Mostrando entradas con la etiqueta sanidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sanidad. Mostrar todas las entradas

miércoles, 13 de abril de 2016

Cuando no haya dinero para las nóminas... 20160413

Cabe pensar que si Echenique está distanciándose de Lambán es porque su partido da por perdida la opción de pactar (para España) un gobierno de izquierdas. En cualquier caso, la realidad económica no favorece alternativas progresistas en nivel institucional alguno. Sin dinero en las arcas públicas, los programas no pasan de ser papel mojado. En Aragón, el PSOE no desarrolla los acuerdos con Podemos más por falta de recursos que por otra cosa. Con Montoro cerrando la caja y unos presupuestos que la propia Intervención de la DGA considera "demasiado ajustados" (¡y tan ajustados!), se hace presente aquella advertencia de que pasaremos apuros incluso para pagar las nóminas de profesores y sanitarios. No se olviden de que Bruselas ha dictado un nuevo recorte del gasto público en nuestro país por un total superior a los veinte mil millones. Y esa recomendación se hará imperativa de aquí a mayo. A ver qué gobierno "de cambio y de progreso" podría manejarse en tales condiciones.

Si leído el párrafo anterior, alguno de ustedes está pensando que para cuadrar las cuentas sólo hay que suprimir gastos superfluos, tendré que darle la razón. En parte. No voy a repetirles qué y cómo podríamos ahorrarnos. Pero sí les certifico que ni aun así se equilibraría el saldo, porque Sanidad, Educación y Servicios Sociales ya están infradotados. Aquí (en Aragón y en toda España) sólo saldremos del actual círculo vicioso complementando una gestión más eficiente con una mejora de los ingresos. Ahora bien, si quienes tienen dinero de verdad lo esconden en paraísos fiscales y lo mueven a través de sociedades opacas... Pues ya me dirán.

El control del capital financiero y la transparencia fiscal sólo se conseguirán desde instrumentos de gobernanza global estricta y activamente democráticos. Pero, ¡ay!, la UE está lejos de ser uno de ellos, y los estados-nación (o sus pretendidas versiones microsoberanistas) no son capaces de meter en cintura a los capos de la economía desregulada. Por eso el PSOE se aleja de su identidad socialdemócrata. Por eso Podemos propone medidas imposibles de aplicar. 

viernes, 2 de octubre de 2015

¿No es un crimen torturar a esa niña? 20151002

Mis compañeros de la Asociación Derecho a Morir Dignamente (DMD) levantan sus voces por toda España indignados ante lo que está pasando en Santiago de Compostela, donde una niña de doce años parece condenada a una agonía larga y dolorosa. El caso es increíble. Me preguntaron por ello algunos colegas, y mostré mi fatiga y mi dolor por tener que explicar una vez más lo obvio: cuando un equipo médico se empeña en mantener los soportes vitales de un enfermo incurable y en estado terminal, y en no combinar sedantes y analgésicos potentes para dulcificar y abreviar el final inevitable, está faltando a sus obligaciones éticas, actuando al margen de toda praxis razonable e incumpliendo la ley. Los encarnizamientos terapéuticos equivalen a lo que el Código Penal tipifica como secuestro y tortura. Por desgracia son más habituales de lo que se quiere reconocer.

En el caso que comento no se trata de practicar una eutanasia, sino de proceder a una sedación terminal, protocolo que debería ser de obligado cumplimiento. ¿O es tan difícil distinguir entre la piedad y el sadismo?

No crean que esto sólo sucede en Galicia. Como activista de DMD he conocido en Aragón casos horribles. Por ejemplo el de un tocayo mío, afectado por una enfermedad degenerativa, que agonizaba en condiciones indescriptibles en una localidad próxima a Zaragoza. Mientras, su médico de cabecera le animaba a quemar "hasta el último cartucho". Por suerte, a ese facultativo (o lo que fuese) le sustituyó durante las vacaciones un auténtico profesional. Éste, espantado ante la situación, derivó al paciente a los equipos de cuidados paliativos... Y por fin, tras años de sufrimiento, aquel pobre hombre pudo sentir el benéfico efecto de los fármacos adecuados y acabar sus días sin más padecimientos.

¿Hasta cuándo vamos a seguir así? ¿Para qué sirve la Ley de Autonomía del Paciente y sus complementarias leyes de muerte digna? ¿Cuándo se legalizará y regulará la eutanasia (en el verdadero sentido del término)? ¿Qué gente malvada se sigue empeñando en hacernos morir como perros abandonados?... Ni me lo explico.

viernes, 14 de agosto de 2015

¿Quién se ocupa de los enfermos mentales? 20150814

Hace solo unos días, la psiquiatra Carmen Ferrer mostraba (en un artículo publicado aquí mismo) su alarma ante la presencia de enfermos mentales en residencias para la tercera edad. Tal situación se había revelado poco tiempo atrás, cuando una mujer (a la que no se podía considerar anciana por su edad), internada en la residencia Santa Fe, provocó un incendio y el suceso acabó con ocho muertos y una docena de heridos o lesionados. Luego se supo que aquel establecimiento carecía de los permisos más básicos, lo cual provocó la correspondiente polvareda política. Pero pocos se preguntaron qué hacía allí aquella persona, con antecedentes psicóticos, cuya demente acción desencadenó la tragedia. Ahora está en la cárcel, que tampoco parece el lugar más adecuado para ella.

Así son las cosas. Las prisiones albergan a numerosos enfermos mentales, discapacitados intelectuales y desgraciados en general. En paralelo, y para casos más convencionales, se ha ido dando por bueno el uso de residencias para la tercera edad como un lugar donde alojar a precios baratos a quienes precisarían otro lugar más adecuado para tratar sus problemas específicos. De hecho, ya hubo durante el mandato del Gobierno Rudi sugerencias encaminadas a usar dichas residencias como una alternativa low cost para los discapacitados.

