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lunes, 29 de febrero de 2016

Inocentones, amnésicos, investigados 20160229

Ya escucharon al cuñado del Rey: "No sé". "No me acuerdo". "No me ocupaba de eso"... O sea, que si él no tiene ni repajolera idea de cómo corrían los millones, imagínense su amante esposa. Ignorancia al cubo.

El caso viene a cuento de la presunción de inocencia, la pena de telediario, las filtraciones de los sumarios y otras cuestiones, sin duda peliagudas, que aparecen una y otra vez en el debate sobre la corrupción. Por no hablar de la polémica sobre dónde se sitúa el punto de no retorno a partir del cual un cargo público debe abandonar su puesto: ¿al ser investigado-imputado?, ¿al abrírsele juicio oral?, ¿al ser objeto de sentencia condenatoria en firme? El derecho al honor, el respeto a la independencia judicial y la posibilidad de que personas elegidas por el pueblo puedan ser apartadas de sus puestos por decisión de un juez (cuya neutralidad ideológica también es presunta) abonan las tesis de quienes reclaman mucha prudencia e incluso exigen mecanismos de protección para impedir el linchamiento informativo de los políticos.

El problema radica en que la corrupción aparece, más allá de toda duda razonable, como una enfermedad que corroe la salud moral, institucional y económica de España. Y la ciudadanía ha pasado del asombro a la indignación, y de ahí a reclamar una reacción que acabe con el saqueo del erario, el trato de favor a los poderes fácticos y los fraudes de todo tipo. La información es un factor clave. Si se restringe, no cabe duda de que habrá más impunidad, mucha más.

La amnesia de Urdangarín, las increíbles protestas de Aguirre y Barberá (pobres inocentonas rodeadas de ladrones), la evidente carga de prueba que emerge en cada uno de los grandes escándalos... todo contribuye a sostener la tesis de que las investigaciones y sumarios deben ser conocidos, los imputados han de dimitir ipso facto, y la grabación y difusión de las vistas orales es imprescindible. Y tal vez se produzcan errores. Pero este país necesita una cura de caballo en lo ético y lo estético. ¿O alguien cree, de verdad, que el marido de la Infanta ha sido objeto de injusticia alguna? 

lunes, 8 de junio de 2015

Gloria y honor a 'La Novena' 20150608

Cuando los semiorugas M-3 de la 9ª Compañía de la División Leclerc avanzaban hacia la Porte d'Italie para acceder al centro de París, aquellos españoles que disparaban sus browning sobre los reductos alemanes soñaban con repetir un día la misma escena en cualquier ciudad de su patria sojuzgada. Tomando al asalto los edificios oficiales y rodeando el cuartel general nazi, imaginaban el regreso a casa, a caballo de sus blindados, curtidos en mil batallas. Recibirían los besos de las muchachas, las palmadas de los viejos, los abrazos de las madres, los saludos de sus camaradas resistentes. Se abrirían ante ellos las barricadas levantadas poco antes en el primer acto de la liberación, y las entusiasmadas muchedumbres les acogerían entre vítores, bosques de puños cerrados en las plazas, máuseres alzados en el aire, niños jugando a los soldados, el sabor del vino en las gargantas, el metálico rechinar de los blindados, el repiqueteo de las bandas de munición del 30. Eran La Novena, sus vehículos tenían nombres propios que recordaban viejas batallas (bueno, uno de ellos se llamaba España Cañí), y llevaban bordada en las guerreras la bandera tricolor, la suya: rojo, amarillo, morado. Atravesaron los bulevares acallando a los últimos francotiradores enemigos, y pensaron: será igual cuando reconquistemos Madrid y Barcelona y Zaragoza y...

No supusieron entonces, el 24 de agosto de 1944, que de nuevo serían traicionados, que las llamadas potencias democráticas exceptuarían a España de la victoria sobre el fascismo, que deberían quedarse en Francia para siempre, que su gesta (no solo París, antes Eccouché y después Andelot o Estrasburgo) adquiriría caracteres legendarios y, como auténtica leyenda, terminaría envuelta en la niebla de la Historia oficial (la de Francia y la de España). Por supuesto, aquellos republicanos no podían ni suponer que un día serían homenajeados con todos los honores por un nuevo Rey de España (¡un Rey!) cuando ya sólo quedasen vivos dos de ellos, tan ancianos que ni siquiera podrían asistir al solemne acto para gritar por fin, y en español, ¡Viva la República! 

martes, 23 de diciembre de 2014

Infanta en el banquillo, Podemos en Barcelona 20141223

Llevar al banquillo a una hija del Rey anterior y hermana del actual, demuestra dos cosas: una, que en este país hay funcionarios (en este caso el juez Castro) capaces de sostener su independencia de criterio por encima de cualquier presión o temor a las consecuencias; otra, que por muy devaluada que esté hoy la democracia urdida en el 78, conserva aún suficiente fortaleza como para soportar las más arduas pruebas, a poco (y ahí está el tema) que sus agentes conserven algo de valor y de vergüenza. Sería bueno que quienes llaman a tomar el cielo por asalto fuesen conscientes de ello. Por supuesto, los otros, los que se han adueñado de ese mismo cielo e intentan reservárselo para sí y sus amigos, son ya incapaces de captar el potencial (a la hora de resistir y de luchar) que aún anida en la ciudadanía y en algunos de sus servidores.

