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lunes, 21 de noviembre de 2016

Y ahora... ¿qué hace la jueza? 20161121

Nada, que los catalanes (las autoridades catalanas, quiero decir) no sueltan las pinturas de Sijena ni a la de tres. Estos, cuando les interesa, pasan de todo. A ver cómo se las arregla la señora jueza para conseguir que se cumpla su orden. Porque las cosas están muy jodidas. Y si el Gobierno central y el Tribunal Constitucional andan midiendo (y más que deberían medir) el riesgo de que el desafío independentista por parte de la Generalitat y los partidos soberanistas no derive en mayores actos de fuerza, tendría guasa que un conflicto menor (comparativamente, se entiende) desembocase en alguna escaramuza en el Museo Nacional de Arte de Cataluña.

Servidor mantiene desde hace tiempo una teoría o más bien una propuesta para lograr, si preciso fuera, la recuperación física de las pinturas y cualesquiera otras obras de arte. Puesto que tales tesoros son de naturaleza eclesial y fue la Iglesia y sus ministras/os quienes trajeron y llevaron (o lo autorizaron) frescos, retablos, casullas y copones, que sea la más alta autoridad católica quien ponga orden en la causa y revierta el expolio. No hace falta que Guardia Civil ni Policía Nacional entren en impensable pugna con los Mossos o la Guardia Urbana de Barcelona. No. Que venga la Guardia Suiza desde el Vaticano, se haga cargo de las obras en litigio y las traiga aquí con la bendición de Su Santidad y el Nuncio. A ver si tienen cuajo el conseller y los del MNAC para ponerse tontos con una fuerza de seguridad que recibe órdenes del propio Papa. Ni la CUP se cantearía.

Me temo, sin embargo, que la Guardia Suiza seguirá paseando sus morriones y alabardas por las dependencias vaticanas sin inmutarse. La Generalitat seguirá en sus trece, con ese tesón y ese feroz egoísmo que caracteriza al nacionalismo militante, y en Aragón rabiaremos y le daremos vueltas al asunto una y mil veces, como si fuese vital para nuestro futuro (que no lo es). Ya saben: las pinturas de Sijena, los pantanos, el Canfranc, la TCP, la despoblación, el carbón... Y así por los siglos de los siglos. Amén.

JLT  21/11/2016

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Lo siento...Yo escribo en diferido 20161109

Escribir para un diario de papel es hacerlo contra la magia on line y las respuestas en tiempo real. Por mucha edición digital que te ampare (y yo valoro mucho la de EL PERIÓDICO, que me proporciona miles de lectores diarios), tu parida de la tarde anterior nace vieja en la rotativa y se momifica a lo largo del día. Hoy, por ejemplo, cuando la jornada empiece, ustedes ya sabrán el nombre de la/el futura/o presidenta/e de los Estados Unidos, que yo desconozoco en este momento. Si acaso, me he ido llenando de esceptecismo respecto de lo que pueda pasar, porque Trump es lo que es, pero Hillary tampoco parece trigo limpio; aunque yo, si fuera norteamericano, la votaría. Como harán los intelectuales, los artistas, las estrellas del pop, los habitantes de las dos costas... y todos aquellos que prefieren una cínica superviviente de los viejos aparatos políticos antes que un mamarracho sobrecargado de viagra, cuya evocación de la América profunda llega repleta de odio y complejos.

Lo cual me lleva a preguntarme, una vez más, qué es esto del populismo, y si tal cosa ha nacido ahora o es una invención posmoderna destinada a renovar la denominación de fenómenos más antiguos que la mismísima monarquía hereditaria.

Digo esto porque describir el populismo como una doctrina extrasistema no deja de ser un alivio para los políticamente correctos. Pero en España, por ejemplo, el populismo (la identificación demagógica de un partido con la ciudadanía en su conjunto o la patria excluyente) existía mucho antes de la aparición de Podemos. Por ejemplo, en la Andalucía del PSOE-peronismo, en las comunidades valenciana y madrileña manejadas por el PP a golpe de corrupción y propaganda, en la Cataluña de CiU y Esquerra embarrancada en el ultranacionalismo... Por no hablar de este Aragón adicto a los mitos de vía estrecha e incapaz de conocerse a sí mismo.

Populismo puro son los argumentarios del PP (que ahora abarcan, sugieren y predicen la rehabilitación del PSOE), tan exitosos como inmoderados. Así que Trump... ¡Bah! 
 

sábado, 29 de octubre de 2016

Todo lo que se da por sentado 20161029

A estas alturas, estamos todos tan agotados que apenas causa sensación el hecho de que Mariano Rajoy haya alcanzado sus últimos objetivos parlamentarios y la investidura sea un hecho. Pero el problema adquiere a partir de ahora una nueva dimensión, porque habremos de dar por hecho la descarada consagración de fenómenos que contaminan la democracia hasta convertirla en algo parecido a una pamema. No me refiero, es verdad, a nada que no haya sucedido antes, por ejemplo presentar un programa electoral y luego incumplirlo. Pero hasta la fecha las trampas y mentiras eran presentadas como algo excepcional o se las disimulaba con prolijos ejercicios de cinismo e hipocresía. Eso se acabó. El PSOE ya ha pasado a dar por hecho que ofrecer una cosa y de inmediato hacer la contraria es algo perfectamente razonable, admisible e incluso admirable.

Resulta insólito que Antonio Hernando siga siendo portavoz del PSOE tras haber jurado en público una y mil veces que su partido jamás de los jamases facilitaría la investidura de Rajoy. Para justificar el giro de 180 grados de su comité federal y justificarse a sí mismo, este ciudadano evoca aquellos renuncios a cuenta de la OTAN y la reconversión industrial de los 80. Pero su mensaje transciende tales precedentes y anuncia un futuro donde ya no cabe confianza alguna en los candidatos socialistas. El interés de España (¿de qué España?) está por encima de cualquier contrato con los votantes. O sea que...

