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viernes, 25 de noviembre de 2016

¡Ay! ¡Que me roban mis votantes! 20161125

Aunque la actualidad política anda repleta de desatinos y rarezas, esa indignacións del PSOE, de CHA e incluso del PAR ante la posibilidad de que Podemos intente arrebatarles sus votantes resulta extravagante. ¿Són los electores propiedad exclusiva de este o aquel partido? ¿Existe alguna regla según la cual propuestas transversales, como las denominadas aragonesistas, sólo puedan ser adoptadas por unas formaciones determinadas? ¿Tienen copyright la socialdemocracia, la ecología, la igualdad o la fiscalidad redistributiva?

El ya famoso documento de los oficialistas de Podemos-Aragón ha provocado una tormentilla en Madrid, donde numerosos comentaristas y tertulianos se han dejado arrastrar sin más miramientos ni comprobaciones por una delirante versión, según la cual Echenique quiere la independencia de Aragón (¿?). De eso no hay nada, por supuesto. Pero como el documento en cuestión sí se desliza hacia un aragonesismo formal, la dirección de CHA ha considerado tal licencia una intromisión en su territorio. Parecido a lo que ya encabronó a los socialistas cuando percibieron que el podemismo les robaba votos. De ahí las tremendas tensiones que se viven en la izquierda aragonesa, para satisfacción y regodeo del bando conservador.

Los electores no son de nadie. Eso parece tan evidente como elemental. En Aragón, decenas de miles de votantes progresistas han votado sucesiva y alternativamente al PSOE, a IU, a CHA... y ahora a Podemos o sus derivadas. Normal. Esos mismos electores ya sabrán distinguir si la exigencia de una mayor soberanía fiscal y una financiación más justa (cosas bastante razonables, las plantee quien las plantee) es, en cada caso, cosa seria o mero oportunismo. Como distinguirán qué marca política es más sincera e interesante.

Véase al PP. Tras algún mosqueo inicial, ha aceptado a Ciudadanos como válvula de descomprensión para electores desencantados o recién estrenados. Les ha sumado a su causa por la vía del pacto y se limita a esperar que vuelvan a casa. Una vez más, la derecha da lecciones.

jueves, 17 de noviembre de 2016

Democracia, sí, no... ¿o qué? 20161117

Llevamos así demasiado tiempo. Y la cosa se está poniendo cada vez más negra. Opinadores de relieve (o simples usuarios de Twitter o Facebook), sean de izquierdas, derechas o cualesquiera de los autodenominados centros, alertan sobre los peligros de someter las cosas a votación. Ojo con las primarias, ojo con los referendos, ojo con las elecciones. Los asuntos públicos, al parecer, son demasiado complejos, retorcidos y oscuros como para subordinarlos al designio de un pueblo que se deja camelar por cualquier paleto millonario, facha y machista. Desde la victoria de Trump, al coro se han sumado explícita o implícitamente personas de categoría, de quienes jamás llegué a pensar que pudieran mostrarse tan reticentes ante los efectos de la democracia. Porque ahí esta el quid de la cuestión: o consideramos que la voluntad soberana de la gente es decisiva e imprescindible para regular nuestra convivencia... o acabaremos pasándonos al otro lado.

Antes de despreciar a quienes han votado al reteñido Donald o, aquí, a nuestro perezoso Mariano, sería conveniente analizar qué ha pasado con los más señeros sistemas democráticos, y por qué, en un momento determinado, los logros de la democracia social (tan evidentes y benéficos) se convirtieron en una aspiración conservadora, mientras el anarquismo capitalista (con sus propuestas egoístas y brutales) seducía a las variopintas clases medias.

Ya puestos, cabría considerar cómo se devalúa una democracia cuando limita su alcance al rutinario ritual de las elecciones. A la postre, las urnas no determinan por sí solas la calidad del régimen político. Si la sociedad civil no está organizada, si los derechos no se ejercen ni las obligaciones se exijen, si los medios y las redes no actúan como instrumentos de deliberación positiva, si la educación no avanza, si el conocimiento no se convierte en imprescindible virtud ciudadana, si el debate no es transparente y comprensible... votar pierde buena parte de su sentido. 

Mas no existe nada mejor que la democracia. Defendámosla.
 
JLT  17/11/2016

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Alguien ocupará ese espacio 20161102

En las izquierdas cunde estos días la depre y el abandono. El personal ha visto llorar a Sánchez. Ha contemplado cómo se daba la vuelta Hernando (el del PSOE). Ha flipado al escuchar al otro Hernando (el del PP) encampanarse en el Congreso, insultante de alegría. Ha meneado la incrédula cabeza ante el bajo rendimiento parlamentario de Iglesias. Se ha consolado con el agradable sentido común de Balldoví (el de Compromís) y los flipes radicales de Rufián (el de Esquerra), pero siendo el uno valenciano-valenciano y el otro catalán-supercatalán siempre queda la duda de si sus actuaciones atañen al resto de los españoles. Y por enésima vez se ha repetido el eterno lamento respecto de la maldita división, el cainismo, el sectarismo, la traición y otros fantasmas históricos.

Pero esta no deja de ser una impresión momentánea, como lo es todo cuando la vida corre a una velocidad vertiginosa. Si en los últimos tres años han pasado cosas tan inesperadas e inauditas (no las relato, pero son evidentes), imaginen lo que puede suceder de aquí al 2019.

Sí: el PSOE de la Gestora ha confirmado su condición de zombi (no de aquellos de Guerra mundial Z, que corrían y brincaban como posesos, sino de los lentorros y atontaos de La noche de los muertos vivientes). Pero el propio Sánchez o Borrell han quedado como señores. Y aún no han dicho su última palabra.

