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domingo, 9 de septiembre de 2012

Autonomías y otros chivos expiatorios 20120909

Según los telepredicadores del Carajillo Party, la causa definitiva de la crisis financiera no es otra que el Estado de las Autonomías. La peculiar descentralización española, dicen, aterra a los inversores, genera incomprensión entre nuestros socios europeos y pone de manifiesto nuestra incapacidad a la hora de administrarnos. ¡Por eso, añaden, no han funcionado las sucesivas reformas financieras ni las ídem laborales! ¡Por eso Merkel nos mira de reojo, aunque luego le ponga buena cara al pavo de Rajoy! Sí, esas autonomías manirrotas, caciquiles y centrífugas son la causa de todos los males. Se han convertido en el último chivo expiatorio con cuyo sacrificio se pretende conjurar la maldición que nos empuja de rescate en rescate hacia la ruina definitiva.

Y en éstas, que Aragón celebró el treinta aniversario de su Estatuto poniendo coronas de flores en las tumbas de nuestros reyes medievales y reclamando (de boquilla, se supone) más autogobierno. La conmemoración pasó prácticamente desapercibida, y en todo caso muchos de quienes se apercibieron de ella aprovecharon la ocasión para clamar por el retorno al centralismo. La autonomía, que en su momento movió a cientos de miles de aragoneses envueltos en cuatribarradas y transidos de amor patrio, está de bajada. Como la política en general.

Y el caso es que esta autonomía de ni fu ni fa que disfrutamos en Aragón es la gestora fundamental del Estado del Bienestar. Tal circunstancia permitiría a los reaccionarios matar dos pájaros de un tiro: volvemos a la España una, grande y libre (¡je,je!) y de paso hacemos trizas la sanidad, la educación y los servicios sociales. Jugada perfecta.

El caso es, asimismo, que en estos treinta años de discreto autogobierno (autoadministración, suelo precisar) Aragón ha visto reducirse su déficit de inversión pública y ha conocido mejoras sustanciales en los servicios públicos antes citados. Es lógico que así fuese, porque tres decenios dan margen suficiente para progresar en todos los terrenos. Pero ahora mismo, cuando los conservadores pretenden volver atrás en el tiempo, sostener ese progreso y profundizar en él se ha convertido en una tarea imprescindible si queremos redimir esta democracia social devaluada y claudicante pero sin mejores alternativas.

La autonomía aragonesa no ha resuelto los problemas esenciales de la Comunidad ni ha definido su futuro por la mediocridad de los políticos, por la escasa responsabilidad social de los poderes fácticos y por el absentismo de una ciudadanía desorganizada. Aun así, la Tierra Noble está mucho mejor que en tiempos de los gobernadores civiles y los delegados ministeriales. Que, por cierto, no eran pocos y casi todos tenían coche oficial.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

¿Celebramos el Estatuto... o qué? 20120905

Pues eso... ¿o qué? Treinta años de Estatuto de Aragón han dado de sí una autonomía de medio pelo, de segunda, una autonomía de inercia. Tal vez por eso, el mismo personaje (real) que durante la fase preautonómica saboteó conscientemente el proceso destinado a obtener un autogobierno de primera ha sido luego el político más influyente y longevo de esta bendita Comunidad, y hoy mismo es el que más ensalza el Estatuto... mientras pacta con quienes quieren recentralizar el país. Significativo. Como lo fue el que ayer mismo, reunidas solemnemente en San Juan de la Peña, las Cortes aragonesas conmemorasen los citados treinta años con un homenaje... a los reyes (privativos, se entiende) de Aragón. Seguimos siendo más oficialistas que un gobernador civil y jefe provincial del Movimiento.

En treinta años esto ha mejorado mucho, como es natural. Toda España ha ido a mejor a pesar de los pesares (en todo caso, habrá que impedir que nos lleven de nuevo al oscuro pasado como pretenden). La Tierra Noble ha desarrollado su autonomía de manera rutinaria, por mera gravedad. Fueron cayendo poco a poco las competencias (negociadas a la buena de Dios) y poco a poco fue creciendo el alcance del autogobierno o más bien de la autoadministración. Algunos servicios públicos esenciales experimentaron desarrollos muy importantes. Se expandieron las infraestructuras. Pero lo que jamás se logró fue fijar unos objetivos adecuados, razonables y precisos. Por eso hoy, tres decenios después, Aragón sigue sin saber dónde va y afronta de Norte a Sur, del Pirineo sin nieve al Teruel sin minas de carbón, un futuro incierto.