El PP, por su parte, ha logrado darle la vuelta al sistema electoral sin necesidad de reformarlo. Ciudadanos ha exhibido una impresionante capacidad para el transformismo ideológico y programático. Los nacionalistas periféricos han dejado de disimular su apabullante (y egoísta) obsesión territorial, como si el mundo se acabase más allá de sus micropaíses. Y Podemos... Bueno, estos acabarán convirtiendo en coherente su incoherencia, aunque sólo sea por comparación con los demás. En todo caso, nadie les perdonará nada. Bastante tienen.
 

sábado, 15 de octubre de 2016

Agustina de Aragón casi me mata 20161015

Si no fuese porque le han dado el Premio Nobel de Literatura a Bob Dylan, pensaría que la posmodernidad ha puesto la marcha atrás y vamos de regreso a los años de mi infancia, cuando España era un extraño país derrotado, amargado, empobrecido, acojonado y sometido a una indescriptible dieta cultural e ideológica. Tiempo de silencio. Casi sufrí un shock la víspera del Pilar, que andaba yo medio griposo y me quedé en casa. En La 2 ponían Agustina de Aragón, y fuese porque me había subido la fiebre o porque no atiné con la tecla del deshueve, la película me sacó de quicio. Qué derroche de patrioterismo barato, de baturrismo imbécil, de manipulación histórica... En una secuencia, por ejemplo, la protagonista del bodrio descubre que su prometido es un traidor afrancesado porque tiene en la mesa ¡un libro de Voltaire! Solté un reniego y apagué la tele. Aún estuve un rato con taquicardia.

Pero, bueno, tampoco hay que darle más importancia al caso. El cine español de los cincuenta y sesenta es así (lo que pone en valor las obras maestras de Buñuel, Berlanga y otros). Volver a verlo no deja de ser ilustrativo. Y también es memoria.

Por desgracia, luego he leído que Interior ha encargado la formación de los inspectores de Policía a una desconocida hasta ahora universidad privada católica... O cuando supe que en el desfile del 12-O la Legión estuvo representada por el Décimo Tercio Millán Astray... O cuando he asistido al ridículo follón que se ha montado por la ya famosa tontada del Ayuntamiento de Badalona... No puedo sino suponer que aquí algo anda mal, muy mal.

Ya sé que vivimos, a escala global, una extraña época en que los yihadistas asesinan en nombre de Dios mientras muchos musulmanes (y algún cristiano) insisten en ser creyentes antes que ciudadanos; o donde es candidato a la presidencia de Estados Unidos un machista, ignorante, ladrón y demente. Pero todavía confío en que el personal, de aquí o de allá, sabrá distinguir entre la verdad evidente y lo que argumentan los discípulos de Goebbels.

martes, 13 de septiembre de 2016

Si son menos, con más motivo 20160913

Han dicho las crónicas que esta vez fue menos gente a las manifestaciones de la Diada. Pero seguían siendo cientos de miles. En cualquier caso, si el independentismo va de bajada, mejor todavía para afrontarlo mediante alternativas democráticas, que en última instancia acaban necesariamente en algún tipo de referendo. Puigdemont, el actual president, quiere una consulta legal. Lo que ya es mucho, pues durante decenios los nacionalismos periféricos preferían avanzar hacia la separación de España a través de complejos procesos políticos (a ser posible parlamentarios) y con grandes demostraciones en la calle, pero no ajustándose a esquemas de calidad como los del llamado procedimiento canadiense. Allí, el asunto quebequés se ha ido resolviendo paso a paso (como no me canso de repetir) mediante pactos, leyes, urnas y papeletas. Eso sí, todo se ha hecho con la máxima claridad y transparencia, sin trampas ni trucos. Podríamos copiar la receta: se trata ante todo de asegurar que cualquier decisión soberanista, si ha de ir hacia la ruptura de un statu quo secular, precisa una mayoría muy cualificada, e incluso la propia convocatoria a las urnas requeriría un respaldo de similar cualificación. Porque en estos casos no vale el absurdo sistema británico de asociar la decisión (como en el desdichado brexit) a la mitad de los votos más uno. No hablamos de una elección de representantes que se repite cada cuatro años, sino de algo mucho más profundo y definitivo.

He escuchado las reacciones al 11-S por parte de los partidos contrarios al referendo. Me han parecido tan poco convincentes como las de los nacionalistas catalanes cuando se autoadjudican un respaldo absolutamente mayoritario y confunden los términos de un consulta con los de unas elecciones legislativas. De hecho, el bloqueo (palabra que por otra parte estoy empezando a odiar) existente hoy en Cataluña, y por tanto en España, se debe a que los patriotas de ambas partes, centrífugos y centrípetos, se necesitan mutuamente. Sin los unos, los argumentarios de los otros perderían mucho... y viceversa. Ese es nuestro maldito nudo gordiano. 

martes, 2 de agosto de 2016

Qué personal tan bueno y conformadito 20160802

Nadie sabe definir la actual situación de Mariano Rajoy ¿Es candidato a la investidura? Sí o no, según se mire. Se le puede considerar un candidato presunto, implícito, provisional, probable, en diferido, hipotético, yateveré... Candidato interino le definió ayer un colega. Cualquier cosa. Pero ya se ve que esta peregrina circunstancia, por la cual un líder político acepta un encargo del Rey sin aceptarlo del todo, resulta perfectamente verosímil en este país, en el que previamente hemos permitido que se convoquen elecciones generales en vísperas de grandes paréntesis vacacionales, o donde el partido gobernante puede llegar a ser procesado por el delito de obstrucción a la justicia sin que su máximo dirigente se sienta obligado a dar explicación alguna.