Ahora nos espantamos ante una crónica de sucesos que suma crímenes machistas, filicidios, asesinatos rituales y desapariciones rodeadas de oscuras incógnitas. Es, dicen, la consecuencia de la crisis, la incertidumbre, el calor continuo... o la simple y pura maldad. Pero yo (aunque no soy un roussoniano convencido de la bondad natural del ser humano) creo que tenemos ante nosotros la consecuencia de una deficiente atención a las enfermedades mentales. No se trata de controlar al cien por cien a quienes se van de cabeza o se dejan arrastrar por sus peores pensamientos y sus instintos, sino de contar con una red asistencial más tupida y eficiente que coloque a la Psiquiatría a un nivel similar al de otras especialidades dentro de la sanidad pública. Es necesario.

lunes, 13 de julio de 2015

Por aquí pasó Atila-Oliván 20150713

Horas después de su nombramiento, cuando ni siquiera había tenido tiempo de organizar su propio equipo y cubrir las vacantes en el Departamento, el nuevo consejero aragonés de Sanidad tuvo que ir y venir presuroso, tapando sobre la marcha las más evidentes vías de agua dejadas ahí por su predecesor: un centro de Salud sin refrigeración donde ya era imposible pasar consulta, el Servet sin camas en Psiquiatría para agudos... Pero el baile apenas ha comenzado. Por fortuna, Sebastián Chano Celaya es un veterano del Salud, un profesional especializado como médico y como gestor. Conoce el paño, cree en la sanidad pública y tiene la suficiente empatía como para ser la contrafigura de Ricardo Oliván, que carecía por completo de las virtudes enumeradas. Eso sí, aquél hereda de este último no ya un déficit (que también) o facturas sin pagar (que por supuesto), sino un panorama desastroso, un terreno arrasado por los recortes y las insensateces del consejero-Atila, que fue (junto a Dolores Serrat) lo más destructivo del terrorífico Gabinete Rudi.

Conste que a mí no me gusta hablar de herencias ni justificar a los actuales por los anteriores. Pero en estos momentos no cabe soslayar el daño producido durante los últimos cuatro años en la administración autónoma. Un daño, por cierto, que se ha prolongado hasta el último segundo. Mediante una perfecta mezcla de indolencia, vagancia, ineficiencia y voluntad ultraliberal, el Gobierno PP-PAR ha procurado desguazar todo lo bueno que dejó tras de sí el Marcelinato (que no fue poco, sobre todo en materia de servicios básicos), apuntalar lo malo y sostener bajo cuerda el viejo y perverso amiguismo y clientelismo en nombramientos, adjudicaciones y otras mercedes. Todo ello sin cumplir con el déficit ni poner freno al incremento de la deuda. Tiene mérito, sí.

No creo que Lambán y los suyos puedan poner en orden el Pignatelli en cien días... ni antes del 2016. Pero ése es ahora su deber: priorizar los objetivos, trabajar mucho, acertar y no parapetarse tras las abundantes excusas que les brindan aquellos a quienes relevan. Los hunos ya son historia. 

martes, 21 de abril de 2015

Desde la crónica de sucesos 20150421

La actualidad no se reduce a las secciones serias de los diarios: política y economía. También aparece reflejada (a veces mejor aún) en la crónica de sucesos o en la deportiva. Otra cosa es que los medios y los periodistas, lanzados como vamos en pos de la última novedad, seamos capaces de interrelacionar todo y sacar las oportunas consecuencias. Además hay tragedias sobre las cuales pasamos de puntillas, de acuerdo con el código básico por el cual nos autorregulamos (mal que bien). Por ejemplo no solemos informar de los suicidios. Así evitamos dar pie a su emulación. Aunque, a estas alturas, cabría preguntarse si tales escrúpulos (lógicos por otro lado) no nos impiden profundizar en la causa de semejantes actos: la enfermedad, la soledad, el miedo a la pobreza, el agobio y la impotencia ante un desahucio o cualquier otra consecuencia de la cosa que llamamos crisis. Tampoco acabamos de contextualizar algunos suicidios u homicidios que son un fracaso del sistema socio-sanitario (estoy pensando en las dos pobres muchachas del Pablo Serrano o en el adolescente de la ballesta), por no hablar de acontecimientos tan terribles como la historia del hijo que pudo haber ayudado a morir a su madre para ahorrarle a ésta mayores sufrimientos... que el mismo sistema fue incapaz de paliar.

Durante este invierno se ha producido un número anormal de incendios domésticos. El fenómeno no es nuevo aunque casi lo habíamos olvidado. Porque cuando la muerte es causada por el tufo de los braseros o el fuego y el humo provocados por algún artilugio calefactor (incluyan ahí los accidentes eléctricos) estamos sin ninguna duda ante las consecuencias de la pobreza energética. El pasado vuelve.

Y qué decir del tiroteo ocurrido el otro día en Ejea. ¿Tenía sentido que la Guardia Civil asaltase aquella caseta donde se había atrincherado un individuo que, pese a su evidente trastorno, no dejaba de ser un anciano que ya no representaba mayor peligro? ¿Quién dio la orden de entrar, pudiendo esperar a que el paso del tiempo y el cansancio hicieran su efecto?

Sí, la crónica de sucesos también resulta muy reveladora. 

viernes, 10 de abril de 2015

Cuando no te dejan morir en paz 20150410

Si las cosas son como se deduce de las primeras informaciones, el caso de ese hijo que mató a su madre en el barrio de Las Fuentes nos pondría no ante un crimen individual sino frente a las consecuencias de un auténtico crimen social y legal: las tremendas dificultades que existen en España para que enfermos sin cura posible, con dolores refractarios y una creciente degradación física y mental puedan morir en paz. Hablo de la sedación terminal, que forma parte de todos los protocolos médicos habidos y por haber en el mundo civilizado. Pero en última instancia hablo también de la eutanasia, un derecho inalienable que nos devuelve el control de nuestra propia vida al permitirnos decidir libremente cuándo ponerle fin. Las redes sanitarias deberían ser capaces de resolver este problema, atendiendo a una legislación racional y humanista. No cabe contar con ello. Por eso pasan cosas terribles, como el suceso de Las Fuentes. Que no será (¡qué va!) el primer caso de asistencia al suicidio en España, ni tampoco el último mientras las cosas sigan así.