La autonomía está bien, los servicios están (o estaban) bien, las infraestructuras son muy útiles. Solo queda saber para qué y cómo utilizarlos. Bueno... ahora también será preciso defenderlos, si no queremos regresar a la mugre, la burricie y los gobernadores civiles. De momento, los enseñantes han convocado este domingo una marcha por Zaragoza y los médicos preparan una huelga de dos semanas. Los Reyes no tocan hasta el 6 de enero. 

JOSÉ LUIS Trasobares 05/09/2012

lunes, 23 de abril de 2012

A San Jorge no le queda ya ni el dragón 20120423

Llegamos al 23 de Abril a trancas y barrancas, recortados, ajustados y con el Estado de las Autonomías puesto en cuestión. Qué cosas. Empezamos el siglo XXI en pleno arranque de euforia y creatividad territorial y doce años después estamos descangallados y dispuestos a volver sobre nuestros pasos camino del centralismo, del autoritarismo, del acojone, de la idiotez. Oigo a los comunicadores orgánicos de la extrema derecha y capto en ellos el mismo discurso patriotero y reaccionario de sus homólogos de hace cien años, cuando nos llevaron a Marruecos para reconstruir el Imperio tras el Desastre del 98 mientras clamaban contra la izquierda social o cualquier cosa que oliese a modernización y progreso.

Treinta años después de su primer Estatuto, Aragón amanece dubitativo y sin un horizonte estratégico (por mucho que diga Biel). Pero ése un pecado original que hemos acarreado durante tres decenios ocultándolo con una polvareda de escenificaciones, inversiones discutibles, gastos absurdos y ocurrencias destinadas a inflar la realidad percibida (los tierranoblenses somos muy sugestionables). Aun así, a pesar de las mamarrachadas que todavía arrastramos como un lastre insoslayable, nuestros jefes nunca llegaron al extremo de los de otras comunidades donde la política de escaparate no ha dejado títere con cabeza.

Digan lo que digan los simplistas, la triste situación actual no es consecuencia de la descentralización. La burbuja inmobiliaria, los delirios especulativos y la demencial eclosión de las infraestructuras se hubiera producido igual (de hecho se ha producido) bajo cualquier tipo de poder centrípeto. Líneas de alta velocidad sin sentido, aeropuertos peatonales, autovías absurdas, pantanos inútiles, artefactos militares, subvenciones atroces... de nada de ello se han privado los sucesivos gobiernos de España-España. Para salirse del tiesto no han hecho falta autonomías, aunque éstas tampoco se hayan privado (por supuesto) de excesos y mamoneos.

Esto no es lo que fue. A San Jorge no le queda ya ni el dragón. Los aragoneses, perplejos, nos preguntamos qué ha pasado. Nada especial, amigos, sólo somos el promedio exacto de España.

JOSÉ LUIS Trasobares 23/04/2012

viernes, 1 de julio de 2011

Palabras huecas, discursos vacíos 20110701

La reserva hídrica que recoge el Estatuto (Reformado) de Autonomía de Aragón es constitucional porque carece de cualquier pretensión impositiva. O sea, que no es lo que pretende ser, y al no serlo no puede ser objeto de condena o refutación. Nadie declararía contrarias a Derecho las cartas a los Reyes Magos, los brindis de las bodas y las oraciones a San Judas Tadeo (o a Santa Rita, que también concede imposibles). Son cosas insustanciales e irrelevantes. La carta mínima que regula nuestra autonomía abunda tanto en evanescencias conceptuales y fija tan escasas normas de obligado cumplimiento que es imposible considerarla anticonstitucional ni anti nada. No tenemos un Estatuto, sino un cauteloso desahogo.

