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domingo, 11 de diciembre de 2016

Aragón suspende o aprueba... pero no sabe dónde va 20161211

Aragón suspende en protección ambiental, si nos atenemos a emisiones de gases invernadero o la superficie construida... por habitante. Aunque, claro, tenemos un territorio tan grande y desolado, que si el mismo cálculo se hace relacionándolo con los kilómetros cuadrados ya no salimos mal parados, más bien al revés. Con todo, acojona saber que, desde hace treinta años, en esta bendita Comunidad se ocupa suelo (para viviendas, equipamientos e infraestructuras) a un ritmo de dos hectáreas (veinte mil metros cuadrados) al día... o que las centrales eléctricas que queman carbón han empeorado nuestros niveles de contaminación en un sentido radicalmente opuesto al que sigue la Unión Europea, donde han bajado.

Pero lo más inquietante de todo esto no es ya el menosprecio que gastamos con la ecología (conocimiento que tantas burlas provoca entre los idiotas), sino la evidente ausencia de programas a medio y largo plazo, en una tierra cuyas condiciones climáticas cambiarán (a peor) si las temperaturas siguen subiendo. Ese vacío estratégica es, por ejemplo, el mismo que nos tiene enganchados a una corporación de sociedades públicas ruinosas, sin que ni una sola fuerza política u organización social proponga alternativa alguna. O el que deja en el aire sistemáticamente un futuro que fiamos a la mera inercia, mientras defendemos las minas de un combustible fósil inaceptable, un megatúnel por el Pirineo central que jamás veremos o unos pantanos sin porvenir ni lógica.

No sabemos qué hacer con la inmensidad del territorio. Salvo destruirlo allí donde es posible hincarle el diente. No hemos creado imagen de marca para nuestros productos agropecuarios e industriales. No disponemos de un tejido social capaz de entender por dónde hay que avanzar. Desde los ámbitos públicos y semipúblicos, la cuestión de la tecnología se ve como un lugar común en los discuros; pero luego, en los actos donde se supone que van los próceres a lucirse diciendo cosas (y no dando palmadas y apretones de mano a todo quisque), casi nadie es capaz de explicarse con criterios del siglo XXI.

Todo esto, desde luego, le pasa a Aragón y a casi toda España (salvo al País Vasco y en menor medida a Cataluña). Todos estamos encantados, según la versión oficial, con exportar más gracias a un brutal descenso de los costes salariales y obtener ingresos provenientes del turismo, cuyos récords son celebrados con la misma euforia triunfal de los años Sesenta. La noticia de que los precios de los pisos vuelven a remontar dispara el optimismo de los especuladores... y de los incautos. No aprendemos.

Pero si otras comunidades españolas se pueden permitir esta desidia (porque tienen mar, o más recursos y población), Aragón se está quedando sin masa crítica, sin gente ni capacidad para reaccionar allí donde aún la hay. Por eso aquí no nos vale con vernos medio bien situados en las estadísticas, los rankings y los informes. Los cáculos per cápita son muy engañosos. Somos pocos, cada vez menos. Y los más listos, esos jóvenes de cuya formación nos enorgullecemos, acabarán... yéndose.

domingo, 4 de diciembre de 2016

¡Qué cara nos sale la pésima gestión del medio ambiente! 20161204

Tan entretenidos estamos contemplando cómo PP, PSOE y C’s boicotean cualquier iniciativa de Zaragoza en Común (a mayor gloria del primero de dichos partidos, que espera conquistar la Alcaldía por la mera ley de la gravedad), que otros acontecimientos y noticias pasan casi desapercibidos. Aunque son temas no ya graves, sino gravísimos. Y costosísimos.

Así, la pésima gestión del medio ambiente llevada a cabo durante decenios, la incuria de las administraciones (y la corrupción) nos van a costar en los próximos años cientos de millones de euros que no tenemos.

Por ejemplo: el control y la eliminación del lindano que vertió Inquinosa ante la indiferencia de las autoridades competentes, y los fallos garrafales de la sobrecostosa y sospechosa depuradora de Zaragoza (en La Cartuja) nos sitúan hoy ante un panorama catastrófico. Del cual, por cierto, no hay responsables o si los hay son ya lejano recuerdo. Jamás nadie llegó a responder ante los tribunales por aquellos desafueros. Ahora nos los comeremos con patatas y los pagaremos (todavía más) con nuestros impuestos.

El sellado de los vertederos donde Inquinosa arrojó toneladas de veneno durante años, la extracción de materiales contaminados y la contención de las infiltraciones en el rió Gállego han costado ya decenas de millones. Pero el actual Gobierno de Aragón, a la vista de los informes técnicos y de una realidad imposible de disimular, calcula que todavía quedan años de trabajo y una inversión total que puede rondar los 500 millones (si, quinientos).

Lo que se refiere a la depuradora de La Cartuja, la instalación que trata la mayor parte de las aguas que Zaragoza vierte en el Ebro, viene de lejos. Recuerden cómo se adjudicaron las obras a una empresa francesa (General des’Eaux) a través de un intermediario llamado Didac Fábregas, amigo (se supone) del entonces alcalde, Antonio González Triviño. Todos los escándalos posibles salpicaron aquel proyecto: sobrecostes, facturas falsas, dinero negro... Al final, la broma le ha costado a la capital 250 millones de euros, el doble del valor real de las instalaciones... que, además, ahora no funcionan bien. El Ayuntamiento tendrá que resolver el muy serio problema, justo cuando el Gobierno de Aragón quiere cargarle 14 millones extras al año como canon autonómico, aunque la ciudad ya se paga (¡y a qué precio!) su propia depuración. Pero, claro, en el Pignatelli necesitan tapar el agujero que a su vez les ha dejado la construcción y gestión privada de la carísima red de saneamiento de aguas en parte del territorio, puesta en marcha siendo consejero del ramo Alfredo Boné.