Cierto también que en Podemos el triunvirato Iglesias-Bescansa-Echenique se ha estancado en un discurso que discurre (valga la redundancia) por la obviedad, el exabrupto sin sentido y la incapacidad programática. Pero Errejón dice otras cosas mucho más propias y exhibe una inteligencia política muy superior.

Además, a la izquierda (o abajo, si lo prefieren) existe un espacio que, si se queda vacío, alguien ocupará. No deja de ser sugerente que los críticos (por llamarlos de alguna manera) tanto del PSOE como de Podemos digan cosas similares, tengan talantes parecidos y estén en condiciones de convencer a mucha más gente que sus respectivas direcciones oficiales. Al loro pues.
 

martes, 1 de noviembre de 2016

Lo mejor de Rajoy es... ¡Rajoy! 20161101

Ya se me va pasando la alarma que me causaron algunos titulares y muchos comentarios: todo aquello de empieza una nueva etapa, llega la hora de trabajar por España, se rompió el bloqueo, luz verde a las reformas... ¡Ostras!, me dije, igual se ha producido algún tipo de transformación fundamental de la situación política y yo no me había enterado. Y como encima ando estos días de aquí para allá, sin parar quieto en ninguna parte, temí quedarme fuera de juego. Pero por suerte Rajoy es quien es, lo cual siempre constituye una garantía de que no habrá sorpresas ni prisas ni acelerones. Es comprensible que quienes han tenido la obligación de pintar de purpurina la investidura del sábado (la de los zombis) se inventasen no sé qué cambio, recambio o requetecambio. Pero ahí ha estado nuestro Mariano para poner las cosas en su sitio. De momento, hasta el jueves por la tarde no se conocerá el nuevo gobierno. Que estamos en el puente de Jalogüin, hombre. No metan prisa.

Genial, oye. Llevábamos mogollón de semanas estresados, sin poder hacer planes para navidades, pringados los sábados y aun los domingos. Pero el presidente permanente nos ha devuelto al pausado ritmo del ya te veré. Algunos de los suyos, carcomidos quizás por la impaciencia, aseguraron que íbamos a conocer la composición del gabinete el mismo domingo, o el lunes a más tardar. Mas nada ha alterado la imperturbable quietud del jefe. Qué tío.

Por idéntica regla de tres, Rajoy se atendrá a su implacable lógica: él es él y no necesita traductores, emisarios ni profetas para hacer lo que debe, en perfecta consonancia con lo que ya hizo. Lo ha dicho por activa y pasiva: aquí no hay nueva etapa que valga, sino una estricta continuidad asentada sobre cuatro pilares inmutables y eternos: orden, unidad, mercados... y mucha calma. Los de Ciudadanos, y no digamos los pobres socialistas, podrán inventarse cualesquiera ajetreos y sacudidas. Pero el inquilino de La Moncloa ni se agita ni se inmuta. Sobresaltos, los mínimos. Echémonos una siesta. ¡Uuuaaa!
 

domingo, 30 de octubre de 2016

Aragón... ¿también existe? 20161030

Como nos hemos pegado una semana pendientes de la Carrera de San Jerónimo: que si debaten, que si votan, que si rodean el Congreso, que si mira lo broncas que es Iglesias pero la finura que se gasta Hernando (el del PP, pues el del PSOE bastante tuvo con tragarse el sapo verrugoso)... pudo parecer que Aragón casi no existía. El outlet zaragozano se difuminó en la bruma de los intereses creados (secundados con un fervor maravilloso por PP, PSOE y Ciudadanos). Las ordenanzas fiscales del agitado Ayuntamiento capitalino se aprobaron por fin, con el grupo socialista bordando un nuevo ejercicio de geometría variable. Al alcalde Santisteve le prepararon la enésima emboscada a propósito de la Ley de Capitalidad y el Consejo de la CARTV. La dirección de Chunta salió ilesa del Comité Nazional. El Real Zaragoza estrenó entrenador. Si no llega a ser por Susana Sumelzo, pasamos desapercibidos.

De la diputada socialista por Zaragoza solo puedo decir lo mismo que en su día dije del general Julio Rodríguez, cuando apareció en las candidaturas de Podemos: quien asume un compromiso político en el que hay mucho que perder y poco que ganar merece el máximo respeto. De ventajistas, aprovechados y lameculos estamos sobrados. Las personas, como Sumelzo, capaces de ponerse fuera de juego por ejercer la coherencia, no abundan en ese mundo traidor. Y más ahora, cuando se ha consagrado la mentira programática y la deslealtad con los electores.

Aragón, por lo demás, sigue volando sin motor. Es agradable. Plácido, silencioso y barato. Uno tiene la sensación de que vamos camino de poca cosa (con permiso de Labordeta), pero por una carretera bien asfaltada. Conduciendo un Opel, por supuesto. Sin expectativas pero sin agobios.

Otra cosa que contribuye a nuestra tranquilidad es la ignorancia, o mejor dicho: la distracción. Así, quedó visto para sentencia el juicio contra el exdirector general de la extinta CAI, García Montes. Pero ese proceso venía hueco. Al acusado (a quien Ibercaja, por derivación, ha de pagar todos los meses ¡quince mil euracos del ala!) se le imputaba un roto de unos seis millones. ¡Ja! A la CAI le hicieron un agujero de más de 2.500 kilates. Y en esa manteca untaron muchos. Pero... ¿quiénes y cómo? Misterio.

