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martes, 13 de diciembre de 2016

Lo están dejando imposible 20161213

Por causa de su sobreexposición, aquellos personajes de los que habla todo el mundo acaban generando en la opinión pública una visión generalizadora. De esta manera, los padres de niños discapacitados o con enfermedades raras van a sufrir en sus carnes las consecuencias del caso Nadia, aunque ellos sean personas honestísimas y sus demandas sean las más justas que pudieran concebirse. Los periodistas, por nuestra parte, seremos vistos de acuerdo con los estereotipos producidos en paralelo por Cebrián o Inda, por más que muchos de nosotros seamos humildes trabajadores que intentamos cumplir con las obligaciones que nos son propias. Y los políticos aragoneses (sobre todo los de izquierdas) arrastrarán como una marca indeleble las ruraladas de Lambán o la incapacidad de Echenique para trabar un discurso comprensible.

Lo malo no es el impacto concreto que tengan (en las teles y otros medios o en las redes) esas noticias, entrevistas o desbarres (¡por los dioses, don Javier, a quién se le ocurre confundir mando con liderazgo!), no... lo peor es que tales expresiones, repetidas una y mil veces, dejan tras de sí un terreno arrasado, un personal mosqueadísimo y la sensación de que aquí y ahora todos somos bicharracos de la misma camada.

No sé qué clase de habilidades retóricas, qué inteligencia emocional, qué carisma y qué potencia programática habrán de tener, por ejemplo, los futuros dirigentes políticos de la Tierra Noble para resultar convincentes, ganarse a la gente y ser reconocidos por sus virtudes. Por extensión, díganme cómo podrán los personajes públicos españoles que lleguen a cualquier escenario (institucional, empresarial, cultural) demostrar al escamadísimo público su honestidad y altruismo.

También cabe la posibilidad de que la gente se haga a todo y todo lo perdone, o que les justifique a unos lo que no tolerará en otros. De momento, las estrellas del fútbol ya están por encima del bien, del mal y de Hacienda. Por eso, a Ronaldo, cuando quieren insultarle, le dicen maricón... pero no defraudador.

lunes, 12 de diciembre de 2016

Indiferentes ante la corrupción 20161212

Una noticia pierde impacto en proporción directa a las veces que es reproducida. No digamos en estos tiempos de hipercomunicación. Lo que se hace viral hoy se olvida mañana, no tanto porque la gente esté dispuesta a olvidar los niños refugiados que se ahogaron en las playas del Sur de Europa, las mujeres víctimas de la violencia machista o los civiles bombardeados en Alepo y Mosul, sino por la simple razón de que los mensajes se expanden y superponen a un ritmo exponencial, normalizando por saturación cualquier sucedido; incluso los más horribles.

Es lo que pasa en España con la corrupción. Juicios que se presumían espectaculares (la Gürtel, las tarjetas black, los ERE) acaban siendo un largo e indescifrable tostón. Mientras, aterrizan en los titulares el presunto fraude fiscal de los futbolistas, la financiación ilegal de las campañas llevadas a cabo por los partidos serios o la inaudita historia de ese padre que usó la enfermedad de su hija para levantarse (y pulirse) casi un millón de euros. Y además, en todas partes cuecen habas. Vean, si no, lo del exministro fracés condenado por esconder su dinerito en Suiza.

Así que la ciudadanía va encalleciéndose. Deja de leer artículos de fondo (donde, por ejemplo, se explica cómo se urdió la fusión-estafa de Caja Madrid y Bancaja, o la forma en que cuatro grandes bancos trucaban el euribor) y se limita a deslizarse sobre los titulares, cuanto más abracadabrantes mejor. Conclusión: todos somos sinvergüenzas en potencia y todos los políticos son iguales (de corruptos). Ciega generalización que es, precisamente, la que interesa... a los sinvergüenzas y a los corruptos.

Los más ardorosos defensores del establishment andan últimamente empeñados en reducir o eliminar la información sobre las cloacas del sistema. Y sacan en procesión la imagen de su martir, Rita Barberá. Se equivocan. Para los delincuentes (cada vez menos supuestos y cada vez más evidentes) que manejan el gran desorden mundial, nada mejor que viralizar la mierda. Así todo el mundo se acostumbra a su olor y su sabor. Y ni se entera.

miércoles, 7 de diciembre de 2016

Periodismo y Ley ‘Mordaza’ 20161207

Alos medios informativos y a los periodistas se nos puede y debe criticar, si alguien (persona o colectivo) considera que no hacemos bien nuestro trabajo (cuya función social es obvia). Aclaro esto porque cada vez que se nos cuestiona desde gobierno, partidos u organizaciones hay personas (incluso colegas) que piden no la réplica oportuna en los términos propios de un debate público normal, sino una movilización defensiva (¡somos intocables!), contundente y esencial. Pero desde mi particular punto de vista no hay porqué.

Sin periodismo no hay democracia. Y con un periodismo subido a la parra, mal practicado e incapaz de controlar de forma eficiente al poder... tampoco. Las polémicas al respecto son enriquecedoras y necesarias, si se llevan a cabo con inteligencia (no como suele ocurrir en internet, donde prospera la descalificación imbécil y el analfabetismo funcional de demasiada gente).

Los periodistas y sus organizaciones deben reaccionar con energía no ante la deliberación democrática, sino frente a los ataques y decisiones adoptadas por aquellos individuos y entidades (públicas o privadas) que pueden limitar sus derechos y obligaciones. Cuando Hernando (y otros del PP) nos responsabiliza de la muerte de Rita Barberá, o el Ayuntamiento de Madrid crea una web para contar la verdad, o un concejal de ZeC se queja de cómo tratan los medios locales la información municipal... están en su derecho. Se les contesta, o no, y cada cual en lo suyo.

