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martes, 6 de diciembre de 2016

Hará falta cintura... Otra vez 20161206

Voté sí a esta Constitución. Y lo volvería a hacer en idénticas circunstancias. Esa es la clave del debate que se ha instalado entre nosotros: determinar si las circunstancias siguen siendo las mismas... que no lo son.

Aquello nada tiene que ver con lo de ahora. Es cierto que actualmente los triunfantes paradigmas neoconservadores apuntan hacia el autoritarismo y el abandono de todo diálogo social. Pero en 1976-78 lo que estaba sobre la mesa era nada menos que poner fin a una dictadura sangrienta, fruto a su vez de una terrible y traumática guerra civil (esa que aún atormenta nuestra memoria). Recuperar la democracia sin chocar de frente con el aparato de Estado tardofranquista (desconcertado, pero mucho más fuerte que la población potencialmente movilizable) exigió cintura. A ver, si no.

La correlación de fuerzas ha mutado. Ese aparato de Estado no manifiesta su voluntad de oponerse a las aspiraciones populares que se demuestren mayoritarias. Pero hoy los poderes económicos (y en particular financieros) han puesto en jaque a las instituciones democráticas. Por otra parte, los españoles nos dejamos llevar demasiado a partir del 78. La evolución posterior no mantuvo el necesario pulso transformador. La Constitución no ajustó sus piezas apenas hilavanadas, sus cabos sueltos y sus limitaciones. Se anquilosó. Está lejos de ser la mierda que dicen algunos (sin entender que los derechos en ella consagrados están en peligro). Aunque tampoco soportará bien las actuales tensiones territoriales y sociales, el descrédito de las instituciones, la imposición de los fácticos, los trágalas de hace cuarenta años, el efecto de la globalización... En fin, que ponerla a punto parece necesario aunque difícil.

Bueno, sería más factible si aquí siguiera vigente algún tipo de pacto social, y si, en todo caso, la ciudadanía tuviese claro qué quiere y para qué. No es así. Además, la derecha (que en el 78 iba a contracorriente y se vio desbordada) quiere recuperar cosas que perdió entonces. Reformar de forma adecuada la Constitución exigirá cintura. Otra vez.

JLT  06/12/2016

martes, 2 de agosto de 2016

Qué personal tan bueno y conformadito 20160802

Nadie sabe definir la actual situación de Mariano Rajoy ¿Es candidato a la investidura? Sí o no, según se mire. Se le puede considerar un candidato presunto, implícito, provisional, probable, en diferido, hipotético, yateveré... Candidato interino le definió ayer un colega. Cualquier cosa. Pero ya se ve que esta peregrina circunstancia, por la cual un líder político acepta un encargo del Rey sin aceptarlo del todo, resulta perfectamente verosímil en este país, en el que previamente hemos permitido que se convoquen elecciones generales en vísperas de grandes paréntesis vacacionales, o donde el partido gobernante puede llegar a ser procesado por el delito de obstrucción a la justicia sin que su máximo dirigente se sienta obligado a dar explicación alguna.

Desde el jueves pasado, cuando Rajoy explicó en términos tan evanescentes y cachondos su reunión con el Jefe del Estado y su aceptación (o no) de ir a la investidura, personas muy sensatas se han devanado los sesos intentando ver qué clase de coyuntura es esta y cómo encaja o deja encajar en la Constitución. Juristas, politólogos y periodistas reflexionan sobre la exacta naturaleza de lo que nos toca vivir. Barajan interpretaciones y precedentes, en un ejercicio de responsabilidad cívica que daría risa si no diese pena. Hombre, por favor... ¡Pero si esto es mucho más simple! Elemental: Rajoy invoca la llamada Carta Magna o se la pasa por el arco del triunfo según le va conviniendo. ¿Por qué? Porque se lo permiten una sociedad desorientada por completo y unos creadores de opinión capaces de comulgar con ruedas de molino no sé si por interés, prudencia o despiste.

Con tanta bondad y tanta conformidad (de los españoles e incluso de aquellos que quieren dejar de serlo), aquí algunos hacen lo que les place. Por eso en Cataluña los independentistas se acogen a los mismos tribunales que desprecian, se inventan las reglas sobre la marcha y traspasan las fronteras del ridículo, seguros de que también en su particular escenario la gente traga lo que le echen, y más. Bueno... Siempre podremos ponernos bordes con Podemos, ¿no?

lunes, 7 de diciembre de 2015

Lo que los electores deberían saber 20151207

Aniversario de la Constitución. Ya nadie se niega a reformarla (aunque en el PP todavía haya candidatos despistados que defienden la inmaculada naturaleza de nuestra Carta Magna). Al mismo tiempo, quienes tenían señalado el 78 como una fecha nefasta en la reciente historia de España (por ejemplo, algunos dirigentes de Podemos) ahora admiten el carácter positivo de una Transición que sólo necesitaría actualizarse. ¿Qué lleva cada cuál en su cabeza? Eso es lo que convendría saber, para que el electorado disponga de los datos suficientes a la hora de calcular el voto. Lo más importante: con quién y cómo proyectan entenderse los partidos, sabiendo de antemano que no habrá mayorías absolutas ni por aproximación. Por eso la campaña se ha llenado de interrogantes, sospechas, maniobras y evasivas.