De esta forma uno se queda con la sensación de que, si existimos, vivimos en un Limbo. Pasa lo mismo cuando le llevan al juez unas dietas de 8.000 euros que pillaron dos directivos de Sarga, la empresa pública aragonesa configurada a partir de Sodemasa (colocadero del PAR) y Sirasa (ídem del PSOE). Ya ven: 8.000. Sin embargo nos hemos comido con patatas la inaudita contabilidad dada a conocer por otra sociedad pública, Motorland, que se autoanticipó en 2016 nueve millones de pérdidas (que serán más), con un balance de risa y un escandaloso escandallo (¡je,je!) de ingresos y gastos previstos. Jeta de hormigón e impunidad de alto copete.

Así de bien pasamos estos agitados días, mientras Rajoy era investido y el mundo político se ponía del revés. ¿Qué puede esperar Aragón del nuevo Gobierno? Como mucho, buenas palabras. O sea, nada. 

sábado, 29 de octubre de 2016

Todo lo que se da por sentado 20161029

A estas alturas, estamos todos tan agotados que apenas causa sensación el hecho de que Mariano Rajoy haya alcanzado sus últimos objetivos parlamentarios y la investidura sea un hecho. Pero el problema adquiere a partir de ahora una nueva dimensión, porque habremos de dar por hecho la descarada consagración de fenómenos que contaminan la democracia hasta convertirla en algo parecido a una pamema. No me refiero, es verdad, a nada que no haya sucedido antes, por ejemplo presentar un programa electoral y luego incumplirlo. Pero hasta la fecha las trampas y mentiras eran presentadas como algo excepcional o se las disimulaba con prolijos ejercicios de cinismo e hipocresía. Eso se acabó. El PSOE ya ha pasado a dar por hecho que ofrecer una cosa y de inmediato hacer la contraria es algo perfectamente razonable, admisible e incluso admirable.

Resulta insólito que Antonio Hernando siga siendo portavoz del PSOE tras haber jurado en público una y mil veces que su partido jamás de los jamases facilitaría la investidura de Rajoy. Para justificar el giro de 180 grados de su comité federal y justificarse a sí mismo, este ciudadano evoca aquellos renuncios a cuenta de la OTAN y la reconversión industrial de los 80. Pero su mensaje transciende tales precedentes y anuncia un futuro donde ya no cabe confianza alguna en los candidatos socialistas. El interés de España (¿de qué España?) está por encima de cualquier contrato con los votantes. O sea que...

El PP, por su parte, ha logrado darle la vuelta al sistema electoral sin necesidad de reformarlo. Ciudadanos ha exhibido una impresionante capacidad para el transformismo ideológico y programático. Los nacionalistas periféricos han dejado de disimular su apabullante (y egoísta) obsesión territorial, como si el mundo se acabase más allá de sus micropaíses. Y Podemos... Bueno, estos acabarán convirtiendo en coherente su incoherencia, aunque sólo sea por comparación con los demás. En todo caso, nadie les perdonará nada. Bastante tienen.
 

viernes, 28 de octubre de 2016

Y sin embargo la realidad está ahí 20161028

Su investidura convertirá a Rajoy en el protagonista de un increíble cambio político que supera el modelo gatopardesco y ha sido celebrado por los medios adeptos con admirados titulares. Del rodillo al diálogo, de la altanería al buen rollito, de la corrupción a la regeneración, de la crisis al España va requetebién, don Mariano nos ha roto la cintura con su regate ¡sin moverse del sillón! Tendrán razón quienes admiran su exitosa flema y la consideran el no va más de la habilidad política.

Ayer por la mañana estuve durante un buen rato intentando simultanear el seguimiento del debate parlamentario con mi asistencia a las Jornadas sobre Información y Violencia Machista (pues, aun siendo varón, todavía puedo atender dos asuntos al mismo tiempo). Pero al final el presidente impenitente me dejó KO. Cerré el cacharrín internáutico y me puse a lo que estaba. No tardé ni un minuto en comprender hasta qué punto la maravillosa España virtual en cuya descripción se han empeñado Rajoy y el siempre inefable Hernando (el del PP)... nada tiene que ver con el país real donde cada año se denuncian 30.000 agresiones a mujeres (datos del Poder Judicial) y en el que, durante el último lustro, entre 600 y 700 han sido asesinadas (según Feminicidio.net). Todo ello mientras los recortes causaban estragos en los dispositivos judiciales y de todo tipo que intentan afrontar y frenar este gran tsunami terrorista.

Suponer que el futuro gobierno, amable, pactista y comprensivo, se dará la vuelta para reforzar los servicios públicos, priorizar las necesidades sociales, salvar las pensiones, replantear los tributos, combatir la desigualdad y ofrecer alternativas a los conflictos territoriales es una ficción descabellada. Pero muchas personas aparentemente sensatas finjen tomarse en serio tal disparate, para que nadie las crea partidarias del populismo, el comunismo o saben los dioses qué clase de ismo intolerable. Victorioso, Mariano Rajoy será él y otro al mismo tiempo, el poli malo y el poli bueno (que acaba siendo el peor, claro). 

JLT  28/10/2016

jueves, 27 de octubre de 2016

¡Madre mía, qué desparramo! 20161027

Fue un espectáculo asombroso. La apertura de la investidura de Rajoy (que por fin es cosa hecha) ha escenificado la ruptura de los últimos límites, las últimas líneas rojas, los últimos disimulos. Mientras un tercio de los diputados aplaudían al gran líder, las otras dos terceras partes (Ciudadanos incluidos) asistían al show tiesos en sus asientos, como cadáveres congelados. Así, el presidente (el de antes, el de ahora y el de después) pudo presumir de gestión, recuperación, crecimiento y excelencia, y advertir que lo suyo va para largo, que dialogará «para seguir avanzando» y que, a la postre, más hubiese ganado yendo a terceras elecciones. Pero si no ha jugado tan golosa baza es... por el bien de España.