Pero cuando el Gobierno impone una Ley Mordaza (que por ejemplo dificulta e incluso sanciona al margen de los tribunales el trabajo de quienes cubren la actuación policial en manifestaciones e incidentes), entonces hay que ponerse en pie y decir que por ahí, ni hablar.

Según Reporteros sin Fronteras, España no está en la Liga de Campeones en lo que a libertad de información se refiere. No faltan quienes quieren ir aún más atrás, en nombre del orden público, de una supuesta presunción de inocencia o del respeto a las instituciones. Ese es el problema. Discusión sí; mordaza no.

martes, 8 de noviembre de 2016

¿Son los de arriba o los de abajo? 20161107

La periodista británica Katharine Viner, la primera mujer que accedió a la dirección de The Gardian, ha calificado a la nuestra como la sociedad de la posverdad. Ello viene a cuento de la victoria del Brexit, la irrupción de Trump, el auge de los populismos parafascistas en Europa y toda una serie de fenómenos políticos que tienen en común el éxito de argumentarios basados en falsedades, demagogias, provocaciones e incluso locuras manifiestas. Yo incluiría en esta relación el extraño desenlace del llamado bloqueo español, en unas circunstancias y unos términos que achican el espacio democrático a su mínimo tamaño.

¿Quién tiene la culpa?, se preguntan las personas más inquietas y avisadas. ¿Cómo hemos llegado a semejante situación? Caben muchas respuestas. Por ejemplo, algunos periodistas profesionales creen que las redes sociales y la expansión de internet en general han modificado el ecosistema informativo intoxicándolo a través de una enorme legión de mercenarios, trolls, frikis, majaras e incluso auténticos sociópatas. Pero desde otros ámbitos se replica (no sin razón) que es ese periodismo que presume de precisión y ética el que se ha vendido por un plato de lentejas e intoxica y actúa como la voz de su amo, entre otras cosas porque los medios han perdido su modelo de negocio y con él su independencia. Se culpa a las élites (insolidarias, codiciosas, crueles). O a la cultura (audiovisual) basura. O a la tradición autoritaria, antipolítica y servil consagrada durante la Restautración y las dictaduras posteriores, en particular la franquista.

Supongo que España sufre una mezcla de todo ello (que en buena medida se corresponde con los paradigmas globales), pero no cabe descartar, ni mucho menos, la fatal tendencia de los de abajo a dejarse alienar, a sustituir el conocimiento por las patrañas, a no organizarse, al individualismo, a la pasividad... Cuando la gente es tan fácilmente manipulable no hace falta que los de arriba pierdan su precioso tiempo conspirando. Con sacar a la superficie lo peor de cada cual, ya está.
 

martes, 16 de agosto de 2016

Serán gafes, pero a ellos les va de maravilla 20160816

Si por un milagro de los dioses (los del Olimpo, que son muy majos e inofensivos) yo fuese deportista de élite y estuviese compitiendo en Río, suplicaría a los comentaristas de TVE que no me alabaran, ni predijeran mi victoria, ni me atribuyeran medallas... ni, al dorarme la píldora más allá de toda lógica, me gafasen por completo, como es su especialidad. Fíjense lo templado que soy para estas cosas. Pero sufro cuando mis colegas de la pública se ponen superoptimistas con algún miembro del equipo español. Sé que lo hacen por patriotismo y porque, una vez más, parece que el triunfo de quienes compiten es un activo fundamental de nuestro país, una muestra de su poderío nacional y un hecho que sin duda ha de asombrar al resto del mundo. Sin embargo, estos juegos vuelven a poner de manifiesto que las loas y el triunfalismo suelen acabar en torpes excusas cuando la derrota se complace en llevarles la contraria a los entusiasmados locutores. Que tienen un mal fario...

A Televisión Española (o sea, al erario) la retransmisión de los Juegos le va a costar cerca de 60 millones de euros. Hay asuntos, bien se ve, que no admiten ahorros ni recortes. Además, mientras le damos vueltas al medallero que se traerán a casa nuestros representantes olímpicos, no captamos cómo el dichoso gafe se da la vuelta y los medios públicos (incluyan Radio Nacional, TV3, Telemadrid y casi todos los demás) se aplican con fervor a conservadurizarse. La propia TVE ya prepara nuevos desembarcos en sus informativos de periodistas adeptos. Llega, por ejemplo, Víctor Arribas., quien presentará y moderará La noche en 24horas sustituyendo a Sergio Martín, ascendido a Los desayunos de TVE por los indudables servicios prestados a la causa. Arribas era tertuliano habitual, y su ejecutoria derechista (iba a ponerle al adjetivo el prefijo ultra, pero no quiero excederme) es impresionante. Desde los días de José María Aznar y del ínclito Miguel Ángel Rodríguez no se había visto cosa semejante.
Así pasamos los días. Acabó el puente. El gran Mariano ha vuelto a casa. Donald Trump está descontrolado. Pero el verano continúa. ¡Otra cañita! 

sábado, 30 de julio de 2016

Por mí que convoquen cuantas quieran 20160730

Subiré a Sallent al concierto de Bunbury y antes del R&R comeré con un grupo de sabios amigos, cuya conversación seguro que me proporciona tema para futuros artículos. Además, como es sabido, el Pirineo me encanta, aunque cada vez renqueo más andando por la montaña. A finales de agosto tengo también cita en Castejón de Sos (las Jornadas de Periodismo de Altura, que organiza mi colega Enrique Serveto), y así iré pasando este verano, a la espera de si Rajoy moja o vamos a otras elecciones.