Con sus momentos de gloria y sus meteduras de pata, Podemos está ahí y no parece que los esbirros del Sistema sean capaces de hacerlo desaparecer. El domingo, Pablo Iglesias llenó el pabellón de Vall d'Hebrón hasta la calle y más allá. Según los analistas ortodoxos su discurso estuvo repleto de calculada indefinición. En realidad abrió (¡por fin!) una nueva línea de debate político en Cataluña, rompiendo la obsesiva pugna entre nacionalistas para colocar en primer plano las contradicciones de verdad, las de naturaleza social y económica. Por eso prescindió de banderas, fustigó sin piedad a las mafias convergentes y maldijo a los patriotas (Pujol, Rato) que se llevan el dinero a Suiza. Si eso es indefinición, ya me dirán ustedes.

Podemos (con las encuestas asignándoles tozudamente cien diputados en las próximas generales) acapara la inquina de casi todos los que disfrutan de algún poder en las Españas. Así, Hernando, el nuevo portavoz parlamentario del PP, un tipo especialmente prepotente y faltón, dijo que la nueva y pujante formación no pasaría la prueba del algodón. Caca, caca. Pero, claro, que eso lo diga el representante de un partido que tiene a cientos de sus dirigentes y cuadros en los juzgados es de risa. Y el personal se da cuenta. Anda que no. 

viernes, 20 de junio de 2014

Reyes, druidas y futboleros 20140620

Ayer proclamaron al rey Felipe, con las azoteas de Madrid repletas de francotiradores y las Cortes henchidas (salvo las excepciones habituales) de un indescriptible (y sobreactuado) entusiasmo cortesano. Claro que algunos vitorearon primero a Su Majestad desde los escaños, pero luego, empinando el gintonic, se regalaron con los últimos chismes (o las últimas noticias) sobre las demandas civiles que acechan al monarca abdicado, cuando ha perdido la inviolabilidad y aún no posee el aforamiento. Por si acaso, durante el evento institucional fue prohibida la exhibición de banderas republicanas en la zona nacional (ese glorioso centro de la capital ibérica, que desde hace meses es el espacio urbano europeo con mayor presencia policial).

Dicen las personas políticamente correctas que esto no va de monarquía o república sino de dictadura o democracia. Yo creía que tal dilema había quedado atrás, en los duros años que transcurrieron del 75 al 82. Pero algunos de mis coetáneos se han empeñado en que la Transición no alcance la mayoría de edad. O bien confundieron dicha Transición con la Restauración canovista y ahora aspiran a calcarla: rey y reina, alternancia en el gobierno (con los conservadores de hogaño en el papel de los conservadores de antaño y los socialistas en el de aquellos liberales de pacotilla), una ley y un fisco que saben distinguir entre los ricos y poderosos (impunes) y los pobres y mediopensionistas (sospechosos habituales), la consabida corrupción y, por supuesto, la oligarquía financiera cortando el bacalao.

La gente, claro, se rebota. Encima, ni siquiera el fútbol viene en socorro del sistema. La selección, tan jaleada, se va por el sumidero. Las ligas profesionales son una ciénaga. El Real (¡Real!) Zaragoza es un chiste.

Pero hoy, al socaire de los montes de Torrero, encenderán la hoguera que celebra el solsticio veraniego (20,30 horas, en el Parque de La Paz). Arrimarán la candela Chema Gregorio y Javier Titi Grassa, proclamados a su vez druidas del barrio. Habrá musica, y el Coro Libertario cantará los himnos de rigor. Allí sí estarán permitidas las banderas republicanas. 

sábado, 14 de junio de 2014

Fútbol, reyes, PIB, socialistas y otros datos 20140614

Estos días oigo intensos debates sobre el Mundial de Brasil, evento que ha perdido definitivamente su estado de beatitud social. Los partidarios de invertir miles y miles de millones en alienar a las neomasas mediante este clímax emocional a escala planetaria aseguran que tal inversión genera por sí misma desarrollo y riqueza. De eso no tengo ninguna duda. El problema es que tal desarrollo y tal riqueza se la quedan los buitres que controlan el meollo del negocio: constructoras, concesionarios, contratas, altos directivos, estrellas del balompié, intermediarios, piratas, asesores fiscales y políticos... Ese del fútbol profesional es un negocio ruinoso en términos generales pero muy lucrativo para quienes actúan en lo relativo. En cuanto al común de los brasileros, tal vez pillen un sueldo de albañil o camarero, o se curren el sexo mercenario y las drogas ilegales, pero nada más.

Y que nadie se tome a mal lo de las putas y los camellos. Ya se ha hecho oficial que España va a recalcular el Producto Interior Bruto (PIB) metiendo en la cuenta las actividades criminales. No es un invento de Guindos o de Montoro, sino del mismísimo Eurostat. Se estimará cuánta pasta mueven nuestros bajos instintos (que es bastante) y de esta forma el PIB crecerá por arte de magia, la crisis quedará más lejos, la deuda pública (que sigue subiendo como un suflé) asustará menos y, puestos a fantasear, la intermediación española en las grandes ventas de farlopa colombiana y costo marroquí a los mercados centroeuropeos igual nos apaña la balanza comercial, que vuelve al déficit.

