jueves, 5 de diciembre de 2013

¿La misma mierda? No lo creo 20131205

Que UGT sufra las consecuencias de sus sinvergonzonerías andaluzas es tan lógico como que a Rubalcaba no le dejen hablar los antidesahucios y los quincemayistas. Ni campaña ni escraches ni gaitas, son gajes del oficio y la consecuencia directa de haberse creído que, por ganar algunas elecciones, la tibia socialdemocracia española (política o sindical) podía jugar con las sucias reglas de los poderosos de toda la vida: la vieja, omnipresente y cruel derecha. Esa misma derecha que ríe feliz cuando escucha a la izquierda radical gritar ¡PSOE, PP, la misma mierda es! Porque a los conservadores españoles no les inquieta gran cosa la descalificación absoluta de todos los políticos. Ellos, en realidad, también desprecian la política, lo suyo es mandar y ganar dinero.

Equiparar a PP y PSOE es una boutade antisistema. No porque los socialistas sean o hayan sido ninguna maravilla, sino porque entre ellos y los otros median notables diferencias que vienen de lejos. La relación histórica con el poder es distinta; la forma de ejercerlo, también. ¿Podrían hoy los activistas del 15-M que abuchearon a Rubalcaba volver a ocupar las calles, acampar en las plazas y lanzar sin trabas su desafío? ¿Por qué no intentan hacer con Fernández Díaz lo que hicieron con ese que ahora abroncan?

Por supuesto hay similitudes: exaltos jefes de PP y PSOE, por ejemplo, se codean en los consejos de administración de las grandes empresas (eléctricas, constructoras, bancos, telefónicas), y ambos partidos han producido clamorosos casos de corrupción. Pero la práctica, el dominio y la impunidad bendicen más y mejor a quienes llevan siglos en esas ciénagas que a los ocasionales advenedizos.

Cuando las mareas deben defender hoy los modestos hitos del Estado del Bienestar obra del PSOE, cuando la desafección a sindicatos y partidos encaja perfectamente en los imaginarios ultraliberales... si alguien de la izquierda-izquierda cree que sacará algo en limpio del naufragio socialdemócrata se equivoca de medio a medio. PP y PSOE son ambos un desaster, vale, pero no son, ni de lejos, el mismo desastre. 

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Los que ven la luz y los que no la ven 20131204

Tienen razón quienes consideran inútil el debate sobre si se ve o no luz al final del túnel. Porque aquí hay una minoría de iluminados y una mayoría de condenados a las tinieblas. Selectos grupos sociales han transitado por la recesión con extraordinario confort y ahora siguen ganando mucho dinero, a espuertas. Esto que nos empeñamos en denominar crisis es un robo en toda regla. Rajoy, Guindos y los otros no mienten cuando avisan de que vienen buenos tiempos. Para los suyos, sí. La bolsa va escalando posiciones, los salarios bajan sin cesar, las grandes empresas se internacionalizan, aterriza reluciente el capital extranjero (a por chollos, que estamos de liquidación) y aquellos que cortan el bacalao trincan las mejores piezas. Las clases medias, sobre todo los asalariados, transfieren recursos a las élites extractivas. Sin más disimulos ni cortesías. Jauja.

Asusta ver los últimos índices sobre pedidos en la industria elaborados por Markit y el INE. En noviembre se produjo una nueva contracción, la mayor en seis meses. No sólo hay menos encargos, la destrucción de empleo es tremenda. La economía real, en suma, no va bien, aunque la banca o las compañías del Ibex apaleen millones gracias a los rescates, los avales públicos, la drástica reducción de costes laborales o la deuda eléctrica.