Dinero, dinero, dinero. Aquí se ha preferido considerar la ecología una cosa de chalados, y al medio ambiente un recurso sin valor ni coste. Vamos... lo que es habitual en sociedades ignorantes y atrasadas. En nombre de la creación de riqueza, de los puestos de trabajo o de cualesquiera otras excusas supuestamente economicistas, se han permitido auténticas barbaridades, cuyos efectos gravitarán sobre nosotros durante mucho tiempo. Y los tontos, tan contentos.

martes, 17 de mayo de 2016

Un humo negro, espeso, tóxico... 20160517

Día tras día, las teles meten en sus informativos la imagen implacable del humo negro que se eleva del ¿ilegal? cementerio de neumáticos de Seseña. Verla me produce un tremendo agobio. Porque no solo constituye un símbolo aplastante de tercermundismo, contaminación extrema y corrupción definitiva, sino porque es el icono de una España que se ha ido de madre, un país mal gobernado y peor administrado, un desastre. Esos miles de ruedas ardiendo una jornada y otra más, ese humo venenoso que aureola los bloques construidos por el Pocero sintoniza con oscuras noticias: los escándalos políticos, el fraude fiscal, las estafas financieras a gran escala... la mentira constante. En la espesa nube que llena el cielo de ponzoña flotan ERE trucados, papeles de Panamá, gürteles y púnicos, sociedades opacas, prevaricaciones a manta, puertas giratorias y maletines. Seseña es, al mismo tiempo, el altoaragonés barranco de Bailín saturado de lindano, la balsa de Aznalcóllar, los vertederos de todo tipo (donde ya opera la Camorra napolitana), la central nuclear de Garoña y otras macromierdas por el estilo... Ayer supe (lo dijo TVE) que en Fuerteventura hay otro megadepósito de neumáticos usados. ¡Válgannos los dioses!

Nos preguntamos cómo pudo ser que durante más de quince años el vertedero de Seseña fuese acumulando toneladas y toneladas de ruedas sin que ninguna administración hiciese nada efectivo para evitarlo y poner aquello bajo control. Pero el PP y el PSOE, padre y madre del maldito monstruo, se limitan a acusarse mutuamente, desvelando su profunda miseria política. Es obvio que alguien untó a alguien, que tras el cementerio de caucho se movían organizaciones criminales... ¿Quién preparó el incendio justo después de que aquello se quedase sin vigilancia y sin seguro?

Ahora mismo, esos dos partidos que solemos calificar de sistémicos andan de campaña y nos alertan contra otros que, segun dicen, son novatos, ignorantes, radicales, comunistas y populistas. A cambio, ellos nos venden responsabilidad, eficacia, experiencia y moderación. O sea, Seseña. 

sábado, 14 de mayo de 2016

Demasiados sucesos incomprensibles 20160514

Es difícil entender la actualidad española. Me pongo a las tres de la tarde frente al Telediario de La 1 y mis neuronas deben afrontar el desafío de los tres bloques de información política: el primero ofrece un repertorio de declaraciones rematadas por algún canutazo preferente de Rajoy u otro portavoz del PP/Gobierno en funciones, el segundo consiste en que diversos portavoces de los partidos serios pongan a parir a Podemos, el tercero, ¡ay!, recorre los juzgados a donde acuden a declarar como investigados o acusados distintos cargos o excargos públicos (todos ellos de las formaciones que antes nos han vendido seriedad). Entonces salta a la vista la contradicción incomprensible: ¿por qué debería temer la opinión pública la llegada de los bárbaros (¡la Horda, como solía decirse!), si tanta gente sensata, mujeres y hombres de Estado, ya se retrata a diario en los tribunales (y las listas de presuntos defraudadores fiscales) como una curiosa pandilla de evidentes sinvergüenzas?

Incomprensible, sí. La espantá del PSOE ante la oferta de Podemos y otras fuerzas (en Aragón, CHA) para acordar candidaturas conjuntas al Senado tal vez equilibre la mala leche de Pablo Iglesias cuando tocó negociar el gobierno del cambio, pero deja abierto el camino al PP para que, en cualquier caso, tenga mayoría absoluta en la Cámara Alta. Los socialistas se van metiendo en el cepo, atrapados de un lado por Ciudadanos (partido que les va a birlar unos cuantos votos) y por la coalición Unidos Podemos. Nadie se explica tal extravío. Pero a lo mejor es una jugada calculada que acaba en una gran (y sorprendente) victoria, un jaque mate dramático en el último momento. ¡Ufff!

Todo es raro. La recuperación que no cuadra. Los recortes secretos. Los golpes bajos en la precampaña... Y ese tremendo y venenoso incendio de Seseña, la ciudad de el Pocero, la locura residencial en la estepa, el lugar donde decenas de miles de neumáticos viejos se acumulaban en un clamoroso y mil veces denunciado vertedero ilegal. ¿Ilegal? ¿Dónde estaba, pues, la autoridad competente? Ya les digo: incomprensible. 

domingo, 7 de febrero de 2016

¿Trasvase? Hombre... si pagan 20160207

Puede que los aragoneses no tuviéramos una postura común sobre el agua ni siquiera cuando salíamos (casi) todos juntos a manifestarnos contra el Plan Hidrológico Nacional elaborado por el ministro Jaume Matas (sí, el corrupto). En aquel momento, el PP jugaba en campo contrario y desde Moncloa movían los hilos para crear aquí un espacio social y mediático neutral que compensara la tremenda movilización antitrasvase. No llegaron a conseguirlo del todo. Sin embargo, la unidad de los que desfilaban por las calles encabezados por el presidente Iglesias era consecuencia de una inercia política y de alguna forma cultural. Allí había ya diversas sensibilidades, posturas encontradas.