Las cifras son las cifras. Felipe VI quiere colarse de rondón, sin grandes alharacas, para no arriesgarse a perder puntos en la estimación ciudadana. Susana Díaz se queda en Andalucía porque se teme que el PSOE acabe siendo un partido sureño, con terminales cada vez más débiles en el resto de España. Nuestra Cámara de Cuentas alucina con la deuda acumulada por las sociedades públicas aragonesas: 238 millones solo en 2010-11. Pérdidas a la cuenta del contribuyente, no a la de quienes untaron en esa manteca. Como en Brasil, oye. 

jueves, 12 de junio de 2014

Mal de muchos, consuelo de... incautos 20140612

Lo que pasó ayer estaba cantado. En Madrid, la inmensa mayoría del Congreso votó a favor de la ley de abdicación, lo cual fue escenificado y vendido a la opinión pública como una solemne renovación del consenso monárquico. En Zaragoza, la jugada del misterioso jeque que va financiar la compra de nuestro primer exequipo de fútbol se enredó aún más. Me anticipo a reconocer que ambos sucedidos no son comparables en cuanto a transcendencia e impacto. Pero forman parte de esa crónica anunciada que ciñe nuestras vidas a una lógica cada vez más absurda. ¡Ah!, y si les extraña que llame nuestro al Real Zaragoza, también he de aclararles que, aunque no lo sea en el plano legal, hemos metido ahí (a escote) mogollón de millones, como si lo fuera. O sea, que seguimos inmersos en la locura institucionalizada. Aún dirán que Podemos y los demás rojeras (o rojiverdes o rojinegros o arcoiris) proponen imposibles. ¡Pero si la imposibilidad está instalada en este país desde hace lustros!

Me escriben y llaman ciertos ciudadanos para hacerme notar que lo del Zaragoza o lo de Plaza (que son dos barullos conectados entre sí) o lo de Motorland (que cualquier día de estos se nos abre por las costuras de su insostenibilidad) o lo de las depuradoras, las comarcas, La Muela y el sursum corda no son fenómenos exclusivos de Aragón. Vamos, que todos los equipos de fútbol profesional son una ciénaga donde oscuros personajes engañan al fisco, obtienen prebendas y chupan del bote dejando tras de sí inconmesurables agujeros. Y por la misma regla de tres, todas la autonomías y ayuntamientos de algún fuste compiten por ver cuál de ellos cuece las habas en un caldero más gordo. Y mira Baleares, mira Valencia, mira la Andalucía del ERE, mira Madrid, los cursos ficticios, la Gürtel, el Pokemon (que se ha llevado por delante al grupo municipal pepero en Santiago de Compostela, alcalde incluido), el desfase del AVE, la Biblia en verso. Cierto, les respondo. Solo que yo contemplo mi entorno, y a él me refiero de manera preferente. Además no me consuela, pero nada, que el merdé esté generalizado. Peor todavía. 

lunes, 9 de junio de 2014

Esto no es 1931 ni 1975... y existe internet 20140609

La opinión pública se forma hoy al margen de los mecanismos de comunicación convencionales. Por eso el chaparrón monárquico acabará resultando contraproducente para los intereses de la Corona. Los grandes medios (o la mayoría de ellos) se esfuerzan por transmitir una visión hagiográfica y magnífica del Rey que se va y del Rey que se viene; pero, de manera simultánea, las redes sociales e internet en general hablan sin autocensura alguna de Corinna y los regios negocios de Juan Carlos. La gente está de vuelta. El monarca español ha sido intocable, inimputable y por tanto impune mientras se ha sentado en el trono. Y los expertos aseguran que esa intangibilidad de su persona y sus actos ha de tener efectos retroactivos. Además lo aforarán. Habiendo ya diez mil aforados, uno más ni se ha de notar. ¿Creen ustedes que todo esto beneficia el advenimiento de Felipe VI (V de Aragón, VIII de Navarra, puntualizan los aficionados a estas cosas)? Pues me parece que no. Porque la realidad ya no se percibe a través de las fuentes oficiales. Hay otras fuentes y por tanto otras realidades.

El debate sobre monarquía o república aburre. A los jóvenes españoles que se ven abocados al paro o a trabajos mal pagados, eso de que alguien ocupe un alto cargo institucional por ser hijo de su padre no acaba de convencerles. Los alegatos históricos al respecto, tampoco. Decirle a un español con cierta formación e información que aquí las repúblicas (bueno, las dos que hubo) siempre acabaron mal, o que la Transición tuvo el único desenlace posible (y conste que eso también lo suscribo yo), no le hará admitir sin más la lógica-ilógica de un modelo de estado obviamente anacrónico. En el siglo XXI, la hegemonía de los reaccionarios (que impidieron a este país realizar avances políticos y sociales propios de la Edad Contemporánea) ya no asusta a quienes ven la democracia como una situación natural. Las circunstancias que hace cuarenta años determinaron los límites de la Constitución del 78 no gravitan sobre el momento actual. Y ése es, precisamente, el mejor y mayor logro del proceso iniciado entonces. 

sábado, 7 de junio de 2014

Quiénes son los enemigos del sistema 20140607

Por lo visto, la democracia española no ha madurado. O lo ha hecho de una manera torcida y viciada. No quiero decir con esto ni que la Transición fuese un desastre (fue lo único que podía ser) ni que el 78 no alumbrase un Estado de Derecho bastante razonable. El problema ha venido luego. Y al final hemos acabado empantanados en un maldito laberinto. No hay más que ver la extraña y tensa manera en que se está produciendo el real relevo, mediante una operación improvisada, acelerada por el temor al futuro y presentada con unos argumentarios setentistas que hacen dudar de la salud del régimen. Si casi 40 años después de la muerte de Franco aún es necesario trascendentalizar de esta manera la abdicación de Juan Carlos I, es que los señores del sistema no las tienen todas consigo.