En este país, donde las leyes autonómicas de muerte digna (empezando por la de Aragón) no acaban de surtir efecto y la penalización de la eutanasia pende cual espada de Damocles sobre los médicos más comprometidos y empáticos, los enfermos incurables (en su mayor parte ancianos) son condenados a un vaivén de idas y vueltas del hospital a casa y de casa al hospital, para acabar expirando en uno de estos establecimientos, a menudo en una habitación compartida y tras habérsele alargado la agonía mediante prácticas absolutamente insensatas. Hay profesionales de la sanidad que intentan y consiguen abreviar esos temibles calvarios, pero otros eluden la cuestión. Los equipos de cuidados paliativos a domicilio, tan eficientes en el pasado como escasos de medios, han sido malamente reorganizados. La voluntad de los pacientes apenas cuenta. Es desesperante.

En Suiza, en Holanda, en varios estados USA, ¡en un país tan católico y conservador como Bélgica!, la eutanasia ha sido legalizada. Y no ha pasado nada. ¿Por qué aquí no?

JLT  10/04/2015

jueves, 19 de marzo de 2015

¿Cuándo empezamos a equivocarnos? 20150319

Algunos dicen que el primer error de los aragoneses fue sostener al Justicia Lanuza contra el rey Felipe II, pues aquello vino de los tejemanejes de Antonio Pérez y sus amigos, sin que al súbdito corriente y moliente le fuese ni le viniese. Otros ponen el jalón gafe en la Guerra de Sucesión, cuando apoyamos al Habsburgo austriaco contra el Borbón francés, y aquel fue derrotado por este. En lo que hay bastante consenso es en abominar de la heroica reacción de nuestros tatarabuelos zaragozanos, que se empeñaron (animados por la Santa Madre Iglesia, que siempre estuvo ahí) en dejar que la capital fuera destruida con tal de sostener los derechos del felón Fernando VII frente a los franceses, su revolución y su enciclopedia... Sea como fuere, en algún momento lejano empezamos a oír cantos de sirena, a dejarnos arrastrar por absurdos entusiasmos y a meternos donde no nos llamaban.

Ha presentado mi colega Ramón J. Campo una nueva edición de su libro sobre el Canfranc, los nazis, el oro y aquellas aventuras de posguerra en la estación hoy abandonada. El prólogo es de Forges, quien el otro día se hacia lenguas sobre la atmósfera mágica de la susodicha estación. "Seguro --le dije--, porque tan maravilloso edificio pertenece al realismo mágico, no al realismo real". Cuando decenas de miles de personas llenaban Independencia a principios del siglo XX reclamando la apertura de la línea férrea transpirenaica, reivindicaban un logro inútil. Aquel complicado trayecto de alta montaña nunca serviría para gran cosa... Salvo para dejarnos un misterio indescifrable. Otro.

De entonces acá, nunca hemos dejado de suspirar por cosas imposibles o de escasa utilidad. Y hemos creído que tales cosas resolverían nuestros problemas de un día para otro. Nuevas travesías a Francia, túneles condenados a quedar embotellados, infraestructuras sin uso, pantanos ilógicos, dragados del Ebro, caros juguetes, La Meca de los casinos... Así llegamos una y otra vez a la eterna Ínsula Barataria. Hoy, en Alcañiz, las carreras de motos son asunto (y gasto) público, y el hospital, un proyecto externalizado al sector privado. Mágico, sí.

sábado, 7 de marzo de 2015

Atropellado final de legislatura 20150307

La semana ha sido horrible, desquiciante y muy poco adecuada para un final de legislatura. Poco adecuada para quienes gobiernan, se entiende; aunque para el vecindario tampoco ha sido gloria precisamente. La crecida del Ebro, por un lado, y los constantes problemas en la sanidad pública, por otro, han dejado al Pignatelli medio sonado. A Rudi se la ha visto (poquísimo, que a ella no le gusta aparecer en público cuando la situación se pone fea) bailar en la cuerda floja. La presidenta y los suyos van a llegar a las elecciones de mayo arrastrando tras de sí un mandato en el que Aragón ha retrocedido sobre sus propios pasos. Y amplios sectores de la opinión pública han sido conscientes de ello.

Cuatro años después, el Salud no es ni sombra de lo que fue. Los atascos en las urgencias de los grandes hospitales zaragozanos se han convertido en algo habitual. En realidad no son sino la consecuencia del deterioro asistencial en los centros de salud y de las listas de espera extendiéndose a las consultas de los especialistas y a las más imprescindibles pruebas diagnósticas. La gente, claro, busca atajos para ser atendida (mientras el que puede acude a la privada, donde cada día celebran la fiesta de San Oliván).

De la crecida, qué se puede decir. Tras una evidente cadena de fallos en la predicción y la adopción de medidas para evitar mayores daños (¿cómo se explica, si no, la muerte de 10.000 animales en establos y granjas?), la gestión posterior se ha dejado en manos de la ministra Tejerina, quien está aplicando un método muy podemista para consolar a los ribereños: hacer "lo que dice la gente". O sea, dragar y represar. Pues nada, hasta la próxima avenida. Los afectados por las inundaciones han atraído la atención de los políticos en un tiempo y un espacio muy concretos. Los aragoneses enfermos (y sus familias) no han dispuesto de un momento específico en el que hacerse presentes y elevar sus quejas. Pero ambos colectivos (y otros más) incuban hoy un hondo malestar que se extiende por todo el tejido social. Justo cuando, de hecho, ha empezado la precampaña. 

domingo, 22 de febrero de 2015

Por aquí pasaron Atila y su caballo 20150222

Sí: donde pisaba el caballo de Atila no volvía a crecer la hierba. Es lo que dice la leyenda. Sin embargo, la caída del Imperio Romano no se debió a una sola causa sino a varias y no pocas de ellas se incubaron en el mismo seno de una sociedad incapaz de adaptarse a los cambios (aunque quizás sí se adaptó y entonces se hizo diferente). Hago este preámbulo, tan culto y tan así, para relativizar y lubrificar el posterior análisis sobre cómo puede quedar Aragón tras el paso del último gobierno PP-PAR. También haré una observación consoladora: los bárbaros de entonces se integraron, las raíces de la ciencia y la filosofía sobrevivieron, el arte renació... y volvió a crecer la hierba segada por la galopada de los hunos. Consolémonos pues.