El caso es que, en este caso, el cálculo electoral ya no se puede hacer sobre una superficie plana, bidimensional. Ahora, la realidad política es cúbica y ha de ser visualizada e interpretada en tres dimensiones. Dando por sentado que el 20-D contemplará una alta movilización de los votantes, éstos van a necesitar más datos de los que habitualmente definen una candidatura. Las intenciones en lo relativo a pactos, arreglos o tácticas para el día después son un referente esencial. Y la ciudadanía tiene derecho a conocerlas. Eso, siempre que los propios partidos tengan establecido un trayecto táctico y estratégico. Y no anden como con la reforma de la Constitución, dando vueltas sin saber si entrar o salir.
Todo dependerá del resultado, por supuesto. Ese mapa de la correlación de fuerzas que emerja de las urnas es en sí mismo tan determinante, que opera ya como un supuesto (de ahí el interés que suscitan los sondeos, y su función orientadora) sobre el cual deciden su opción muchos ciudadanos (el 40%, según las encuestas). Se puede votar PP para evitar que el futuro Congreso sea inmanejable. O Ciudadanos, en el bien entendido de que dicho partido permitirá la investidura de un presidente del Gobierno conservador. O PSOE, dando por sentado que hará tándem con Ciudadanos. O Podemos, si luego ha de pactar con el PSOE. Pero cabe hacer lo mismo, depositar la misma papeleta, suponiendo todo lo contrario: que Ciudadanos no dé cuartel al PP, que el PSOE haga causa común con las izquierdas, que Podemos no quiera saber nada con La Casta... Y todavía caben cálculos más complejos, relacionados con la dinámica interna de los partidos: elegir PP para evitar la caída de Rajoy, PSOE para que la andaluza Díaz no devore a Sánchez, Unidad Popular para castigar a Podemos, Ciudadanos porque es la nueva derecha liberal e incorruptible... Obviamente, el resultado sólo se puede intuir o adivinar en los recovecos de unas encuestas que muchos suponen manipuladas (empezando por el primer candidato socialista, que se considera víctima de unas cocinas interesadas). Pero las simpatías o antipatías a la hora de elegir compañeros de viaje sí habrían de ser explicadas previamente al atribulado votante.

Sánchez ha sido, por ahora, el más explícito: echará cables a cualquiera que pueda sumar para evitar que el PP siga gobernando (que no es lo que propone su compañera Díaz, partidaria de respetar la prioridad "del que gane"). Rivera se apunta al desafío habitual (si no mando yo, me quedo en la oposición) pero cabe dar por descontado que permitiría gobernar al más votado... ¿o no, si caben otras combinaciones? Rajoy parece confiar en la vocación centroliberal de Ciudadanos (y en remontar las expectativas previas merced al voto oculto). Podemos presume de Gobierno en la sombra cuando las predicciones más optimistas lo dejan por debajo del 20%, incluyendo las franquicias catalana, valenciana y gallega. Todos desconfían de todos. Es la ley de la incertidumbre.

Hay más: el poliédrico escenario incluye cosas que pasaron y pasan en otros países de nuestro entorno. El asalto financiero a Grecia perpetrado por el Eurogrupo es un factor que cuenta. También el zig-zag en Portugal, donde la derecha ganadora no ha podido sostenerse frente a la izquierda mayoritaria. Y ayer mismo, Francia giraba definitivamente hacia el populismo ultraderechista. Todo cuenta. Votar no es ninguna simpleza.

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Leyes injustas, absurdas, cambiantes... 20150930

Hace ya unos días, Jesús Membrado, exsecretario general de UGT-Aragón y exdiputado socialista en el Congreso, publicó en este diario un artículo donde describía su conmoción al tropezarse con uno de los agentes de la BIPS franquista que le detuvieron cuarenta años atrás por participar en una reunión sindical no autorizada. Leyéndolo, supuse que el policía en cuestión sería El Yeyé, famoso secreta que nos vigilaba entonces, escudado tras unas gafas rayban de aviador. Este social pasó luego, como el resto de sus colegas, a las Brigadas de Información. Ahora es un jubilado en buena forma. Nunca hubo de responder por sus actividades pasadas.