¡Ah, el interés general! Al evocarlo, el PSOE (por la contradicha boca de Antonio Hernando) quiere sostener a don Mariano en la Moncloa pero ejercer una oposición radical. C’s proclama su aportación fundamental a un próximo gobierno en el que, sin embargo, no estará presente. Se presuponen futuros ejercicios de geometría variable, ante los cuales el PP se reserva el derecho a entenderse con quien corresponda. Porque Rajoy sí puede tocar a los intocables y desear a los indeseables.

Ayer, mientras el superjefe dominaba el hemiciclo, estudiantes de Secundaria se manifestaban por las calles, alentados a menudo por sus padres y profesores. Sin embargo, el candidato a la investidura se prometía a sí mismo un pacto por la educación que integre tan ricamente a quienes reniegan de su LOMCE. Todo fue así de extraño y demencial. La actualidad política nos viene curando de todo espanto. Pero no sé cómo, a cada momento surge alguna novedad que nos deja estupefactos incluso a los más encallecidos. Si el sábado vemos abstenerse a Pedro Sánchez (lo cual aún no se puede descartar), no sé qué podremos pensar de este fenomenal desparramo.

Iglesias y Errejón parecen ser los únicos que tienen claro quiénes son y a qué juegan. Pero más les valdrá (sobre todo al primero) mover sus cartas con habilidad y prudencia. Son los malos de esta película. 

martes, 25 de octubre de 2016

Rajoy, por la puerta de servicio 20161025

Para que Mariano Rajoy siga siendo presidente del Gobierno, el sistema ha sido forzado con tal brutalidad que ahora está desencuadernado, hecho trizas. Quizás alguien, en algún lugar importante, llegó a la conclusión de que las terceras elecciones traían consigo demasiados riesgos; que ese relato según el cual el PP estaba ya tocando la mayoría absoluta con la punta de los dedos no pasaba de ser una suposición bien fundada... o no.

Solo así se explica, vistas las cosas en su conjunto, ese estrujamiento del PSOE que ha roto el partido de forma tan radical y suicida. España entera se ha dislocado. Las consecuencias políticas se proyectan de manera tan distinta en cada territorio que es imposible imaginar cómo se podrá cohesionar un conjunto tan disjunto (valga la expresión). Y todo ello por la única y exclusiva razón de que el citado Rajoy debía ser jefe con un triste 33% de los votos. En minoría. Sin poder trabar algún tipo de pacto factible. Con la obligación de reajustar los presupuestos, sea por la vía del recorte duro o mediante el incremento de los ingresos. De los ingresos, ¿de quién?

Tengo la sensación de que se nos escapa algo. Don Mariano volverá a entrar en Moncloa, pero esta vez por la puerta de servicio, casi como un intruso. No cabe suponer que la problemática coyuntura se haya resuelto (ni amortizando los estrepitosos casos de corrupción, ni aunque el PSOE siga exhibiendo sentido de Estado). Me temo que la verbena solo ha empezado. Ahora viene la traca.

Es verdad que la desmesura política se extiende por todo Occidente, supuesta reserva espiritual de la democracia de alta calidad. Pero en España estamos asistiendo a un alarde de irresponsabilidad cuyas consecuencias pueden ser muy graves. No es normal ver a la derecha celebrar con semejante entusiasmo una decisión del Comité Federal del Partido Socialista. Cuando se produce un contradiós tan palmario, es porque la lógica ya no funciona. Hasta Rajoy ha tenido que darse cuenta de que aquel sentido común, tan suyo, le ha abandonado.

jueves, 29 de septiembre de 2016

PSOE de Sánchez...¿o de Rajoy? 20160929

Esa es la cuestión: la lucha por el poder en el PSOE ha acabado anclándose en una demencial y única cuestión: o Sánchez o Rajoy. Lo demás, pantomima. Quienes se autodenominan críticos parecen más bien oficialistas, y viceversa. Quienes niegan el congreso convocado por la actual Permanente propugnan un congreso... organizado, eso sí, por su gestora. Y la anomalía definitiva: que 17 selectos cuadros puedan deponer a un secretario general elegido en primarias por los militantes. 

Pero lo que hoy les sucede a los socialistas debe enmarcarse en la onda que niega la democracia participativa y pretende reducir la democracia representativa a un ritual de muy escaso valor. Se rechazan o se falsean las primarias. Se desprecian los referendos y las consultas directas a la ciudadanía. A la postre, se dice... ¿quién mejor que las respectivas burocracias (autorreproducidas a través de la habitual cooptación) para saber qué conviene y qué no a las bases, los electores y la ciudadanía en general? Por supuesto, el debate, la discusión abierta y todos los procedimientos habituales de la democracia deliberativa están siendo desactivados mediante el control político de los medios de comunicación.

El PSOE ha sido puesto al borde de la escisión. No porque su secretario general haya hecho nada que no hubiese sido acordado previamente por el comité federal, sino porque no deja gobernar a Mariano Rajoy, y cuando se dice gobernar se sobreentiende no sólo la investidura sino también los presupuestos, las reformas económicas, fiscales y laborales, los recortes y lo que aconseje la gobernación del país según la ortodoxia neocón.