Los informes de la Cámara de Cuentas sobre el desbarajuste que reina en la administración aragonesa van siendo publicados cual colección de fascículos tenebrosos. Pronto habrá más revelaciones (quizás sobre el IASS y el Salud). En el Pignatelli tiemblan y maldicen la hora en que se les ocurrió poner en marcha un órgano fiscalizador, al que se suponía incapaz de hacer algo más que marear las perdices con expedientes sin importancia y ha resultado ser un censor implacable. Repito: en este caso el órgano ha hecho la función, y su responsable, Antonio Laguarta, está crecido e imparable. Ha sacado de sus casillas a Fernando Gimeno con sus apreciaciones sobre el deshueve contable en el Ayuntamiento de Zaragoza. Pero lo de la DGA pinta mucho peor. Porque es en ese ámbito institucional donde se ventilan los servicios e inversiones fundamentales para la vida de todos los aragoneses. La sanidad, los servicios sociales, la educación, la Universidad, las infraestructuras determinan el presente y el futuro. Es todo eso lo que ahora está en evidente riesgo de venirse abajo. Al margen de las denuncias de la Cámara, los diagnósticos de organismos de todo tipo, las advertencias de los expertos y las reacciones y protestas de los usuarios van poniendo sobre el tapete una realidad inquietante.

Que sí, que Rudi recibió una mala herencia. Le endosaron una situación con problemas. Ella dejará tras de sí algo muy parecido a una catástrofe. Arreglar los rotos (concienzudamente perpetrados por consejeros como Oliván o Serrat) ha de requerir un esfuerzo ímprobo. O bien será preciso abandonarse al fatalismo y dar por perdido lo logrado en treinta años de autonomía. En ese periodo hubo aciertos, errores, sobrecostes, tontadas, apaños y fallos. Pero lo de ahora pertenece a otra categoría. No es un mal momento, es una auténtica conmoción. Esto lo reconoce en privado mucha y muy variada gente, incluida la que luego, en público, les baila el agua a la presidenta y los suyos, por aquello de seguir saliendo en la foto. Es lo que hay.

jueves, 19 de febrero de 2015

A marear los datos, que es gratis 20150219

La recuperación que proclama el PP es una elaboración estadística obtenida a base de marear las cifras. Bueno, algún dato estadístico sí va puntuando en positivo, casi siempre en términos muy relativos. A partir de ahí, el Gobierno ha montado una estrategia de comunicación para convertir la España de la devaluación interna y los números rojos en la locomotora de Europa. Por supuesto, tal versión es jaleada por los organismos internacionales: ese Banco Central Europeo, tomado por los burócratas del capital financiero (empezando por Draghi); ese Fondo Monetario Internacional (cuya directora, Christine Lagarde, ha sido imputada por la justicia francesa por haber regalado 403 millones procedentes del erario a Bernard Tapie, íntimo de Sarkozy)... Así van las cosas. No nos extrañemos pues si el consejero de Sanidad del Gobierno aragonés, Ricardo Oliván, hace también sus pinitos en esta asignatura del trampantojo aritmético y anuncia que la lista de espera máxima (más de seis meses) se ha reducido en un 36%, cuando en realidad todavía multiplica ¡por siete! la que encontró al llegar. El incremento de las demoras ha batido todos los records, especialmente en la especialidad de Trauma (en junio de 2011, 147 pacientes en espera; ahora, 1.143).

Lo malo de los datos macroeconómicas no es solo que su reflejo en la realidad cotidiana sea inapreciable, sino que tampoco son coherentes en sí mismos. Si hay más empleos, desciende el número de horas trabajadas. Si crece el PIB, la balanza comercial se desequilibra (un 53% aumentó su déficit el año pasado). Si baja la prima de riesgo, la deuda pública supera el billón de euros y la privada está por encima de los dos billones. Se dice que las cosas van menos mal que hace unos años. Vale, pero es que en aquellos momentos estábamos tocando fondo; puede que ahora descendamos a menos velocidad, pero cualquier recuperación de verdad queda aún lejos.

Y en Aragón, genial. Ayer, Luisa Fernanda estaba radiante anunciando las buenas nuevas económicas. Pero esta bendita Tierra Noble ha perdido posiciones en casi todos los rankings. Por mucho que se mareen las cifras.

sábado, 7 de febrero de 2015

Lo que sí y lo que no nos podemos permitir 20150207

Los argumentos utilizados para descalificar a los griegos repiten estereotipos prácticamente idénticos a los aplicados a España y los españoles: poca productividad, buena vida, siesta, comilonas, saraos, alegres imprudencias sureñas... O sea que hemos llevado un tipo de vida que no nos podíamos permitir. Incluyan ahí la sanidad, la educación, un sector público servido por demasiados funcionarios... Lo cual contiene una parte de verdad (sobre todo si hablamos de la economía sumergida, el fraude y la elusión fiscal o la falta de eficiencia productiva), pero no toda la verdad. Ni de lejos. Es significativo que quienes pretenden culpar a todos de la situación actual nunca metan en el saco de los excesos presupuestarios el gasto militar, los créditos y subvenciones a grandes compañías, los privilegios de los oligopolios, ni siquiera las consecuencias de las políticas de escaparate. Grecia no podía permitirse un salario mínimo superior al español, pero sí las fragatas francesas o los tanques Lepoard alemanes que hubo de comprar. Y no me digan que no tiene guasa ver hoy a Draghi ponerse chulo con los de Atenas. Porque el actual jefe del Banco Central Europeo viene de Goldman Sachs, la entidad... ¡que colaboró con los conservadores helenos en la falsificación de las cuentas del país!