Pero, si en algún momento le hubieran enjuiciado, habría alegado que él se limitó a cumplir y hacer cumplir las leyes vigentes. Y si las de la dictadura prohibían y castigaban con crueldad cualquier libertad fundamental, pues... Así se define, según Hannah Arendt, la banalidad del mal. Policías de la Brigada Político Social, jueces del Tribunal de Orden Público, torturadores, verdugos... sólo eran obedientes funcionarios.

La Constitución del 78 implantó un código normalizado de derechos. Desde entonces, hemos visto ir y venir leyes y reglas. Los precedentes consagrados por el Supremo han girado sobre sí mismos. En la actualidad se tramitan cambios en la regulación del Tribunal Constitucional que pondrán a dicha magistratura en condiciones de cesar a cargos elegidos democráticamente. La sagrada Constitución, tan intocable, fue reformada en setenta y dos horas por imperativo del ente llamado Mercados.

Las leyes cambian. Son interpretadas de manera aleatoria. Su aplicación puede producir absurdos. ¿Tiene sentido que un tribunal venga a darle oxígeno a Más elevándole a la categoría de mártir? ¿Es la ley... o una torpe maniobra política? ¿Quién tiene interés en echar leña al fuego? ¿Con qué intención se convoca al president en funciones para que declare... en el aniversario del fusilamiento (asesinato) de su predecesor Luis Companys?

Oigo hablar a Rajoy de la ley. Y no sé por qué me acuerdo de El Yeyé.

lunes, 8 de diciembre de 2014

Una Constitución demasiado inmaculada 20141208

Que la Constitución y el dogma católico de la Inmaculada Concepción se celebren sucesivamente en el mismo puente festivo siempre me ha parecido significativo. Porque, según la visión ortodoxa de la vida política española, nuestra Carta Magna incorpora por la gracia del más poderoso una inquebrantable virginidad que nadie puede quebrar. Bueno... cuando nos dieron un toque otros altísimos poderes (me refiero a la señora Merkel, el señor Obama y los superburócratas y banqueros que manejan el guiñol) sí que le dimos un puntacito a la Intocable (el artículo 135, ¿se acuerdan?). Pero ya se sabe que los dogmas sólo lo son mientras convienen a quienes los administran. La reforma exprés de la Constitución española (destinada en esencia a garantizar los intereses de nuestros acreedores) estuvo tan bendecida que sólo los descreídos podrían ponerla en cuestión. Además, ya se sabe que tanto el espíritu como la materia (o sea, el dinero) arrastran misterios indescifrables. Si las cuentas de Bankia resulta inescrutables, las del Vaticano están volviendo locos a los contables del papa Francisco.

¿Por qué no replantear la Constitución ahora que ya no pesan sobre nosotros (¿verdad?) las limitaciones y temores de hace treinta y seis años? ¿Por qué no despejar la dudas? Si los mandamases están tan seguros del apoyo popular a la monarquía, de la mayoritaria lealtad de los catalanes, de la necesidad de garantizar la calidad de nuestra democracia, etcétera... ¿por qué no abrir las puertas a la participación ciudadana para resolver así los conflictos y las diferencias?

Suizos o norteamericanos llevan a cabo numerosos referendos, a través de los cuales el electorado en pleno decide sobre la política migratoria, la legalización de la marihuana, la pena de muerte, la protección medioambiental y cualquier otro asunto transcendente. Aquí, el poder todavía intenta preservar sus particulares arcanos, mantener en penumbra las supuestas razones de estado e imponer dogmas a los cuales no cabe alternativa alguna. Y eso en una atmósfera... bien poco inmaculada. 

lunes, 9 de diciembre de 2013

Constitución de todos- ¿o de nadie? 20131209

Los aniversarios de la Constitución dan lugar a una enorme diarrea discursiva sobre la Carta Magna, su pasado, su presente y su futuro. La fiebre sube un poco más cada año, entre otras cosas porque estamos metidos en una crisis política tan aguda que los referentes (incluido el constitucional) se abren por las costuras. Esta vez, mientras los sondeos sugerían que en el futuro Parlamento puede haber tantos defensores de la integridad del texto actual como partidarios de modificarlo y/o ignorarlo, los jefes de la política jugaban al escondite, hasta el punto de que Rajoy llegó a sugerir que todo será posible con el debido consenso. O sea, ni sí ni no sino todo lo contrario.