Ahora, cuando poco a poco ha ido construyéndose un nuevo entramado legal relativo al agua, las diferencias han pasado al primer plano. El choque entre el PSOE y Podemos-Aragón a cuenta del Plan de la Cuenca del Ebro certifica la ruptura del discurso unitario. En estos momentos, Lambán está en las antípodas de Arrojo. El uno es un decidido partidario del Pacto del Agua, la construcción de pantanos y la expansión de los regadíos. El otro, recién elegido diputado por Zaragoza, es un gurú de la Nueva Cultura del Agua, ha liderado sucesivas movilizaciones contra los embalses y defiende la normalización medioambiental de nuestros ríos. La polémica saltó esta semana, cuando el podemismo aragonés, junto con sus compañeros catalanes, se pronunció abiertamente contra el citado Plan de Cuenca y exigió, entre otras cosas, mayor protección al Delta del Ebro, sometido desde hace lustros a una lamentable regresión.

Existe en Aragón un discurso oficial (las movilizaciones contra los trasvases siempre estuvieron encabezadas por unas u otras autoridades), según el cual el agua no podía irse fuera porque era preciso utilizarla aquí "para convertir las estepas en vergeles". Por ahí se ha colado el trasvasismo, ofreciendo pantanos y regadíos e incluso garantizando un irreal cupo hídrico de 6.550 hectómetros cúbicos.

Muchas personas no conciben la del Ebro como una cuenca cuyos ríos discurren por diversos territorios, pero que es un todo y debe ser protegida, mimada y gestionada de la manera más sostenible. Se cree que es posible trocearla para repartirla litro a litro... y que si en el Delta reivindican algo siempre cabrá dirigir a los catalanes los mismos denuestos que llovieron sobre la gente de la montaña, por muy aragonesa que fuera, cuando se oponía a la inundación de sus valles. Pero tras este laberinto de emociones lo que se esconde hoy es el futuro desarrollo de un mercado del agua, a partir de las concesiones atribuidas a eléctricas, regantes y otros aquatenientes. Algunos quieren el agua en Aragón... Para venderla.

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Algo más peligroso aún que el yihadismo 20151202

Si se toman medidas urgentes y muy drásticas (que no se tomarán, digan lo que digan EEUU y China), a finales de este siglo la temperatura habrá subido sólo dos grados. En caso contrario el aumento alcanzará tres, cuatro o hasta cinco grados. El Sahel africano seguirá desertificándose, las llanuras de Oriente Medio serán un infierno y el Ártico se licuará. Todo el planeta sufrirá las consecuencias. Además de un incremento de los desastres naturales, los cambios climáticos desarticularán economías, provocarán grandes pérdidas en la agricultura y causarán terribles trastornos de todo tipo, enfermedades incluidas. Por eso, en la cumbre de París, celebrada al rebufo de las alarmas antiterroristas desatadas tras el sangriento 13-N, se está tratando algo muy serio y muy grave. Más incluso que el terrorismo yihadista. A la postre, a los fanáticos que matan y se matan en nombre de Dios se les puede neutralizar de muchas formas (el poder militar del islamismo radical es ridículo, comparado con el de Occidente, Rusia y China), pero al calentamiento global no ha habido nadie capaz de ponerle freno.

Nuestro Mariano ha prometido no sé que cosas en las reuniones de la cumbre parisina. Mientras tanto, la gran multinacional española de las renovables, Abengoa, agoniza víctima de los compadreos y anticompadreos políticos, de una gestión deplorable y de la incapacidad de los bancos para actuar con inteligencia y sentido común. Así funciona la marca España: ineficacia, mamoneo, corrupción y ruina. Los neocones nacionales se frotan las manos. Con las renovables fuera de combate, sólo queda un último recurso, su recurso: la energía nuclear. Es peligrosa, sucia y cara, pero...

La gran manifestación por el clima que se debía celebrar en Paris el 29 de noviembre no se celebró (prohibida en aplicación del estado de emergencia). La posibilidad de ir acabando ya con el uso de derivados del petróleo es muy escasa, por no decir nula. La gente se asfixia en Pekín. Sin embargo, en Madrid, la alcaldesa Carmena casi tiene que pedir perdón por limitar la velocidad de los coches ante el aumento de la contaminación. Alucinante.

miércoles, 14 de octubre de 2015

Cien días... y sus misterios 20151014

En los cien días de presidencia lambaniana hay claros, oscuros y esos paisajes inciertos en los que uno no sabe si amanece (que no es poco) o se hace de noche. Por encima de todo ello flotan las incertidumbres y los misterios. Para empezar, no es fácil hacerse a la idea de cómo logrará el dúo esencial del Gobierno aragonés, Lambán-Gimeno, enderezar las cuentas e ingresar dinero suficiente para contentar a quienes han ido, desesperados, a pedirles árnica: la universidad, los proveedores, las entidades concertadas, la sanidad, la enseñanza, la acción social... Mal que nos pese a Echenique y a todos los demás, la herencia no ha sido mala sino peor. Incluso para un administrador tan creativo, tan echado p'alante y tan desprejuiciado como el actual consejero de Hacienda.

Pero tras este dramático primer plano hay más cosas curiosas o indefinibles. Por ejemplo, los nombramientos de cargos... o la ratificación de quienes ya los ocupaban. Que el aparato más afecto al secretario general del PSOE-Aragón (o sea, al propio Javier Lambán) haya entrado por la puerta grande a las direcciones generales, secretarías generales técnicas o jefaturas de gabinete no debe sorprender a nadie. Era de esperar. Tampoco supone mayor novedad que los consejeros, una vez designados por la alta voluntad presidencial, hayan visto cómo les disponían sus respectivos equipos de acuerdo con la misma voluntad, y sin tenerles demasiado en cuenta (salvo excepciones). Hasta aquí, lo normal. Sin embargo, se ha producido otro fenómeno muchísimo más morboso: la permanencia en sus cargos de personas vinculadas al PAR, sobre todo en el área del medio ambiente y el agua, aunque también en otras. ¿Qué extraños vínculos existen todavía entre socialistas y regionalistas después de que estos hayan estado durante cuatro años amañados con el PP y hoy actúen como oposición?

Hay mas misterios, claro. Sobre todo los relacionados con los institutos y las sociedades públicas (incluida la radio-televisión). ¿Piensa el Gobierno socialista meterle mano de una vez a ese ruinoso y oscuro tinglado? ¿O no? Y Podemos... ¿qué opina de esto?