España sí se va a permitir hacer frente a las responsabilidades derivadas de la engañosa salida a Bolsa de Bankia (cientos de millones), la indemnización a Florentino Pérez por el fiasco del Castor (proyecto europeo que nos costará a los contribuyentes un mínimo de 2.700 millones), el rescate de las autopistas de peaje de Madrid (más de 3.000 millones)... Y esto, después de las millonadas entregadas a la banca o los créditos fiscales regalados a las grandes compañías. Hasta el plan PIVE, tan alabado, ha acabado subvencionando la importación, porque buena parte de los más casi mil millones que lleva computados han ido a coches fabricados fuera de España. El Dacia Sandero es el número uno. Lo traen de Rumanía por cuenta de la multinacional Renault. Y mientras seguimos endeudándonos. Qué vida más regalada, ¿no? 

domingo, 1 de febrero de 2015

Entonces... ¿Para qué se creó la Cámara de Cuentas? 20150201

Que el Ayuntamiento de Zaragoza arrastra un voluminoso déficit es algo de lo que no duda casi nadie (aunque 344 millones parecen demasiado). Que el Gobierno de Aragón elabora presupuestos de ficción y también ha generado un pesadísimo lastre de impagados resulta igualmente verosímil. La Cámara de Cuentas lo ha certificado, así como ha informado en términos muy críticos sobre la compleja ingeniería contable que reina en las grandes instituciones de la tierra Noble, el uso discrecional de sus fondos o la concesión a dedo de subvenciones y contratas. Es su obligación. Pero los dos principales partidos, PP y PSOE, que venían disfrutado con dichos informes siempre que le dieran caña al adversario (los conservadores se regodeaban si salía malparado el Consistorio zaragozano, los socialistas si la china le tocaba a la DGA), se han puesto de los nervios al ser ellos los aludidos.

El caso es que PP y PSOE fueron, precisamente, los inspiradores y creadores de la Cámara de Cuentas, una entidad pública destinada a supervisar la gestión económica de las instituciones aragonesas. La organizaron a su gusto, colocaron en ella a gente de confianza y procuraron limitar su capacidad auditora para que inspeccionase lo justo y sus conclusiones no generasen demasiada alarma social. El problema radica en que el órgano parece haber creado la función. O en que al final sus integrantes se han dejado llevar por el entusiasmo y la sinceridad. O en que, habiendo sido utilizada la Cámara en cuestión como una plataforma desde la que sacarle las vergüenzas al otro, el pim-pam-pum se ha descontrolado y ahora nadie se corta un pelo y las hostias se reparten a granel y sin distinciones. Así que conservadores y socialistas se están mosqueando y parecen haber llegado a la conclusión de que el retoño les ha salido borde.

Y sin embargo... En esta comunidad los concursos públicos son un barullo (véase el inaudito caso del nuevo Hospital de Teruel), la sanidad pública está colapsada, el Gobierno mantiene en su hoja de ruta la oferta de otro hospital (el de Alcañiz) a la iniciativa privada, el objetivo de déficit no se cumple ni por casualidad, las sociedades públicas arrastran pérdidas apenas disimuladas con discretas inyecciones de dinero público, la deuda aumenta sin parar, la Universidad sobrevive en medio de la penuria y la administración autónoma cierra caja cuando le place. En el Ayuntamiento cesaraugustano se usan los mismos trucos y otros todavía más retorcidos para mover las partidas presupuestadas, se conceden a piñón fijo contratas cuyo control posterior tiende a difuminarse (o a embarullarse) y se paga... cuando se puede.

Por eso la Cámara de Cuentas es creíble. Aunque exagere. 

domingo, 26 de octubre de 2014

No toda la herencia era tan mala 20141026

Como dice nuestra presidenta, la herencia recibida por el actual Gobierno de Aragón fue mala, tirando a peor. Facturas en los cajones, sociedades públicas desmadradas, proyectos sin ton ni son y cosas feas. Vale. Pero... ¿eso fue todo? Alguien (ya que el PSOE es incapaz de generar un argumentario en esa línea) debería recordar que no, que la herencia también traía cosas que no estaban nada mal, o incluso que estaban muy bien. En toda España, el PP se encontró con unas infraestructuras tal vez hiperdimensionadas pero en todo caso magníficas. O con un suculento fondo de reserva de la Seguridad Social que ahora gasta sin cortarse un pelo. O con unos servicios públicos gratuitos y universales de buena calidad. En la Tierra Noble, sin ir más lejos, la educación estaba integrando recursos informáticos en una operación no exenta de disfunciones pero muy interesante y necesaria. La sanidad provocaba un alto grado de satisfacción en sus usuarios (y con la inercia de esa renta va tirando a fecha de hoy). Los servicios sociales incrementaban su operatividad y su alcance... Hoy, esa herencia se deprecia o es alegremente malbaratada. ¡O, sí!, ya sé que la retórica gubernamental niega la mayor y asegura que los citados servicios han sido salvados gracias a los ajustes. Pero eso no se lo cree nadie que esté en la calle, y muchos menos aquellos que tienen alguna relación con las administraciones, sea como empleados o como usuarios.