A la Constitución le perdimos el poco o mucho respeto que pudiéramos tenerle el día en que PP y PSOE (esta vez de la manita, es verdad) le hicieron una reforma exprés para calmar a nuestros acreedores y garantizarles que cobrarán los abusivos intereses que cargan la deuda privada y pública aunque tengamos que quitarnos el pan de la boca. A partir de ese momento, sobraban todas las proclamas a favor del espíritu del 78. Tampoco cabía rasgarse las vestiduras cuando los nacionalistas periféricos rompieron la baraja para ir a lo suyo y encandilar a sus clientelas con alternativas patrioteras. El PSOE, como está en la oposición, podía ponerse federal y exquisito. Y en cuanto al PP- Bueno, el PP trata la Constitución con el obsesivo y terrible amor de un marido maltratador. Todos sus movimientos (desde poner a un conocido militante suyo al frente del Tribunal Constitucional hasta preparar una Ley de Orden Público contraria al espíritu antes citado) son manifiestamente subversivos. La derecha española, especialista en barrenar propuestas democráticas, campa ahora a sus anchas. Destroza con sus recortes el catálogo de derechos fundamentales, instrumentaliza el Estado (véanse las purgas en la Agencia Tributaria y la Brigada Anticorrupción de la Policía Nacional) y manipula los principios más elementales del Derecho público. ¿Quién apoya de verdad la actual Constitución del 78 que, según se dijo y se dice, es de todos? Creo que nadie. 

lunes, 25 de noviembre de 2013

Y el caso es que sí hacen falta reformas 20131125

El sector público español y todo el entramado institucional necesitan ser reformados, y el complejo sistema normativo que regula nuestras existencias, también. La gestión del conjunto de las administraciones tendría que ser más eficiente, más productiva, más transparente y por ello mismo más honrada y, si me apuran, más barata. El problema radica en que esa bandera la enarbolan hoy quienes no aspiran a mejorar el funcionamiento del Estado, sino a reducir a éste a su mínima expresión, cuando no a destruirlo. Por el contrario, los partidarios de lo público aparecen casi siempre replegados a una posición defensiva, inmovilista y muy poco creativa.

De la misma forma que cabe retocar la propia Constitución (que de todas formas es ya papel mojado) o la Ley Electoral, la organización de los servicios, el funcionamiento administrativo, la transparencia, el ejercicio de los derechos ciudadanos, la protección del medio ambiente y un largo etcétera necesitan una revisión a fondo. Insisto en que con ello no se trata de recortar, reducir, devaluar o eliminar, sino de mejorar y avanzar en la construcción de una democracia social digna de tal nombre. La educación es manifiestamente mejorable. La Universidad no puede seguir encerrada en sí misma, corroída por la endogamia y unas tradiciones cuasifeudales. La burocracia reclama a gritos una actualización que la simplifique y racionalice. La reforma fiscal es imprescindible. Como lo es eliminar la opacidad que reina en las administraciones. Cuando los soportes informáticos ofrecen la posibilidad de dar perfecta visibilidad a expedientes, contabilidades, contratos y todo lo demás, el escamoteo de tal información sólo ayuda a los corruptos.

Ya sé que no es esto, sino todo lo contrario, lo que quieren Rajoy, Wert y Montoro (o el tándem Rudi-Biel con su ocurrencia de permitir la desgravación de los seguros médicos privados). Pero los de la acera de enfrente ya tendrían que estar proponiendo alternativas destinadas a reforzar el Estado mediante la eficacia gestora y la ampliación de derechos. De ésta o se sale hacia arriba... o hacia abajo. 

jueves, 21 de noviembre de 2013

Rajoy y su peña celebran el aniversario 20131121

El presidente Rajoy está que se sale. Seguirá adelante con las (contra)reformas (¿no es lo que le reclaman la UE y la OCDE?) y empujará hacia atrás el curso de la Historia para devolvernos a los felices 60. En aquella maravillosa década, el pueblo español, tras sobrevivir a la infernal posguerra, solo quería salir a flote, conseguir alguno de los elementales bienes de consumo que produjo el incipiente desarrollismo (una lavadora eléctrica, un frigorífico, una vespa, ¡un Seiscientos!) y dejar atrás la miseria y el sufrimiento. Las gentes de orden dominaban la escena cada vez más risueñas, pues habían dejado atrás los 40 y los 50, triunfales pero sangrientos y desagradables. Prácticamente ya no había maquis ni huelgas ni protestas... ni derechos democráticos. El personal tragaba (por si acaso). La corrupción era una virtud estructural del régimen convenientemente reservada a quienes ocupaban el nivel más alto en la escala social. La enseñanza, controlada por las órdenes religiosas, era el perfecto precedente de la que hoy quiere imponer el ministro Wert.

Don Mariano y su peña están en ello. Con motivo del segundo aniversario de su advenimiento al poder nos han preparado dos regalos. Uno consiste en convertir la seguridad ciudadana en orden público y destrozar a modo las libertades pues, como decía el aforismo sesentero, la libertad degenera en libertinaje. A los jueces, algunos de los cuales se han resistido a considerar delito los escraches, ya los están metiendo en cintura. Con un combativo militante del PP al frente del Constitucional, nuestra manoseada Carta Magna (esa que consagra el derecho de reunión pacífica "sin autorización previa") será papel mojado.