Desde la irrupción de Podemos y el avance de IU en las últimas europeas, portavoces y medios conservadores no paran de alertarnos contra los antisistema. En esa línea, quienes anteayer tronaban contra Rubalcaba, echándole encima faisanes y traiciones imperdonables, hoy alaban el sentido de Estado del todavía jefe del PSOE y le aprueban con nota su reválida monárquica. Simultáneamente, Pablo Iglesias concita los ataques más desmesurados. El republicanismo vuelve a ser demonizado con delirantes argumentos. El pavor que provoca el derecho a decidir aflora en unos discursos que recuerdan a los de Fraga en el 76.

¿Antisistema? Por favor... A estas alturas, la izquierda (la clásica y la nueva) ni aspira a revolución alguna ni podría, en caso contrario, ganar apoyo electoral. Este sistema tiene dentro a sus peores enemigos. Es la incapacidad de las élites para dirigir la política y la economía de este país, lo que pone en cuestión la viabilidad del régimen. Y asimismo la corrupción, la arbitrariedad, la cooptación endogámica de la burocracia dirigente, la marginación de los jóvenes y de millones de personas condenadas a una pobreza sin retorno, el derrumbamiento de las clases medias... Todo ello ha convertido a este sistema en una amenaza. La ciudadanía, alarmada y desengañada, solo intenta defenderse. 

miércoles, 4 de junio de 2014

Una 'renovación'... que huele a naftalina 20140604

Sí, Juan Carlos I ha sido el mejor Rey de los últimos 200 años, y su presencia en el trono coincide con el mejor momento de España en el mismo periodo. Eso es evidente. En todo caso, destacar entre los monarcas habidos en los últimos dos siglos y haber apostado por la reforma democrática tras la muerte de Franco son méritos logrados de oficio. Además, cumplido su papel en los momentos más tensos de la Transición, a este Borbón poco le quedó por hacer. Los reyes constitucionales no gobiernan. Se limitan a estar ahí. Por eso choca bastante ver el tono transcendental que se le está dando a la abdicación y posterior sucesión. TVE trató ayer el tema en sus Telediarios con un tono tardofranquista (o así) que daba un poco de grima. Lo lógico en un Estado con todos los deberes hechos hubiera sido que la noticia fuese más de Sociedad que de Política.

La Transición fue un paso muy importante y muy positivo. Y meto al Rey abdicado en el paquete. El problema ha consistido en que la Constitución del 78 y todo su contexto debían ser una estación tránsito y acabaron siendo una estación término. En el 78 quedaron no pocos cabos sueltos o mal atados. 34 años después, las distintas facetas de la actual crisis (creciente desigualdad económica, corrupción rampante, desafección ciudadana, tensiones territoriales...) han puesto de manifiesto la esclerosis de un sistema incapaz durante tres decenios de evolucionar y resolver las cuestiones pendientes. Ahora no hay otra alternativa razonable que ir a una nueva transición, por más que quienes han venido manejando el cotarro (sea el poder, sea el dinero, sean ambas cosas) intenten impedirlo o, como mucho, aspiren a un ejercicio de gatopardismo que maquille las cosas sin alterar su sustancia.

España (las Españas) necesita más democracia. El derecho a decidir se impone, guste o no. La forma y el modelo de Estado están en el alero. Y esta renovación institucional que nos anuncian huele demasiado a naftalina. Rajoy y Rubalcaba la venden en sesión continua. Pero no sé si van a conseguir que la compremos. 

martes, 3 de junio de 2014

Miedo y nervios en las tripas del Sistema 20140603

Es muy posible que la abdicación del Rey responda a un plan trazado hace meses. Pero también es obvio que a la causalidad del paso dado por Juan Carlos I (achaques, vejez, desprestigio, crisis transversal) se ha sumado un factor último y decisivo: la percepción de que el ciclo político está cambiando. La operación destinada a relevar al Monarca necesitaba un contexto adecuado, empezando por unas Cortes capaces de aprobar la pertinente ley orgánica por abrumadora mayoría y de proclamar a Felipe VI en medio de una atmósfera entusiasta y leal. Pero desde las recientes elecciones europeas, un escalofrío recorre el espinazo del Sistema. Hay miedo y nervios. El futuro inmediato no está garantizado. Puede que el próximo Congreso de los Diputados ya no sea tan políticamente correcto como el actual. Y no se trata sólo de la irrupción de Podemos y el ascenso de IU y de los independentistas catalanes y vascos, no. Tan perturbadoras, o más, son las circunstancias que han sumido al PSOE en la más absoluta incertidumbre.

La abdicación, de repente, corría prisa. Había que moverla antes del verano. Dejarla para el siguiente periodo de sesiones parlamentarias suponía correr riesgos y quedar en evidencia, porque el 2015 es de nuevo año electoral y las cosas se están poniendo raras. Ahí vamos pues. Con Rajoy diciendo que el actual Príncipe de Asturias es "el más preparado para ocupar el trono" (¿más preparado... que quién?), o Miquel Roca, padre de la Constitución y abogado de la señora de Urdangarín, impartiendo doctrina en TVE. Mientras, las reivindicaciones republicanas se dejaban oír por doquier (normal, ¿no?), y ansiosos portavoces oficiales y oficiosos se apresuraban a defender la monarquía.