Conste que me da igual si hay nueva convocatoria o cien más. ¿Hay que cubrir (en el sentido periodístico del término) otra campaña? Se hace y listo. Sin agobio ni pasión. Ya no espero grandes maravillas de los unos ni de los otros, sobre todo de aquellos. En diciembre del año pasado y ahora en junio me chupé unos cuantos mítines, debates y demás sin escuchar apenas nada que mereciese la pena. Encima, cada vez que alguien subía a la tribuna y largaba un discurso medio interesante, los asistentes empezaban a distraerse y a susurrar que la candidata o candidato estaba equivocando el tono, porque un acto electoral no es, precisamente, una sesión académica. Al personal le hablas de la educación, del cambio climático o de la economía colaborativa... y se aburre. Hay que proclamar obviedades y declamar frases empezando pianísimo y acabando en crescendo. ¡Hala!

A día de hoy (que diría Sánchez), ser político no es ninguna bicoca. Sobre todo para el que actúa desde marcas no conservadoras. Aquí, a la gente de orden y de respeto se le supone desde siempre (es lo que tienen siglos de autoritarismo y sumisión) una voluntad explícita de hacer de su capa un sayo, ganar mucho dinero en actividades no productivas, evadir impuestos, chalanear con los amigos, pagar sueldos miserables y borrar los discos duros de los ordenadores para evitar compromisos. Claro que si eso mismo, u otra marranada por mínima que sea, lo hace un mindundi sociata y no digamos un perroflauta podemista... Entonces han de tronar los cielos.

Vale. Me piro al pantano de Lanuza. La música amansa a las fieras.

miércoles, 20 de julio de 2016

Un marciano en la calle Hernán Cortés 20160720

Ese soy yo. Un extraterrestre. Recorro Zaragoza, salgo de viaje, leo diarios españoles o extranjeros... Acabo patidifuso. El otro día, por ejemplo, me explicaron el juego de moda, Pokemon Go, que ha reportado a Nintendo beneficios mil millonarios. Incluso participé en una partida, yendo por ahí a la caza de los bichitos virtuales. Pero no logré entender qué emoción, qué sustancia o gracia tenía aquello. Eso sí, es un fenómeno definitivo. Hemos sido sacados abruptamente de la Edad Contemporánea por la revolución tecnológica y esto no hay quien lo pare. Por si acaso, yo procuro mantenerme subconectado. No aparezco en Twitter, ni en Facebook ni en ninguna otra red social. Apenas atiendo el correo electrónico y utilizo el Whatsapp lo justo. Estoy en la Luna.

Además de los Pokemon, la tecnopolítica ha articulado lo virtual con una realidad desquiciante. En la última campaña electoral el PP contrató un consulting especializado que le preparó una campaña a la carta, usando Facebook para lanzar mensajes específicos y diferenciados a electores de las provincias (alrededor de veinte) donde había escaños bailando. Fue un éxito. Aún más mérito internáutico tiene la maniobra de Erdogán, el presidente turco, quien a lo largo de la noche del viernes al sábado utilizó un smartphone para dirigirse por televisión a la ciudadanía, y cerró las redes sociales... mientras él enviaba mensajes personales a millones de sus seguidores dándoles instrucciones para movilizarse contra los militares alzados. Lo hicieron al grito de "¡Dios es grande!", lo cual pudo parecer anacrónico y medieval... Pero tal vez no fuese sino la manifestación de la relevancia emocional y postmoderna que tiene la religión. Así se frenó un golpe antidemocrático destinado a derribar un gobierno electo... que a su vez está acabando con la democracia.

Total, que Trump puede ganar las elecciones presidenciales USA. En Gran Bretaña, la facción ultraderechista del Partido Conservador ha tomado el poder. Y el españolísimo PP está cerrando acuerdos secretos con los nacionalistas vascos y catalanes.

Me vuelvo a Marte. 

martes, 12 de julio de 2016

... Y encima se ha muerto Dedé 'La Sardine' 20160712

Me fui aventado tras la última campaña electoral, repleto de escepticismo e indiferencia, cansado. Pero el inicio de julio me pilló en San Sebastián, en un curso de verano de la Universidad el País Vasco titulado La política twiteada, lo cual indica que me quejo de vicio o más bien que la comunicación y sus teorías son un vicio para mí. Entre tanto, se ha ido viendo que no cabe descartar otra cita con las urnas, porque Rajoy sigue sin lograr los apoyos que necesita para ser investido y formar gobierno. No sería, a la postre, sino la evidencia de que la ciudadanía tiene entre manos un dilema difícil de resolver: o se queda en el redil de la ortodoxia político-financiera y acepta la lenta pero inexorable destrucción del Estado del Bienestar (y del Estado en general)... o se arriesga a desafiar a los amos de Europa, ese grupo de altísimos financieros y burócratas que manejan sin piedad el devaluado destino de los mindundis. O sea, o manda Mariano, en cuyo caso el Eurogrupo y el Banco Central Europeo no cerrarán el gotero de la financiación... o se suben a la peana las izquierdas, y entonces esas mismas instituciones nos cortarán ipso facto la respiración asistida. Elijan.

Total, que el PP se mantiene en sus trece, el PSOE es una incógnita, Ciudadanos se ha hecho un lío con la bisagra de tanto girarla para un lado y para el otro... y Podemos se lame las heridas mientras recupera el aliento y la calma porque los otros le han hecho el favor de dejarle fuera de juego.

