lunes, 19 de septiembre de 2016
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viernes, 30 de octubre de 2015
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Hay que ahorrar. Lo dicen los jefes. España arrastra una deuda acojonante que es mayoritariamente privada y que se generó a lo largo de un proceso especulativo manejado por los traficantes del suelo, las grandes inmobiliarias y la Banca, con la colaboración necesaria, eso sí, de unos políticos incapaces o corruptos. Es preciso pagarla y hacerlo de tal forma que la oligarquía financiera siga ganando dinero, el Estado deje de prestar servicios y la pasta la pongan los trabajadores, los contribuyentes honestos, los que cumplen... o sea, los pringados de siempre.
Estoy impresionado. Acabo de oír al gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, exigir más reforma laboral, más ajuste y más deshueve financiero. Teniendo en cuenta que este fulano ya estaba al frente del organismo regulador durante la época en que se incubó la tormenta económica actual, me parece increíble no ya que diga lo que dice sino que conserve el puesto. Pero éste es el signo de los tiempos, a menos, claro, que la gente de la calle se harte y ponga las cosas en su sitio.
Rajoy habla poco y cuando lo hace es incapaz de concretar nada (lo cual podía entenderse al inicio de su campaña electoral, mas no ahora, cuando gobierna un país asediado por la prima de riesgo y el diktat germano). Sus conmilitones (doña Rudi, la primera) aseguran con aparente seriedad que bastará con ser creativos y evitar duplicidades para taponar el agujero de diez mil millones que piensan hacerles a la Sanidad y la Educación públicas. Aguirre, la presi de Madrid, ha inventado algo no menos genial: tumbar las autonomías, vaciarlas de contenido y volver a los viejos tiempos del estricto centralismo. Estamos en pleno viaje al pasado. ¡Y luego dirán que eso de la memoria histórica es un atraso!
Pero ningún prócer plantea, por ejemplo, sancionar a las compañías que operan a través de paraísos fiscales, o acabar con las misiones exteriores que movilizan a tres mil soldados españoles a un altísimo coste, o recortar el paquetón que se lleva todos los años la Iglesia Católica. Claro, si el grueso de la población ahorra (a su pesar) alguien tendrá que llevárselo, ¿no?
JOSÉ LUIS Trasobares 11/04/2012lunes, 23 de enero de 2012
Lo que se desea... y lo que se consigue 20120123
Un amigo mío se montó en un taxi. Desde la radio, Federico Jiménez Losantos clamaba contra las administraciones, el sector público, las regulaciones y los funcionarios. Argumentario carajillo party. El taxista se volvió hacia el pasajero, exultante y maravillado por la soflama del radiopredicador.
--¡Sí señor! --exclamó-- ¡Así se habla! Ya está bien de tanta reglamentación y tanto impuesto. Que dejen a la gente trabajar y el que no quiera, ¡a cascarla!
Mi amigo le dio la razón.
--Desde luego --respondió--. Hay que cortar por lo sano. El sector del taxi, por ejemplo, con sus flotas contingentadas, sus licencias restringidas que luego se compran y se venden a precio de oro, sus tarifas... ¡Qué afrenta a la libertad de mercado! ¿Por qué no dejan trabajar por su cuenta a cualquiera que tenga un coche adecuado, y así se fomenta la competencia, se crea empleo y se dinamiza la economía?
El taxista se cabreó de lo lindo, porque al hombre no le cabía en la cabeza que los discursos del famoso Jiménez se le pudieran a aplicar a él. Sin embargo, es muy posible que tanto este como otros trabajadores por cuenta propia se enteren pronto de que una cosa es desear algo y otra muy distinto tenerlo. En Italia, el gobierno del tecnócrata Monti ya está pensando en liberalizar el servicio del taxi y en mover asimismo las reglas que afectan a diversos profesionales: abogados, arquitectos, notarios... Esperanza Aguirre quiere hacer en Madrid algo parecido (ha empezado con los horarios comerciales). Y es que la derecha-derecha está dispuesta a desmontar los mitos pequeñoburgueses y acabar de paso con buena parte de la pequeña burguesía. A la postre, en las ciudades norteamericanas los taxis pertenecen a grandes empresas y sus conductores suelen ser inmigrantes mal pagados que viven de las propinas. Asimismo, millones de trabajadores por cuenta ajena (del sector público o del privado) se van a quedar tiesos cuando echen un vistazo a la nómina de este mes de enero. Comprobarán que sus salarios, congelados y disminuidos, se reducen aún más al aumentar la retención del IRPF por orden de Rajoy. Y no creo que haber votado al PP les libre del batacazo.