Las elecciones han dejado de ser un proceso rutinario y controlado (¡ven ustedes como el voto sí que cambia las cosas!). Una nueva transición se ha puesto en marcha. Y el actual entramado institucional se cae solito, pendiente abajo. El último símbolo de tal decadencia ha sido ese juez del Constitucional, saltándose semáforos a bordo de su moto, borracho y sin casco. La nave se desencuaderna. 

martes, 20 de mayo de 2014

Buenos o malos... según convenga 20140520

Que Luisa Fernanda Rudi fuese la encargada de pasarle la gamuza al atribulado Cañete para devolverle algún brillo forma parte de la ilógica que reina en el sistema. Nadie mejor que una mujer aragonesa para apañarle la imagen a un tipo que es al mismo tiempo un reputado machista y un conocido partidario de trasvasar el Ebro y privatizar los recursos hídricos. Y si alguien piensa que esto plantea algún tipo de contradicción o paradoja yerra de plano. Los intereses personales que animan a quienes están en la carrera política determinan la naturaleza colectiva de los partidos. Lo cual significa que los miembros de tales organizaciones empatizan más por necesidad que por ideología. Rudi está a años luz del feminismo. Además sabe que el trasvase del Ebro no urge (ni la Unión Europea está para semejantes trotes ni en el Levante español atan ya los perros con longaniza inmobiliaria). Entonces...

En este mundo global y cabrón, la ideología es un factor importante. Pero como siempre, o más que nunca, el dinero está muy por encima. Vean ustedes a nuestro Rey volviendo de otra gira por Arabia. Allí no para de darse el pico con gobernantes execrables, monarquías feudales que pisotean a diario los derechos humanos, niegan tales derechos a las mujeres, y con la mano derecha le dan coba a Occidente mientras con la izquierda subvencionan el islamismo integrista. ¡Ah!, pero nuestra majestad y sus asesores, cortesanos y estiralevitas ponen por delante los jugosos contratos que pueden obtener allí, en el Golfo, las grandes compañías del Ibex. Lo mismo sucede cuando se trata de pasarle la mano por el lomo al rey de Marruecos o de abrirle alguna gatera al dictador de Guinea Ecuatorial.

En Ucrania (¡pobre país!) no hay bando bueno. Pero, oye, la bendita Europa unitaria y democrática cree que uno de ellos sí lo es, Apoyamos a los oligarcas de Kiev, aunque procurando no joder del todo los chanchullos que tenemos con los de Moscú. Llueven toneladas de hipocresía. ¿Por qué íbamos a escandalizarnos ante el idilio (político) de Rudi y Cañete? A la postre... están en el mismo negocio. 

lunes, 24 de marzo de 2014

Suárez, el Rey... y millones de españoles 20140324

Si nos dejamos acunar por las nanas que TVE canturrea desde sus telediarios, Juan Carlos I y Adolfo Suárez habrían hecho la Transición casi solitos. Se trata de una distorsión de la historia que amenaza con intoxicar las versiones corrientes de lo que pasó tras la muerte de Franco, como antes se contaminaron otros relatos contemporáneos. Las Españas comparten una desdichada desmemoria, vulnerable aún a las puñaladas del revisionismo y al imaginario nacionalcatólico.

Que Suárez y el Rey tuvieron un importante papel en el retorno de la democracia, nadie lo duda. Que su protagonismo fuera tan señalado y decisivo como pretende hacernos creer la tele oficial (sin duda con la intención de aprovechar el momento para meterle respiración asistida al juancarlismo) es discutible. Aquellos fulgurantes y peligrosos años estuvieron preñados de esperanza, sufrimiento, huelgas, crímenes y una larga serie de sucesos producto, no pocas veces, de la buena o mala suerte. La partida la jugaron, como pudieron, las grandes estrellas de la política (hace poco murió también Santiago Carrillo), otros actores relevantes emergidos de los poderes y los contrapoderes, las cancillerías de algunos países extranjeros... y millones de españoles que tomaron decisiones, corrieron los mayores riesgos e incluso derramaron su sangre. Los militantes de los partidos clandestinos, de Comisiones Obreras y de las organizaciones agrarias, profesionales y estudiantiles. Los que salían en manifestación legal o ilegal. Los asesinados en Vitoria o en el despacho de abogados de Atocha. Las víctimas inocentes de ETA y el GRAPO. Los que votaron la Constitución. Los trabajadores que aceptaron a regañadientes los Pactos de la Moncloa. Los periodistas que se la jugaban para ampliar un día y otro las fronteras de la libertad.

Suárez lo hizo bien. Demostró sin duda una inteligencia estratégica, una capacidad de maniobra y un valor que le dejan a años luz por encima de los actuales líderes políticos. Pero eso es cosa sabida y repetida. Hoy, prefiero recordar a los extras de aquella película. Sin ellos la democracia no hubiera sido posible.

martes, 11 de febrero de 2014

Qué mal se enrolla esta gente 20140211

La señora de Luis García, jugador del agapitesco Real Zaragoza, ha dicho en Facebook que la afición local da pena (por su actitud crítica hacia el equipo), y el personal se ha rebotado cantidad. Enseguida, las buenas personas han entendido que esta señora se ha limitado a ponerse de parte de su marido. Claro. Así deben ser las parejas. Por idéntica regla de tres, la Infanta imputada (y eso son ya palabras mayores) ha convertido el caso Urdangarin en una explosión de amor y confianza. Algunos interpretan que ella, doña Cristina, ha quedado como una mema que firmaba sin más lo que él, el exjugador de balonmano, le ponía delante; otros deducen que la hija del Rey le ha endilgado todo el marrón a su querido esposo (a la postre, un pebleyo). No sé. Lo que si veo es cómo la España de orden (empezando por Rajoy, que ya lo anunció por la tele hace semanas) da por sentada la inmediata exoneración de Su Alteza. Ha bajado por la cuesta del juzgado, ha declarado, ha proclamado su inocencia... y se acabó. Demasiado ha hecho.