Desde el jueves pasado, cuando Rajoy explicó en términos tan evanescentes y cachondos su reunión con el Jefe del Estado y su aceptación (o no) de ir a la investidura, personas muy sensatas se han devanado los sesos intentando ver qué clase de coyuntura es esta y cómo encaja o deja encajar en la Constitución. Juristas, politólogos y periodistas reflexionan sobre la exacta naturaleza de lo que nos toca vivir. Barajan interpretaciones y precedentes, en un ejercicio de responsabilidad cívica que daría risa si no diese pena. Hombre, por favor... ¡Pero si esto es mucho más simple! Elemental: Rajoy invoca la llamada Carta Magna o se la pasa por el arco del triunfo según le va conviniendo. ¿Por qué? Porque se lo permiten una sociedad desorientada por completo y unos creadores de opinión capaces de comulgar con ruedas de molino no sé si por interés, prudencia o despiste.

Con tanta bondad y tanta conformidad (de los españoles e incluso de aquellos que quieren dejar de serlo), aquí algunos hacen lo que les place. Por eso en Cataluña los independentistas se acogen a los mismos tribunales que desprecian, se inventan las reglas sobre la marcha y traspasan las fronteras del ridículo, seguros de que también en su particular escenario la gente traga lo que le echen, y más. Bueno... Siempre podremos ponernos bordes con Podemos, ¿no?

jueves, 28 de julio de 2016

No se indignen, por favor... ¡Ríanse! 20160728

Lo de ayer fue fabuloso. Como en una espléndida conjunción astral, la actualidad vio entrecruzarse acontecimientos, declaraciones y milongas cuya aprehensión simultánea ilustraba mejor que cualquier análisis sobre lo que hay. El hecho, por ejemplo, de que PP y PSOE se escandalizasen al unísono ante la moción independentista del Parlament, mientras ambos partidos se guardaban en la manga el pacto para dotar a Convergencia de grupo propio en el Congreso, resultaba particularmente gracioso. Por supuesto la susodicha moción era el precio que pagaban Junts pel Sí por el posterior apoyo de la CUP cuando se celebre en septiembre la moción de confianza del actual Govern. Lo cual deja no sé donde aquellos argumentarios peperos, según los cuales los chalaneos entre su partido y los nacionalistas de orden venían a recolocar a estos últimos en el ámbito de la política sensata. ¡Madre del amor hermoso!

Les aconsejo no cabrearse. Ríanse, que es mejor. El Rey pone cara de afligido conforme va recibiendo a los portavoces de los grupos. El PP se lo toma con la habitual calma y ninguno de sus portavoces es capaz estos días de aclarar qué hace o quiere hacer el gran jefe. Rajoy ni siquiera da explicaciones a los suyos. Secreto y caudillismo. El procesamiento de la propia formación como consecuencia del borrado de los ordenadores de Bárcenas ha sido acogido con una indiferencia absoluta. Un barullo judicial más... ¿Y qué?

Bruselas nos ha perdonado la multa y da dos años más para ajustar el déficit. ¿Por qué? Porque a la Comisión Europea así le place. Como si decide lo contrario. Los dioses son caprichosos. Queda implícito que tanta generosidad y buen rollito son un acicate para que España acabe siendo gobernada por quien corresponde.

Menuda broma. En medio de todo, Echenique vuelve a ser famoso en España entera. Por una parida, sí. Pero como él era especialista en denunciar tales minucias, resulta inaudito que no se diera cuenta dónde se metía. O a lo mejor todo ha sido un chiste. Es lo que tiene la comedia extrema... que acaba generalizando el descojone. 

viernes, 22 de julio de 2016

Junqueras en La Moncloa, y ¡viva España! 20160722

Que el vicepresidente catalán y líder de Esquerra vaya a La Moncloa me parece normal. Que acuerde con su homóloga española, Soraya Sáenz de Santamaría, y el ministro Montoro una nueva refinanciación del Govern, también. Pero que todo esto suceda a la vuelta de tanta pasión y tantos reproches mutuos por ambas partes, justo cuando hay que investir a Rajoy y repartirse el mogollón... la verdad es que da risa. Las dos risas: la tonta y la lista. Ahora bien, la operación, de momento, le está saliendo muy bien al PP, que torna cañas las lanzas de antaño, ejercita su proverbial capacidad para darse la vuelta como un calcetín y también se ríe... de todos esos españolazos que le dan el voto como signo de movilización y resistencia ante los malvados separatistas. En paralelo, los independentistas se tronchan de todo el izquierdismo que les tiene por caso aparte, pues les supone (cada vez es más difícil saber por qué) una particular adscripción republicana y progresista, que ni de lejos. Convergencia (ahora Partido Demócrata) y PNV, por supuesto; pero ni siquiera la citada Esquerra, la delirante CUP o los victi-verdugos de Bildu son de fiar. Eso ha quedado claro incluso para Pablo Iglesias, quien ayer dio por perdida la opción de montar un tinglado para hacer frente al PP.

Con su reiterado "es lo que hay", los cínicos sientan cátedra. La derecha nacional, por ejemplo, ya hace virtud de la necesidad de pactar con Dios y con el diablo, y sus seguidores encuentran comprensible que sus jefes lleven a cabo sin complejos aquello que, hecho por otros, calificaban de traición a la patria hispánicomadrileña. Por otro lado, no es menos ocurrente y chistosa la explicación que de todo esto ha dado la socialista Susana Díaz (esa peronista rociera, según definición de Josep Borrell), tan indignada siempre ante los deslices de su correligionario Iceta y la soberanofilia de Podemos.