Por lo demás, parece que Lambán se ha integrado en el Partido Socialista del Sur y que la Cámara de Cuentas certificó el demencial saldo económico de Motorland, donde el erario aragonés se desangra sin remedio ni provecho. Murió por propia voluntad el filósofo y activista Antonio Aramayona (¡hasta siempre. amigo!). Y ayer mismo, al volver a la Redacción, me enteré de otro fallecimiento, el de André Guelfi, el mítico Dedé La Sardine, cuya sombra se proyectó sobre aquel delirio llamado Gran Scala. Tenía 93 años y ya no se había movido de su último refugio en Saint Barth, en el Caribe. No creo que Biel y Aliaga acudiesen a su funeral. Desagradecidos. 

jueves, 28 de abril de 2016

Tantas cosas me parecen mal... 20160428

Por supuesto, me parece mal el inicio de esa guerra mediática que cierra a Ignacio Escolar y otros contertulios los micrófonos de la SER e impide la presencia de periodistas de Prisa en La Sexta como consecuencia de la airada reacción de Juan Luis Cebrián a su aparición (bien que colateral en los papeles de Panamá. ¿Cómo no me va a parecer mal que se silencie la voz de un periodista (aunque Nacho es director de El Diario, y va a seguir ahí y en otras radios y televisiones), si yo ya fui silenciado? Pero al haberme planteado algunos esta cuestión para demostrar que el otro día, en la Complutense, Pablo Iglesias tenía razón al arremeter contra medios y profesionales de la información, he de advertirles que aquel desahogo también me sigue pareciendo mal. Lo siento, pero no acaba de gustarme el estilo del jefe de Podemos (véase su actuación durante estos meses de negociaciones políticas, amagos y paripés), que lograría mejor sus objetivos con algo más de ecuanimidad, temple y diplomacia. Pero bueno, él sabrá.

Son muchas las cosas que me parecen mal. Lo cual solo significa eso: que soy difícil de contentar.

Me parece mal que Rajoy haya capeado el temporal de estos días manteniéndose al margen de todo, como si la cosa no fuese con él. Me parece mal que el PSOE y Ciudadanos presentaran a bombo y platillo un acuerdo etiquetado como "histórico", que ahora desaparece cual si nunca hubiese existido. ¿Y cómo se van a tratar ambos partidos en la próxima campaña?, ¿de amiguitos, de adversarios, de primos, de socios, de corruptos (C's al PSOE), de versión yeyé del PP (el PSOE a C's)? Me parece mal que Otegui vaya por ahí con carita de pánfilo, haciéndose la víctima. Me parece mal que Esquerra Republicana sea tan borde, oportunista y tramposa.

Me parece mal la manipulación partidista de los medios de comunicación públicos, el cuentismo de los jefes que se acusan mutuamente de haber frustrado algún tipo de pacto, la corrupción de los poderosos que incumplen sus obligaciones más elementales y luego presumen de patriotas... Lo dicho: soy un cascarrabias. 

lunes, 25 de abril de 2016

En nombre de la libertad de prensa 20160425

A petición del querido público, y ahora que tengo un momento de tranquilidad, entraré en el tema: Pablo Iglesias, los periodistas y los medios. Además el próximo 3 de mayo se celebra el Día Mundial de la Libertad de Prensa, una jornada que los profesionales de la información utilizamos para dar visibilidad a nuestros problemas. Estos, ahora mismo, son muchos, complejos y letales. Por eso mismo, porque nuestro presente y nuestro futuro se pintan de color negro, los desahogos del líder de Podemos deberían ser una preocupación muy menor. Aplaudo, no obstante, a los colegas que abandonaron el Paraninfo de la Facultad de Filosofía de la Complutense dejando a Iglesias con su hinchada estudiantil. Ya era hora de que, después de tragar desplantes, apariciones plasmáticas, comparecencias sin preguntas, ocultaciones y presiones (a cargo de distintas fuerzas e instituciones, con el PP a la cabeza), llegásemos al plante. Que cunda.

El jefe de Podemos tiene una personalidad ciclotímica y seguramente narcisista, pero además se guía por una estrategia destinada a ser protagonista y a generar polémicas que luego traslada a su terreno: las redes. Por otro lado, su criterio respecto del derecho a la información conecta con la hostilidad tradicional del izquierdismo más subversivo hacia los medios (privados). Dicho izquierdismo, de obvios resabios autoritarios, no ha sido capaz sin embargo de descubrir y denunciar la corrupción y la podredumbre del Sistema, algo que sí han hecho los periodistas desde diarios, radios y televisiones (¡privados!).

Pero Podemos no es hoy un peligro para la libertad. Porque carece de poder efectivo. Existen otros entes (más económicos que políticos) capaces de influir de verdad en los periodistas para asustarlos, coartarlos, controlarlos y manipularlos. El 3 de mayo, los periodistas denunciaremos el paro, el subempleo, las presiones y la apropiación por los partidos gobernantes de muchos medios públicos. Ahí hemos de aplicarnos y jugárnosla en nombre del derecho a la información. Lo de boicotear a Iglesias estuvo bien. Bien... pero fácil. 

