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jueves, 25 de julio de 2013

Y para el verano... barquitos 20130725

Debatir sobre los barquitos que surcan el Ebro es una cosa muy veraniega. Pero la política zaragozana es así: superficial, embarullada, populista y estival. Belloch y los suyos adoran el cartón piedra, Chunta e IU juegan al juego y el PP se ha lanzado a una oposición no tanto leal como graciosísima. Esta simpática coyuntura explica que portavoces socialistas y de la derecha se enzarcen durante los plenos en apasionadas discusiones que a cualquier espectador le resultan tan impostadas como extravagantes. El propio debate ciudadano se ciñe obsesivamente (al menos en internet) a sacarle punta a cada incidente que se produce en la línea del tranvía, a polemizar sobre una serie de cuestiones puntuales que afectan al Sur (espacio cuya irracionalidad urbanística nadie quiere tratar en profundidad) y a darles vueltas y vueltas a los dichosos (e irrelevantes) barquitos.

El Ebro no es navegable a su paso por Zaragoza y jamás lo será. Poner unos barquitos para pasear a la gente debiera haber sido un tema muy secundario si el ayuntamiento, en plena fiebre Expo, no hubiera convertido la operación en una cuestión fundamental y se hubiese gastado en ella no pocos millones. Lo peor fue que, como ocurrió con casi todo lo relativo al 2008, la ejecución del proyecto resultó nefasta. Las embarcaciones no eran las adecuadas, el servicio nunca tuvo clientela suficiente (algo similar a lo ocurrido con el bonito telecabina que llevaba a Ranillas), el Ebro iba a lo suyo (que es ser un río de régimen torrencial) y el concejal-consejero Jerónimo Blasco se empeñó en que aquello tenía que salir adelante por encima de todo. Hala pues: a cascarla el sentido común y la lógica.

Dragados, moscas negras en la lámina creada por el azud, navíos encallados, explotación ruinosa del servicio. Ahora cambian los barcos, llega otro gestor y el PP, ¡oh maravilla!, logra imponer una comisión de investigación sobre semejante delirio. Lo malo es que sus trabajos no empezarán hasta septiembre. Oigan, ¿y por qué no se constituye de inmediato y empieza sus deliberaciones en la playa de Salou? Ya puestos...

domingo, 5 de agosto de 2012

El Aragón 'percibido' se nos cae a pedacitos 20120805

Aquí no cabe el regodeo. Constatar que en estos tiempos de crisis financiera, de recesión y de desconcierto general se están cayendo los palos de ese sombrajo que fue el Aragón percibido ya no es tanto la confirmación de cualquier profecía anterior como una llamada a la rectificación urgente, a buscar nuevas alternativas para el futuro. Porque insistir en los yerros anteriores o aferrarse a esos paradigmas que nos han mantenido distraídos durante décadas puede ser muy peligroso. No confío en que nuestros cargos electos y jefas/es en general deseen abrir un debate serio sobre lo que pasó y lo que está pasando. Tampoco espero gran cosa de los poderes fácticos, aferrados en la mayoría de los casos a sus mezquinos intereses. Pero la sociedad civil tiene que reaccionar, debe entender que ha comprado demasiados gatos a precio de liebre, ha de asumir que esto ya no da más de sí. Es preciso renovar el imaginario colectivo. La TCP no se construirá jamás. El Pacto del Agua no tiene sentido. El esquí no es el motor del Pirineo. El ladrillo no nos salvará. Gran Scala no existe.

La reflexión es imprescindible. En primer lugar porque nadie duda de que va a ser necesario reorientar por completo el gasto público. No tiene sentido que los ajustes se hagan de forma indiscriminada y automática, cuando deberían ejecutarse atendiendo a nuevos objetivos estratégicos. Esta es la hora del equilibrio social, de la formación, de la investigación, de promover la calidad, de poner en valor los recursos propios del territorio, de relanzar y regenerar el sector público y la economía real... Las quimeras y las ocurrencias no tienen razón de ser y es inaceptable que sigan engullendo fondos negados a la educación, la sanidad o los servicios sociales.

Veamos un caso: durante esta semana se ha iniciado la retirada de algas del Ebro. El río, a su paso por Zaragoza, es un foco de problemas. Cierto que la intervención sobre las riberas mejoró mucho la situación anterior, pero al mismo tiempo se han generado condiciones adversas inocultables. ¿De qué sirve poner en uso las orillas, cuando al mismo tiempo se convierte el cauce en un criadero de mosquitos y moscas negras? Los portavoces oficiales han intentado disfrazar la situación (empeñados en salvar el azud, la navegación y otras ilusiones dosmilochistas) pero sus declaraciones resultan poco razonables. Por favor, déjense de melonadas y estudien cómo hacer del Ebro y sus riberas un espacio lógico, ecológico y habitable.

lunes, 25 de junio de 2012

Navegando en el charco de la mosca negra 20120625

Los zaragozanos están acojonadicos con la mosca negra. El agresivo díptero ha dejado las riberas del Ebro para internarse por el resto de la ciudad, donde muerde con saña. Las farmacias no dan a basto despachando pomadas y pastillas, corticoides, antihistamínicos y remedios contra el picor. 

Científicos, ecologistas y cualquier persona con sentido común se están haciendo a la idea de lo que pasa. La mosca negra, ciertamente, es un bicho muy borde capaz de colonizar nuevos territorios y hacerse fuerte en ellos. En el Ebro hay ya de todo: siluros, mejillones cebra, caracoles chinos, cangrejos americanos, mosquitos tigre... Pero, claro, si además de eso creamos en medio de Zaragoza un megacharco de aguas quietas y bien cargaditas de nitratos, si la vegetación acuática crece como nunca y los pececitos no pueden vivir por falta de oxígeno, pues parece normal que los peores insectos disfruten allí de la buena vida, nazcan, crezcan, se reproduzcan y mueran, dejando por el camino un rastro de ronchas, ayes y visitas a los servicios de urgencia.

Es verdad que este año no hubo que dragar el río y los famosos ebrobuses van y vienen mejor que nunca. Pero eso ha sido así no porque se haya cumplido ninguna profecía del alcalde Belloch y su consejero Blasco, sino porque no hubo crecida, la corriente apenas se aceleró y por lo tanto no hubo arrastre de gravas ni efecto Venturi ni ninguno de esos fenómenos tan molestos. A cambio, la mosca negra encontró un cado fenomenal justo en medio del lugar donde se aglomeran setecientas mil víctimas potenciales de sus picotazos. A huevo.

Vayan ustedes al Puente de Piedra y contemplen cómo las plantas acuáticas se extienden por la superficie del Ebro. Son ya tan tupidas que aprisionan cualquier cosa que traigan perezosamente las aguas retenidas. Por ese absurdo charco sucio navegan los ebrobuses que nos dejó la Expo como recuerdo. ¿Sostenibilidad, dicen ustedes? Sí, ése fue el lema del 2008. Desde entonces nos hemos esforzado mucho para sostener los barquitos y la mosca negra. Bateaux mouches, oye, como en París.