Pero el dato más escalofriante es el referido a la Seguridad Social, la entidad que gestiona las pensiones. Como ya es público, el Gobierno se ha fundido en lo que va de legislatura 23.631 millones (incluyendo lo detraído a las mutuas). Solo quedan 53.743 millones. Al ritmo actual no durarán mucho más de dos años. ¿Luz en el túnel? Para los pensionistas y quienes esperamos serlo algún día, desde luego que no. Con el número de cotizantes bajando mes tras mes (¡y aun dicen que se está creando empleo!) y unos sueldos ridículos que cada vez aportan menos a la caja, el sistema no aguantará. De hecho las entidades financieras (al igual que hacen en otro frente los seguros médicos) no paran de publicitar sus planes privados de pensiones. Saben que lo tienen a huevo.

No es crisis, es un nuevo modelo de sociedad. O ves la luz... o no la ves. 

martes, 3 de diciembre de 2013

Discúlpenme, pero no puedo remediarlo 20131203

El artículo que publiqué el domingo bajo el epígrafe El Mirador ("No me mareen más con la TCP y el Canfranc") ha levantado polvareda en las redes sociales. Es lo que suele pasar cuando se cuestionan desde el agnosticismo los sagrados mitos aragoneses. Por eso, y a riesgo de contradecirme, no me resisto a darle otra vuelta al tema de las comunicaciones transpirenaicas.

Para que conste, yo celebraría la reapertura del Canfranc, y por supuesto conozco los estudios de Crefco al respecto. Estudios, ojo, que tienen una pega fundamental: están elaborados por quienes no tienen capacidad para hacer realidad aquello que describen o presuponen. Reabrir la línea y destinarla al transporte de mercancías y a usos turísticos (en verdad el recorrido por el Somontano y el Pirineo se asoma a unos paisajes magníficos) requiere tomar decisiones y realizar gastos que no dependen de los fervorosos amigos del ferrocarril. Por eso sus propuestas, aunque inteligentes y factibles, son una carta a los Reyes Magos. Pero yo he perdido la fe y me hago preguntas dolorosas y difíciles sobre la utilidad real de la línea Canfranc-Olorón y de la soberbia estación internacional. Por no hablar de las inversiones necesarias y de los previsibles déficits de explotación. Para despejar tales dudas es preciso hacer cálculos precisos y afrontar compromisos serios. ¿Quienes? Pues las instituciones, entidades y empresas supuestamente interesadas.

Si ya no creo es porque las industrializaciones fallidas, los aeropuertos sin aviones, las infraestructuras sobredimensionadas y las apuestas temerarias me han dejado repleto de hastío y recelos. Ayer mismo, di un vistazo a las últimas cifras oficiales sobre las empresas públicas aragonesas: 250 millones de déficit acumulado en solo tres ejercicios, deudas por encima de 450 millones, cuentas opacas, pozos sin fondo. Y sí, una parte de ese gasto puede justificarse porque produce importantes retornos económicos y sociales. Pero el grueso de tal desparramo, no. Es la gravosa consecuencia de decisiones precipitadas, mal fundamentadas o manifiestamente absurdas. Ahí me duele. 

lunes, 2 de diciembre de 2013

Un porvenir lleno de incógnitas 20131202

Quedan dos años hasta las próximas elecciones generales, autonómicas y municipales. Y las incógnitas sobrevuelan esta atormentada España de nuestros días. Tales interrogantes se resumen en dos: si el PP conservará o no su hegemonía en las urnas, y si la resistencia ciudadana en la calle rebrotará o se irá apagando. En realidad, está todo tan movedizo e inestable que es difícil hacer conjeturas incluso a corto plazo. ¿Se saldrá Rajoy con la suya? ¿Reaccionará la gente de a pie? ¿Qué pasará con la izquierda?

En el tablero de juego electoral aún no están colocadas todas las piezas. El PP aspira a situarse en posición de ventaja creando la sensación de que la crisis está pasando, advirtiendo a los votantes de que para consolidar la presunta recuperación no cabe cambiar de caballo en medio de la carrera (don Mariano es el jamelgo, claro) y manipulando los medios públicos (y no pocos privados), así como las leyes, la judicatura, el aparato del Estado y cuanto haga falta. En Génova, además, deben estar rezando novenas para que Rubalcaba siga al frente del PSOE hasta el último minuto. Pero la cosa tiene su aquel. En primer lugar porque, si pierde la mayoría absoluta, Rajoy las pasará canutas para encontrar con quien coaligarse (a UPD y Ciutadans no se les ve muy proclives a dejarse abrazar por el oso). En segundo, un socialismo medio renovado aún tendría alguna posibilidad de mantener mal que bien la posición (véase el fenómeno Susana Díaz), y todavía están Izquierda Unida y otros para rellenar huecos.