viernes, 25 de marzo de 2016

Mala vida para los malos 20160325

El pasado fin de semana se celebró en Tudela uno de esos congresos sobre el bienestar que organiza la SER por toda España. Allá me fui porque intervenían varios amigos míos, vive en aquella ciudad navarra gente a la que quiero y además... la alcachofa está en su momento y ya se han recogido los primeros espárragos. Así que en la mañana del domingo me senté en un abarrotado Teatro Gaztambide a escuchar cómo el filósofo Daniel Innerarity (su último libro, La política en tiempos de indignación, se ha convertido en todo un best seller, lo cual es mucho decir de una obra de no ficción) disertaba sobre la relación entre la vida buena y la buena vida. Allí anduvo, a vueltas con la naturaleza de la satisfacción, el deseo o el sentido de la existencia. Lo más interesante (en mi opinión) fue cuando profundizó en la confusa relación entre la ética positiva y el sentido de lo colectivo (vida buena), y el triunfo y la consecución de los más valorados objetivos materiales (buena vida). Porque lo uno no garantiza lo otro (¡que más quisiéramos!), aunque tampoco funciona la cosa en su viceversa (¡sería el colmo que todos los canallas alcanzasen la felicidad después de joder al prójimo).

Pero el debate acabó a su hora, el congreso también... y nos fuimos tranquilamente a comer material de la huerta. Me quedé con un runrún: es posible que nunca como ahora haya existido una exaltación tan constante y efectiva de la sinvergonzonería, el individualismo, el egoísmo y el cinismo como vías hacia la buena vida; nunca tampoco la voluntad de compartir, el altruismo o el sentido de lo comunitario estuvieron tan denostados y fueron objeto de tanta burla. Antes existía al menos la doble moral, una obvia hipocresía para disimular la maldad. Ahora ya no. Ahora el "esto es lo que hay" se combina con las más feroces críticas a lo que los propagandistas del sálvese quien pueda (o pensamiento único) denominan buenismo. Así que yo, como dice la tradicional canción obrera, a los explotadores (opresores, criminales, estafadores, ladrones) sólo les desearía que el dinero que nos roban lo gasten en medicinas. ¡Toma ya gran vida! 

sábado, 12 de marzo de 2016

Sí, la izquierda es más sensata que la derecha 20160312

La estrella del Congreso de Periodismo Digital de Huesca ha sido sin duda alguna el managing editor del Washington Post. Aureolado por los éxitos históricos y actuales de uno de los diarios más influyentes del mundo (ahora es propiedad de Jeff Bezos, el magnate fundador y dueño de Amazon), Emilio García-Ruiz, hijo de padres españoles, se presentó aquí desplegando inteligencia, simpatía, humor yanqui y una sabiduría periodística de quitarse el sombrero. Así que todo el mundo se le rindió, y él no tuvo reparo en atender a sus repentinos admiradores con un cariño y una paciencia encomiables.

El periodismo norteamericano de calidad vive un momento complicado. Debe operar en un país dividido como nunca entre izquierdas y derechas. En tales condiciones, mantener la transversalidad propia de los grandes medios se convierte en un malabarismo casi imposible. Para colmo, la figura de Donald Trump, emerge cual horrenda pesadilla. Está a un milímetro de ser el candidato del Partido Republicano, gracias a ese ejercicio de democracia participativa que son los caucus de las primarias. Frente a él, los progresistas, después de mostrar una amplísima simpatía por el socialista Bernie Sanders, acabarán por alinearse con Hillary Clinton. No porque les encante el personaje, sino porque parece la opción más sensata. Y la izquierda de estos tiempos, en los USA y en Europa, es mucho más razonable y contenida que la derecha.

No existe parangón alguno para el extremismo conservador de los telepredicadores del Cinturón de la Biblia estadounidense, de los agitadores neocon, de las figuras del demencial Tea Party. Simultáneamente, la izquierda ha promovido personajes tan templados como el propio Barack Obama, caballeros como el aspirante Sanders o figuras convencionales del Partido Demócrata como Clinton. Media una distancia sideral. Lo mismo pasa en Europa. La ultraderecha populista (y parafascista) no tienen límites ni se anda con tontadas... Aunque los malos oficiales sean los pobres griegos de Siryza (o los chapuzas asaltacielos de Podemos). 

viernes, 11 de marzo de 2016

Por la fuerza de la gravedad (política) 20160311

Escribo desde el XVII Congreso de Periodismo Digital de Huesca, donde mi profesión se radiografía a sí misma en un apasionado intento de conjurar nuestros problemas y despejar el futuro. Tres colegas, las tres mujeres, responsables de comunicación en los ayuntamientos del cambio, abrieron fuego en una mesa redonda sobre nueva política. En un arranque de atormentada sinceridad hicieron todo lo que los manuales aconsejan no hacer a quienes se ocupan de las relaciones con los medios informativos: se refugiaron en el victimismo, describieron su cometido en clave meramente defensiva, culparon al mundo exterior de sus múltiples cuitas... y provocaron una tormenta de tuits adversos por parte de la concurrencia, muy poco proclive a mostrar compasión con quienes, a la postre, representan un poder emergente y ya no desfilan entre la gente de a pie sino en el triunfal carro de los jefes.

Podemos y los comunes de toda condición están cogidos en una trampa que en parte contribuyeron a montar. Son demasiado primerizos en casi todo. Han carecido de estrategias bien definidas. Han intentado superar tales carencias mediante golpes de efecto y una pretendida autoridad moral sobre los otros partidos... Además, efectivamente, han sido y están siendo objeto de durísimas campañas lanzadas en su contra. No les perdonan ni una.

Claro, ahora ZeC ofrece negociar un pacto de gobernabilidad con PSOE y CHA, justo lo que debió haber intentado tras las elecciones del pasado mayo. He aquí cómo las cosas caen por su propio peso. ¿Es una forma de reconocer que se equivocaron entonces? Lo es. Deberían reconocerlo.