¿Y en Aragón? Pues aquí, la mundial en bicicleta. Entre la que lleva el bueno de Lambán con el relevo en la presidencia de las Cortes, y la que arrastra el pobre Santisteve con la empanada de Averly, esto también... también provoca la carcajada. 

jueves, 21 de julio de 2016

A la postre, todos son nacionalistas... ¿No? 20160721

Esto de investir presidente y gobierno está sobrevalorado. No sólo porque el país, en funciones, va tan bien o tan mal como siempre; sino sobre todo porque cada campaña y cada periodo postelectoral vienen a ser un show maravilloso, repleto de trucos y chistes. Puro marxismo, de los hermanos Marx. Pasen y vean a los más españolistas de Madrid (el PP) tirándose los tejos con los separatistas de la periferia centrífuga (Convergencia y PNV), para pasmo del respetable y de los centristas centrípetos (Ciudadanos). Todo por los sillones y el grupo parlamentario, todo por el cupo... todo por la pasta. A la postre, unos y otros son nacionalistas, y llevan decenios interactuando para mutuo beneficio.

Es genial. El PP habla y negocia con sus supuestas bestias negras porque le viene bien y por la misma regla de tres que antes zahería a socialistas y podemistas cuando amagaban cosa similar: porque puede y le sale de la Puerta de Alcalá. Convergentes y peneuvistas se arriman porque van a lo suyo y son partidos de orden perfectamente capaces de poner su amor por el poder y el dinero muy por encima de cualquier estética patriotera. Quienes ahora se sorprenden al verles reunirse tras meses y años de tiroteo es que no comprenden de qué va el juego. En cuanto a los escrúpulos nacionales que afectan ahora a Ciudadanos, no creo que pasen de ser un leve sarpullido estival. El calor, oye, que ni deja dormir a la senadora Barberá

En el PSOE suenan suspiros de alivio. Pues así quizás podrán quedarse al margen de la investidura de Rajoy, libres de toda tentación. Bien es cierto que tal investidura no está atada y no deja de ser una cosa complicadísima. No digamos si el PP ha de gobernar las Españas en medio de este laberinto de pasiones: regateando con los nacionalistas, pactando con Ciudadanos, comunicándose con el PSOE, aceptando las instrucciones de la UE, recortando, disimulando... Casi nada.

Por lo demás, bien. Ya le han pegado otro trasteo a la hucha de la Seguridad Social, y van dos en un mes. A este paso, cuando me jubile no queda un centimo. No podré vivir en Marte con lo que me quede de pensión. 

viernes, 15 de julio de 2016

Cataluña me desquicia... y España también 20160715

Cada vez veo a los catalanes (y en particular a los soberanistas) más celtibéricos, más españoles, más de la piel de toro (toro de Picasso, toro de La Vega, toro de Osborne, torico de Teruel). Por supuesto, en esto de los bienes que la Santa Madre y sus fervorosas siervas se llevaron p'allá y ahora hay que traer p'acá lo están bordando. Resulta que los mismos patriotas capaces de reclamar y lograr los papeles de Salamanca se empeñan en no ceder unos retablos y otras maravillas que obviamente provienen de Aragón y aquí deberían volver, aunque sólo fuese para acabar con este conflicto primero molesto, luego irritante y ahora hiriente. El Parlament y el patronato del Museo Nacional de Arte de Cataluña se han puesto bordes y respondones, pese a las sentencias y los exhortos. Lo más genial del caso es que en esta última entidad está presente el Ministerio de Cultura español (o sea, español de España), ¡que tampoco echó una mano! Ahí, ya ven, se ha cumplido de nuevo el principio de que a la Tierra Noble se las dan, con perdón, por delante y por detrás.

Esta incapacidad para entender las razones del otro y tratarle como quisiéramos ser tratados es cosa de nacionalistas y de cualquier hispano (centralista o periférico) que tenga alguna manera concreta de pensar. Cierto: si las obras de arte religioso aragonés que están en Lérida y Barcelona fuesen catalanas y anduvieran en museos de Zaragoza y Huesca, nuestros vecinos estarían poniendo el grito en el cielo y su victimismo alcanzaría récords (en un país de países donde todos suelen hacerse la víctima, empezando por los verdugos).

Pero si un ministro del Interior socialista o, peor aún, podemista hubiera sido grabado mientras conspiraba para utilizar los recursos públicos en una sucia maniobra política... ¿No estaría la derecha oficiando funerales por el Estado de Derecho y exigiendo dimisiones y castigos ejemplares. Natural. Y así todo. En plan transversal: animalistas contra taurinos; los EREs frente a la Gürtel (y el resto del putiferio); las izquierdas vs las derechas; los del PSOE y los de Podemos... Leyes del embudo a tutiplén. Qué murga. 

jueves, 9 de junio de 2016

Cataluña (y lo demás) en clave de comedia 20160609

Aunque el nacionalismo catalán separatista y el nacionalismo español centralista se han esforzado en dar a su pelea un enfoque trágico y solemne (compartiendo los argumentos en una retroalimentación realmente curiosa), la puesta en escena deriva sin remedio en pura comedia, un sainete surrealista y casi lisérgico. El empeño de Junts pel Sí en obtener la independencia tan ricamente, organizando la ruptura al estilo de un divorcio amistoso, es puro delirio. ¿Y qué decir de las aspiraciones anticapitalistas y superalternativas de la CUP, dispuesta a convertir el soberanismo en instrumento revolucionario? La colisión de ambas vías hacia la llibertat estaba cantada, y vuelve a probar la naturaleza no democrática de un procés que nació sin respaldo popular suficiente, sin una vía política clara, sin instrumentos instituidos y sin nada de lo que ha de tener el nacimiento de una nación-estado. Si no fuese por el afán (contrario aunque concurrente) del españolismo radical, el conflicto catalán podía y debía haberse desactivado hace tiempo. Con un referéndum en condiciones que pusiera las cosas en su sitio, por supuesto. Pero también con un nuevo pacto constitucional que federalice España y zanje la polémica territorial. Que ya hiede.