J. L. Trasobares/El Periódico de Aragón/lunes 23.01.2012sábado, 7 de enero de 2012
Verdades percibidas, mentiras habituales 20120107
Ya conocen ustedes mi criterio de que las apariencias casi nunca engañan. Eso, por supuesto, siempre que seamos capaces de ver la realidad tal cual es y no nos empeñemos en percibirla de acuerdo con un manual de instrucciones previas. Véase, por ejemplo, el caso de la presunta campaña contra el fraude fiscal que nos ha anunciado el Gobierno de España. Uno escucha las primeras noticias y piensa hombre, qué bien, ¡a ver si la derecha es capaz de meterle mano al dinero negro con más decisión y rigor que los socialistas! Pero luego resulta que vas al meollo de la cuestión y la susodicha ofensiva contra el fraude no es tal: su objetivo es localizar 8.171 millones escamoteados a las arcas públicas, y eso apenas va más allá de los 7.527 millones que se persiguieron en el 2011 (finalmente se obtuvieron 10.000 millones incluyendo las sanciones). O sea, que la cosa no es tan bonita como nos la pintaban. Y si es cierto que existe un plan para reducir las transacciones en metálico (sin fijar todavía la cuantía de su límite) no es menos verdad que hay en marcha otro para rebajar recargos y sanciones a quienes saquen a la luz voluntariamente su caja B, lo cual huele que apesta a amnistía fiscal encubierta.
Estamos en un momento de verdades percibidas que apenas disimulan su carácter de mentira habitual. El fenómeno no es nuevo. Hubo gobiernos del PSOE que se sumergieron en esa orgía de falsas apariencias (el de Zapatero, a la cabeza) como los hubo del PP (con Valencia por estandarte). Pero uno, en su tremenda ingenuidad, pensaba que la crisis nos obligaría a dejarnos de pijadas y ensoñaciones. No parece que vaya a ser así. Rajoy ha convertido Moncloa en una especie de Ciudad Prohibida y no hace declaraciones, no da ruedas de prensa, no dice nada por su boca y se limita a enviar a Soraya, voz de su amo, a que nos advierta de que la situación está muy mal (¡vaya novedad!) y de que vamos a tener que pagar por ello en dinero, dignidad y futuro. No hay giro de ciento ochenta grados ni cambio de modelo. Sólo más propaganda, fuegos artificiales y esa especie de ortodoxia presupuestaria consistente en apretarnos las tabas sin pudor y sumirnos en la recesión.
J. L. Trasobares/El Periódico de Aragón/sábado 07.01.2012jueves, 15 de diciembre de 2011
¡Qué caros van a salir los días de gloria! 20111215
Seguramente muchos zaragozanos que celebraron el verano del 2008 en Ranillas y se llenaron de autoestima al sumergirse en los fastos de la Expo despotrican hoy contra la subida del autobús, el próximo aumento de tasas y el inevitable recorte de los presupuestos municipales. Pero la Ciudad Inmortal debe pagar los días de gloria. No saldrán baratos.
Intoxicados con aquel triunfalismo inversor, nos engañamos calculando que la mitad del gasto corría por cuenta de Madrid (como si la Hacienda estatal se nutriese de aportaciones ajenas), y sacábamos pecho ante los puentes-pabellones, las pasarelas, las torres, los azudes, los barcos, el telecabina, los diversos pichorros y sus correspondientes sobrecostes. Es verdad que hubo algún malasombra empeñado en advertir que se estaba matando moscas a cañonazos y que resolver algunas infraestructuras necesarias e incluso montar una Expo no justificaba semejante desparramo. Pero la mayoría social parecía feliz y entretenida. Hoy, sin embargo, llega Juan Alberto con la rebaja y ya no es posible mantener la subvención a Tuzsa ni contener las tarifas del agua ni abordar cualquier proyectito local por humilde que sea.
Cuando menos, el aumento del billete de bus se ha hecho aplicando criterios progresivos, lo que parece razonable.Y si es preciso apretarse el cinturón, consolémonos pensando que los daños no llegaron más lejos, pues hemos descartado la Expopaisajes, ya no aspiramos a ser sede de los juegos de invierno y tampoco llegamos a construirle un estadio cinco estrellas al equipo de Agapito Iglesias. Ya, ya sé que ni siquiera estos proyectos fallidos nos han salido gratis (hubo de por medio viajes, estudios, contratos y protocolos), pero hemos de valorar los trescientos o cuatrocientos millones (mínimo) que al final no han ido a nuestro Debe.
Belloch derrocha austeridad con el ardor de los conversos. Rudi, sin embargo, esgrime en sus presupuestos un inaudito optimismo. Confía en que la DGA recaude en 2012 ochenta y tres millones más a través del IVA. ¿Ochenta y tres kilates con el consumo cayendo a plomo? Se ve que aún no nos ha abandonado al autoestima.
J. L. Trasobares/El Periódico de Aragón/jueves 15.12.2011