JLT 14/10/2015 

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martes, 6 de octubre de 2015

A quemar carbón y que se joda el mundo 20151006

Suelo insistir una y otra vez sobre el despiste estratégico de esta bendita Tierra Noble, lo cual me ha dado fama de tocapelotas, espantapájaros y eterno pesimista. Pero luego (dicho sea sin ánimo de presumir de nada) viene la realidad a demostrar, de manera tan inequívoca como descarnada, que Aragón carece, en efecto, de visión de futuro, criterios sólidos y esa cosa que solemos llamar sentido común (aunque tan vital sentido ya no sea lo que fue desde que Rajoy se empeña en atribuírselo a quienes, como él, distinguen entre un vaso y un plato).

El caso es que Aragón produce hoy más energía quemando carbón que mediante los generadores eólicos. Así, retrocedemos alegremente hacia el siglo pasado (el XIX, se comprende). Meterle fuego al lignito es un método atrasado, sucio, ineficiente y causa obvia del calentamiento global, que es en estos momentos el mayor desafío que afronta la humanidad. Ustedes me dirán que gracias a esas piras contaminantes sobrevive la minería (el único asidero de algunas comarcas aragonesas). Y yo les daré la razón e incluso cantaré Santa Bárbara Bendita, uno de los más bonitos y emotivos himnos que conozco. Pero habré de volver a la primera y fundamental evidencia: producir energía a partir del carbón es un atentado contra el medio ambiente. Y no está el medio ambiente para bromas, porque la subida de las temperaturas aquí y en todo el planeta provoca ya tremendas catástrofes. Por eso el mundo mira hacia las renovables. Solo en España (y Aragón la más famosa) ha querido el Gobierno hundir tal sector y frenar su progresión tecnológica (que era referente mundial) sustituyéndola por el carbón (caro y contaminante), y la nuclear (peligrosísima, por supuesto).

El desastre para las cuencas mineras aragonesas nunca fue el cierre de las explotaciones, que ya debiera ser un hecho. Sino nuestra incapacidad para sustituir el carbón por otras actividades. Se han tirado (sí, tirado) cientos de millones en proyectos fracasados que no hacen sino incrementar la dependencia económica y la decadencia del Bajo Aragón. Ahí está el drama. 

martes, 1 de septiembre de 2015

Vocación cívica, disciplina ciudadana 20150901

La resistencia que deben enfrentar en nuestro país ciertas normas (y hábitos) serían impensables en lugares de Europa donde la disciplina y la responsabilidad de la ciudadanía se dan por añadidura. Allí, la prohibición de fumar en locales públicos apenas provocó polémica, las bicicletas circulan en masa sin que ni peatones ni ciclistas se enzarcen en discusiones, el uso de la vía pública para espectáculos, mercados, conciertos o fiestas-botellón no deja ni el más mínimo residuo, la circulación del automóvil por el centro de las ciudades ha sido drásticamente restringida, los tranvías son una referencia... Y cuando los circos actúan, no hay un solo animal en la pista.

No todo es jauja medioambiental, claro. Eso lo doy por sentado, y espero que así nadie me restriegue ahora las ocas francesas y su foie a punto de paté, ni las corridas de toros en el sur del país vecino, ni la caza de cetáceos por algunos nórdicos. Aunque de todas las habas que cuecen nuestros socios, casi la que más me tiene mosqueado es la entrada de los grandes cruceros a Venecia, bestial desatino apoyado y celebrado por el actual alcalde de la maravillosa ciudad, un conservador del tres (¡vaya por Dios!).

Pero a mí se me cae la baba cuando veo a los austriacos, suizos y otros centroeuropeos reciclar la basura a domicilio dividéndola cada vez más en diversas bolsas e incluso limpiándola antes de llevarla al contenedor correspondiente. Así, la gestión de los residuos se aproxima a la perfección. Es más eficiente y mucho más barata. Pero aquí, claro, ese tipo de ahorro no acaba de convencernos. Preferimos echar la culpa de todos los despilfarros a los cargos electos y los empleados públicos. Por eso clamamos contra el ayuntamiento y FCC porque Zaragoza está sucia, lo cual tendría lógica si luego no fuésemos tan guarros (además de ruidosos y gamberros) y no nos empeñásemos en tirar a la calle papeles, envoltorios, colillas, escupitajos, chicles masticados, porquería y trastos inútiles, por no hablar de las cacas y los pises de los innumerables perros que nos acompañan.

Vamos... que de civismo y disciplina vamos muy requetejustitos. 

JLT  01/09/2015

sábado, 29 de agosto de 2015

Esas pobres ocas de la cabalgata 20150829

Ayer, apenas colgada en la edición digital de este diario la noticia sobre la supresión de animales en la Cabalgata de Reyes (la de Zaragoza), ya había una treintena de comentarios al respecto. La decisión del gobierno municipal levantó, una vez más, enorme polvareda, a partir de una cuestión aparentemente menor, o anecdótica, o como quieran calificarla. Ni las tensiones entre ayuntamiento y FCC por la contrata de parques y jardines ni otros espinosos asuntos tenían tal repercusión. Hace poco, el mismo ayuntamiento frenó en seco la recalificación urbanística que hubiera permitido construir 20.000 viviendas en el área de Venecia, y el personal se quedó tan tranquilo. Así de peculiares son las reacciones de la opinión pública.

Y mientras los lectores reaccionaban con tal vehemencia ante esa información animalista, el grupo de amigos con quienes estaba yo inició un debate paralelo no menos apasionado. Calculamos qué esfuerzo relativo les podría suponer a unas ocas cubrir el recorrido del desfile del 5 de enero, teniendo en cuenta que las simpáticas aves tienen las patas cortas, el cuerpo pesado y son palmípedas, lo cual no parece muy adecuado para caminar sobre el duro asfalto. Al final, no sé cómo, el debate abandonó las disquisiciones zoológicas y se trasladó a otra naturaleza, la de la nueva política, que por supuesto resultó ser un terreno resbaladizo. Casi reñimos.