Esta semana se celebraron en Huesca unas Jornadas de Evaluación y Gestión de Costes Sanitarios directamente conectadas en su contenido con la nueva visión de quienes administran hoy la famosa herencia. La cuestión sobre el tapete no podía ser más obvia (desde el punto de vista conservador): la sanidad pública debe ser planificada reduciendo costes y utilizando mecanismos de gestión privados. Oliván, nuestro inefable consejero, se desahogó afirmando que los recortes ya debieran haberse producido antes de la crisis (tal vez para evitarse él algún mal rato). Y que, pese al descenso del gasto, todo funciona de maravilla. Ya... ¿y el incremento de las listas de espera?, ¿y el malestar de los profesionales?, ¿y el progresivo deterioro de unos equipos que dentro de diez años no serán ni sombra de lo que fueron? Porque, claro, todo es cuestión de tiempo. Hace una década, la sanidad madrileña todavía era capaz de atender emergencias de tremenda envergadura como los atentados del 11-M. Hoy no ha podido manejar adecuadamente dos casos de ébola importados, por no hablar de lo que pasó con la enfermera Teresa Romero.

Ojo con la herencia y cómo es administrada. Porque, al paso que llevamos, si los unos dejaron los cajones llenos de facturas sin pagar, los otros no van a dejar... ni los cajones.

JLT  26/10/2014

domingo, 19 de octubre de 2014

Aragón, cada vez más aburrido y absurdo 20141019

El jueves, la presidenta del Gobierno aragonés concedió una entrevista en Aragón TV. Varios colegas se sentaron ante ella y fueron desgranando con previsible cortesía preguntas más bien abstractas, genéricas, de esas que permiten a una enhebradora de lugares comunes, como es Rudi, perorar durante rato y rato en un curioso vuelo sin motor ni aterrizaje. No hubo tensión ni debate ni concreción alguna... ni interés. El tostón fue mayúsculo. Sacó a relucir Luisa Fernanda números y clichés tan huecos como intraducibles al lenguaje de la ciudadanía. En realidad, la jefa nos aburrió porque hablaba en otro idioma, ese lenguaje específico de los burócratas del sistema en el que las cifras sustituyen a las personas y las palabras no sirven para describir la realidad sino para ocultarla.

Mientras, los portavoces del Ejecutivo autónomo han insistido en que la contaminación por lindano en la ribera del Gállego "no constituye un problema de salud pública". Hombre... si hay pueblos donde no se puede beber agua del grifo desde hace un mes, si tenemos un río con su red de pantanos y canales para riego en constante riesgo de ver sus aguas envenenadas por un producto de muy alta toxicidad, si la causa de todo ello dista de estar eliminada... la resultante es un problema de salud pública como la copa de un pino, de libro, de cajón, evidente, clamoroso. Negarlo es absurdo.

O escuchemos al inefable José Ángel Biel proponer salidas a su declinante PAR. Ahora se ha sacado de la manga unas primarias (que sin duda podrá controlar) para seguir retrasando el congreso de la formación, al tiempo que advierte a diestro y siniestro de que la estabilidad institucional está en juego si en las próximas elecciones se multiplican puertas y bisagras y él deja de ser imprescindible. ¿Estabilidad? ¿Estabilidad... para qué? Porque a fecha de hoy, Aragón no necesita tanto seguir empantanado sino experimentar un cambio radical que renueve objetivos y paradigmas. Eso, o el declinar de esta Tierra Noble se acelerará de nuevo.

Los presupuestos no se cumplen. Tampoco se presentan (como pasa ya con el del 2015) dentro de los plazos que marca el Estatuto. Los ejercicios contables se interrumpen a los nueve meses... Pero no son estos los principales problemas. Lo malo es que detrás de los números están los niños hambrientos sin beca de comedor, los alumnos paupérrimos sin beca de libros, los enfermos amontonados en los servicios de Urgencias, los funcionarios desmotivados y sumidos en el caos, los gestores incompetentes nombrados por razones de amiguismo político o mero nepotismo, los proyectos institucionales (el fruto de la estabilidad) que consumen recursos y dinero de la forma más absurda... O sea, la descarnada realidad. 

martes, 14 de octubre de 2014

No es un virus, es un test social y político 20141014

Bien mirado, el ébola actúa hoy no solo como un virus letal, sino también como un test que define social y políticamente el mundo actual, España incluida. Para empezar, la maldita enfermedad ha desvelado, una vez más, que los problemas globales acaban siendo locales, que África está abandonada a su suerte (salvo cuando de extraer sus materias primas se trata), que la diferencia entre ricos y pobres es, más que obscena, criminal, y que por desgracia no existen instrumentos de gobernanza a escala planetaria para afrontar situaciones límite como la que ahora mismo se vive en Liberia, Sierra Leona y Guinea. El ébola se alía con la injusticia y el egoísmo.

El virus ha puesto de relieve que España capea una aguda crisis sistémica, pilotada por el peor Gobierno conocido (y ojo, que para conseguir tal marca es preciso esforzarse mucho). Más allá de consideraciones científicas, la cadena de errores, desatinos y maldades que han rodeado el caso de Teresa Romero han retratado de cuerpo entero a la ministra Mato, cuya inapetencia mental es un verdadero caso clínico; pero también al consejero de Sanidad de Madrid, Javier Rodríguez, un sujeto absolutamente impresentable, digno colaborador del presidente Ignacio González, el del ático ful. Que estos individuos sigan teniendo responsabilidades institucionales evidencia la calentura política que padece este país ¿nuestro?.

El test ha examinado la sanidad pública española. Que ya no es la que fue. Y menos en Madrid, donde el PP ha dispuesto de tiempo y poder para joder a fondo (el hospital Carlos III es sólo un caso más) un sistema que fue admirado por su eficiencia. Hace solo diez años, dicho sistema aún fue capaz de dar una magnífica respuesta al desafío asistencial que supusieron los atentados del 11-M. Hoy, ante una catástrofe semejante, ¿sería capaz de repetir la hazaña? Me temo que no.