Esa certeza en que la impunidad que se le supone a una Borbón ha de imponerse finalmente resulta casi enternecedora. Revela cuán arraigadas están en este país las más rancias tradiciones. Se asume: a) que las mujeres han de querer ciegamente a sus hombres, b) que los miembros de la familia real no han de preocuparse por el origen de la pasta que gastan y c) que, en última instancia, la monarquía es intocable por la gracia de Dios.

España está en crisis de arriba abajo, pero los de arriba no quieren perder un solo privilegio. No hablo únicamente de palacio. En otros ámbitos andamos parecido. ¿Qué pensar, si no, de la forma en que el PSOE ha cerrado sus primarias en Aragón (por si caso), mientras Rubalcaba colocaba a Elena Valenciano en cabeza de la candidatura a las europeas? Un arreglo con los barones para reforzar, dicen, la apuesta electoral. Como si la vicesecretaria general fuese algún tipo de portento humano, en vez de un mediocre exponente del supermediocre aparato del partido. Y así es como pretende la dirección socialista recuperar la confianza de los votantes. Qué tropa. 

viernes, 27 de diciembre de 2013

Melchor impacta más que Juan Carlos 20131227

La desaparición y posterior hallazgo del rey Melchor (en su versión del belén de la plaza del Pilar de Zaragoza) ha provocado en la edición digital de este diario muchísimas más visitas y comentarios que el discurso navideño del rey Juan Carlos. Lógico: la extraña sustracción de la estatua es una de esas chuscas curiosidades que hacen furor en redes y charlas de café, mientras que la difusa, confusa, y patidifusa alocución de Su Majestad difícilmente podía interesar a nadie que no estuviese en la pomada. Cada vez menos españoles prestan atención al mensaje de La Zarzuela y tengo para mí que en muchas casas el monarca sale en pantalla y echa su indescifrable homilía sin que nadie le haga caso, entretenidas las familias en celebrar y darse ánimos (que por cierto es labor ímproba, porque el Gobierno ya está desalojando de bondades el 2014 para trasladarlas al 2015).

A Juan Carlos le escriben unos discursos donde nada está dicho por su nombre, sino mediante alusiones entre líneas. Luego, el día de Navidad, desde la propia Zarzuela (qué nombre tan adecuado para el palacio) explican a los medios el significado real de los abstractos párrafos: este se refería a la unidad de España, aquel otro a la necesidad de dialogar y ceder (¿Mas ante Rajoy o Rajoy ante Mas?), ese de ahí al caso Urdangarin... Por supuesto, las fuerzas políticas mayoritarias, atentas a la rutina anual, tienen sus propios traductores y echan las campanas al vuelo interpretando cada frase según convenga. Toda la ceremonia resulta tan consabida y tan poco útil, que la ciudadanía acaba centrando su atención en el Melchor del belén y en el majadero que lo llevó de aquí para allá cargando con sus quince kilogramos, que no es moco de pavo.

La levedad real se da además de bruces con nuestra realidad, con las bromas pesadas que revelan las investigaciones en Plaza o la auditoría de las cuentas de TUZSA. Abrumada por las noticias de cada día, la gente oye la voz monocorde y cansina del Rey (si la oye) mientras se deprime al constatar cómo le robaron y le roban sin que los discursos oficiales lleguen a mencionar siquiera la palabra corrupción. 

viernes, 22 de noviembre de 2013

Cultura convenientemente vigilada 20131122

El Congreso Iberoamericano empezó con la policía en la puerta para comprobar que los asistentes al acto inaugural no llevaban bajo el abrigo camisetas contestatarias. La cultura, ya se sabe, es en sí misma subversiva y toda vigilancia es poca.

No sé que pasará hoy en este Congreso, porque vienen el príncipe Felipe y Terminator Wert. El primero, la verdad sea dicha, es una especie de ectoplasma real (o sea, real de realeza no de realidad) a quien se le está pasando el arroz mientras su padre entra y sale de los quirófanos. Pero el segundo es un personaje mucho más concreto. Se ha empeñado en que la educación se adapte como un guante a las categorías sociales, de forma que las clases altas vuelvan a tener el monopolio de las titulaciones superiores y de la formación en el extranjero. No se sabe si apunta a tal objetivo con el fin de poner las cosas en su sitio (en estos tiempos tan vintage) o para evitar que España se nos llene de sabios jóvenes angloparlantes y las limitaciones idiomáticas del señor Rajoy y de la señora Botella canten demasiado.

La cultura es un requisito fundamental para armar democracias de calidad. Pero los instrumentos para la divulgación del conocimiento (sobre todo las teles, la música pop comercial y el cine blockbuster) apuestan por el entretenimiento más ramplón y vacío, no sea que el personal espabile. El universo digital está controlado por un estricto oligopolio de grandes compañías, con Google a la cabeza, y las operadoras que llevan internet a las casas se forran (por lo menos en España) ofreciendo el acceso a contenidos gratuitos. La educación de las masas queda en manos de Wert y sus acólitos, mientras la democracia pierde gas a marchas forzadas ahora que la derecha (capitaneada por sus telepredicadores orgánicos) defiende la futura ley Fernández con un argumentario primorosamente calcado del que se utilizaba en tiempos de Franco para justificar la dictadura.