Para acabar con Sánchez sus enemigos internos no han tenido escrúpulos en secundar los argumentarios del PP, armar camorra en vísperas de las elecciones (que luego se pierden) o impedir que sean las bases las que decidan. En la derecha están felices. Aunque les inquieta la posibilidad de que la cosa vaya demasiado lejos. A ver si este maravilloso lío precipita la regeneración del PSOE... y se jode el invento.
 

lunes, 5 de septiembre de 2016

Vale, Sánchez se abstiene... ¿y luego? 20160905

Supongamos que, una vez pasadas las elecciones vascas y gallegas, el comité federal del PSOE se enmienda a sí mismo la plana o fuerza la dimisión de la actual ejecutiva o en cualquier caso acepta abstenerse para facilitar in extremis la investidura de Mariano Rajoy. Es lo que proponen algunos politólogos y periodistas prestigiosos y habitualmente razonables, dando por supuesto que los socialistas podrían romper el bloqueo, quitarse la presión actual... y a continuación ubicarse en la oposición, liderando una mayoría parlamentaria capaz de llevar al gobierno conservador como geisha por arrozal, o bien arrancándole al PP concesiones previas para condicionar igualmente la legislatura. Pero... Choca que este enfoque proceda de analistas avezados. Sobre todo a la vista del talante exhibido la pasada semana por el (fracasado) candidato, desentendido de su pacto con C's y decidido a configurar un ejecutivo "fuerte" y "resolutivo". ¿Concesiones previas de Rajoy? ¿Congelar o derogar las mismas leyes de las que presumió sin recato alguno en el hemiciclo? Tararí.

Lo que tampoco encaja en la situación actual es que el PSOE, tras abstenerse y dejar paso, pudiera alinearse de inmediato en una oposición sin concesiones. Porque entonces sufriría idénticas presiones a las actuales: para facilitar la aprobación de Presupuestos, para seguir implementando reformas, para asumir las indicaciones de Bruselas que han de implicar nuevos y duros recortes (eso de los fondos sociales adicionales, el plan contra la pobreza infantil y los otros adornos made in C's no se lo cree nadie), para no obstaculizar, en fin, la recuperación. El problema no es tanto que Rajoy gobierne (pese a que una mayoría de electores se pronunciaron el 26-J en contra suya) como que gobierne de la forma que él ha descrito.

Buena parte de quienes votaron socialista no entenderán que su partido colabore por pasiva con un gobierno del PP. Y si da el primer paso absteniéndose, luego habrá de colaborar por activa y seguir desgastándose. Por eso aguanta Pedro Sánchez. Por eso admite ya que debe encabezar una alternativa. No tiene otra salida. 

sábado, 3 de septiembre de 2016

Pero a Rajoy... ¡qué más le da! 20160903

Perder esta investidura no parece haber impresionado demasiado a Mariano Rajoy. Por insuficientes que hayan resultado los 170 apoyos obtenidos en el Congreso, lo más importante para él es que el viento le sopla favor, y ha adquirido una posición dominante en el tablero. Ni siquiera le inquietan los juicios orales que se abrirán las próximas semanas y afectan a personajes del PP. Solo hay que ver cómo pretende recolocar en el Banco Mundial al dimitido Soria. Da por hecho que su corrupción está amortizada y entendida por la opinión pública.

Es curioso que exista una especie de convencionalismo, o norma implícita, por el cual el bueno de don Mariano puede adobar una sesión parlamentaria con bromas, ironías y perogrulladas supuestamente graciosas... que en boca de otros serían consideradas un menoscabo a la dignidad del Congreso y una frivolidad inaceptable. De ahí que el jefe del PP haya sido objeto de las más impúdicas alabanzas por su actuación del miércoles, descrita por los analistas adeptos (que cada vez son más) como una exhibición retórica exquisita.

Rajoy puede presionar, pero no ser presionado. Puede utilizar a placer y sin disimulo los recursos públicos (desde RTVE hasta todos y cada uno de los ministerios) para llevar agua a su molino, intimidar a los adversarios u obtener ventajas actuando simultáneamente como jugador y árbitro. En su nombre, Guindos y Montoro amenazan, boicotean (por ejemplo al Ayuntamiento de Zaragoza), maniobran en la oscuridad y auguran los mayores males si no se les deja a ellos y a su líder seguir manejando el país a su antojo (y al de los jefes de la UE).

Nadie puede ni debe hablar con los nacionalistas periféricos... salvo el PP si necesita, por ejemplo, poner al frente del Congreso a un alter ego femenino de su ínclito presidente. Incumplir el déficit, incrementar la deuda pública por encima del cien por cien del PIB o vaciar la hucha de las pensiones son pecados de lesa patria... excepto si han sido perpetrados por quien se presenta como el artífice de la "recuperación económica". Rajoy manda.

Salvo que le paren los pies. 

viernes, 2 de septiembre de 2016

Así es como pierden (otra vez) las izquierdas 20160902

Por supuesto, el hecho de que Mariano Rajoy sea gallego es un elemento circunstancial. Pero hasta en eso...
 
Tras sucesivos reveses electorales (europeas, autonómicas y municipales, catalanas y andaluzas) el PP volvió a tropezar el 20-D. Fue entonces cuando su jefatura optó por enrocarse e iniciar una guerra de desgaste. Sin correr riesgos. Sin salir a campo abierto (por ejemplo compitiendo como candidato en una sesión de investidura). Día a día, golpe a golpe, se dedicó a minar a las izquierdas. Objetivo estratégico: dificultar cualquier entendimiento entre PSOE y Podemos; desprestigiar a Pedro Sánchez y a Pablo Iglesias; dejar que su único aliado potencial, Ciudadanos, fracasara intentando una enrevesada e imposible alianza, lo que le enseñaría a no ponerse tonto en el futuro. Ocho meses después, la táctica fabiana (entre los antiguos romanos, forma de combatir rehuyendo el enfrentamiento directo) está dando sus frutos.