Dudo que podamos poner fin al teatrillo. La mayoría de las fuerzas políticas catalanas está por seguir distrayendo al respetable con proyectos para convertir su país bien en un bonito paraíso fiscal, bien en una especie de Marinaleda a lo grande y guapo. En el resto de España, tampoco será fácil que alguien se ponga serio. Menos aún si el Partido Socialista del Sur sigue imponiendo sus resabios antiperiféricos al Partido Socialista del Norte, y el derecho a decidir acojona de tal manera a jefas y jefes, incapaces de resolver nada pero dispuestos a embarullarlo todo (aún más, quiero decir).

Encima, ahora estamos discutiendo qué es y qué no es la socialdemocracia... ¿y el liberalismo?, ¿y el populismo?, ¿y el quincemayismo? y ¿el sexo de los ángeles? en fin... De todo esto ya habrá ocasión de hablar durante la campaña, a cuya crónica diaria me mudo desde ahora. Ahí nos vemos. 

martes, 24 de mayo de 2016

Actualidad compleja... e implacable 20160524

En la final de la Copa del Rey, las esteladas pasaron a segundo plano (una vez desautorizado el Gobierno en funciones que quiso prohibirlas). Para resarcirse, las fuerzas y cuerpos de la seguridad del Estado multaron, según parece, a una ciudadana que entró al Vicente Calderón con una bolsa donde iba estampado un remedo del provocador eslogan británico "Todos los policías son unos bastardos", pero que en realidad solo decía "Todos los gatos son guapos". Cosas de esta España cuya facción más conservadora va por el mundo repartiendo diplomas de demócrata, mientras aquí ocho personas que participaron en una manifestación pacífica (embroncada por una violenta carga de la Benemérita provista de material antidisturbios) se enfrentan a penas de hasta seis años y medio de cárcel. Increíble. Y me pregunto: si condenan a los 8 de Yesa... ¿podrá decir alguien, por ahí, que en España hay presos políticos?

Mientras, en Austria ha estado a punto de ganar la presidencia del Estado un ultraderechista. ¡Austria tenía que ser! Por suerte había un candidato alternativo, no un socialdemócrata ni un cristianodemócrata, ¡ojo!, sino un ecologista de izquierdas, que ha soportado la embestida alzándose con la victoria en el último minuto. Atención a lo que pasa en el exterior. Porque de todo cabe sacar alguna consecuencia. Por ejemplo de las recientes elecciones británicas. En Escocia, los nacionalistas perdieron la mayoría absoluta en el parlamento del reino. Curioso, ¿verdad? Quienes predijeron que someter la soberanía a referéndum daría alas a los independentistas se han equivocado. Como en Quebec, una consulta democrática se está revelando la mejor fórmula para zanjar de manera positiva un conflicto que (como ocurre en Cataluña) resulta insoslayable y potencialmente peligroso si no se le da salida.

El otro día, en el aniversario de la zaragozana Tertulia Albada, intenté explicar que la actualidad es siempre compleja e implacable. Por eso será que los teóricos del sistema contemplan con aprensión la llegada del 26-J. Porque ese día algunas simplificaciones saltarán por los aires. 

jueves, 28 de abril de 2016

Tantas cosas me parecen mal... 20160428

Por supuesto, me parece mal el inicio de esa guerra mediática que cierra a Ignacio Escolar y otros contertulios los micrófonos de la SER e impide la presencia de periodistas de Prisa en La Sexta como consecuencia de la airada reacción de Juan Luis Cebrián a su aparición (bien que colateral en los papeles de Panamá. ¿Cómo no me va a parecer mal que se silencie la voz de un periodista (aunque Nacho es director de El Diario, y va a seguir ahí y en otras radios y televisiones), si yo ya fui silenciado? Pero al haberme planteado algunos esta cuestión para demostrar que el otro día, en la Complutense, Pablo Iglesias tenía razón al arremeter contra medios y profesionales de la información, he de advertirles que aquel desahogo también me sigue pareciendo mal. Lo siento, pero no acaba de gustarme el estilo del jefe de Podemos (véase su actuación durante estos meses de negociaciones políticas, amagos y paripés), que lograría mejor sus objetivos con algo más de ecuanimidad, temple y diplomacia. Pero bueno, él sabrá.

Son muchas las cosas que me parecen mal. Lo cual solo significa eso: que soy difícil de contentar.

Me parece mal que Rajoy haya capeado el temporal de estos días manteniéndose al margen de todo, como si la cosa no fuese con él. Me parece mal que el PSOE y Ciudadanos presentaran a bombo y platillo un acuerdo etiquetado como "histórico", que ahora desaparece cual si nunca hubiese existido. ¿Y cómo se van a tratar ambos partidos en la próxima campaña?, ¿de amiguitos, de adversarios, de primos, de socios, de corruptos (C's al PSOE), de versión yeyé del PP (el PSOE a C's)? Me parece mal que Otegui vaya por ahí con carita de pánfilo, haciéndose la víctima. Me parece mal que Esquerra Republicana sea tan borde, oportunista y tramposa.