El otro obsequio es el proyecto legislativo destinado a regular la evaluación ambiental. Bajo tan sugerente denominación se esconden las fórmulas para privatizar el agua, impulsar la comercialización del recurso y por supuesto (diga lo que diga el PP aragonés) dar carta de naturaleza a los trasvases. A estos no se les escapa nada. En dos años han hecho virguerías. En otros dos nos habrán devuelto a la España de hace medio siglo. 

viernes, 27 de julio de 2012

Cómo acabar con la crisis en un santiamén 20120726

Resolver esta crisis tan retorcida y cabrona parece difícil. Pero hay personas empeñadas en imaginar rápidas y sencillas salidas del atolladero. Creyeron que Zapatero era el quid de la cuestión y bastaría con mandarle a casa para que las aguas volviesen a su cauce. No ha sido así, claro. Por lo cual ya tenemos en marcha otras alternativas de cajón: que los políticos se bajen el sueldo, que desaparezcan los coches oficiales, que eliminen el Senado... ¡que sean disueltas y clausuradas las comunidades autónomas y volvamos a los felices tiempos del austero centralismo (¿franquista?)!

Hombre, no seré yo quien elogie la forma en que mi tocayo, el exjefe del PSOE, gestionó la crisis. Ni negaré los excesos de las autonomías. Pero la crisis tiene razones, causas y dinámicas que van mucho más allá. Ya saben: la burbuja inmobiliaria (cuyos instrumentos políticos no fueron autonómicos sino municipales), el desmadre financiero (en el que ha habido de todo un poco), las razones (especulativas o geoestratégicas de los mercados), el fracaso de la Unión Europea... En gran medida, la fragilidad de España (su debilidad ante el acoso de agencias de rating y fondos de inversión) no procede tanto de su estructura institucional y administrativa (autonomías incluidas) como de la crisis política interna que nos azota y que nos convierte en el objetivo perfecto del insaciable monstruo financiero.

Las autonomías nacieron mal porque no se quiso o no se pudo hacer una Constitución federalista. Luego, jamás tuvieron un sistema de financiación coherente que las responsabilizara de sus gastos... Sí. ¿Pero se piensan ustedes que ganaremos algo volviendo a los tiempos de los delegados ministeriales, que reproducían, no a escala regional sino provincial, toda la estructura del Gobierno central (y cada uno con su coche y su chófer, ojo)? ¿Y en tal caso, qué pasará con Cataluña y Euskadi? ¿Qué haremos con esos ministerios (el de Fomento, por ejemplo) o esos ayuntamientos (el de Madrid, mismamente) que también han gastado sin tino y sin control?

¿Crisis? Para rato (¡que se lo pregunten al señor Ídem!). 

miércoles, 21 de marzo de 2012

Españas infinitas en el espacio-tiempo 20120321

No es que a los españoles nos moleste la memoria, no. Lo que nos jode más bien es la memoria de los otros, porque a cada cual, según su familia, sus lecturas, su imaginario o su fantasía le ha correspondido una Historia que nada tiene que ver con la del prójimo. Según cierta teoría, existen infinitos mundos paralelos donde réplicas de cada uno de nosotros transitan por vidas diversas en las que un caleidoscopio de detalles, matices o divergencias se combinan y recombinan más allá de cualquier patrón. Por eso España y sus habitantes no andamos por ahí, con el corazón helado y adscritos a dos únicas maneras de ser y de pensar (aunque quede expresivo en el poema). En la pluridimensional curva del espacio-tiempo las maneras de ser español son inabarcables. De hecho cada uno tenemos una idea (tan peculiar como exageradamente precisa) de lo que nos ocurrió a nosotros y a nuestros ancestros a lo largo de los agitadísimo siglos XIX y XX. Procedemos de innumerables Iberias sacudidas por acontecimientos no menos innumerables.

Oigo y leo versiones del inmediato pasado que me llenan de perplejidad. Hablan de una ciudad, un país y una situación política que desconozco, aunque al parecer estuve allí. Pero si yo cuento sucedidos de mi juventud otros me miran como si fuese extraterreste. Por eso no me ha extrañado nada que la conmemoración del bicentenario de la Constitución de 1812 haya tenido una extraña atmósfera de invención dramática, mitad tragedia histórica mitad chirigota de Cádiz. La Pepa ha sido celebrada oficialmente por un Rey que desciende directamente del mismo Rey traidor que anuló la Constitución primigenia y asesinó a no pocos de sus redactores. Numerosos políticos y periodistas que han emitido sus aleluyas constitucionalistas al hilo de la efeméride presumen de liberales pero su actual posición les sitúa cien por cien en línea con los serviles de Fernando VII que en 1814 derogaron las primeras libertades y reinstauraron la Santa Inquisición. Podría creerse que en todo esto existe algún equívoco o maldad humana o maldición hispánica, pero es simple consecuencia de un fenómeno de la Física. Menos mal.