Mientras, Podemos vive alguna tormenta interna (seguramente de menor intensidad que las desatadas en el seno de otras formaciones), y las profecías demoscópicas acosan a Iglesias y los suyos. Así que a la nueva izquierda solo le queda una salida: afrontar las cosas con serenidad, ejercer la autocrítica, dejar de quejarse, hacer a toda velocidad los deberes... y admitir que la política tiene su peculiar e insoslayable fuerza de la gravedad. 

domingo, 21 de febrero de 2016

Que haga bien su trabajo, y la gomina se la pago yo 20160221

Este viernes, el telediario de TVE abrió con la redada en la industria cárnica (65 millones de euros presuntamente defraudados al fisco). Luego, la comparecencia judicial de Rodrigo Rato para aclarar el origen de su fortuna personal (decenas de millones). Después, la nueva imputación al también exministro Serra (por otro agujero en Caixacatalunya superior a los 800 millones). Por último, la gomina de Pedro Santisteve (15 euros). La sucesión de cifras dejaba perplejo a cualquier espectador no contextualizado. Pero así están las cosas, y no son pocos los ciudadanos convencidos de que tener cuarto de baño privado en las dependencias de la Alcaldía de Zaragoza es cualitativamente tan pecaminoso como saquear y hundir una caja de ahorros. No me extraña. Este país está demasiado espeso, socarrado e indignado.

Ahora mismo, en Aragón y el resto de las Españas, la sucesión de escándalos genera un confuso ruido de fondo. Está la corrupción de verdad: cajas de ahorro reventadas por sus rapaces gestores, sociedades públicas agujereadas, contratas y adjudicaciones tramposas, subvenciones por la cara, proyectos estrella estrellados, recalificaciones de suelo a la medida, puertas giratorias, empresas privadas que juegan con ventaja, fraude fiscal y toda clase de delincuencia organizada tanto en la política como en la economía. Hay también otro tipo de cosas, muy secundarias pero que convierten en sospechoso a cualquier cargo institucional: el nombramiento de asesores, los sueldos, los coches oficiales, dietas, viajes y gastos de representación. Ahí puede haber abusos... o no. Pero la gente no distingue.

El movimiento 15-M, en sus elementales análisis, se fijó más en lo secundario que en lo principal a la hora de caracterizar la corrupción. Después, Podemos siguió esa línea. Su pretensión de que los políticos cobren sueldos bajos y renuncien a cualquier ventaja que comporte su presencia en puestos de alta responsabilidad hace el juego a los profetas de la antipolítica y tras la falsa espectacularidad de lo más simple (un bote de gomina por cuenta del municipio) la importancia de los verdaderos pelotazos. De esta forma, Podemos y similares se han encontrado ahora con que aquella miopía previa se vuelve contra ellos y adjudica fácil munición a sus adversarios (que son muchos y poderosos).

En mi opinión, el alcalde de Zaragoza ha de estar bien pagado y debe disponer de los mejores medios para ejercer una ocupación complicada y que desborda horarios o calendarios laborales. Pero además de gestionar la ciudad con eficacia, honradez y transparencia (¡casi nada!), tiene que ser capaz, por ejemplo, de afrontar una crisis como la creada por la huelga de los autobuses... y resolverla con rapidez y energía. Hágalo, por favor, y la dichosa gomina ya la pago yo.

sábado, 14 de noviembre de 2015

Y luego está la condición humana 20151114

Es imposible no reparar en que, tras las manifestaciones contra la violencia machista celebradas hace una semana (especialmente la gran marcha llevada a cabo en Madrid), el asesinato de mujeres se ha multiplicado en estos siete días, de tal manera que cualquiera podría suponer la existencia de una ciega rabia exacerbada por la misma protesta. Como si entre los malditos amos y verdugos hubiese corrido un llamamiento al crimen inmediato, una consigna al estilo de las que proclaman las webs yihadistas cuando convocan al degüello.

El fenómeno resulta de lo más turbador. Los periodistas solemos debatir entre nosotros y con otros profesionales de la comunicación y la sociología acerca de los límites que exigen algunas informaciones. Porque sabemos (yo lo sé por experiencia propia) que ciertos actos, difundidos por los medios, provocan de inmediato réplicas o imitaciones. Los suicidios, sin ir más lejos. Aunque siempre asumimos que tampoco es posible silenciar sucesos de ese tipo si alcanzan la categoría de fenómeno que trasciende los límites de lo personal para convertirse en expresión de un problema social o en una lacra que debe ser denunciada en público y combatida. Por ejemplo cuando la gente empieza a quitarse la vida tras un despido, un desahucio, una inmersión súbita e inevitable en la pobreza. O cuando miles de mujeres son victimadas cada año por sus parejas que las acosan, las menosprecian, las maltratan, las golpean y las matan. No es fácil, sin embargo, hacerse a la idea de qué es lo correcto a la hora de convertir ciertos hechos en noticia. O cuál puede ser el procedimiento adecuado para evitar que tales hechos se repitan una y otra vez.