Lo cierto es que ZeC lleva muy poco tiempo en el gobierno de la Ciudad Inmortal, anda bregando con los empandullos que, heredados, tiene que poner orden en las cuentas (si es posible) y todavía no ha propuesto un verdadero plan de gestión a corto, medio y largo plazo. Sin embargo, sus campanadas más sonoras han surgido de temas colaterales, como el nombre de un pabellón de deportes o esto de las ocas, burros y dromedarios (ni les digo cuando entremos a polemizar sobre los bovinos bravos). Todo ello estaba en el guión de Santisteve y los suyos, pero ahora casi parece una frivolidad, a la vista del impacto que causa en el vecindario. No obstante, yo me solidarizo con las ocas y el jumento. Pobrecicos.

sábado, 22 de agosto de 2015

Vale ya de sostener lo insostenible 20150822

Que se haya desautorizado la apertura del colegio Ánfora en Cuarte parece lo más razonable. Una cosa de sentido común, porque en un edificio en obras no se pueden dar clases. Eso, dejando al margen la dudosa solidez de esta propuesta educativa y la vinculación con la trama Púnica de la empresa promotora. La anterior consejera de Educación, Dolores Serrat, sabrá por qué concedió licencia al nuevo centro y le otorgó la condición de concertado (pagado con dinero público), pero tal circunstancia solo puede ser considerada una excentricidad. Ahora atañe a la nueva consejera recolocar de manera adecuada a los alumnos que se inscribieron en el Ánfora cuando había recibido luz verde.

Igual de lógica parece la opinión de Teresa Artigas, la nueva responsable de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Zaragoza, que da por acabados los dragados anuales (a costa de todos) del canal que en el cauce del Ebro permite las evoluciones de los famosos barquitos. A estas alturas es evidente que la pretendida navegación en el tramo urbano del río fue una ocurrencia absurda vinculada al no menos absurdo azud. El pretendido gancho turístico siempre ha tenido problemas (cuando hay corriente, cuando sopla el viento, cuando falta calado...) y una demanda más bien escasa. Argumentar que se trata de una oferta capaz de atraer visitantes resulta ridículo. Otra cosa serán los derechos de la empresa a la que se adjudicó por 25 años la explotación de los barcos. Habrá que ver en qué condiciones se firmó aquella cesión (otra incomprensible extravagancia).

Los actuales gobiernos (tanto en la DGA como en el Ayuntamiento de Zaragoza y algún otro municipio) han heredado de sus predecesores cosas y proyectos absolutamente inviables. Revertirlos no va a ser fácil en algunos casos (por ejemplo, no parece factible echar atrás esa anomalía urbanística llamada Arcosur), pero donde se pueda, donde no resulte muy gravoso ni lesivo, lo mejor es poner punto final a iniciativas dudosas o que llevan años costándonos dinero a cambio de casi nada. Lo que no puede ser no puede ser, y además es imposible.

martes, 21 de julio de 2015

Agendas políticas inmunes al calentamiento 20150721

Los abuelos están agobiadísimos. También quienes trabajan al aire libre, las criaturas pequeñas, los convalecientes... la gente en general. No solo hace más calor que en ningún otro verano desde hace miles de años, es que el constante incremento de las temperaturas, tan evidente y amenazador, trasciende los habituales comentarios sobre el tiempo que se intercambian en el ascensor. El fenómeno provoca ya fuertes pérdidas económicas en la agricultura y la ganadería, incrementa los costes en la industria y los servicios, obliga a invertir mucho más dinero en prevenir y atacar los inevitables incendios forestales y lleva de cráneo a los fabricantes de ropa, que ven cómo la lógica de las temporadas ha saltado por los aires. Sin embargo, en el escenario político tal situación apenas se hace notar. Ni los partidos ni las instituciones han encendido las alarmas ni introducido el tema del calentamiento en sus agendas. En paralelo, la opinión pública todavía está encallada en los viejos discursos. Las deleznables tertulias televisivas dedican minutos y aun horas a la discusión sobre la presencia, o no, del Barça en la Liga española cuando Cataluña se vaya por su lado (si se va, claro); pero el calentamiento es solo un oscuro e impreciso telón de fondo. Los 40 y los 40 y tantos grados centígrados se han convertido en temperaturas habituales del estío. ¿Qué haremos cuando dentro de poco alcancemos los 50?

Meteorólogos y físicos andan con el susto en el cuerpo. Los datos les llegan con una contundencia demoledora. Por supuesto, aquel debate sobre si el calentamiento global era una realidad o una invención de la izquierda pija y los ecolojetas se acabó hace mucho tiempo (solo que Rajoy, cuando dijo aquella parida de su primo el científico, aún no se había enterado). Pese a lo cual, la España oficial sigue mirando para otro lado. No se revisan las estrategias hidráulicas (superadas por los acontecimientos), no se implementan medidas contra el efecto invernadero, no se mejora la protección de la naturaleza. Muchos siguen creyendo que el calor y la sequía son buenos para el turismo. Estupendo, oye. 

miércoles, 8 de julio de 2015

A 43°, y jugando con fuego 20150708

Habrá que hacer algo, sí. El eco de las chirigotas que en su día hicieron los negacionistas se apagó hace mucho tiempo, mientras el calentamiento global irrumpía en nuestras vidas devaluando su calidad. Ayer, muchos empezaron a echar cuentas y a certificar que, en verdad, hace sólo treinta o cincuenta años el termómetro no subía tan alto. Ni mucho menos. Así que el personal va dándose cuenta de que eso de ponernos a más de 40 es un regalo que nos hace el efecto invernadero. ¿Que pasará cuando lleguemos a los 45?