Los conservadores son apoyados sin reservas por la ortodoxia política y financiera de Europa, disponen de más medios que sus adversarios y actúan con la convicción de que lograrán vencer... como siempre. Y además (lo más importante de todo) el PP tiene un mando único e indiscutible, fundamentado en unos estatutos que atribuyen a Rajoy (y solo a él) cualquier decisión. Por el contrario, las izquierdas están divididas en dos bloques que no sólo son incapaces de hacer causa común sino que se enfrentan entre sí en sangrientas escaramuzas. Cada uno de dichos bloques tampoco es homogéneo: contienen diferentes facciones, algunas de las cuales practican un evidente quintacolumnismo. Luego están los nacionalistas periféricos, encerrados en sus peculiaridades, peleando por su cuenta, aferrados a una obediencia territorial errática y profundamente egoísta.

Mientras PSOE y Podemos mascan la derrota, Rajoy no tiene prisa. Él y los suyos presionan y chantajean utilizando los principales recursos del Estado, que siguen en sus manos. Quieren terceras elecciones. Exigen la rendición incondicional, y no se conformarán con menos.

jueves, 1 de septiembre de 2016

A terceras de punta cabeza 20160901

A Mariano Rajoy se le ve con ganas de ir a las terceras. Es lo que cabe deducir del curioso debate de ayer, donde lo malo no fue que el PSOE mantuviera su decisión previa y votase no de manera unánime, sino el hecho de que el candidato Rajoy no mostró interés alguno por mostrarse simpático, ni siquiera con sus nuevos amigos de Ciudadanos. El ¿candidato? se admiró de su propia obra como gobernante, se presentó como el gran regenerador de la vida pública (¿corrupción?, ¿qué es eso?) y rechazó toda posibilidad de modificar su rumbo. Con esas premisas requirió la abstención de Pedro Sánchez. Ordeno y mando.

Lo más significativo del toma y daca fue constatar que el acuerdo entre PP y Ciudadanos es contemplado con total indiferencia por el primero de ambos partidos y con tremenda reticencia y desconfianza por el segundo. Escuchando a Rajoy queda claro que el pacto (unas veces denominado "de investidura" y otras "de gobierno") es para él una especie de incómoda condición formal que procurará soslayar de inmediato. ¿Por qué habría de ceñirse al puñetero documento, si hasta ahora lo ha hecho todo mejor que bien sin que nadie viniera a soplarle al oído? A su vez, Albert Rivera desgranó en solitario las maravillas del acuerdo, tras advertir que traga con don Mariano... porque no tiene otro remedio. Apliquen la más simple regla de tres: si el enlace de C's con el PSOE, tan bonito, tan envuelto en cariño y aleluyas, se disolvió en meses, ¿cuánto durarán estas segundas nupcias con el PP, trufadas de desaires, recelos y mutua antipatía? Y por si quedaba alguna duda de cómo afrontaban los conservadores la investidura, su portavoz, Rafael Hernando, cerró la sesión arreando a diestro y siniestro con ese talante suyo tan amable y simpático. Aquello parecía la secuencia final de Sin perdón. ¿Así pide la confianza un partido en minoría?

Los demás... cada uno a lo suyo. Sánchez sigue añorando el bipartidismo, pero bien. Pablo Iglesias se atuvo a su cada vez más sobado repertorio. El de Esquerra flipó un rato. Quien mejor estuvo, y ya perdonarán la osadía, fue el portavoz del PNV.

JLT  01/09/2016

miércoles, 31 de agosto de 2016

Rajoy se sobra... A ver, hoy, las izquierdas 20160831

O se le fue la mano, o quiere acabar en unas terceras elecciones (como ya consiguió provocar las segundas). Envalentonado por la entregada complicidad de tantos empresarios, intelectuales, periodistas y celebrities, Mariano Rajoy exigió ayer una presidencia fuerte, un gobierno de los de mayoría absoluta, una rendición incondicional por parte de sus adversarios y una legislatura en la que nadie ha de atreverse a toserle. Por el bien de España, se comprende. Poco más de un tercio de los diputados, los suyos, se rompían las manos de tanto aplaudir, mientras los otros dos tercios contemplaban el espectáculo ligeramente estupefactos, incluidos los de Ciudadanos. El caudillo del PP abre así la puerta a un debate cuyo arranque ha forzado al límite, empeñado en que los demás pasen por su aro o se enfrenten a una nueva cita con las urnas. Porque él tiene por seguro que cada nueva votación le permite ajustar cuentas con esa desafección popular que le bajó desde los 187 escaños en el Congreso a los 123 y ahora le mantiene en los 137, que sigue siendo un número inaceptable. Por supuesto, el pacto con C's se la trae floja.

El mito de un posible gobierno monocolor, estable y duradero (¿cómo, si estará en clara minoría?), que mantenga al país en la senda de la recuperación (¿con nuevos recortes?, ¿incrementando aún más la deuda pública?, ¿dando por perdido el sistema público de pensiones?) y tranquilice a inversores, socios europeos y ciudadanía (¿a todos al mismo tiempo?) no carece de éxito, a día de hoy. Tantas veces le han dicho a la gente que no podemos seguir así, que Rajoy es visto por algunos como la única solución posible. Por eso el superjefe conservador reitera que no hay otra solución: o yo o el caos. Lo de siempre.