La condición humana es así. Oscila entre lo mejor y lo peor. La solidaridad y el egoismo, la generosidad y los celos, el amor y el odio. Suponemos que la política y los políticos tienen los medios (y la obligación) de evitar el mal y fomentar el bien. Pero ese poder y ese deber son cosa de todos. Y no basta con bajar a la manifestación convocada. Además es preciso combatir segundo a segundo, día a día, contra lo peor de nuestra condición.

sábado, 7 de noviembre de 2015

Cuántas tonterías hay que oír... y leer 20151107

No esperen jamás que me pare ni un minuto a comentar las torpes provocaciones de pirados como Willy Toledo o los deslices de los supuestos expertos en asuntos de la Casa Real que asignan a Cataluña las barras de la Corona de Aragón. Las teles primero y ahora las redes sociales producen a tal cantidad de exabruptos, tontadas, barbaridades y memeces (ahora sobre el general Rodríguez), que entrar al detalle de cada salida de tono resulta trabajoso e inútil. Sin embargo a muchos les pone este guirigay, porque les permite participar con sus propias paridas. El cachondeo se torna democrático y participativo. Pero yo paso. Hay cosas más importantes.

El problema radica en que la actualidad se está llenando de asuntos y reclamos capaces de alucinar a la gente, convertirse en trending topic y dejar huella en el breve instante de su notoriedad. Nos estamos yendo de cabeza. He leído, por ejemplo, en tuits, blogs y cuelgues en el Facebook, pero también en algún medio que va de serio, que aquí, en la bendita tierra Noble, los niños (se supone que todos) tendrán que estudiar el aragonés al ser dicha lengua vehicular. Estúpida (y malintencionada) mentira. En realidad se trata de un proyecto de trabajo en el que participa la Universidad de Zaragoza y que llevará el aprendizaje del viejo idioma (normalizado a partir de sus variedades originales) allí donde se habla y lo soliciten las comunidades afectadas. Vamos, que la cosa va a ser minoritaria, voluntaria y adecuada, como pasa desde hace decenios con el catalán.

Pero las barbaridades y los recochineos se expanden con rapidez y alegría. La opinión pública se configura así en una atmósfera tóxica. La gente sensata se vuelve majara porque, además, incluso las noticias trascendentes llegan en versiones cada vez más confusas. Sin ir más lejos, a ver quién es capaz (entre EPA y datos de Trabajo) de saber si el paro sube, baja o se va de vacaciones en verano... Por lo cual algunos prefieren plantearse otras cuestiones: el último enfurruñamiento de Cristiano Ronaldo, la patada de Rossi, el chinito de Gran Hermano. Es el imperio de la tontería. 

lunes, 2 de noviembre de 2015

Reflexiones en el Día de los Difuntos 20151102

En Youtube se puede ver de todo. Hay un vídeo (localícenlo en watch?v=1Q60yBQG8XI) de algo más de tres minutos que procede de la televisión rusa y fue rodado en los arrabales de Damasco, en medio de la ofensiva del ejército regular sirio. Adobado con una opresiva banda sonora, las vistas aéreas de un gran barrio completamente devastado por la guerra, donde los tanques disparan y los soldados corren encorvados buscando ángulos muertos, es una de esas escenas de futuro distópico que me espantan y, al tiempo, me fascinan. Muy ilustrativo para este Día de los Difuntos, abducido por la larga fiesta de jalogüín por obra y gracia de la identidad transcultural en la que (felizmente) nos ha sumergido la inquietante globalización.

Nunca hubo en el planeta tanta gente viva ni nunca jamás la muerte estuvo tan presente en nuestra realidad cotidiana. Con una tele de plasma en el salón de cada casa, además de ver de vez en cuando (ahora, a menudo) al presidente Rajoy, podemos asomarnos a la actualidad y a la ficción (cuyas imágenes cada vez son más parecidas) para reír... o llorar. Hagámonos a la idea de que el mal campa a sus anchas por un mundo en el que las buenas causas forcejean impotentes, como voluntariosas tiritas intentando taponar una herida descomunal. De tal manera que uno va por ahí equiparando canalladas de unos y otros (Occidente y Oriente, Norte y Sur, Europa-EEUU y Rusia-China, sunnitas y chiitas...) sin hacerse ninguna ilusión. Tiempo de cinismo.

La democracia, pobre, retrocede en Venezuela pero también en los bien mirados México o Turquía (en ambos países la vida y la libertad de los periodistas vale bien poco). No digamos en Arabia Saudí y los emiratos. Imposible elegir bando en Siria, donde la guerra ha alcanzado proporciones y características atroces. La insensibilidad de Europa (la UE solo ha reubicado 86 de los 160.000 refugiados que pactó) debería avergonzarnos... Da miedo, porque a diferencia de otros momentos de la Historia ahora nos enteramos de todo al segundo. Sin embargo hay que seguir adelante. Hoy puede ser un buen día. Y además es fiesta.

sábado, 5 de septiembre de 2015

Mucho más allá del límite tolerable 20150905

No es conveniente que un periodista escriba cabreado. Pero yo lo estoy. Disculpen el arrebato. En las últimas semanas he hablado con diversos colegas míos, todos ellos significados e importantes, famosos incluso. Y cuando alguno me ha recomendado calma y realismo (mucho realismo, pues así son las cosas y no tiene sentido soñar con utopías), le he pedido que me describa el límite razonable más allá del cual podamos (y debamos) decir que la situación es inaceptable. ¿O hemos de aceptar los mensajes oficiales y ceñirnos al pensamiento único sin ninguna otra opción?