Lo de los 6.550 hectómetros cúbicos es un desideratum perfectamente hueco. Para empezar, ese agua no existe como contingente inventariable. Depende de lo que nieve y llueva y del mantenimiento de los caudales ecológicos. Por supuesto la cuenca del Ebro debe ser contemplada en su conjunto y tan ridículo es que cada comunidad afectada pretenda reservarse cupos fijos y absolutos como que otros territorios situados a cientos de kilómetros quieran acceder a sus recursos mediante trasvases.

Estamos inmersos en una oquedad conceptual, en una nebulosa dialéctica. Veamos otro tema: la frustrada candidatura de Zaragoza a la capitalidad europea de la cultura. Al alcalde Belloch aún no se le ha pasado el berrinche, pero lo que a mí me interesa es dilucidar qué era exactamente eso tan importante que pretendíamos hacer en caso de haber ganado el juego. Porque, si les soy sincero, aún no he captado las esencias de la utopía europeista que proponíamos al mundo entero. Ayer mismo leía en estas páginas el artículo de un integrante del equipo Zaragoza 2016 y fui incapaz de entender el fondo de la cuestión más allá de metáforas, alusiones y referencias. Decir que "no basta dar pasos que un día puedan conducir hasta la meta, sino que cada paso ha de ser una meta sin dejar de ser un paso" resulta tan hermético como intraducible.

Con tantos aeropuertos... y aún no hemos aterrizado.

J. L. Trasobares/El Periódico de Aragón/viernes 01.07.2011

domingo, 12 de julio de 2009

Cuando los deseos se hacen realidad 20090712

Como la crisis pega donde pega, ahora resulta que no hay manera de vender los aparcamiento subterráneos en los barrios tradicionales de la capital aragonesa ni las viviendas protegidas en las nuevas ciudades-dormitorio de su periferia. Ambos bienes han sido reclamados durante lustros: un piso en propiedad, una plaza de garaje... He aquí el desideratum de miles de familias de clase media o media-baja. Pero cuando ya están ahí, al alcance de la mano, el personal se echa para atrás porque no tiene pasta, no le presta el banco, no termina de ver claro eso de ponerlas antes de que empiecen a construir o simplemente ha descubierto (mientras su bolita rodaba en los sorteos del Toc-toc) que irse a vivir al muy remoto Sur pagando veintitantos millones de pesetas por un pisito de setenta metros cuadrados no es plan. El Ayuntamiento de la Inmortal Ciudad viene trabajando a fecha de hoy con criterios de hace cuatro años y no le salen las jugadas. Natural.

Supongo que es preciso repensar Zaragoza. La huida hacia el exterior y la incapacidad para organizar adecuadamente el interior se están poniendo de manifiesto. En las nuevas áreas urbanizadas el vecindario se las apaña como puede, sin servicios, sin comercio de proximidad, incluso sin farmacias. Escolarizar a los críos es cada vez más complicado porque, cuando los colegios están hechos, o son insuficientes o las parejas en edad de procrear se están yendo para otro lado detrás de las VPO. Y sin embargo la fiebre recalificadora sigue abrasando a una Corporación que quiere lanzar suelo para miles y miles de nuevas viviendas mientras el Plan General de Ordenación Urbana vigente (¿vigente?) cede definitivamente por sus costuras y se convierte en un chiste. Alguien ha pensado que el parón económico de hoy en día es sólo un fenómeno coyuntural y que es preciso preparar el terreno (nunca mejor dicho) para que los grandes señores del solar dispongan de materia prima realizable así que corra otra vez la pasta. Aviados estamos.

Últimamente la realidad se está poniendo terca. La muy borde le ha metido el miedo en el cuerpo al personal de a pie y no cesa de poner en evidencia nuestros sueños y deseos. Es lo mismo que ocurre (dejando por un momento la esfera local) con el barullo de la financiación autonómica: que Aragón se ha quedado como siempre en el pelotón de las buenas palabras. En el Pignatelli están muy contentos (aunque Biel se hacía el respondón, como corresponde) porque después de haber vendido la última reforma del Estatuto como la octava maravilla del universo no sería lógico reconocer que su palmaria inconcreción siempre nos dejará flotando en el éter de la buena voluntad (del Gobierno central, se entiende). Ya se sabe: los sueños, sueños son.

J. L. Trasobares/El Periódico de Aragón/domingo 12.07.2009