Me parece mal la manipulación partidista de los medios de comunicación públicos, el cuentismo de los jefes que se acusan mutuamente de haber frustrado algún tipo de pacto, la corrupción de los poderosos que incumplen sus obligaciones más elementales y luego presumen de patriotas... Lo dicho: soy un cascarrabias. 

lunes, 22 de febrero de 2016

Vigas, pajas y el cristal con que se mira 20160222

Por supuesto, los más fieles adeptos a una ideología o a una marca electoral ven la paja en el ojo del adversario pero no una viga en el de su partido. Así, conservadores y socialistas se tirotean usando como munición supuestas contabilidades que cada cual ha hecho... de las tropelías del contrario. ¿Es más voluminoso, en dinero e imputados, el caso ERE o la Gürtel?, ¿hubo más corrupción en Valencia, en Andalucía, en Cataluña o en Madrid? ¿Y Aragón, qué? La derecha suele presumir de que aquí la mayoría de las cochinadas han corrido por cuenta de gente del PSOE. Salvo La Muela, ¿no? Pero... ¿acaso no cabe la sospecha de que lo de La Muela o lo de Plaza, amén de otros asuntillos menores, no son sino la parte visible de un sucio iceberg que esconde mucho más bajo las oscuras aguas del control político, social y mediático? ¿Y con la CAI?, ¿qué pasó con la CAI? ¿Eran socialistas los altos responsables de la entidad?, ¿y los empresarios que obtuvieron créditos de alto riesgo? ¿y los que vendieron a dicha caja negocios que no valían un chavo, obteniendo beneficios tan fáciles como estupendos?

Tan absurdo pulso poco puede consolar a la ciudadanía que siempre es pagana, sea por cuenta de unos o de otros. Pero hemos de acostumbrarnos a que las dobles o triples varas de medir formen parte de una pelea entre argumentarios que los partidos han conseguido exportar a los analistas, tertulianos, expertos y comunicadores de toda condición. Fíjense no ya en lo de la corrupción, sino en cómo se caracterizan los fenómenos globales políticos o económicos. Un referéndum sobre Europa, por ejemplo. Si lo hacen los izquierdistas griegos, es un desatino inaceptable. Si lo hacen los conservadores británicos es una maravilla... tan maravillosa que además permite a Cameron chantajear a la Unión Europea (para pasmo del pobre Tsipras). Sobre Escocia y Quebec mejor no insistir.

Ahora, el juego de las vigas y las pajas incluye a quienes acaban de estrenarse. El objetivo es claro: imbuir en los votantes la idea de que todos los partidos son igual de guarros. Y que nadie se ponga exquisito. 

viernes, 5 de febrero de 2016

España, meando fuera del tiesto 20160205

Será el estrés posvacacional, pero ahora, cuando oigo y leo la actualidad y sus análisis, no puedo evitar la incredulidad, el desconcierto... y a menudo la risa. Me pasa al escuchar a los jefes respectivos insistir, virtuosísimos, en que aquí no se van negociar sillones sino propuestas, o en que las personas son secundarias porque lo esencial son las ideas. ¡Ja! Por no hablar de las alusiones al populismo en esta España maravillosa, donde las prácticas populistas más descaradas y aberrantes (demagogia y corrupción en gozoso cóctel) han corrido a cargo del PP (políticas de escaparate en Madrid y la Comunidad Valenciana), el PSOE (justicialismo clientelar en Andalucía) y CiU-Democracia i Llibertat (utilización del argumento patriótico como coartada definitiva). En fin...

Lo peor de todo es que hoy en día estamos meando (con perdón) fuera del tiesto, sin identificar las cuestiones fundamentales del momento ni asumir el contexto global.

Por ejemplo en el tema económico. Se ha convertido en dogma la tesis de que vamos saliendo de la crisis a golpe de desregulación laboral, bajada de impuestos y trato favorable al capital. Estas, se dice, son las premisas de un crecimiento del PIB, una constante reducción del paro y un incremento del consumo. Pero en realidad seguimos sin cumplir los objetivos de déficit, la deuda alcanza ya el cien por cien de ese flamante PIB y el empleo que se crea es inestable y muy mal pagado. Las haciendas públicas no ingresan lo necesario para mantener el Estado del Bienestar, ni la Seguridad Social para pagar las pensiones. Terrible.

O bien el demencial asunto territorial. El gran problema de hoy es que la Unión Europea se abre por sus costuras. La confluencia del constante sabotaje británico, los problemas del euro y la llamada crisis de los refugiados está provocando dramáticos retrocesos en los mecanismos y los ideales comunitarios. Pero mientras se disipa abruptamente el sueño de los Estados Unidos de Europa, en España solo nos preocupa la estúpida tensión entre el nacionalismo central y los micronacionalismos periféricos.

Ya caeremos del guindo, ya.

martes, 22 de diciembre de 2015

Hacen cuentas y salen rosarios 20151222

Hora de mirar más despacio los resultados. Y vuelve la misma sensación de mareo que los quesos y estadillos producían la noche del domingo. De decir que los pactos son imprescindibles, los analistas han pasado a reconocer que además son casi imposibles. Mariano Rajoy compareció tras una reunión de la dirección conservadora. Estaba medio KO, sonadísimo. Apenas pudo decir cuatro vaguedades exprimiendo su resobado argumentario de la campaña. Pedro Sánchez, que todavía siente temblar el suelo bajo los pies, escuchó a dos de sus barones (el extremeño Fernández Vara y el manchego García Page) esbozar un círculo sanitario en torno a Podemos. No son los únicos. La corrección política en pleno, con el PP por delante y Ciudadanos cerrando filas, quiere dejar a los de Pablo Iglesias fuera de cualquier combinación que permita gobernar el país. Para acelerar el incendio, los agentes económicos escenificaron un sonoro desplome de la Bolsa y un notable incremento de la prima de riesgo.