Lo de los refugiados-emigrantes, por ejemplo. No solo por la catástrofe humana que supone, sino porque nos pone en cuestión y nos retrata. Las guerras cuyo detonador cebaron nuestros insensatos gobiernos (Palestina, Irak, Afganistán, Siria, Libia, Ucrania...), la naturaleza fascista de regímenes (como el húngaro) cuya presencia en la UE ni se cuestiona, la hipocresía de los burócratas que mandan en Bruselas, la resistencia de alguna gente (no toda, por suerte) a captar el significado de esas imágenes de trenes en vía muerta (cargados de personas hambrientas, sedientas y privadas de toda esperanza), las alambradas, las criaturas muertas... Todo sale a la luz. Surgen, es verdad, iniciativas solidarias, bienintencionadas, de comunidades autónomas o ayuntamientos que intentan taponar con tiritas la profunda herida. También mandatarios, como Rajoy, cuyo cinismo al respecto bate récords. En todo caso, el límite ha sido sobrepasado.

La mentira también nos desborda. A la Ucrania democrática y europeista se le ha concedido una impresionante quita de su deuda, justo lo que se le negó a Grecia (¿se acuerdan?). No importa que en Kiev reine la corrupción y las milicias se disputen a tiros el control político y el dinero. Draghi hace equilibrios en el alambre mientras el Eurogrupo esconde sus aprensiones tras un inverosímil «no pasa nada». Soraya Sáenz de Santamaría nos cuenta su versión de la vida cual resabida institutriz aleccionando a niños tontitos y crédulos. ¿Límite?, pregunta su desafiante mirada... ¿Qué límite? 

lunes, 31 de agosto de 2015

Sed realistas, proponed lo imposible 20150831

Se celebró en Castejón de Sos, con enorme éxito de crítica y público, el XIII Encuentro Periodismo de Altura. En esa cita, conocidos profesionales de la información debaten, presentan trabajos de campo o explican su actividad contando lo que a veces han de callarse. Así, uno de los asuntos tratados se refirió a la Unión Europea en relación con la crisis griega, el problema de los refugiados e incluso los tropiezos económicos de China. Expusieron su punto de vista colegas que trabajan en Bruselas para la SER, El Mundo, la Agencia Efe o ABC, y también colaboradores de La Libre Belgique o antiguos corresponsales de El País. Tras oírles, la conclusión parecía clara: Grecia ha sido vapuleada con el único objetivo de contener otras syrizas posibles (en particular Podemos) y reafirmar el axioma de que no hay alternativa. Lo cual pone en cuestión la misma esencia de la democracia, pues si no cabe proponer nada que no sea posible (es decir que forme parte de los paradigmas ultraliberales y sea bendecido por el capital financiero) ni existe margen para que conservadores (cada vez más a la derecha) y socialdemócratas (cada vez más al centro-derecha) puedan diferenciarse, salvo en ligeros matices formales... ¿A qué todo ese paripé de los programas, las campañas y las urnas?

Algunos seguimos creyendo que para transformar la sociedad en un sentido positivo (libertad, igualdad, racionalidad y apoyo mutuo), es preciso fijarse metas aparentemente imposibles, que desbordan el marco de lo fijado previamente. No digamos si tal marco ha sido dispuesto por unas elites económicas y una burocracia político-administrativa atentas sólo a incrementar sin fin sus privilegios.

Prometer o proponer lo supuestamente imposible no es populista cuando se parte de criterios lógicos y justos. La asignatura pendiente de las nuevas formaciones (aunque también de las tradicionales) no es autolimitar sus programas, sino introducir en ellos una verosimilitud básica y una clara voluntad de mejorar de verdad la vida de la gente. Eso es lo razonable. Convertir Europa en un lugar inhóspito, cruel e insolidario, no. 

lunes, 17 de agosto de 2015

Y mira México, donde asesinan a mis colegas 20150817

Hay democracias buenas, pasables, malas... y peores. Porque, como se ha dicho tantas veces, un Estado de derecho necesita urnas, pero no sólo. Hacen falta partidos, pero también movimientos sociales... y mucha libertad. El ejercicio de dicha libertad permite articular derechos, igualdad y justicia, para garantizar la prosperidad repartida y la estabilidad social (en este momento, siempre me vienen a la cabeza Noruega o Nueva Zelanda o incluso Suecia y Canadá).

Así que la vehemencia de quienes denuncian la baja calidad de la democracia en Venezuela resulta plausible, aunque reiterativa. El chavismo, por supuesto, ha degenerado en su propia y brutal caricatura. Y ya resultaba bastante caricaturesco cuando lo inventó Chávez. Otra cosa es que entonces la partitocracia barrida por el de la boina roja había alcanzado tal nivel de corrupción y de desprecio por el pueblo, que cualquier cosa venía a resultar aceptable. Pero ahora, en este mismo instante, la famosa y discutida Venezuela no es (políticamente hablando) lo peor de América Latina. Habría que volver la mirada a Colombia, y sobre todo a México. Es aquí donde la estrecha alianza de las autoridades (electas) con la oligarquía económica y el crimen organizado ha barrido el estado de Derecho. Se vota, sí; pero los activistas, los jóvenes, los que protestan, los incómodos... son sistemáticamente asesinados. Mis colegas de la prensa, la radio y la tele caen uno tras otro. Sus cuerpos aparecen abandonados tras haber sido sometidos a horribles torturas antes del tiro de gracia. Tal vez denunciaron alguna corruptela de un alcalde o un gobernador, o hablaron de su amistad con este o aquel narco. Quizás sólo se hicieron eco de las quejas vecinales por el mal estado de una acera o del alumbrado público. Mueren. Sin embargo esto no causa ningún escándalo internacional. El presidente mexicano va y viene, es recibido en palacios y cancillerías. Nadie se siente obligado, al parecer, a recordarle que en su nación los derechos humanos son pisoteados cada día. Y quienes desprecian (con razón) a Maduro tienen a Peña Nieto por un tipo decente. Increíble.