Queda por ver cómo responden las izquierdas en el debate de hoy. ¿Serán capaces PSOE y Podemos de combinar sus discursos para hacerse creíbles como alternativa conjunta? ¿Sabrán leer la situación? ¿Lograrán poner en jaque al empoderado Mariano, esbozando un entendimiento capaz de proyectarse sobre la nueva convocatoria electoral? Ahí está la clave del bloqueo.

martes, 30 de agosto de 2016

Otra apoteosis en el baile de Carnaval 20160830

Será porque en este interminable baile de carnaval algunos ya se disfrazan de sí mismos, el caso es que el actual pacto PP-C's se parece en su alucinante polisemia (muchas propuestas pueden entenderse así o asá, en un sentido o en su contrario) al anterior PSOE-C's. Cuando se habla, por ejemplo, de revisar la ley mordaza... ¿se ofrece quitar la maldita mordaza, aflojarla un poquito o apretarla todavía más? Y si el llamado acuerdo anticorrupción (¡je, je, je!) incluye de manera simultánea incrementar la proporcionalidad del sistema electoral, pero también facilitar que gobierne el más votado... ¿cómo podrán hacerse ambas cosas a la vez? Luego viene eso de "complementar" los salarios más bajos a cargo del erario (que los socialistas también aceptaron en enero); o sea, que en vez de subir el miserable salario mínimo, este será redondeado con los impuestos que pagamos el resto de los trabajadores, y los empresarios felices... ¿no? Lo más cachondo ha sido que el PP se ha negado en redondo a suprimir las diputaciones provinciales, y C's ha tragado. En el PSOE, donde aceptaron esa reforma sin rechistar, están que trinan. La risión.

Da igual. Estos pactos son jugadas a corto. Se firman documentos destinados a ser papel mojado. Pero luego... ¿cómo podrá gobernar el PP, cómo sacará los presupuestos, como alumbrará leyes...? ¡Bah! Aquí no hay más obsesión que investir presidente a Mariano Rajoy "por el bien de España" (no porque disponga del necesario respaldo en el Congreso) y luego, por idéntica razón, será obligatorio no bloquearle la legislatura. A su vez, Pedro Sánchez está (y estará) obligado a desayunar sapo, tanto si quiere como si no. ¿Por qué? Porque dicen que la economía va de cojón (aunque la Seguridad Social esté quebrada). Porque es preciso aprobar nuevos presupuestos (como si estos no fuesen sino una mera ficción contable). Porque, si no, se espantarán los inversores. Porque la gente "está harta"... Argumentarios de Génova que muchos medios y comentaristas reproducen ejerciendo la triste función de voz de su amo.

Bueno... Hoy nos hablará Mariano. La verbena alcanza su apogeo.

viernes, 26 de agosto de 2016

Límite 48 horas (o no, que diría el gracioso) 20160826

A lo largo de la tarde de ayer (la del jueves) Ciudadanos parecía estar distanciándose del PP, al que acusaba de no darle motivo alguno para votar sí a la investidura de Rajoy. Sin embargo, en el PP le quitaban hierro a la situación. ¡Bah!, no es para tanto: estos de Rivera que son muy nuevos. Y así quedó la cosa, mientras los analistas especializados y el público en general se debatían en el dilema de creerse la coña, o pasar de todo. Porque el desmadre ha llegado tan lejos, que ni en momentos tan presuntamente delicados como este resulta fácil saber si los jefes y portavoces van en serio o todo es una de esas simulaciones que los cronistas de la Corte se empeñan en llamar postureo, y los castizos describirían como tocada de huevos. Solo hay que escuchar a Martínez Maíllo

Antes de que C's anunciase que da al PP 48 horas para alcanzar un acuerdo, se había montado otro barullo porque don Mariano, por boca de su amiga Pastor, presidenta del Congreso, había anunciado que se repetirá el formato de debate de investidura que ya inauguró el socialista Sánchez hace unos meses, y que entonces fue muy criticado... por los propios conservadores. Desde luego, lo de programar el discurso del candidato por la tarde y dejar el debate para el día siguiente rompe el ritmo de la representación parlamentaria. Pero en un país cuyo presidente en funciones manipula el calendario para que, si hubiera que volver a las urnas, tocase votar el día de Navidad... no cabe extrañarse de nada.

Flipamos en colores. El pacto anticorrupción suscrito por PP y C's ha degenerado en papel mojado a velocidad del rayo. De hecho, si nos atenemos a las explicaciones que han ido llegando desde Génova, esto de la corrupción hay que hilarlo muy pero que muy fino. Hilarlo, someterlo a la presunción de inocencia, relativizarlo, entenderlo, asumirlo, impedir que vulnere la intimidad de las personas de orden... En fin, dejarlo correr. Siempre y cuando unten en la manteca quienes, por su naturaleza y condición, deben untar. Impresionante.

Me voy a Castejón de Sos, a lo del Periodismo de Altura. ¡Que les den!

JLT  26/08/2016

jueves, 25 de agosto de 2016

¿Cuándo se volvió listo Rajoy? 20160825

A estas alturas, vamos enterándonos de que Pedro Sánchez no era solo un maniquí sino un líder político firme y correoso, de que a Pablo Iglesias se le atragantan los contratiempos, de que Albert Rivera es un oportunista disfrazado de buen chico... y de que Mariano Rajoy es un tío muy listo. Sus partidarios (los del presidente en funciones, me refiero) glosan ya la habilidad de quien supo conducir los acontecimientos desde antes incluso del 20-D para llegar al momento presente, cuando el gran dilema político de las Españas parece ser que, si el del PP no es investido presidente con el plácet de quienes fueron votados precisamente para todo lo contrario, sucederán terribles catástrofes y encima tendremos que volver a votar el día de Navidad. El 25 de diciembre, nada menos. Qué agudo Marianico, cómo disimulaba cuando en enero iba por ahí, tan mohíno y cariacontecido, pero en realidad maquinando la forma de darle la vuelta a la tortilla. Administrar los tiempos, se le llama a eso.