No vale hacer cuentas con los posibles ejes a izquierda y derecha. Hay nuevos actores, hay notables diferencias programáticas entre los hipotéticos aliados... y además ni PP-Ciudadanos ni PSOE-Podemos suman mayoría absoluta. A partir de ahí, se puede jugar con las fichas como se quiera: PP-Ciudadanos y el PSOE se abstiene; PSOE-Podemos y los nacionalistas periféricos; PP por su cuenta con la abstención de PSOE y C's... Pero no es tan fácil. El portavoz oficial del PSOE insiste en que su partido votará no a la investidura de Rajoy. Albert Rivera ofrece una abstención a favor del más votado que en realidad no sirve para gran cosa. Los nacionalistas (particularmente los catalanes) no son admisibles. Un gobierno en mayoría relativa respaldado por volátiles abstenciones no resistirá el primer embate parlamentario (y eso que el PP se dejó aprobados los Presupuestos del 2016). Podemos, quizás la única formación cuyo líder se ha expresado con claridad en términos políticos (sus Cinco Puntos para un proceso constituyente), da miedo al resto (incluyendo a C's, donde crece la sensación de que Rivera fue utilizado por Iglesias para que éste normalizara su imagen e incrementara sus posibilidades electorales)... Al final, las miradas se vuelven una y otra vez hacia el PSOE. La germánica imagen de la Grosse Koalition flota en el aire. Las viejas guardias y los sectores más moderados del socialismo español no le hacen ascos.

Demasiados líderes políticos tienen que hacerse a la idea de lo que hay. Los del PP, que soñaban con superar la barrera de los 140 diputados gracias al voto oculto y se han quedado muy lejos (aunque siguen controlando el Senado). Los del PSOE, que han de consolarse con los resultados en Andalucía y Extremadura del desastre en Madrid, Cataluña y otras comunidades. Los de C's, que han visto cómo se evaporaba en un par de semanas el exitazo de los sondeos. Los de Podemos, que no lograron su sorpasso al PSOE, quizás porque no tuvieron ese puñado de votos que se fueron a Unidad Popular-IU. Los de dicha coalición, situada al borde de la extinción.

Tendrán que reflexionar, sí. Y admitir varias cosas: que el mapa político ha iniciado un cambio irreversible, que España se ha redefinido como un país muy plural (hay varias Españas, la de los jóvenes, la de los mayores, la del Norte, la del Sur, la profunda, la periférica... y ninguna de ellas vota igual), que para pactar hay que ceder... y, por encima de todo, que la continuidad tal cual del Sistema está en entredicho. Como mínimo hay que resetearlo, y quizás reprogramarlo en una nueva Transición (como reclama Podemos haciéndose eco fiel del 15-M). La España de la corrupción, la desigualdad, los conflictos territoriales, el búnker constitucional y la partitocracia es inviable a medio plazo. 

jueves, 26 de noviembre de 2015

No tendrá otro remedio la CUP que votar a Mas 20151126

Como el proceso independentista catalán se fundamenta en un mandato popular inexistente (Junts pel Sí y la CUP no sumaron ni siquiera la mitad de los votos emitidos en las autonómicas plebiscitarias), el atribulado soberanismo le tiene miedo a una nueva convocatoria electoral que podría desdibujar la magra ( "agridulce", dijo Romeva) victoria de septiembre. Así que Baños y los suyos no tendrán otra salida que votar (desgarrados) a Mas como president, mientras este refunda su partido, se patea bajo la mesa con Esquerra y sigue apostando por una secesión cuyo escaso apoyo ciudadano la convierte en una desesperada y antidemocrática jugada.

Como yo no me imagino a Podemos votando presidente a Rajoy, tengo que admitir por fuerza que en Cataluña pasan cosas muy raras, y que la pretendida superioridad moral e intelectual de aquel nacionalismo centrífugo sobre el centrípeto nacionalismo español de toda la vida no existe. Ambos andan a la par. Para tener el carácter rotundo, imparable e irreversible que se le supone a cualquier movimiento independentista, Mas, Homs, el citado Baños y los dirigentes sociales que están en el ajo de la desconexión deberían obtener de forma sistemática un voto total por encima del 66% (dos tercios) y disponer de un liderazgo y un consenso indudables. No es esa la situación, claro. En Cataluña no se dan ni de lejos las condiciones que justificarían la separación de España y la construcción de un Estado propio. Y por eso mismo resulta increíble que el Gobierno central no haya abierto la puerta hace tiempo a un referéndum como mandan los cánones de la ley de claridad.

En las manifestaciones soberanistas celebradas en Barcelona, los asistentes gritaban "¡Un sol poble!", con esa estúpida manía de definir a las gentes por la geografía y la identidad, hermanando a ricos con pobres, sinvergüenzas con honestos, derechas con izquierdas, burgueses con anticapitalistas... Todos juntos en un movimiento nacional. Por eso es fácil que la CUP acabe votando a los del 3%. En la España-España, por lo menos, las izquierdas no han de tragar semejantes sapos.

viernes, 13 de noviembre de 2015

Secesión: de la tragedia a la comedia 20151113

La votación de ayer le pilló con la gripe al portavoz de la CUP catalana, Antonio Baños. Pero con virus o sin ellos, el colega se lo está pasando de miedo. Va y viene por los pasillos y escalinatas del Parlament esbozando un sonrisa irreprimible, rodeado de cámaras y micrófonos cual estrella de cine. Es un tipo simpático y maneja con habilidad una ironía demagógica (o una demagogia irónica). La mejor arma para un anarco postmoderno, capaz de relacionar la construcción hoy de una república soberana, catalana, libertaria y asistémica con la tradición histórica austracista, románticoburguesa e incluso carlista. Así, en el contexto de esta y otras alucinantes empanadas, el conflicto catalán pasa sin transición de la tragedia a la comedia. Y si no fuera porque la situación va a tener consecuencias muy serias para todos, podríamos empezar a reírnos de esta secesión blanca, de papel y mentirijillas, que tanta satisfacción le está produciendo... a Rajoy.