JOSÉ LUIS Trasobares 21/03/2012

jueves, 19 de enero de 2012

¿Siguen siendo peligrosos los demócratas? 20120119

No se denigra al difunto Fraga por decir de él que durante su larga vida política representó el enlace entre la dictadura franquista y una democracia controlada, que nunca renunció a su pasado de fascista ejerciente y que su función durante la Transición fue la de resistirse a profundizar en los derechos individuales y colectivos. Por eso su fallecimiento ha dado paso a una curiosa rehabilitación retrospectiva del anterior régimen, coincidente con la anulación ipso facto de las tímidas iniciativas a favor de la Memoria Histórica.

La italiana Rosana Rossanda, señalada intelectual y política marxista, profetizó en los años 60 que en nuestro país podría darse una situación inédita: los mismos grupos sociales que habían traído a sangre y fuego el fascismo propiciarían una evolución hacia formas democráticas usando al entonces príncipe Juan Carlos como mascarón de proa. En ello anduvo, renuente, Manuel Fraga, cuya relación con la ejecución-asesinato de Grimau, la masacre de Vitoria o el incidente de Montejurra le condujo finalmente a propiciar la normalización política de la extrema derecha española. O sea, que si Fraga fue padre de la Constitución, Franco debió ser abuelo de la misma.

Hoy se presenta en Zaragoza el libro Peligrosos demócratas, del historiador Alberto Sabio, basado en los informes de la Brigada Político-social sobre la clandestinidad antifranquista. Y uno se pregunta si aquella actitud de los subversivos en el largo periodo 39-79 no sigue siendo inconveniente y peligrosa hoy, cuando la amnesia forzada está dando paso a una constante y desvergonzada reivindicación de la dictadura.

Eso sí, en la actualidad todo tiene (de momento) un cierto aire de astrakanada. Fíjense, por ejemplo, en que el Gobierno de Rajoy ha anunciado que castigará penalmente el incumplimiento presupuestario por parte de los responsables de las instituciones públicas. Bueno, pues la correspondiente pieza legal que así lo imponga habrá de ser elaborada por el Ministerio de Justicia, cuyo titular es Alberto Ruiz Gallardón, discípulo de Fraga y exalcalde del ayuntamiento español más endudado y más proclive durante años a incumplir sus presupuestos. La risión.

J. L. Trasobares/El Periódico de Aragón/jueves 19.01.2012

martes, 6 de diciembre de 2011

Celebrando la Purísima Constitución 20111206

Es un decir, claro. Cuando hace años se discutió qué día hacer festivo, si el 6-D (la Purísima Concepción) o el 8-D (el Día de la Constitución), yo propuse fundir ambas jornadas en una sola y llamarla de la Purísima Constitución, pues en ese momento nuestra Carta Magna era aún un dogma de fe tan consagrado e intocable como el de la virginidad de la madre de Cristo. Al final, aquella polémica se zanjó por el método salomónico: se dio carta de naturaleza vacacional al 6 y al 8, y todos contentos (sobre todo los obispos).

De todas formas lo de la Purísima Constitución sería hoy una contradicción conceptual que podría incluso resultar blasfema. Porque tras lustros de ver el texto constitucional como una revelación divina, piedra angular de la democracia y figura perfecta e inalterable, han bastado unos pocos días para meterle mano, con la justificación de que así, mudando lo presuntamente eterno, se pondría freno a la crisis. La Consti al final era maleable, corruptible, adaptable. Y espérense, que la orgía sólo acaba de empezar.

En 1978 la Constitución vino a ser el certificado de garantía de la democracia española. Demostraba por escrito que el franquismo había acabado y quedaban garantizadas las libertades políticas y los derechos sociales. Por eso, en 1981, cuando Milans, Tejero y los demás intentaron el golpe de Estado, los demócratas se aferraron a la Constitución. Luego, con el paso del tiempo, se iría viendo que la cosa no era para tanto: la oronda Ley de Leyes no pasaba de ser un texto interpretable por un tribunal consensuado entre las grandes fuerzas políticas y cuyos preceptos no debían ser tomados en sentido literal. Disponer de vivienda digna es un derecho constitucional... ¿y qué?

Ahora ya sabemos que la Constitución puede ser retocada sobre la marcha, ignorada y pervertida. De purísima, nada. Con los mercados apretando y la Eurozona sometida a los preceptos de la ortodoxia financiera (¡los beneficios por encima de todo!), aquí ya es todo posible, desde privatizar la gestión de los servicios públicos hasta reventar los derechos laborales básicos. Los golpes de estado ya no se dan con tanques sino con la prima de riesgo.