África sufre. España se debate entre la indignación y el miedo (recemos para que las gripes invernales no provoquen estallidos de pánico). Estados Unidos muestra las carencias de su sanidad, concebida como un negocio indecente. El ébola nos retrata. 


miércoles, 8 de octubre de 2014

Y ahora lo del ébola... ¡Esto no tiene límite! 20141008

Cabía esperar que el ébola viniese a España desde África. Pero que se produjera aquí un contagio por repatriar a dos (¡dos!) enfermos ya diagnosticados y por tanto sometidos a un estricto aislamiento... eso ya resulta increíble. Es evidente que fallaron los protocolos: en las precauciones a la hora de tratar a los dos misioneros, en el seguimiento personalizado de los profesionales que participaron en dicho tratamiento y en lo más obvio, el disparo de todas las alarmas en cuanto uno de esos profesionales diese el más mínimo síntoma. El dato de que la enfermera infectada estuvo seis días (¡seis!) con fiebre y dolores, y solo se le hizo la prueba del ébola porque lo exigió ella misma, pone los pelos de punta. Todo ha sido un puro delirio. El descontrol de las ambulancias, los contactos personales, las viviendas, las camas... pone de manifiesto un descalabro de naturaleza sistémica. ¿Dónde ha ido a parar aquella sanidad pública que competía con las mejores del mundo?

A este desastre no le son ajenas las destructivas políticas sanitarias del PP, que llegó a desmantelar el hospital Carlos III, centro de referencia nacional para enfermedades infecciosas, y luego hubo de ponerlo de nuevo en marcha mal y de malas maneras. Las externalizaciones, las privatizaciones descaradas, el acoso a los profesionales que se resistían, la manifiesta incompetencia de los cargos políticos y técnicos encargados del tema (en Madrid como en Aragón)... todo ha cristalizado en ese maldito contagio (y ojalá sea uno solo) que puede ser letal para la imagen-marca de un país que pretende vivir en gran medida del turismo y que intenta vender eficacia para remontar la crisis.

Con esa ministra de Sanidad (de apellido ¡Mato!) en plan inútil total, un Gobierno desbordado y la vicepresidenta Sáenz de Santamaría a la cabeza del Gabinete de crisis, las terminales políticas y mediáticas de la derecha piden calma y que no se politice la situación. Como cuando el Prestige o el accidente del Yak o el choque en el metro de Valencia o incluso el 11-M. No pasa nada, nadie dimite, TVE emite cortinas de humo... Se han desbordado todos los límites.

JLT  08/10/2014

martes, 7 de octubre de 2014

A todo se acostumbra uno, incluso a lo peor 20141007



Los viajeros que vuelven de México cuentan cómo aquel país permanece sumido en un perpetuo baño de sangre (acaban de descubrirse las fosas comunes donde policías de Iguala, en Guerrero, quemaron y enterraron a decenas de estudiantes de Magisterio). Pero describen también, con notable espantoso, la progresiva insensibilización de aquella opinión pública, que recibe las noticias más horribles con un aparente fatalismo fruto del hastío, el miedo y la impotencia. Ya se sabe: a todo se acostumbra uno, incluso a lo peor. España, por suerte, no tiene que hacer frente a ninguna forma de guerra híbrida de baja o media intensidad (aquí, la obvia presencia del crimen organizado aún es bastante discreta); sin embargo, fenómenos tan perturbadores como la corrupción (en la política, en las actividades económicas o en el deporte profesional) han generado entre nosotros enorme tolerancia. No se trata solo de que la gente trague con las sinvergonzonerías que conoce a diario (aunque no han faltado casos de evidente complicidad social); me refiero más bien a esa forzada resignación a la mexicana. Sencillamente, la ciudadanía se inhibe mientras maldice para sus adentros.

La revelación del millonario mamoneo (tarjetas black) que se trajeron entre manos directivos y consejeros de Caja Madrid nos ha cogido con la conciencia encallecida. ¿Debería impresionarnos que entre los implicados esté el último jefe de gabinete de Hacienda? ¿Y el exministro socialista?, ¿y el jefe de la patronal madrileña?, ¿y Benito, el de Comisiones? ¿Tendría que impactarnos en diferido recordar que el breve encarcelamiento de Blesa, el banquero del PP, acabó con el procesamiento... del juez (un majara, claro) que se atrevió a ordenar tal medida? A estas alturas, casi que no.


Nuestro lindano, el contagio por Ébola de la enfermera que cuidó al misionero, la compra-venta de partidos de fútbol, el cleptopujolismo, los mil y pico millones que nos costará el fiasco de los depósitos naturales de gas en el Mediterráneo (Castor)... Todo cae sobre nosotros como una sucia y espesa lluvia. Y ya ni nos molestamos en abrir los paraguas. Para qué. 

miércoles, 23 de julio de 2014

Una camilla en las Urgencias del Servet 20140723

Decenas de enfermos aguardaban una cama libre en el Servet de Zaragoza, aparcados durante horas en pasillos y salas de espera. Entre ayes y estertores, médicos y enfermeras trabajaban como podían. Sin perder la concentración, claro. Porque en las Urgencias del primer hospital de agudos aragonés, sacar a flote cada ciclo de 24 horas sin errores ni catástrofes es más que un milagro, es una heroicidad al borde de lo imposible. Podían haber ido susurrándoles a los pacientes pillados en el colapso la gran noticia del día: ¡Agapito cede! ¡Traspasará la mayoría de la SAD Real Zaragoza a los señores de la Fundación! ¡El equipo se ha salvado! A lo mejor se hubiesen puesto buenos del alegrón, y aquí paz y después gloria.


Lo que está pasando en el Salud aragonés es uno de los mayores escándalos habidos en esta bendita Tierra Noble. Esperas, colapsos asistenciales, escasez de recursos, malestar del personal y desesperación de los pacientes y sus familias se han convertido en el fruto de una tenaz tarea sostenida con implacable eficacia por el consejero Oliván y su equipo. Ya no hacen falta epidemias de gripe o golpes de calor para crear situaciones de emergencia; ahora, la emergencia se produce cada día, cada hora, cada minuto. Un exitazo, oigan.


