblo (y el fiscal, impresionado, redujo sustancialmente su petición de pena). Y el Partido Comunista controlando sin contemplaciones la organización de IU en Zaragoza. Y la unidad de la izquierda, cada vez más lejos. Y Aragón sin programa ni estrategia. Y el PP y el PAR negociando los presupuestos a golpe de partida mía, partida tuya. Y el PSOE, en el Limbo... Podrían esforzarse un poco y apañar una miaja la cosa. Porque así, la verdad, es muy difícil sacarles la cara a los políticos. Ni aun queriendo. 

domingo, 20 de octubre de 2013

Aragón se queda sin imaginario... y en la cuerda floja 20131020

Cuando los obispos de Huesca y Barbastro-Monzón puntualizaron al Gobierno de Aragón que los bienes de las parroquias de la Franja son de la Iglesia y no van a ser cedidos de ninguna manera al poder civil, uno de los lugares comunes más traídos y llevados últimamente en la Tierra Noble se vino abajo. No es que sus ilustrísimas planteasen nada nuevo, sino que su tajante posición evidenció que el traslado a la vida política de un asunto generado, incubado y eclosionado en el seno de la jerarquía católica siempre fue una ilusión argumental. De la derecha, por supuesto. Pero cuando, de forma casi simultánea, el diputado de CHA-Izquierda Plural, Chesús Yuste, se quedó prácticamente solo al reclamar en el Congreso que los arcos de La Aljafería, llevados tiempo ha al Arqueológico Nacional, vuelvan al lugar de donde salieron, aún estuvo más claro que aquí el patrimonio artístico nos importa un huevo... salvo que permita agitar algún contencioso con Cataluña. Con Madrid no hay problema.

Ésta es una tierra donde se multiplican las solicitudes de licencia para usar la técnica del fracking y los mismos que empiezan a ponerle buena cara a tal negocio y descartan que sea peligroso o lesivo declinaron construir un hospital en Teruel por miedo a los terremotos. Aquí se ha desarrollado una política industrial (mediante avales, subvenciones y sociedades públicas) que se cae a pedazos porque se llevó a cabo sin criterios ni seriedad, persiguiendo a menudo quimeras imposibles o confiando en auténticos sinvergüenzas. Nos revienta Plaza por las costuras de la presunta corrupción (cuadro de Goya incluido), y ninguno de los políticos y los partidos o entidades que tuvieron parte en el asunto se creen obligados a dar explicación alguna. Lo cual plantea un interrogante crucial: ¿qué pasaría si pasásemos por el cedazo a las demás sociedades públicas y examinásemos sus cuentas y la naturaleza de su descomunal agujero financiero?, y en todo caso... ¿por qué no se lleva a cabo tal examen?

Los fondos de Teruel, enterrados en proyectos faraónicos. Las comunicaciones transpirenaicas, cuya milonga suena y suena desde tiempos inmemoriables. El poder de las infraestructuras que, como es lógico, son un medio y no un fin en sí mismas, como creemos... Todo el imaginario está saltando por los aires. Podemos aferrarnos a él como naúfragos a la tabla. Pero no sirve de nada. O creamos otro catálogo de objetivos y sueños, o estamos sin futuro.

Sobre todo si seguimos administrados por quienes no parecen tener otro objetivo que destruir nuestros servicios públicos, dejarnos en una posición más subordinada que nunca y seguir metiéndonos por ojos y oídos unos argumentos tan patéticos como inverosímiles. 

jueves, 17 de octubre de 2013

Bienes... de los obispos 20131017

Durante años, el contencioso por los bienes de la Franja nos ha llevado de cráneo, nos ha hecho perder tiempo y dinero... y a cambio ha llenado de felicidad a quienes gozan con cada enfrentamiento entre Aragón y Cataluña. De hecho, creo que este último factor ha sido decisivo y ha motivado uno de los más fenomenales equívocos de nuestra historia reciente (por lo demás tan abundante en equívocos). Pero al fin los obispos de Huesca y Barbastro-Monzón han puesto las cosas en su sitio, y de paso le han pegado un buen tirón de orejas a la presidenta Rudi (¡ver para creer!). Ahora no caben más melonadas: los bienes son de la Iglesia Católica, solo de ella, y estarán donde la susodicha organización quiera que estén. Este no es un problema que afecte a presidentes, consejeros y diputados, sino a la gente de sotana. Y si hay un culpable de que esas imágenes, retablos y maravillas se hallen en Lérida y no en los museos aragoneses habrá que buscarlo en los episcopados oscense y barbastrense, sobre todo en este último. Pongamos el foco sobre Su Ilustrísima Alfonso Milián y dejémonos de tonterías. Él sabrá qué hace y qué no hace para poner las cosas en su sitio.

Naturalmente (como ya habían anticipado quienes conocen este tipo de casuísticas), la Santa Madre no quiere ni oír hablar de ceder al Gobierno de Aragón algún tipo de titularidad sobre los dichosos bienes. Para negarse a ello (pues sentaría un precedente peligrosísimo para la habitual avaricia clerical), los obispos aragoneses han aducido una espesa colección de hipócritas y egoístas consideraciones, muestra de hasta qué punto se aferran a los bienes materiales los presuntos representantes de Cristo. Llegan a recordarle a la pobre Luisa Fernanda que, en cualquier caso, no cabría cesión alguna "sin tasar y enajenar debidamente" los objetos en cuestión. La pasta es la pasta, hermanos.

La Iglesia llevó los bienes a Lérida. Que la Iglesia los traiga (si quiere), pues suyos y requetesagrados son. Aquí, los simples mortales bien haríamos en preocuparnos por cosas mucho más importantes y que, por terrenales, nos tocan mucho más cerca.