J. L. Trasobares/El Periódico de Aragón/martes 06.12.2011

lunes, 5 de septiembre de 2011

Traso, en el país de la burricie 20110905

Todo empezó el pasado sábado. Hube de explicarle a un conocido que los profesores de ESO (y otros enseñantes) no trabajan dieciocho horas semanales, sino que ése es el tiempo que dedican a dar clases, pero luego deben preparar las ídem, corregir exámenes, organizar actividades extraescolares, hablar con los alumnos y sus padres, etcétera. Y hemos de tener por seguro que cuanto más se incremente su actividad en el aula menor será la calidad de su trabajo (y habrá más bajas por depresión).

En estos tiempos hay que precisarlo todo, explicarlo todo y matizarlo todo. El domingo le aclaré a un vecino que cuando se habla de que esta o aquella comunidad autónoma tiene un parque móvil de tres mil vehículos debemos entender que no todos esos semovientes son flamantes audis para uso de los señoritos sino que la flota incluye camiones de bomberos, coches de los distintos servicios, todoterrenos de los departamentos de agricultura o medio ambiente, ambulancias y patrulleros de las unidades policiales adscritas.

Ese mismo día, a la hora del café, un pariente lejano me manifestó su desconcierto al comprobar que durante la semana la prima de riesgo había subido otra vez a los trescientos pese a estar ya en marcha la reforma de la Constitución para agregarle lo del tope de endeudamiento. Bueno, le dije, ¿no pensarías que los grandes inversores iban a soltar su presa por una línea de más o de menos en la Carta Magna? ¡Estos no pararán hasta sacarnos las entretelas! Se quedó desolado, el pobre.

Y así con cada tema: el veraneo de Toxo (el de CCOO) en un resort de los de a mil euros los ocho días-siete noches (ya ven, qué lujo), la última larga cambiada judicial al caso Gürtel (toda la culpa, de Rubalcaba), el cocinero de Iglesias, el tranvía de Zaragoza... ¡Uuufff!

Y encima hube de ir aclarando que sí, que algunos funcionarios (de la enseñanza o de lo que sea) se escaquean como cualquier otro currante, que los jefes de la política se han pasado con los gastos de representación, que se ha despilfarrado dinero público, que es preciso replantearse la cosa pública... Un trabajo ímprobo, se lo juro. Disculpen el desahogo, pero estoy hasta los huevos de tanta burricie.

J. L. Trasobares/El Periódico de Aragón/lunes 05.09.2011

jueves, 1 de septiembre de 2011

Tensión, distensión... y lo que te rondaré 20110901

No sé, la verdad, qué hago todavía con las gafas de sol pretendiendo ligerezas veraniegas cuando la actualidad está tan desquiciada. Podría decirles que con los anteojos oculto la realidad a mis ojos y paso de todo. Porque aquí ya no sabe uno dónde ni cómo ponerse. ¡Y aún no ha empezado el curso!

Salimos del veraneo como entramos: sometidos a la tensión de la crisis. Pero al mismo tiempo estamos sujetos a la calma que produce el ritmo fatal de los acontecimientos. Estamos al borde de la histeria, mas permanecemos quietos en la mata, inactivos, pasivos. La marea nos trae y nos lleva. La ley de la gravedad artificial creada por los mercados financieros nos empuja y estruja. Un día nos enteramos de que cambiar la intocable Constitución es ahora pan comido. Se nos dice que esta es la única manera de evitar no ya que España siga el camino de Grecia y Portugal sino incluso que el euro entre en coma. Y, pese a todo, resulta que a) esta reforma de la Ley de Leyes va a convertirse en un mero enunciado ideológico sin valor operativo, y b) los mercados en cuestión no quedarán satisfechos con esta medida ni con ninguna otra que no sea poner el país en almoneda sometiéndolo al capricho de la especulación salvaje. Eso sí, a la ciudadanía de a pie se lo dan todo hecho. Si quieres, como si no.

Vean, si no, a nuestro enfant terrible del Gabinete Rudi, el consejero Garcés. Propone llevar a cabo un macroconcurso para atribuir de manera definitiva mil quinientas plazas de la plantilla del Pignatelli cubiertas provisionalmente desde hace años. Y uno no puede hacerse a la idea de si eso significará que tales plazas caerán como fruta madura en las manos de quienes las vienen ocupando por graciosa decisión de los anteriores jefes, o si quedarán al alcance de los demás funcionarios, o si se aprovechará la ocasión para amortizar unas y adjudicar otras a personas que sintonicen más con los jefes actuales, o qué. Desde luego el follón que se armará en la Administración autónoma va a ser de órdago. Pero algo hay que hacer en la era PP-PAR para poner orden en el desorden de la era PSOE-PAR.