En cuanto a la calle... Hombre, está claro que la cosa no pinta muy bien ni para los empobrecidos y semicomatosos sindicatos (en particular esa UGT a la que le ha salido en Andalucía un absceso purulento y peligrosísimo) ni para las mareas y otros movimientos espontáneos (carentes de una organización y una dinámica estables). Pero si el Gobierno se empeña en legislar barbaridades, recortar las libertades, anular los derechos y empujar al personal hacia el abismo, ojo no haya una rebelión ciudadana en toda regla.

Quedan dos años. Mucho, muchísimo tiempo. Puede pasar de todo. 

domingo, 1 de diciembre de 2013

No me mareen más con la TCP y el Canfranc 20131201

El primer trabajo serio que hice como periodista apareció en un extraordinario sobre el Canfranc que Heraldo sacó a la calle allá por los 70. En los 40 años transcurridos desde entonces he escrito cientos de reportajes, entrevistas, editoriales y artículos de todo tipo sobre el mismo tema. En ese tiempo me he hartado de noticias que daban por hecha la reapertura, he ironizado sobre las declaraciones de cada cumbre hispanofrancesa, he analizado el asunto del derecho y del revés... He visto, finalmente, emerger la fantasmada definitiva: la Travesía Central Pirenaica (TCP).

A estas alturas, como comprenderán, no solo soy escéptico al respecto, es que empiezo a sentirme indiferente. Estuve en la última concentración en Canfranc para reivindicar el rescate de la línea. Allí solo estaban ya los irreductibles, dispuestos a seguir luchando. Pero yo, mientras recorría vías y andenes, notaba dentro mi la crisis de fe. Poner de nuevo en marcha el Canfranc, rehabilitar la estación internacional y darle vida al entorno costaría mucho dinero (ese dinero que ahora es tan escaso y está tan caro). ¿Y para qué? Lo de la TCP, por supuesto, ni me lo planteo: es un imposible, todo el mundo lo sabe (quienes tienen que saberlo, claro) y solo sirve para calentar el imaginario aragonés y dar argumentos fáciles a nuestros inoperantes jefes.

Por eso daba por sentado que la última cumbre hispanofrancesa se despacharía con otro ya te veré, como también preveía que la Comisión Europea nos mandaría a cascarla a nosotros y al Canfranc. Pero yo soy un aragonés viejo, impasible y enterado. En cambio, otros compatriotas, según he visto en las cartas a los diarios y los foros de internet, se han puesto como motos y han echado la culpa del enésimo fiasco a los gobiernos (de España, de Francia o a los dos a un tiempo), a los catalanes (¡cómo no!) y a la nula iniciativa política de Aragón (que ni pide la independencia ni nada). Tan ingenua reacción y la amarga frustración que late en ella es la consecuencia de décadas de mentiras, falsos proyectos y demagogias.

¿Tenemos un plan serio (no una de esas milongas que nos hacen los consultings para justificar cualquier delirio) para dar utilidad al Canfranc? ¿Sabemos la manera de explotar razonablemente la línea internacional? ¿Disponemos de datos precisos sobre flujos de mercancías y pasajeros? Me temo que no. Ya nos lucimos empeñándonos en que se hiciese el fabuloso túnel de Somport... para hacerlo desembocar en una estrecha carretera de montaña en el Aspe francés. Un absurdo más. Así que ahora bien podríamos darle una vuelta a todo esto de las comunicaciones transpirenaicas de alta capacidad. Que no, que no son vitales para Aragón. ¡Pero si ya podemos ir a Paris en AVE!