Una tras otra, las cumbres mundiales referentes al clima no han servido para casi nada, más allá de unos tímidos planes cuyos objetivos jamás se cumplieron. Los poderosos se encogen de hombros, porque su máquina de los beneficios necesita quemar más combustible fósil, talar más árboles, construir más fábricas contaminantes, envenenar (y privatizar) más las aguas y convertir el desarrollo en un proceso destructivo que hará inhabitable el planeta. El futuro distópico ya no es una teoría pesimista. Está aquí.

Gran parte de los problemas que afrontamos a diario superan las diferencias ideológicas y tan sólo reclaman a la humanidad (más bien a sus presuntos líderes) que deje de jugar con fuego. Ante la actual crisis griega, o la locura yihadista, o la reinvención de la Guerra Fría, o la ominosa la alianza entre las élites financieras y el crimen organizado... En todos estos asuntos (donde las mayorías nada tenemos que ganar y sí mucho que perder) el enfoque ideológico es una coartada para disimular la codicia y el afán de poder. Los nuevos paradigmas de la desigualdad, el autoritarismo, el belicismo y la sistemática agresión al medio ambiente aparecen como propuestas del neconservadurismo occidental o de las oligarquías postcomunistas de Rusia y China. Pero al contradecir lo más elemental de la condición humana acaban siendo una agresión directa a las inmensas mayorías.

Ahora me pueden llamar populista. Pero tengo mucho calor, estoy cabreadísimo al escuchar y leer tantas barbaridades sobre Grecia y hoy paso de las opiniones ajenas.

lunes, 6 de abril de 2015

Buenos tiempos... para la burricie 20150406

Que la Facultad de Letras de Zaragoza se caiga a pedazos alegrará a quienes opinan que las filologías, las filosofías y las geografías son chorradas que no sirven para gran cosa. Y no digamos la historia. El otro día, se publicó aquí mismo un esclarecedor artículo de José Luis Corral sobre la exposición dedicada a Fernando II de Aragón. Salía al paso de las manipulaciones nacionalistas (centrífugas y centrípetas) de que son objeto personajes como el citado monarca, y ponía en tela de juicio el enfoque teórico y las intenciones políticas de los organizadores de la muestra (o sea, el Gobierno aragonés). Pues bien, apenas colgada tal colaboración en la edición digital del diario, un pobre diablo salió a comentarla negando los argumentos del autor, despreciando su conocimiento del tema y contratacando con los más falsos y zafios mitos nacionalcatólicos. Corral, además de prolífico y exitoso escritor, ejerce como catedrático de Historia en la universidad cesaraugustana y su especialidad es, precisamente, la Edad Media. Hay pocas personas en el mundo que alcancen su nivel de conocimientos sobre la vieja Corona de Aragón. Pero el imbécil que le replicaba se permitía el lujo de llamarle ignorante.

Ha pasado lo mismo con el debate sobre las inundaciones en la ribera del Ebro. Técnicos cualificados, profesores universitarios y reconocidos especialistas han sido desmentidos por personas que en el mejor de los casos estaban chocadas emocionalmente y en el peor solo respondían a una irrefrenable burricie, un absoluto desconocimiento de la hidrología. Son los ecos de la España negra, de la vieja España que (envuelta en sus harapos) desprecia cuanto ignora. Este es el país cuyo actual Gobierno ha yugulado con sádica y estúpida fruición el desarrollo de las energías renovables, único sector con futuro en el que éramos punteros a escala global.

El conocimiento es un pilar básico de la democracia. Tal vez por eso algunos se manifiestan ante él con tanto rencor. Rencor a los profesores, los médicos, los investigadores, los técnicos, los artistas, los estudiantes... y todos los malditos intelectuales.

viernes, 27 de marzo de 2015

¿Otra vez el lindano?.... ¡Por favor! 20150327

Hace apenas un par de semanas, fuentes oficiales anunciaron triunfales que la concentración de lindano en las aguas del Gállego y en las tomas para el abastecimiento a los pueblos ribereños era prácticamente inapreciable, cosa de nada. Al leer tan buena nueva me eché a temblar. No porque desconfíe de las citadas fuentes (que también, por supuesto), sino porque corre actualmente por el Pignatelli, y en particular por ciertos departamentos, un gafe del tres. Entendámonos: no es que un servidor crea en el mal fario y otros fenómenos sobrenaturales; solo me atengo a la simple observación de la realidad. Y este sano ejercicio indica que Rudi y bastantes de los suyos cortan hasta la mayonesa de bote. No dan una. Así, anteayer se comunicó a las localidades habitualmente afectadas que debían cerrar otra vez el grifo, pues no se sabe qué extraño accidente había provocado un nuevo vertido o derrame (o lo que fuere) y el agua... no era potable.

La contaminación en el Gállego es una tragedia hidrológica (por decirlo así) de solución mucho más difícil que todas las inundaciones habidas y por haber (dicho sea sin minimizar las pérdidas de quienes están sufriendo las consecuencias de las crecidas). Porque la presencia del maldito veneno en Bailín y otros lugares tiene tal volumen (repito por enésima vez que hablamos de decenas de miles de toneladas de lodos tóxicos) que su aislamiento y neutralización exigen un trabajo muy serio y cuidadoso, así como unas inversiones monumentales. De momento, lo gastado suma varias decenas de millones (cada vez es más difícil calcular el resultado de la cuenta sobre la que se precipitan a diario más y más sumandos).

Por causa de las aguas, en los últimos tiempos han rebrotado las críticas (y los insultos) a ecologistas, expertos en temas medioambientales y defensores de la naturaleza en general. Son voces idénticas a las que hace decenios intentaron acallar a quienes denunciaban la situación de Inquinosa, la empresa fabricante del lindano. Ya vemos cómo ha acabado aquella triste historia. Aunque rectifico: que no, que no ha acabado. Ojalá. 

domingo, 15 de marzo de 2015

Cansina frivolidad hidrológica 20150315

Digo frivolidad por no utilizar un término más duro. He de confesarles, por otro lado, que las discusiones, declaraciones y tejemanejes relativos a la última crecida del Ebro me han dejado exhausto. O harto. Así que cuando el jueves se oyó a Rajoy reiterar el argumento de que los socialistas han tenido la culpa de los desbordamientos porque en su día pararon el recrecimiento de Yesa o el embalse de Biscarrués, cerré todos los receptores... Y ni siquiera presté atención al debate que en paralelo y sobre el mismo tema se celebraba en las Cortes de Aragón.