Olvídense de la dialéctica. Esto es una pesadilla.


J. L. Trasobares/El Periódico de Aragón/jueves 01.09.2011

sábado, 27 de agosto de 2011

¿Modificar la Constitución? ¡Sencillísimo! 20110827

Medio país está con la cosa del veraneo y no se entera de nada (ni quiere); la otra mitad acaba de descubrir que modificar la Constitución es algo sencillo, rápido y de efectos fulminantes. Bueno, rectifico: si la modificación tiene que ver con replantearnos la Monarquía o con poner orden en el caos autonómico mediante fórmulas federales, entonces sí es algo complejísimo y prácticamente imposible; pero si la cosa va de dar gustirrinín a las altas cúpulas financieras, no hay trabas ni complicaciones que valgan. Es más, yo pensaba que cualquier intervención en el sacrosanto texto de nuestra Carta Magna debería ser sancionada mediante referendo. Pero no; basta con que PSOE y PP se pongan de acuerdo y ya no es preciso preguntarle nada al pueblo presuntamente soberano. P'a qué nos vamos a incomodar.

Esta curiosa situación tiene dos enfoques: uno positivo y otro negativo. Este último resulta obvio: los intérpretes de la corrección política y la legalidad institucional nos toman el pelo y actúan subordinados por completo a los intereses de ese monstruo económico que llamamos Mercado. Pero lo bueno de este malabarismo constitucional ejecutado a toda velocidad en plenas vacaciones es que demuestra la posibilidad de crear mecanismos de intervención urgente capaces de adaptar las reglas del juego a las necesidades emergentes. Ahora, esas necesidades tienen que ver con los manejos de los grandes inversores, pero algún día podría ocurrir que se atendiesen necesidades más generales. Imaginen ustedes que las agencias de calificación son puestas fuera de la ley por actuar a favor de los especuladores y alterar el precio justo de las cosas. O que operar a través de paraísos fiscales se convierte en delito. O que los directivos de las entidades financieras, en vez de retirarse multimillonarios tras promover clamorosas ruinas, acaban en el talego por chorizos. O que el suelo edificable pasa a ser propiedad pública y los particulares acceden a él mediante alquiler. O que... Bueno, una vez abierta la veda las opciones son innumerables. Aunque, claro, para eso habría que darle la vuelta a la tortilla y tener la sartén por el mango. Me entienden, ¿no?

J. L. Trasobares/El Periódico de Aragón/sábado 27.08.2011

jueves, 25 de agosto de 2011

Reformar la Constitución al contado 20110825

Famosos multimillonarios norteamericanos, y ahora franceses, han pedido públicamente el incremento de sus impuestos. Asumen que en momentos de crisis todos deben echar el resto y más quienes más tienen. Es algo tan de cajón, como el principio de progresividad tributaria. Pero en estos tiempos de locura, cobardía y avaricia extrema, los gobernantes no quieren ni oír hablar de apretarles las tabas a los ricos. Ayer le sugirieron algo de eso a nuestra vicepresidenta y ministra, la señora Salgado, y la buena mujer hizo un gesto de pavor y desagrado como si acabase de escuchar un taco feísimo o hubiera pisado inadvertidamente una caca de perro. ¡Oooiiiggg!

En cambio, lo de modificar la Constitución española, según exigencia de la cancillera Merkel, parece que va a ser coser y cantar. Habrán reparado vuesas mercedes en que hasta la fecha hablar de cambios en nuestra Carta Magna era como invocar los trabajos de Hércules o cualquier otro imposible. Zapatero sugirió algo, creo recordar, y tuvimos meses de llanto y crujir de dientes. Pero, oye, en cuanto los oligarcas financieros han propuesto limitar la deuda pública mediante ley fundamentalísima, todo se ha vuelto presteza, urgencia y facilidades. La inmutable y eterna Constitución española, de repente, está lista para que le hagan la manicura, el lifting, la liposucción y cualquier otro apaño. Impresionante.

Paro ya. Aún estamos en agosto y el calor de la última semana me ha dejado con los plomos medio fundidos, así que no esperan grandes reflexiones sobre las paradojas macroeconómicas y las miserias políticas. En realidad lo que más me conmueve en estos momentos es que la Duquesa de Alba, doña Cayetana, ha repartido la herencia entre sus hijos y estos, a cambio de la panoja, dejarán que se case con ese amable funcionario que la pasea y la baña en Ibiza. Tres mil quinientos millones, grandes fincas (incluido el mayor latifundio de España), media docena de palacios, una colección de obras de arte de valor incalculable... el paquetón transferido quita el hipo. Mas no creo que la tributación correspondiente haya sido tan espectacular. ¿Y la Constitución... qué dice de eso?

J. L. Trasobares/El Periódico de Aragón/jueves 25.08.2011