Así que cuidado con las camisetas. No se admiten verdes... ni naranjas ni negras ni blancas ni rojas ni arcoiris. Mejor, camisa y corbata. Recuerden: los rojos no llevaban sombrero.



martes, 22 de octubre de 2013

Cuando los jefes son el desastre

Cada fin de semana, los jefes aprovechan reuniones del partido, asambleas, foros económicos y otros eventos amables, además de entrevistas en los medios, para echarnos el discursito. Sus argumentos precocinados y sus frases cliché caen a peso sobre una opinión pública devastada por las consecuencias de la crisis. Pero más allá del hartazgo que puede provocar escuchar a los presuntos picos de oro que manejan nuestras cosas (hablo de políticos pero también de empresarios, gurús de la economía y otros pájaros), merece la pena escucharles con alguna atención. Entonces se descubre su terrible mediocridad y cómo la sucesión en los liderazgos ha ido produciendo una constante pérdida en la calidad del material humano y profesional que accede a las distintas cúpulas.

Me ha dejado estupefacto, por ejemplo, el papel del Rey (en plasma y diferido) y de Rajoy en la llamada Cumbre Iberoamericana, un encuentro devaluadísimo al que ya no se molestan en ir los máximos mandatarios de los países más relevantes. La aparición televisual de un Juan Carlos I avejentado y enfermo resultó lamentable. En cuanto a nuestro jefe del Gobierno, su cantinela de que España vuelve a ir bien y de que el Borbón es una figura esencial para la comunidad hispanoparlante dio simplemente pena. Vistos ambos (monarca y presidente) a través de los oficialistas ojos de TVE-Nodo, aparecían como los mascarones de proa de este desastre que es hoy España.

Claro que luego vino la entrevista a Zapatero en La Sexta. ¡Madre del Amor Hermoso! ¿Cómo pudimos creer que este hombre, pese a su clamorosa sosería, tenía algo? El ex aparece hoy como el ser insustancial y vacío que es o que quizás siempre fue.

Este es el resultado de vuestra Transición, dicen algunos. No exactamente. Es más bien la consecuencia de un fracaso arriba (el de quienes manejan las grandes instituciones y entidades) y abajo (el de una ciudadanía desorganizada y absentista). Amos y jefes han elevado la ineficacia, la vaciedad y la codicia a categoría de virtudes públicas y privadas. Y así nos va. 

jueves, 26 de septiembre de 2013

Patética y descolocada monarquía 20130926

Celebraré que el Rey se recupere de su última operación y viva los años que le quedan de la mejor manera posible. Pero eso, en gran medida, depende de él y de su entorno. Juan Carlos I es un señor mayor, prematuramente envejecido y lleno de achaques como consecuencia de su inquietante tendencia a tropezar con escalones, esquiadores, puertas acristaladas, botavaras de barco, colmillos de elefante y cualquier cosa que se le ha cruzado en su largo camino. La pretensión de que agote su mandato hasta el mismo momento en que la Parca llegue a visitarle no es sino una proyección sobre su figura de la ansiedad que suele rodear la muerte de los políticos imprescindibles, los caudillos por la gracia de Dios y otros personajes que encarnan en sí mismos el poder y cuya desaparición abre la puerta a cambios imprevisibles. Solo que este monarca no tiene o no debería tener semejante perfil. A la postre su función institucional es, en el fondo, irrelevante y tiene un hijo mayorzote dispuesto a relevarle en cualquier momento. Podría mirarse en el espejo de otros colegas suyos europeos que han dejado paso a sus retoños sin tanto dramatismo ni tanta parafernalia.

La monarquía española empieza a estar descolocada y a resultar patética. Lo primero sucede porque la institución no ha logrado sumergirse en la impunidad que probablemente soñó el propio Juan Carlos. El estallido del caso Urdangarín y su evolución han abierto una brecha que no cerrarán ni las maniobras de la Fiscalía para evitar la extensión del incendio ni los oscuros tejemanejes de los servicios de inteligencia. Pase lo que pase en el Juzgado, el daño ya está hecho.

A partir de ahí, el tratamiento tipo Nodo que se le ha dado en los medios oficiales y oficiosos a la salud del Rey y a su operación sólo da grima. Resulta penosa esa campechanía del aquí no pasa nada, ese empeño en fingir normalidad donde es obvio que no la hay. Espero que, al menos, a este estropeado anciano no le monten de aquí a poco un equipo médico habitual (como aquel otro) dispuesto a prolongar su vida y su reinado a costa de terribles sufrimientos. Lo digo por su bien. 

martes, 25 de junio de 2013

Cómo ser cortés en medio del saqueo 20130625

Eso de que abucheen a la Reina o a los Príncipes de Asturias cuando acuden a escuchar música clásica trae fritas a las personas de orden. Primero empezaron los escraches, la presencia de indignados o antidesahucios frente a las oficinas bancarias (o incluso dentro de ellas), las concentraciones, las acampadas, las ocupaciones de fincas y otras formas de protesta callejera. Y al final, esto. A la bendita Familia Real no me la van a dejar cumplir con su decisiva labor: entregar premios, leer discursos (breves, si puede ser), asistir a conciertos, navegar en verano y esquiar en invierno. Qué poco respeto (por los jefes) queda en este país.