Si les digo que la Tierra Noble tiene el menor de sus problemas en la naturaleza torrencial del Ebro o en la construcción de más y mayores pantanos, tal vez podrían ofenderse los vecinos de la ribera o los regantes o sabe Dios quién. Sobre todo porque estos asuntos están tan resobados y han sido reducidos de tal forma a ridículas simplificaciones que algunas personas no son capaces de captar su compleja totalidad. Ni Yesa (cuya ampliación tropieza con problemas de seguridad que han multiplicado su coste) ni Biscarrués (que destrozará un rentable tramo virgen del Gállego para nada) tienen que ver con la reciente crecida, generada Ebro arriba. La eficacia de los pantanos a la hora de frenar crecidas extraordinarias y súbitas es relativa. Enseguida hay que desembalsar.

No pocas personas que se han atrevido estos días a entrar en los foros de internet, en plan campanudo, a pontificar sobre lo que se debe, o no, hacer con el Ebro, han dicho curiosas extravagancias. Por ejemplo, en la edición digital de EL PERIÓDICO, se pudieron leer comentarios que invitaban a canalizar el río, porque, supuestamente, ello evitaría inundaciones ¡durante los próximos cincuenta años! Además, aseguraban, saldría más barato que indemnizar a los damnificados por las crecidas y el coste se recuperaría "destinando las gravas a construir carreteras" (sic). Pero que el presidente del Gobierno (o desde otra perspectiva los dirigentes del PSOE) se valgan de argumentos semejantes para situar el tema resulta más terrible que gracioso.

Nadie (y ahora me refiero a los académicos, expertos, ecologistas y otras fuentes autorizadas) ha dicho que sea preciso mandar a cascarla el ACTUR, dejar sin defensa los pueblos o no retirar del cauce los abundantes objetos, escombros y restos de materiales de construcción en él vertidos. Sólo se exige un plan integral que asuma las características de un río mediterráneo, respete su cauce, compense las defensas con áreas de expansión y subordine las infraestructuras (cuyo impacto en las inundaciones ha sido muy importante aunque casi nadie hable de ello) al sentido común hidrológico.

Y los chistes y las tontadas, por favor, para los cómicos.

miércoles, 11 de marzo de 2015

¿Y cuando bajen las aguas, qué?

Durante dos semanas la ribera del Ebro se ha hecho visible, ha sido objeto de la atención (o desatención, según se mire) de los políticos, ha visto desfilar por allí a los jefes (aunque pocos de ellos estuvieran a pie de inundación cuando la cosa se puso fea) y ha sido objeto de promesas y buenas palabras. Ahora falta por ver en qué quedará todo cuando bajen las aguas y pasen las elecciones. Tengo curiosidad por ver cómo se ejecuta la limpieza del río, cómo (y con qué criterio) se indemniza a los afectados y hasta dónde llega el debate (técnico y social) sobre la gestión un río del que muchos opinan sin tener una idea cabal de su auténtica naturaleza.

El caso es que todos están de acuerdo en elaborar un plan (serio) que prevenga y evite en lo posible el daño que causan las crecidas del Ebro. Es en el contenido de dicho plan donde empiezan las diferencias. Podrían ser superadas; pero para ello hay que dejar trabajar a los técnicos, evitar la demagogia política y alcanzar un pacto razonable con las gentes de la ribera. Lo cual, además de una mínima honestidad intelectual, requiere aclarar conceptos y términos. Por ejemplo: ¿qué significa exactamente eso de limpiar el cauce? ¿Retirar basuras, escombros, objetos arrastrados por la avenida y acumulaciones de grava que quedan al descubierto cuando llega el estiaje? ¿O más bien excavar un canal en toda regla para que el río se hunda allí y no vuelva a dar más guerra? La primera acepción parece aceptable y factible, aunque por sí sola no evitará futuras inundaciones (como se ha visto tras la limpieza del 2010). La segunda es un imposible. Y quienes agitan los ánimos con semejante quimera son unos irresponsables.

Los vecinos de los pueblos ribereños creen que saben del río porque lo ven pasar a diario. No hay tal. El Ebro es un sistema enorme y muy complejo que no se entiende observando sólo un punto concreto. Es necesario ordenar el cauce en toda su longitud y asumir su anchura real. Si se hace con talento, esos vecinos verán mejor protegidos sus intereses y vivirán más tranquilos y seguros. No es fácil, ya lo sé. Pero tampoco imposible. 

jueves, 5 de marzo de 2015

"Repensar" la identidad aragonesa

Esa es la cuestión, ciertamente: repensar Aragón. Ahí le ha dado Lambán, cuyo partido ha montado unas jornadas destinadas a chequear el aragonesismo, lo cual es muy necesario... y poco habitual en el ámbito político. Sólo cabe desear que el repensamiento se haga con una intención radicalmente actualizadora, un viraje hacia la modernidad, el pensamiento crítico, la ciencia y la cultura. Porque aquí tenemos un problema de partida: la existencia de una pseudoidentidad muy relacionada con los clichés folklóricos (baturros) y rurales, que ha sobrevivido y prosperado impulsada desde abajo por el populismo barato y desde arriba por la premeditada intención de mantenernos en una atmósfera zarzuelera y (ya perdonaran la expresión) un poco mostrenca. Basta con irse de vez en cuando a la programación de Aragón TV para comprobar hasta qué punto nos hace falta renovar los argumentos.