Yo diría que Rajoy ha llegado a ser tan listo porque, paulatinamente, ha comprobado que podía hacer lo que le diese la gana, que siendo persona de orden tenía medio perdonados colesquiera pecados y pecadillos de lesa corrupción, que siendo de derechas de toda la vida el patriotismo le pertenecía en exclusiva, que sus argumentarios se iban colando por todos los medios y acababan siendo artículo de fe entre opinadores y tertulianos. Cuando tuvo la ocurrencia aquella de convocar elecciones generales el 20-D, en vísperas de las vacaciones navideñas, lo lógico habría sido que los analistas y la opinión pública hubieran salido en tromba a decirle que eso... ni hablar. Pero la resistencia a semejante patada al calendario institucional fue mínima. Igual que luego, cuando se escaqueó y no quiso ni negociar con nadie ni presentarse a la investidura. Y cuando decidió que hablaría, o no; se explicaría, o no; iría al parlamento, o no; obligaría a dimitir a sus corruptos, o no; admitiría preguntas en las ruedas de prensa, o no... Según fuera su santa voluntad. No le pasó nada. Y justo entonces se volvió listo, listísimo. Ahora va lanzado.

lunes, 22 de agosto de 2016

Sánchez, entre la espada y la pared 20160822

A Pedro Sánchez le persiguen los imposibles. El primero, el más inmediato, tiene que ver con el veto de su Comité Federal a cualquier entendimiento en profundidad con Podemos y los nacionalistas periféricos. El segundo, de naturaleza estratégica, no es sino la evidencia de que varios millones de electores (jóvenes sobre todo), que en teoría debían estar votando socialista o al menos considerando tal opción, no lo harán ya salvo que se produzca una refundación en toda regla del partido. Combinando ambos factores, el secretario general del PSOE se halla acorralado entre la espada y la pared porque tal vez consiga (o no, que diría Mariano Rajoy) seguir siendo oposición. Pero jamás logrará ser alternativa de gobierno. Y con él, todas las izquierdas (divididas, enfrentadas, desconcertadas) estarán fuera de juego. Por muchos años.

La constante infiltración de los argumentarios del PP entre los creadores de opinión consiguió enmascarar la derrota de la derecha tradicional el 20-D creando un cordón sanitario en torno a cerca de un centenar de diputados: Podemos y los nacionalistas. Si estos eran intocables (aunque los de Rajoy siempre se han reservado el derecho a tocar a Convergencia o PNV si hay algo que rascar), cualquier acuerdo respetable quedaba circunscrito a unos doscientos cincuenta parlamentarios. En tan reducido espacio, Rajoy sí podía presumir de hegemonía aunque estuviera muy lejos de la auténtica mayoría absoluta. Aislar a los socialistas de cualquier aliado potencial fue una jugada maestra, que contó (y cuenta) con la complicidad de los centristas, pragmáticos y peronistas del propio PSOE, desde Felipe González a Susana Díaz. De ahí vino el inútil acuerdo con Ciudadanos, que visto desde la perspectiva actual casi da risa.

Por supuesto, Podemos y los nacionalistas colaboraron con singular denuedo en esa operación. Los majaderos amagos de Pablo Iglesias y el oportunismo propio del soberanismo centrífugo no han facilitado las cosas.

Pero Sánchez y el PSOE están ahora atrapados en el cepo. Si aceptan el chantaje de Rajoy, mal; si se resisten... Tendrán que romper el cerco.

jueves, 18 de agosto de 2016

Mariano de España por la gracia de Dios 20160818

Lo del cheque en blanco, carta blanca o Mariano haz lo que te salga de los cataplines estaba cantado. A la postre, el comité ejecutivo del PP no pinta apenas nada frente a la voluntad del gran jefe. Es cosa sabida. Pero lo que nadie podía suponer (ni siquiera desde una visión tan escamada como la de un servidor) es que Rajoy remataría su encuentro de ayer con los notables de su partido con esa comparecencia tan llena de soberbia, tan cargada de desdén y tan absurda en sus argumentos. Cuando dijo (contra lo dicho la semana pasada) que en la sesión celebrada ni se había hablado de las condiciones regeneradoras planteadas por Ciudadanos, el personal flipó. Sin embargo, para mi particular gusto, su desahogo alcanzó un punto de extraordinaria perfección cuando aseguró que, si se le propone algo que no perjudique los intereses de España y los españoles, lo asumirá... "o no". Una vez más, ese "o no" describe a la perfección el talante de este presidente en funciones, que con el 33% de los votos y 137 diputados solo aceptará gobernar por mayoría absoluta. Vamos, que no admitirá otra cosa que el poder total o unas terceras elecciones.

¿Cómo hemos llegado a esta situación? Por los errores de las izquierdas, por los titubeos y cesiones (a la derecha) del PSOE, por las bobas salidas de tono de Podemos, por la desbandada soberanista en Cataluña, por el oportunismo de Ciudadanos... Pero sobre todo porque el PP y su líder han logrado imponer sus argumentarios, han seducido, comprado o laminado a la opinión publicada y han condicionado a placer la opinión pública. Solo así se explica la impúdica exhibición de ayer, y todos los deshueves previos.

Rajoy se ha puesto a España y a los españoles por montera. Mientras la deuda pública alcanza un nuevo récord (ya supera el billón cien mil millones), el tipo acaba de subirse a la parra como si fuese el amo de la democracia. Sin propuestas, sin compromisos, sin vergüenza, sin respeto por las instituciones. Tras cuatro años de rodillo, lleva casi ocho meses mandando a espaldas del Parlamento. De gallego a gallego: Mariano de España por la gracia de Dios.