España es un lugar extraño donde mucha gente no acaba de entender la democracia. Demasiados siglos de tradición absolutista, autoritaria, caciquil, represora y nacional-católica. Ahora, no son pocos los que reaccionan con absoluta indiferencia e incluso con regodeo cuando la policía dispara y mata a un ciudadano de la UE, que no estaba armado ni tenía antecedentes ni parecía estar llevando a cabo algún delito grave. La versión oficial está llena de lagunas y es cosa sabida que en Zaragoza (escenario de la muerte) han coincidido un jefe de Policía aficionado a los despliegues in situ y un delegado del Gobierno deseoso de hacerse notar, tal vez para desquitarse de los años que anduvo llamado a la puerta del poder sin conseguir entrar. Por eso tal vez tenemos a la Policía literalmente encima de cada manifestación, se abusa de las identificaciones y las detenciones, se multiplican juicios y multas, se niegan derechos que los tribunales han de imponer a golpe de sentencia, se imponen servicios mínimos que invalidan el impacto de las huelgas y en general se pretende reducir cualquier protesta social o política a una especie de escenificación tenue, algo que no moleste ni llame la atención ni interfiera con las agendas y los respectivos humores de las señoras y señores mandamases.

Protestar es un derecho fundamental que, por supuesto, incluye abucheos, broncas, manifestaciones y huelgas. Y los gobernantes, a tragar, a tomar nota y (si conservaran un ápice de inteligencia) a rectificar. 

viernes, 21 de junio de 2013

Todo se aprovecha... como en la matanza 20130621

Me refiero a la matanza del cerdo, animal cuyo absoluto aprovechamiento se ha hecho legendario. Bueno, pues con los efectos de esta cosa que llamamos crisis sucede lo mismo: interpretados según los cánones del pensamiento único (conservador, por supuesto), dichos efectos pueden servir para potenciar el argumentario de quienes los provocan. Desde tal perspectiva, el desgobierno que padecemos, el empobrecimiento de las clases trabajadoras y todos los daños colaterales no parecen inquietar a los jefes del cotarro sino que todavía les impulsan a seguir adelante hasta la consecución de sus últimos objetivos.

Por ejemplo, las payasadas de Montoro en relación al famoso informe sobre las falsas transacciones inmobiliarias de la ciudadana 00000014Z no solo han echado arena a los engranajes de la instrucción sumarial del caso Urdangarin, también han extendido la desesperación entre millones de contribuyentes decentes (todos los empleados por cuenta ajena y aquellos autónomos cuyos ingresos están a la vista). De esta forma, Hacienda aparece como un ente vampírico, además de arbitrario, dudoso y de impacto muy desigual según deba meterle mano a un mindundi o a un familiar del Rey. Resultado final: aversión a los impuestos, rechazo frontal al hecho de pagar para sostener un Estado capaz de garantizar la igualdad y la libertad.

¿Que los hospitales son escenario de una huelga de limpiadoras (en Aragón, en Murcia y en otros lugares)? No importa. Además de hundir en la miseria a las trabajadoras involucradas, se contribuye a crear la sensación de que la sanidad pública es una mierda. Lo mismo pasa con las listas de espera (completamente descontroladas desde que Rudi y Oliván se ocupan de destrozar el Salud). Todo arde en la pira neocón. Reputados ultraliberales llaman a romper definitivamente los mecanismos de solidaridad colectiva, sustituyéndolos por la utopía de la creatividad individual y la anarquía económica. Así que cualquier cosa mala que les suceda a los sistemas públicos les viene al pelo.

Y Blesa, en la calle. Por supuesto. Nos rodean los agujeros negros. 

martes, 18 de junio de 2013

Aquí no te puedes fiar ni de Dios 20130618

Son muchas las cosas que no están saliendo como se esperaba. Al final, los cenizos tenían mejor visión prospectiva. Y hoy ya sabemos que el pabellón de España en la Expo no albergará el Laboratorio Nacional sobre cambio climático, ni la CAI se encargará de la Torre del Agua (va a pagar una pasta con tal de quitarse el muerto), ni Ibercaja hará de momento cosa alguna con el Pabellón Puente (le ha cedido el artefacto al Ayuntamiento de Zaragoza durante seis meses, a ver qué pasa mientras tanto)... Van a tener que botar nuevos barcos en el Ebro y Barrabés ha dejado el precioso chiringuito que tenía en Walqa. Lo más guay de estos días ha sido el viaje a Motorland de Luisa Fernanda Rudi para inaugurar, con asistencia de las demás autoridades, un tallercito donde prepararán motos de carreras. Ya se ve la luz al final del túnel, insiste Rajoy. Belloch, mucho más suelto, quiso hablar de Yesa (el pantano maldito) y acabó enredándose con el canal de Bárcenas. Delirante. 

El problema es que no te puedes fiar ni de Dios (lo pongo con mayúscula porque me he permitido aludir al Único Verdadero). Nada es seguro, menos en España y menos aún en Suiza. El barullo de ese informe de la Agencia Tributaria que atribuye a la infanta Cristina unas transacciones inmobiliarias que ella desmiente, el baile de jueces (o de tribunales) en los casos que afectan a personas de poder (Fabra, Blesa, la Gürtel...), las filtraciones y contrafiltraciones lanzadas a través de los medios, las actuaciones gubernativas y policiales cada vez más desquiciantes (la última: la presunta agresión de los Mossos a un periodista barcelonés especializado precisamente en tramas de extrema derecha y abusos por parte de las fuerzas del orden)... Todo ese caleidoscopio de mentiras, medias verdades, conjuras, robos y presunciones de inocencia está dejando a la ciudadanía exhausta.

Puede ser que esté bajando el nivel de asistencia a las manifestaciones (aunque a Sangüesa fueron 3.000 a clamar contra Yesa). Pero si tal cosa sucede será porque el personal, superado por el chaparrón, solo puede hacer una cosa: desconfiar.