Antes de dar por sentado que el Parlamento de Cataluña está haciendo Historia o que la hacen el Gobierno de España, la Abogacía del Estado y el Tribunal Constitucional habríamos de darle la razón al que afirmó que la Historia se ha acabado. A lo mejor yo estoy embebido aún en la Edad Contemporánea, cuando la liberación de los pueblos (a través de la revolución y la independencia) se obtenía tras dramáticas secuencias de idealismo, heroísmo y adhesiones populares casi unánimes, con líderes indiscutibles conduciendo a las masas. Aquí, de eso no hay nada: ni héroes ni idealistas ni una voluntad ciudadana absoluta (en términos cuantitativos) ni liderazgo.

En Moncloa reina la alegría. Mariano y los suyos saben que les están poniendo el 20-D a huevo. En tal faena se luce Esquerra, que ya hundió a la izquierda catalana boicoteando el Tripartito desde dentro, y ahora va a por la izquierda del resto de España. Arrimando el ascua a la sardina del PP y C's, los independentistas están zancadilleando al PSOE y Podemos. Guay.

Esta ópera bufa no es una rebelión ni una insurrección ni cosa que se le parezca. Es solo aquello que dijo el amigo Baños... ¡un pollo! De granja.

martes, 10 de noviembre de 2015

Problema catalán, problema español 20151110

Ha sido una cosa alucinante, surreal. Cuando el Parlament, perfectamente partido por la mitad, aprobó-rechazó la desconexión, resultaba difícil creer que aquello fuese en serio. Pero a los independentistas se les veía muy campanudos haciendo historia. Vean el contexto: crisis, corrupción generalizada, aún no se sabe quién ni cómo será el president de la Cataluña que se desconecta, existe la posibilidad de ir a nuevas elecciones al Parlament en las próximas semanas, el proceso secesionista ha sido aprobado en solitario por dos fuerzas políticas (una de ellas, inestable amalgama de diversos partidos y plataformas sociales) que en septiembre no alcanzaron ni el 50% de los votos... y ayer, mientras el futuro nuevo estado nacía (o era concebido, que no está claro), en la calle había cuatro gatos agitando esteladas mientras el resto de los catalanes hacía su vida habitual cual si no pasara nada. Ha sido, sí, un suceso anormal, ridículo; un alarde... de españolismo.

Es inimaginable que se pueda proclamar la independencia de un país en esas condiciones. Pero el nacionalismo catalán ha fabricado su argumentario clonando del más rancio nacionalismo español la pulsión autoritaria, el desprecio por las reglas democráticas y obviamente la negación de toda disidencia. Por eso la interactuación entre Rajoy y Mas ha sido perfecta. El primero, cerrando los ojos a la magnitud del problema (la pulsión separatista de una parte significativa de la sociedad catalana) y negando cualquier alternativa homologable, a la canadiense o la británica. El segundo, buscando su supervivencia política en ese proceso trucado que pretende construir un estado sin legitimidad de ningún tipo y contra la voluntad declarada (en las urnas) de más de la mitad de sus habitantes (¿o no fue por eso que Junts pel Sí votó ayer contra la propuesta de Catalunya Sí que es Pot a favor de una consulta reglada?).

Pero así el del PP está a un paso de ganar las próximas generales en nombre de la unidad patria, y el de Convergencia se ha librado del desastre político (no descarten que acabe siendo president pese a la CUP). España pura y pícara, ya digo. La peor España.

viernes, 6 de noviembre de 2015

Y así se desvanece el sueño aragonesista 20151106

El PAR ha renovado su coalición con el PP para las próximas generales. CHA, tras aliarse con el PSOE, en cuyo Gobierno aragonés ocupa una consejería, encara el 20-D desde Unidad Popular, cuyas primarias le asignaron un papel secundario (IU se ha llevado la mejor parte). El sueño aragonesista se desvanece por la derecha y la izquierda, quizás porque su peso político nunca fue suficiente (ni siquiera en sus días de relativa gloria) para influir de verdad en los complejos equilibrios de fuerza que se han dado y se dan en España. Así, de repente (y justo cuando el aterrizaje del general Rodríguez en la futura lista de Podemos por Zaragoza ha reavivado la discusión sobre quién, cómo y por qué es aragonés, o no), la bendita Tierra Noble se presenta como lo que, en realidad, nunca dejó de ser: un territorio con alguna identidad pero sin margen ni genio para convertirla en moneda de cambio. Somos pocos. Y además, demasiado conformados.

El PAR ha firmado un nuevo contrato con el PP que todavía reducirá más su presencia dentro de los respectivos grupos populares o bloques de derechas en Congreso y Senado. Tampoco se pierde demasiado. El hecho de que durante la última legislatura hubiese un diputado (de rebote) y tres senadores regionalistas en una y otra cámara no supuso gran cosa. Casi siempre votaron de acuerdo con la estricta disciplina conservadora. También, claro, cuando tocó hacerlo contra propuestas de interés para Aragón. Es un hecho que los últimos cinco presupuestos generales del Estado (incluyendo el que corresponderá al 2016) han sido para nuestra comunidad muy flojos tirando a pésimos.

En el PAR ha existido siempre una clara tensión entre la ideología (conservadora, españolista y catalanofóbica) y la obediencia territorial (sea eso lo que fuere). Aún había un tercer y decisivo factor: el clientelismo y los negocios. CHA ha sido otra cosa. A la postre, el aragonesismo que emergió al filo de la Transición fue genuinamente progresista. Y Chunta quería ir todavía más lejos por la vía del nacionalismo rojiverde. No ha logrado el éxito que perseguía. Solo sobrevive.