La propia sociedad (al menos sus sectores más preparados y dinámicos) empieza a exigir más rigor, más claridad y mejores objetivos estratégicos. Se ve ahora, con las inundaciones. El simplismo de quienes todavía creen que es posible meter al río en cintura por las malas se está combinando con análisis más complejos y elaborados que nos impulsan hacia soluciones eficaces (siempre que los políticos, ahora tan volcados en el tema, no se olviden de él cuando las aguas vuelvan a su cauce y pasen las elecciones). Repensar supone también adquirir una perspectiva más verde, más ecologista. Por ejemplo, y a la vista de las últimas inundaciones, ir más allá de las polémicas al uso, aparcar un minuto el tema de las gravas, y averiguar cuál ha sido el impacto de infraestructuras como el puente entre Pradilla y Boquiñeni (construido para traer a Zaragoza el agua de La Loteta) que actuó como una auténtica presa con efectos desastrosos, o el destructivo impacto de la autopista de peaje ARA1 (un absurdo y ruinoso caprichico de Biel). En fin, cuestiones en las que van reparando los observadores más agudos.

Hay mucho que repensar, y la cosa urge. Que mientras tanto esto se está poniendo de lo más mustio.

miércoles, 4 de marzo de 2015

Crecida en el Ebro, fracaso político 20150304

Además de provocar abundantes daños y traer zozobra y cabreo a los ribereños, la crecida del Ebro certifica con grotesca precisión el final de un ciclo político, el que se inició con el siglo y las movilizaciones contra el trasvase para acabar con los fuegos artificiales del 2008. Siempre con nuestro (¿nuestro?) río como figurante de honor. Hace tiempo que esa etapa languidece sin brillo y sin remedio. Finalmente, las inundaciones han revelado que nos gobiernan fantasmas envueltos en los lugares comunes más manoseados y menos útiles.

Estos días, las obvias limitaciones del presidente de la CHE, el regionalista De Pedro, se han puesto de manifiesto de forma clamorosa. La ministra García Tejerina demostró ayer su oportunismo y un absoluto desconocimiento de la cuenca. El Gobierno aragonés, la asociación PP-PAR, ha hecho una exhibición de inoperancia. El PSOE ha traído a Sánchez, su líder, pero sigue aferrado a los estereotipos hidrológicos más superados: la draga como solución simple y definitiva. Como en 1992, 2003 y 2007, nadie ha querido enfrentarse a la verdad y explicársela a la ciudadanía. Todavía hoy, se pretende que los efectos de la crecida se deben a escrúpulos medioambientales. Como si retirando gravas (en 2010 sacaron del cauce 120.000 metros cúbicos, miles de camiones cargados hasta los topes), pudiésemos prescindir de unas zonas de expansión que laminen las avenidas. Se olvidan las insensatas ocupaciones de zonas inundables (como esa en la que se levantó, contra toda lógica, la residencia de ancianos de Monzalbarba), las ilegalidades urbanísticas, las intervenciones a lo loco. Todo se tapa evocando el demencial objetivo de un Ebro embalsado y domado, una especie de canal de Panamá ibérico.

Por lo cual es preciso repetir a las gentes de la ribera que no se dejen embaucar, que consulten a técnicos independientes, que exijan una planificación del cauce razonable, que defiendan de verdad sus intereses... Y que pongan a los políticos en su sitio, para que este agotadísimo ciclo dé paso a algo más consistente. Antes de que todos nos volvamos locos. 

domingo, 1 de marzo de 2015

En el 2025, todos calvos... o quizás no 20150301

En un audaz avance estratégico, la presidenta Rudi ha anunciado como cosa posible que en 2025 comiencen las obras de la Travesía Central Pirenaica (TCP). Bueno... De momento el tema, tan recurrente y tan sobado por los políticos aragoneses con mando en plaza, se queda para después del Plan Juncker, que es como decir para las calendas griegas (y no digo las calendas francas, porque Gabacholandia ha logrado, ¡oh misterios de la política europea!, que le relajen el cumplimiento del déficit sin que le sancionen ni le chantajeen ni le humillen por ello). El supertúnel lo veremos cuando todos estemos calvos (servidor ya está listo para el prodigio) y nuestros nietos trabajen en Alemania o California sin acordarse de lo importante que fue para Aragón la permeabilidad de su montañosa frontera norte.

Calentando motores, el PSOE tierranoblense ha sido más concreto, exigiendo a la ministra de Agricultura y Medio Ambiente que comparezca en el Congreso de los Diputados para explicar por qué no limpia el Ebro. Es un gesto valiente y concluyente, aunque me temo que una limpieza sin más no será suficiente para los más entregados seguidores de Lambán, que reclaman el dragado integral desde Reinosa a Tortosa. Pero mientras discutimos si darle un repasito o meterlo de verdad en vereda (al puñetero río), los socialistas van pasando de puntillas sobre las acusaciones de Anticorrupción a uno de los más significados hombres fuertes del Marcelinato: Carlos Escó, el de Plaza.

Así, china chano, vamos entrando en calor. Las elecciones autonómicas y municipales son en mayo. Y al margen de designar candidatos (los partidos de siempre, según lo previsto por la autoridad competente; los alternativos, en medio de primarias, manejos del voto cruzado, desatendidas peticiones de unidad y otros trastornos juveniles), nadie ha avanzado mayor novedad programática. Vamos, que no hay propuestas rompedoras ni iniciativas capaces de poner al personal de pie. En Zaragoza, me temo, la campaña discurrirá en medio de discusiones sobre el tranvía y las bicis. Así, acabarán teniendo razón quienes dicen que Belloch, se diga lo que se diga de sus desbarres, quedará en los anales como el alcalde más innovador y echado p'alante de la era democrática. Hay que ver.

Pese a todo, una candidatura por su sitio y un programita apañado producirían, a quienes fuesen capaces de tenerlos, pingües beneficios electorales. Fíjense en cómo Pedro Sánchez, sin nada que perder ya, ha tirado por la calle de enmedio y consigue sacar de quicio al jefe Mariano, mientras su candidato Gabilondo, cita a Kant en los mítines y exhibe capacidad de convocatoria. Que estaba muerto (el PSOE), pero incluso a los difuntos puede crecerles el pelo.