España entera (no solo Aragón) disfruta las consecuencias de una manera de gobernar que deja a un lado los escrúpulos tontos, las sensiblerías y la flojera empática para ir en línea recta a lo que importa: regresar al orden social y económico de toda la vida. Por eso el BBVA pudo ayer comprar Caixa Catalunya (Catalunya Banc) tras haber sido reflotada a costa del contribuyente. Más de 12.000 millones hemos perdido en el trato, a mayor gloria de Narcís Serra (que arruinó la entidad), Luis de Guindos (que llegó al rescate) y Francisco González (que se ha quedado la caja-banco a precio de ganga y encima puede presumir de hacernos un favor). Por eso la hucha de la Seguridad Social ha perdido otros 500 kilates. Por eso nos bombardean con estadísticas sobre nuestros éxitos turísticos. Por eso las urgencias del Servet son un colapso permanente. 

domingo, 13 de julio de 2014

El estado (más bien desastroso) de esta comunidad 20140713

El pasado lunes, en Madrid, la presidenta Rudi llamó a tener en cuenta los resultados de las europeas, modificar el discurso (el del PP, se entiende), tener proyecto y hacer diagnósticos veraces. El mismo día, en Zaragoza, se conocía el informe presentado por ella misma ante el debate sobre el estado de la Comunidad que se celebrará la próxima semana en las Cortes. En este documento, la jefa de la Tierra Noble entonaba un mea culpa muy peculiar, porque al informar sobre el último año y el conjunto de su mandato describía un panorama casi perfecto: recuperación económica, descenso del paro, confianza, éxito frente a todos los desafíos... y eso pese a tener que afrontar un clima político hostil. ¿Hostil, por parte de quién? Ya lo dirá (si quiere) en sede parlamentaria. En cualquier caso, su planteamiento está tan fuera de toda lógica, es tan contrario a todas las evidencias... que parece fruto del delirio o del mayor de los desenfados. 

Pero el que Luisa Fernanda quiera abrir el debate sobre la situación de Aragón contradiciendo de manera estrepitosa sus reflexiones sobre la necesidad de hacer diagnósticos veraces no es tanto un gesto de impudicia, como una extraña muestra de descarada ingenuidad. Rudi siempre ha sido una política naif, que se limita a vestir con los clichés al uso unos planteamientos muy elementales y muy conservadores. En su ámbito ha disfrutado de no poco éxito, porque la derecha española es tan simple en lo que se refiere a la ideología como implacable en materia económica. Ahora, a la cabeza del Gobierno aragonés, arrastra (como le pasó cuando fue alcaldesa de Zaragoza) un bagaje impresionante: tres consejeros de Hacienda en otros tantos años, constantes cambios en el área de Sanidad, una ostensible devaluación de los servicios públicos, unas cuentas patas arriba con tremendos retrasos en los pagos, una administración desactivada... y todo ello sin poder cumplir los objetivos de déficit. Extraer de esto un balance triunfal es pasarse de rosca. Estamos acostumbrados a que los presidentes tierranoblenses hagan exagerados ejercicios de autoestima. Pero el que se nos viene encima va a ser de récord.

Porque al mismo tiempo que Rudi se daba a entender en Madrid y Zaragoza, conocíamos el demencial contenido de la operación destinada a dejar la construcción del hospital de Alcañiz en manos privadas a un coste impresentable. O se hacía público el cierre de la atención continuada en el Centro de Salud de Sagasta (ahí, Oliván les pega en los morros a sus propios votantes). Por no hablar de la actitud de los diputados y senadores del PP en las Cortes generales, dispuestos siempre a votar contra mociones y propuestas de interés para Aragón.

Aviados estamos. 

viernes, 11 de julio de 2014

Todo lo que se juega el Partido Socialista 20140711

Si la gestión del Salud durante 2011 fue tan desastrosa como asegura la Cámara de Cuentas, seguro que tal circunstancia será debidamente utilizada para justificar de alguna manera la destrucción de la sanidad pública que el actual Gobierno aragonés lleva a cabo bajo la delirante dirección del consejero Oliván. Estos por aquellos, los unos por los otros, tendremos otra vez lo que podríamos denominar equilibrio del desastre entre PP y PSOE. En los tres últimos años la derecha española no ha tenido mejor argumento a la hora de defender sus desbarres que recordar los desbarres de sus predecesores en el poder. Esta misma semana, en el Congreso, Rajoy defendió su intención de conducir las próximas municipales por la senda del pucherazo con una eficaz réplica a los dardos que le lanzaba al respecto la socialista Soraya Rodríguez: qué me dice usted, señora mía, si ustedes también llevaron en su programa lo de que sean alcaldes los más votados (aunque estén en evidente minoría).

Ese cansino intercambio de golpes (eres por gürteles, recortes por despilfarros, trucos electorales por oportunismo pseudodemocrático) tiene por objeto agotar a la ciudadanía, después de lo cual solo habrá un ganador: la derecha. El PSOE se ató en algún momento al cansino giro del círculo vicioso y ahora no puede soltarse. O no quiere. El domingo, la militancia del partido (sin intermediarios) elegirá al nuevo secretario general. Y tal vez no acuda a votar en masa porque no espera ya ningún mirlo blanco (Zapatero acabó con los mirlos) sino un prodigio merced al cual no tenga que seguir oyendo al PP devolver cualquier crítica con el consabido "y tú más". Qué distinto sería todo si la atormentada socialdemocracia española no hubiese ejercido nunca de desidiosa, incompetente, corrupta, desmemoriada, amiga de las puertas giratorias o entregada a los intereses oligárquicos. Pero, claro...

El Partido Socialista se juega mucho. Debe decidir cómo encara el futuro. Si sigue manteniéndose a la par con la derecha, acabará no ya confundido sino coaligado con ella. Entonces no será ni más ni menos... ni nada.